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Anuario de Estudios Centroamericanos

On-line version ISSN 2215-4175Print version ISSN 0377-7316

Anuario de Estudios Centroamericanos vol.47  San José Jan./Dec. 2021

https://doi.org/10.15517/aeca.v47i0.49074 

Dossier

Aquella hora centroamericana

Central American years in Costa Rica

Margarita Rojas1 

Flora Ovares2 

1Universidad Nacional, Heredia, Costa Rica

2Universidad Nacional, Heredia, Costa Rica


Resumen

Las artes y la cultura costarricenses crecieron y se difundieron de modo especial durante la década de 1970. Esa situación se combinó con la integración de numerosos artistas e intelectuales latinoamericanos que llegaron al país exiliados debido a dictaduras y guerras en sus países. Este artículo intenta sintetizar la información parcial que existe sobre esos años y al mismo tiempo estudiar el nuevo centroamericanismo que se desarrolló entonces bajo la forma de una lucha por la democracia y la solidaridad entre los pueblos del istmo.

Palabras clave Centroamérica; Costa Rica; exilio; renovación cultural; arte

Abstract

Costa Rican arts and culture grew and spread in a special way during the 1970s. This situation was combined with the integration of many Latin American artists and intellectuals who came to the country in exile due to dictatorships and wars in their countries. This article attempts to synthesize the partial information that exists on those years and at the same time study the new Central Americanism that developed then in the form of a struggle for democracy and solidarity among the peoples of the Isthmus.

Keywords Central America; Costa Rica; exile; cultural renewal; art

Introducción

Introducción Costa Rica: una frontera amiga

En 1976, uno de los más grandes escritores latinoamericanos del siglo XX visita clandestinamente la Nicaragua de Anastasio Somoza. El viaje de Julio Cortázar partió desde Costa Rica: venía a dictar unas conferencias invitado por el Colegio de Costa Rica del Ministerio de Cultura, Juventud y Deportes, del que era ministra Carmen Naranjo. Además de un encuentro con el grupo literario Oruga y otro con algunos cineastas, 1 en este país se organizó la reunión previa con otros escritores que luego viajaron con él desde la finca Las Brisas de José Coronel Urtecho, en territorio costarricense. El encargado de llevar y traer al escritor argentino de manera clandestina era el productor costarricense Óscar Castillo, quien recuerda:

Como consecuencia de la guerra contra Somoza, San José se había convertido en un hervidero de espías de los servicios de información de muchos países, directa o indirectamente involucrados en la guerra fría y de los regímenes fascistas de América Latina (Castillo, 2015, p. 75).

En el cuento “Apocalipsis en Solentiname”, Cortázar se refiere a la verdad última de esa comunidad religiosa que fue la meta final del viaje y que había sido destruida por el dictador nicaragüense.

También Ernesto Cardenal alude a la finca de Coronel Urtecho, cuando cuenta que, durante la guerra contra Somoza, desde ahí entraron armas y comandantes guerrilleros (Cardenal, 2015, p. 12). 2 Estas aseveraciones las confirman, entre otros, Marcos Antonio Casanova y Bosco Centeno, quienes indican el constante apoyo de Costa Rica, lugar al que ingresaban los combatientes en busca de organización, capacitación o refugio. La colindancia con Nicaragua y la carencia de militares fueron algunos de los factores que explican el uso del territorio costarricense en esta contienda durante las décadas de 1970 y 1980.

Esa situación es analizada por Rodrigo Carazo, presidente de Costa Rica entre 1978-1982, en cuyo libro se conoce también la intensa actividad política de mandatarios latinoamericanos como Carlos Andrés Pérez y Omar Torrijos durante la guerra en Nicaragua. El mandatario recuerda el interés del dictador por internacionalizar el conflicto y justificar así el fortalecimiento de sus posiciones militares. Además, da cuenta de las diversas actividades de corte diplomático que llevó adelante el país ante los organismos internacionales y que acompañaron la lucha armada en el cruento proceso de derrocamiento de la tiranía (Carazo, 1989, pp. 259-331).

Carazo informa también acerca de varios conflictos con Somoza a lo largo de los años, así como de la serie de incursiones de la Guardia somocista al territorio nacional, de los ataques y crímenes contra ciudadanos costarricenses en la zona fronteriza. Por ejemplo, el asesinato de la niña Yolanda Guido en enero de 1979, el bombardeo contra los estudiantes que portaban la Antorcha de la Libertad que se transporta a través de los países centroamericanos para celebrar la Independencia, los ataques contra enviados de la prensa, la emboscada a guardias civiles costarricenses y la agresión a los pescadores del país. Destaca Carazo el apoyo de las instituciones como la Cruz Roja y la Caja Costarricense de Seguro Social y la atención humanitaria a los heridos de ambos bandos durante la guerra.

Juan José Echeverría Brealey, ministro de Seguridad y Gobernación del gobierno de Rodrigo Carazo, menciona igualmente la presencia de escuelas de capacitación y entrenamiento en Costa Rica de las fuerzas contrarias al régimen, así como la participación de costarricenses en el movimiento revolucionario que conduciría al derrocamiento de la dictadura. Como parte del intenso apoyo internacional contra la dictadura, Echeverría Brealey señala la participación de la brigada panameña Victoriano Lorenzo, comandada por Hugo Spadafora, y la brigada costarricense Carlos Luis Fallas, al mando de Manuel Mora Salas (2006, p. 131).

Bosco Centeno resalta la disciplina, el conocimiento militar y la relación con la población nicaragüense de los brigadistas: “Muy pronto se ganan el cariño de la gente por su respeto, una tropa que no bebe guaro (extraña en Nicaragua) y cuyos sanitarios dan a la gente consultas médicas con las medicinas incluidas” (Centeno, 2014, p. 204). Agrega que, de manera inesperada, la población guardó el secreto de la nacionalidad de “los amigos”, para así evitar el escándalo internacional.

Al igual que sus instituciones, la población costarricense apoyó fuertemente el levantamiento contra Somoza, como se constata en algunos relatos y testimonios de escritores nicaragüenses:

La casa del legendario matrimonio compuesto por Santiago Martínez y Magda Artavia (doña Magda) fue puesto de mando en Costa Rica del Frente Sur y seguro paso de la mayoría de los miembros de estos contingentes que utilizaron estas rutas: Rivas, Sapoá, Cárdenas, Costa Rica, Panamá, Cuba, para luego regresar entrenados militarmente a los distintos frentes de guerra (Casanova Fuentes, 2016, p. 63).

Las manifestaciones populares en contra de la dictadura eran frecuentes y multitudinarias, así como las campañas en favor de los opositores al régimen, por ejemplo, la llevada a cabo por la liberación de la costarricense Liana Benavides, presa en las cárceles de Somoza.

Igualmente, el periodista y escritor salvadoreño Róger Lindo confirma ese papel que jugó el país:

No sólo (Costa Rica) era el único país centroamericano donde el miedo a ser sacado violentamente de casa y terminar degollado o decapitado en un botadero público de seres humanos era desconocido, sino que había sido la retaguardia estratégica de la Revolución Sandinista. De ahí salieron los rebeldes a atacar los cuarteles somocistas durante la guerra contra la dictadura y ahí retornaron una y otra vez las ambulancias cargadas con heridos después de esos combates. Ahí se ensambló la Junta Revolucionaria de Gobierno que asumió el poder después de la fuga de los Somoza y montones de costarricenses se enrolarían posteriormente como voluntarios en las brigadas de alfabetización que iban a recorrer Nicaragua enseñando a leer y escribir (Lindo, 2006).

Los nicaragüenses u otros centroamericanos asilados pudieron, con el apoyo de amplios sectores, hacer del país una plataforma para la propaganda de sus causas políticas y también para promover, junto con intelectuales, artistas y escritores costarricenses, proyectos y actividades de carácter centroamericanista.

Así, otra forma de involucramiento de Costa Rica en la guerra contra Somoza fue el permiso implícito para que ciertas instituciones y organizaciones internacionales apoyaran al FSLN. Antonio Yglesias recuerda que, cuando filmaron el documental Nicaragua patria libre o morir, el Consejo Superior Universitario Centroamericano (CSUCA) se asoció con Istmo Films, en cuyas oficinas “de forma clandestina, fueron ubicadas las oficinas de propaganda del F. S. L. N.” (Yglesias, 2018, p. 2). El mismo escritor detalla, además, cómo se elaboró en Costa Rica el documental Nicaragua patria libre o morir en 1978; añade que, antes de coordinar con el CSUCA, Istmo Film se había relacionado con el Frente Sandinista:

En Costa Rica, fue el empresario y militante Herty Lewites (alias “Mauricio”, encargado de comunicaciones y propaganda del Frente Sandinista de Liberación Nacional), quien nos propuso realizar un largometraje documental (…) La guerra ya había iniciado y los acontecimientos se sucedían vertiginosamente. La persona elegida para coordinar nuestros desplazamientos fue el comandante Edén Pastora, el ya muy conocido “Comandante Cero”, dirigente y militar ligado al Frente Sur y conocedor de la zona. Edén coordinaría los desplazamientos y realizaría las convocatorias para llevarnos a los puntos específicos cerca de la frontera y movilizarnos, desde ahí, a los asentamientos guerrilleros o a las zonas donde se generarían los principales hechos de interés (Yglesias, 2018, pp. 3-4).

Revela también Yglesias que el pequeño equipo de filmación costarricense pernoctaba en Liberia y se internaba en el sur de Nicaragua para filmar combates, entrenamientos y hacer entrevistas.

Aunque el apoyo a la causa nicaragüense fue el más extendido y evidente entre la población, las guerras civiles, las luchas contra las dictaduras, y en favor de la justicia social −en Guatemala, El Salvador y Nicaragua− 3 abonaban un renovado sentimiento centroamericanista, al que se agregaba el ingrediente militante y de solidaridad. A algunos aspectos de esta experiencia compartida se dedican las líneas que siguen.

País de asilo

Entre 1970 y 1990, el conflicto armado interno que atravesaban principalmente Nicaragua, El Salvador y Guatemala, afectó a la mayoría de las universidades centroamericanas hasta el punto de que muchos intelectuales tuvieron que salir de sus países. En consecuencia, durante las décadas de las guerras centroamericanas, guatemaltecos, salvadoreños y nicaragüenses encontraron refugio en Costa Rica; por períodos largos o en estadías breves, buscaban trabajo, primero para sobrevivir y también para encubrir sus actividades políticas.

En Costa Rica, las universidades, el CSUCA y Educa acogieron a intelectuales, artistas y escritores y en el país se empezó a desarrollar entonces una intensa actividad centroamericanista, que incluyó también a artistas, escritores e intelectuales costarricenses y otras instituciones como editoriales, diarios y partidos políticos.

El sociólogo Daniel Camacho recuerda el arribo al país de Edelberto Torres Rivas, alrededor de quien se fortalecería una importante corriente de pensamiento político:

Las otras universidades centroamericanas habían realizado esfuerzos similares con parecidos positivos resultados (que la Universidad de Costa Rica), pero debe recordarse que la guerra mundial de baja intensidad, en Centroamérica se combatió con alta intensidad, lo cual tuvo efectos desastrosos en la sociedad, incluidas las universidades (…) hubo en Guatemala épocas en las cuales se asesinaba a un profesor universitario cada día, la Universidad de El Salvador fue varias veces ocupada y saqueada por el ejército, en Nicaragua Somoza no tenía piedad con los estudiantes que osaban manifestarse en las calles, en Honduras, sin que haya sido posible encontrarlos hasta hoy, desaparecieron estudiantes, profesores y dirigentes de sindicatos universitarios (Camacho Monge, 2019a).

Otro ejemplo del exilio de intelectuales centroamericanos en Costa Rica fue el del rector de la Universidad de El Salvador, Rafael Menjívar Larín quien, destituido a raíz de la derogatoria de la autonomía universitaria del 19 de julio de 1972 de la Asamblea Legislativa, fue capturado mientras el ejército intervenía militarmente la universidad. Estuvo desaparecido durante tres días en una celda clandestina de la Policía Nacional; ante la presión de las universidades centroamericanas, fue exiliado a Nicaragua, donde permaneció bajo arresto por órdenes del dictador Anastasio Somoza Debayle. En octubre fue liberado y enviado a Costa Rica, adonde llegó junto con el secretario académico de la Universidad de El Salvador, Mario Flores Macal. Este último trabajó en el Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad de Costa Rica; fue uno de los fundadores del Anuario de Estudios Centroamericanos en 1974, con Constantino Láscaris C., y su primer director, entre 1974 y 1982 (Rovira Mas, 2014, p. 341).

Diáspora de escritores

Muchos escritores, artistas e intelectuales latinoamericanos transitaron por Costa Rica en las décadas de 1970 y 1980; una de ellas fue Gioconda Belli, quien rememora su estadía en el país entre 1976 y 1979: “La experiencia de la solidaridad aquí fue extraordinaria. Quiero decir que jamás he vivido una solidaridad más calurosa y generosa que la solidaridad que experimenté en Costa Rica. Yo era publicista y trabajé en Publicidad Garnier” (Díaz, 2019, p. 4).

Oriel Siu, quien afirma que “el momento de las guerras civiles (1960-1996) fue un período que marcó no solo la formación subjetiva de toda una generación de escritores centroamericanos sino también su escritura y visión del mundo” (Siu, 2012), menciona a varios escritores centroamericanos que participaron en las guerras de la segunda mitad del siglo XX, algunos desaparecidos y otros exiliados: Roque Dalton, Manlio Argueta, Tirso Canales, Roberto Armijo, Oswaldo Escobar Velado, Ítalo López Vallecillos, Arturo Arias, Mario Roberto Morales, Marco Antonio Flores, Mario Payeras, Luis de Lión, Ernesto Cardenal, Lil Milagro Ramírez, Claribel Alegría, Otto René Castillo, Luis Cardoza y Aragón, Gioconda Belli, Tomás Borge (Siu, 2012).

El poeta Ernesto Cardenal se refugió en Costa Rica junto con algunos miembros de su comunidad de Solentiname. 4 Los guerrilleros del Frente Sandinista de Liberación Nacional, que habían logrado controlar la situación en el lugar, tras un intenso combate contra refuerzos de la Guardia Nacional, huyeron a Costa Rica (Dueñas García de Polavieja, 2012, p. 15). La consecuencia fue la destrucción de la comunidad por parte de la guardia somocista y la condena de Cardenal en ausencia a prisión por muchos años. Tras esa acción, el poeta y varios de los guerrilleros se refugiaron en Costa Rica, donde permanecieron durante varios meses. Posteriormente recuerda que parte de la actividad cultural que tenían en la isla se continúa en el país de acogida:

Después fue el asalto al cuartel de San Carlos, y la destrucción de la comunidad, que tuvo que irse al exilio y a la guerrilla. Durante el exilio en San José de Costa Rica continuamos con el taller de poesía de Solentiname dirigido por Mayra (Jiménez) y por mí, con la asistencia a veces de quienes estaban en la guerrilla (escribiendo poemas allí) y por algún motivo pasaban por San José (Cardenal, 2002, p. 529).

Cardenal presenta la práctica de los talleres de poesía en Nicaragua como algo característico de su país, sobre todo a partir de su designación como ministro de cultura después de l979. 5 Asimismo, es común la idea de que el teatro renació en Costa Rica gracias a la llegada de actores y directores sudamericanos en la década de 1970. Sin embargo, los talleres ya existían casi por todo el país cuando Cardenal llegó aquí y, sin restar el mérito del trabajo realizado, buena parte de la decisión de actores y directores de teatro de radicar en Costa Rica se debió a la existencia previa de grupos teatrales, el trabajo inicial de instituciones como la Universidad de Costa Rica y el CSUCA, la formación de grupos privados y la fundación en 1971 del Ministerio de Cultura y de las instituciones adscritas a este en los años siguientes. 6

En el campo literario existía en el país un activo movimiento a favor de la extensión de la práctica de la escritura hacia la comunidad. Esto puede observarse especialmente en la creación de talleres literarios, de poesía, sobre todo, como lo documentó Gerardo Madrigal en su tesis (2018) en relación con la fundación de talleres de poesía en Costa Rica en la segunda mitad del siglo XX.

Algunos escritores exiliados en Costa Rica se incorporaron a talleres y grupos literarios en el país. Ese fue el caso del salvadoreño Mario Castrillo, que formó parte de Oruga, otro grupo independiente que se formó en San José, alrededor de 1972. Estaba integrado por Diana Ávila, Mario Castrillo, Rodolfo Dada, Patricia Howell, Adolfo Rodríguez y Magda Zavala y el principal trabajo que se planteaban era el apoyo al “desarrollo cultural de diversas comunidades”, labor que también realizaba el Círculo de Fomento de la Cultura Popular (Cifocup), que tenía sus propias publicaciones (S. A., 1976b).

Entre el 9 y el 11 de abril de 1976, Oruga realizó un "Seminario de Escritores Jóvenes", en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Costa Rica. Fue inaugurado con una mesa redonda en la que participaron Sergio Ramírez (coordinador), Pablo Antonio Cuadra, Carlos Martínez Rivas, Ernesto Cardenal y Julio Cortázar; por Costa Rica los representantes fueron Virginia Grütter, Luisa González, Laureano Albán, Julieta Dobles, además de los integrantes de Oruga, algunos representantes del Grupo de escritores de Liberia, la Comunidad de escritores de Turrialba, el Grupo sin nombre y algunos escritores independientes. El seminario propugnaba la independencia de los grupos literarios, la interrelación con otros grupos de jóvenes escritores, y el estudio científico de la literatura nacional..

Así fue como, cuando muchos otros escritores, actores y artistas plásticos procedentes de otros países centroamericanos encontraron asilo en Costa Rica, aquí ya existía un movimiento de renovación y de difusión de la práctica literaria y artística. Uno de ellos fue Roberto Castillo (Honduras 1950-2003), quien en la década de 1970 estudió Filosofía en la Universidad de Costa Rica, donde, según Oliver Gilberto de León, también inició su actividad literaria; en la Editorial Costa Rica publicó el libro de cuentos La tinta del olvido. Del mismo país procedía también el poeta y cuentista José Luis Quesada (n. 1948), quien realizó estudios de filología en Costa Rica.

De Guatemala vinieron el artista plástico Roberto Cabrera y el escritor y pintor Rafael Cuevas Molina; este último, quien ya había estado antes en la década de 1970, se quedó en Costa Rica en su viaje desde Rumania hacia Guatemala. Un poco mayor que ellos, en los mismos años vivió y estudió en este país el escritor Mario Roberto Morales (n. 1947): de 1975 a 1981 ejerció la docencia en la Universidad Nacional de Costa Rica; en 1982 salió hacia México a cumplir una tarea de militancia política de dos semanas, pero por circunstancias imprevistas tuvo que viajar a Costa Rica y a Nicaragua, en donde permaneció diez años trabajando para el movimiento revolucionario guatemalteco. Aquí trabajó como traductor de la agencia de noticias IPS y de Flacso. Entre 1988 y 1990, obtuvo una maestría en Sociología Centroamericana en la Universidad de Costa Rica y fue representante de la Universidad de San Carlos de Guatemala en el Consejo Superior Universitario Centroamericano entre 1990-1992.

Tras de ser víctima de un atentado y de ser atacado y asediado por paramilitares, durante el régimen de Romeo Lucas García, Franz Galich (1951-2007) huyó de Guatemala en 1979; vivió primero en México y después en Costa Rica, desde donde se trasladó a Nicaragua en 1980 (Aguirre, 2007; Liano, 2007).

De El Salvador procedían Rafael Menjívar Ochoa, Horacio Castellanos Moya, Miguel Huezo Mixco, Mario Castrillo, Mauricio Vallejo y Américo Ochoa. Entre 1973 y 1976 Castrillo fue editor de los periódicos Pueblo y Universidad; como parte del grupo Oruga, estaba en San José en 1976 cuando Julio Cortázar visitó el Seminario de Escritores Jóvenes Costarricenses, en el auditorio de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Costa Rica, que había organizado aquel grupo (Castrillo, 2015, pp. 109-111). Su libro En el país extranjero en 1978 ganó el tercer Premio en rama de cuento de los Segundos Juegos Florales Universitarios, de la Universidad de Costa Rica. También publicó en este país la Antología poética centroamericana (1974) y 7 poetas centroamericanos (1974), luego el libro de Educa Poesía de El Salvador (1983).

Rafael Menjívar Ochoa (El Salvador 1959-2011) llegó a Costa Rica con su familia, cuando su padre, el economista Rafael Menjívar Larín, siendo rector de la Universidad de El Salvador, tuvo que salir del país con la familia en enero de 1973. Aquí el escritor permaneció tres años antes de irse a México. En Costa Rica participó en congresos, publicó en revistas y en el suplemento Forja del semanario Universidad; ganó dos premios latinoamericanos en la editorial centroamericana Educa (Cañas Dinarte, 2002, pp. 348-349).

Por su parte, Miguel Huezo Mixco (El Salvador 1954) salió de El Salvador en 1980 para integrar, junto con otros escritores, un equipo de trabajo que, desde Costa Rica, realizaba actividades de propaganda internacional para el movimiento revolucionario salvadoreño (Cañas Dinarte, 2002, p. 257). En este país publicó luego una antología de poesía en la editorial centroamericana, El ángel y las fieras (1997).

También publicó en Costa Rica el antropólogo y lingüista salvadoreño Rafael Lara Martínez (1952), por ejemplo, la antología El Salvador: poesía escogida en Educa en 1998 y artículos en la revista Káñina de la Universidad de Costa Rica. El dramaturgo Carlos Velis (n. 1951) estudió música en la Universidad Nacional cuando llegó a Costa Rica en 1978, donde permaneció hasta 1986 (Cañas Dinarte, 2002, p. 421).

Mauricio Vallejo (1958-1984), quien fue perseguido desde antes de cumplir veinte años, y escribió poesía, teatro, cuento y novela, vivió en Costa Rica un tiempo, albergado por Sebastián Vaquerano, editor de Educa; posteriormente volvió a El Salvador donde militaba en las Fuerzas Populares de Liberación Farabundo Martí (FPL) (Vallejo, 2012, p. 90).

Américo Ochoa (n. 1960), ganador del Premio Juan Ramón Molina, viajó a Costa Rica de adolescente debido a la represión y la guerra del gobierno contra la población civil. En San José llevó a cabo varios trabajos para subsistir, estudió arquitectura y diseño, fue editor y diagramador de Educa.

Un esfuerzo colectivo

Algunos de los escritores e intelectuales centroamericanos exiliados en Costa Rica participaron aquí en proyectos centroamericanistas. Uno de estos fue el fortalecimiento del CSUCA, en parte gracias al impulso que le dieron Sergio Ramírez e Ítalo López Vallecillos y que, según algunos, fue decisivo para que la institución influyera realmente en el medio cultural costarricense (Cuevas Molina, 1995, p. 87).

El CSUCA, que se había fundado en 1948 en el I Congreso Universitario Centroamericano, celebrado en San Salvador, era la máxima autoridad o el ente ejecutivo de la Confederación Universitaria Centroamericana, formada por Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Costa Rica, Panamá. Se ha afirmado que con esa decisión se inició un movimiento de renovación institucional en las universidades centroamericanas.

En 1967, en la VI Reunión Extraordinaria de CSUCA, se decidió que la Secretaría Permanente por un lado preparara el programa de celebraciones con el fin de fortalecer los vínculos entre las universidades miembros, y por otro, estableciera el Certamen Centroamericano de Letras, que comprendía las ramas poesía, cuento, novela, teatro y ensayo. El mismo año se acordó organizar para 1968 el programa de celebraciones del XX aniversario de la fundación de la Confederación Universitaria de Centroamérica y la creación del Consejo Superior Universitario Centroamericano.

Asimismo, nuevas carreras, proyectos e instituciones se orientaron hacia las ciencias sociales, las humanidades y las artes. De esta forma, la Secretaría General del Consejo Superior de Universidades de Centroamérica, con sede en San José (Costa Rica) organizó el Programa Centroamericano de Ciencias Sociales (Rovira Mas, 2014, p. 340), cuyo primer director fue el sociólogo guatemalteco Edelberto Torres Rivas, a partir de 1972. Este creó también la importante revista Estudios Sociales Centroamericanos en ese mismo año. Torres Rivas contribuyó además a fundar la Asociación Centroamericana de Sociología (ACAS), que concretó su primer congreso en 1974 en Costa Rica y formó parte del equipo que organizó el XI Congreso Latinoamericano de Sociología de la Asociación Latinoamericana de Sociología (Alas), el cual tuvo lugar en Costa Rica también. Junto con el investigador costarricense Daniel Camacho Monge, y a partir de la colaboración entre la Secretaría General del CSUCA y la Universidad de Costa Rica, crearon la Licenciatura Centroamericana en Sociología, auspiciada por el CSUCA (S. A., 1974b, p. 295). Este proyecto funcionó entre 1973 y 1979 en esta última institución y atrajo a docentes y a estudiantes de toda la región, como el salvadoreño Rafael Menjívar Larín, quien trabajó allí en 1974.

Torres Rivas propició igualmente la llegada a la Universidad de Costa Rica del Programa Itinerante de Maestría en Sociología Rural (1978-1979) patrocinado por el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (Clacso), el primer postgrado que tuvo la disciplina en Centroamérica.

Más adelante, y debido a las guerras civiles en algunos países del área, durante la década de 1980, el sector universitario centroamericano de CSUCA impulsó, en 1986 y con apoyo de organismos internacionales, la campaña cultural “La paz del Mundo comienza en Centroamérica”. Esta se dedicó al político Olaf Palme y consistió en actividades de cine, una muestra de arte y un festival de la canción.

Repertorio centroamericano

En 1964, la Secretaría Permanente del Consejo Superior Universitario Centroamericano creó la revista Repertorio centroamericano (1964-1971) que le servía de vocero. Dirigida por Sergio Ramírez, los primeros años (1964, 1965 y 1966) se publicaba trimestralmente, a partir de 1967 fue mensual. El número 1 corresponde a diciembre de 1964.

Los corresponsales de cada país fueron: de Guatemala, Guillermo Putzeys; de El Salvador, Ítalo López Vallecillos (posteriormente asume como editor y lo sustituye José Roberto Cea); de Honduras, Óscar Acosta; de Nicaragua, Fernando Gordillo (sustituido por Ernesto González) y Octavio Robleto; de Costa Rica, Juan Antillón (sustituido por Víctor Manuel Arroyo y Hetzer (Jéser) González). Más tarde tuvo un corresponsal en Panamá, que fue Isaías García Aponte (posteriormente Tobías Díaz Blaitry).

Los números se dedican a autores centroamericanos o “constituyen muestrarios antológicos de los diversos géneros literarios en los países del istmo” (Ovares, 2011, p. 309). También aparece información sobre las bibliotecas, la publicación de libros y la actividad de la traducción en el ámbito centroamericano.

Se percibe el interés por los asuntos culturales, como se nota en el anuncio de las celebraciones en Centroamérica de los cuatrocientos años del nacimiento de Shakespeare, las celebraciones darianas, la publicación de textos literarios como los cuentos del hondureño Cáceres o del salvadoreño Salarrué y ensayos como el de Guillermo Putzeys, “Brevísimo panorama de la literatura guatemalteca” (1966).

Otros aspectos que dan cuenta de esa orientación son los anuncios editoriales y revistas, los resúmenes de libros, las noticias de conferencias, presentaciones teatrales, conciertos, exposiciones, certámenes literarios y actividades culturales y académicas; igualmente se resalta la figura del artista o del intelectual, por ejemplo, del abogado y rector de la Universidad Nacional, Mariano Fiallos Gil, todo lo cual habla de la efervescencia cultural del momento.

Persiste en la revista la presencia de Rubén Darío y su obra. Así, los números 7-8, de mayo de 1967, se dedican al poeta y el modernismo, con cinco ensayos de Eduardo Buitrago, Roberto Armijo, Abelardo Bonilla, Hugo Cerezo Dardón y Rogelio Sinán. El editorial “Darío vivo” habla de un Darío siempre presente, “Rubén contemporáneo y no Rubén paisano inevitable” (Repertorio Centroamericano, 1967, p. 4).

Algunos números se dedican a escritores contemporáneos, como Fernando Gordillo (1941-1967), escritor nicaragüense integrante del Consejo Editorial de Repertorio, cofundador de la revista Ventana, quien a su prematura muerte dejó inédito un libro de cuentos (número 11, setiembre de 1968). El homenaje incluye textos de Sergio Ramírez, Juan Aburto y Roberto Cuadra. Poemas de Michelle Najlis y Carlos Perezalonso; poesías, cuentos y ensayos de Gordillo. Se reproduce el «Sermón» de Ernesto Cardenal en una misa de difuntos celebrada por el alma de Gordillo; habla de él como poeta y como cristiano por sus actuaciones, en un texto que ejemplifica la cercanía entre cristianos y revolucionarios de izquierda en la época (Cardenal, 1968, pp. 5-6).

En otros números se organizan antologías de literatura representativas de los países del área, como la de poesía centroamericana del número 12 (diciembre de 1968). 7 Dos años después se dedica a la nueva narrativa “femenina” en Centroamérica (número 16, junio de 1970) y publica Primavera sonámbula de la nicaragüense Rosario Aguilar, un fragmento de Juego de espejos de la nicaragüense-salvadoreña Claribel Alegría y de la costarricense Julieta Pinto seis cuentos.

Algunos números se organizan por temas, por ejemplo, el de septiembre de 1970, que está dedicado al estudio de las dictaduras, con textos de Rafael Arévalo Martínez sobre el dictador Manuel Estrada Cabrera, fragmentos de la autobiografía de Emiliano Chamorro, datos sobre Maximiliano Hernández Martínez y fragmentos de la novela Cenizas del Izalco de Claribel Alegría, sobre la revuelta campesina de 1932 en El Salvador.

En Repertorio Centroamericano se defiende a la vez el papel del Estado en el impulso de los diferentes campos del quehacer cultural. Por ejemplo, en el primer número se comenta la importancia de la televisión educativa en Guatemala y la labor editorial en nuestros países. En esa dirección se orienta el editorial del número 5, “El Repertorio ahora”, que alude a una nueva etapa de la revista en que pretende presentar un panorama equilibrado de la cultura centroamericana. Se incluye investigación social, económica y educativa, junto a la creación literaria y se expresa la voluntad de “afirmarse como vehículo de comunicación cultural en todos sus órdenes” (Repertorio Centroamericano, 1966, p. 32). La interrogante que guía las entrevistas y los análisis es si existe “una cultura auténtica” en Centroamérica.

Otra forma de referirse a la región es mediante la reflexión acerca de las capitales centroamericanas, tema que se aborda en el número 5, que se concentra en la transformación de esas ciudades. Se analizan sus innovaciones a raíz de los cambios económicos del proceso de integración: sobre Managua hablan Eduardo Conrado (abogado y sociólogo) y Salvador López Solórzano, ingeniero urbanista; acerca de la capital costarricense escribe Eduardo Jenkins Dobles, ingeniero civil, y de San Salvador participa Reinaldo Galindo Phol.

En los sucesivos números se va delineando el concepto de Centroamérica como una región que se proyecta hacia el futuro y la modernidad, una noción de la identidad menos anclada en el elemento indígena y el pasado.

Con el título “Libro y desarrollo” el número 10 de Repertorio Centroamericano se dedica a informar acerca del primer seminario del libro centroamericano. Convocado por el CSUCA, con patrocinio de la fundación de Estados Unidos Franklin Book Programs Inc., participaron ministerios de educación pública y expertos de México, Guatemala, Panamá, Brasil y Puerto Rico, España, Venezuela, Colombia y otros países. Bajo un enfoque sociológico se analiza la importancia del libro en los países en desarrollo: hay que buscar mecanismos, se dice, para que el libro contribuya a crear la “estructura ideológica y de valores que facilite la modernización y la industrialización” (Luján, 1968, p. 8). Otros trabajos estudian la industria del libro, el proceso editorial y el papel de las bibliotecas y ofrecen datos acerca de la producción de libros en la región centroamericana.

Educa

En 1968, Sergio Ramírez e Ítalo López Vallecillos fundaron la Editorial Universitaria Centroamericana (Educa), que dependía de la Confederación Universitaria Centroamericana y que durante casi treinta años dio a conocer a los escritores más importantes de la región.

Las publicaciones de Educa se organizaron en diez colecciones, dedicadas a distintas áreas: literatura, clásicos, infantiles, población y temas políticos contemporáneos, textos de estudio universitario, historia, política, y literatura de escritores jóvenes, medios masivos y relatos de viajes de exploradores europeos por la región centroamericana.

Se hicieron antologías de literatura por países, al cuidado de varios autores; Alfonso Chase estuvo a cargo de Las armas de la luz: antología de la poesía contemporánea de la América Central (1985) en la Colección Testimonios y Sergio Ramírez de la Antología del cuento centroamericano. En 1998 aparecieron las antologías de Roberto Sosa, Honduras: poesía escogida; Julio Valle Castillo Nicaragua: cuentos escogidos; Julio García Paredes Panamá: cuentos escogidos; Arturo Arias, Guatemala: cuentos escogidos. Si por un lado algunos libros responden a la necesidad de recuperar a los héroes centroamericanos –el número 11 de la serie Pensamiento de América se dedica a Sandino, con prólogo de Sergio Ramírez–, por otro lado, Educa también publicó “clásicos” universales y libros de actualidad. Entre estos últimos, uno fue de Richard Millet, Los guardianes de la dinastía (1979), que estudia la guardia de Somoza, y de Luis Maira y otros, La política Reagan y la crisis en Centroamérica (1982). Entre los clásicos, aparecieron El Decamerón de Giovanni Boccaccio, una selección con traducción y prólogo de Franco Cerutti; Dos novelas ejemplares, de Miguel de Cervantes; Las mil y una noches, Macbeth, traducida por Joaquín Gutiérrez. En otras palabras, la línea editorial revela una orientación de publicar para la educación, así como otra para ofrecer un medio editorial a los intelectuales, los artistas y los escritores de la región (traductores, ilustradores, investigadores). De esta forma vieron la luz obras como Mujer, realidad religiosa y comunicación (1988) de la investigadora argentina Cora Ferro Calabrese, que en ese entonces trabajaba en la Universidad Nacional; la novela La noche abierta (1982), del escritor uruguayo Fernando Butazzoni; El rapto de Panamá del periodista e historiador argentino Gregorio Selser.

Dos de los grandes aciertos editoriales de Educa y de autores centroamericanos fueron La patria del criollo: ensayo de interpretación de la realidad colonial guatemalteca, del historiador guatemalteco Severo Martínez Peláez, y La dramática vida de Rubén Darío del investigador Edelberto Torres Espinoza. La primera tuvo ediciones en 1971, 1973, 1976, 1979, 1981, 1983 y 1985. La monumental biografía de Rubén Darío, de novecientos sesenta y seis páginas y treinta y un capítulos, era la sexta edición (1982) muy aumentada con respecto a la primera, hecha en Guatemala en 1952.

Además del proyecto editorial, en Educa encontraron trabajo varios escritores exiliados, por ejemplo, los salvadoreños Manlio Argueta y Horacio Castellanos Moya. El primero vivió exiliado en Costa Rica desde 1972 hasta 1993 cuando pudo regresar a El Salvador; fue también profesor universitario (Cañas Dinarte, 2002, p. 37); entre 1974-1978 fue jefe de producción de Educa donde trabajó por más de doce años y fue su director entre 1978 y 1979. Castellanos Moya se estableció en San José desde agosto de 1980 a septiembre de 1981 y se desempeñó como corrector de pruebas en Educa.

En esa época trabajaron en Educa escritores de varias generaciones, como los nicaragüenses Carlos Martínez Rivas, Gioconda Belli y Lizandro Chávez Alfaro. Este último fue nombrado director de Educa en 1976; el hondureño Julio Escoto, quien radicó en San José, Costa Rica, fue director del Programa Centroamericano de Asuntos Culturales del CSUCA, desde julio de 1976 a noviembre de 1977. En los tres años siguientes asumió en San José el cargo de Director General de la Editorial Universitaria Centroamericana, órgano editorial del CSUCA.

Ítalo López Vallecillos (n. 1932) vivió en dos oportunidades en Costa Rica: cuando fue expulsado por el gobierno de José María Lemus en 1960 y luego en octubre de 1983, debido a la situación de intolerancia política imperante en El Salvador, que motivó sendos atentados dinamiteros contra su residencia y las oficinas de la Editorial de la UCA. Fue director de Educa entre 1970 y 1975; en San José también dirigió las publicaciones de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso) y el “Suplemento cultural” de El Diario de Costa Rica, hecho que le mereció la entrega del Premio “Joaquín García Monge”, conferido por primera y única vez a un extranjero Sergio Ramírez (n. 1942), cofundador de Educa, vivió un largo período en Costa Rica, primero como creador de instituciones de vocación centroamericanista, luego como activo luchador en la guerra antisomocista.

Claribel Alegría (n. 1924) publicó en este país la novela breve Juego de espejos, en 1970 en la Repertorio Centroamericano; en 1982 la novela Álbum familiar, y en 1992 el poemario Clave de mi poesía (Cañas Dinarte, 2002, pp. 23-24).

La mayor parte de los escritores centroamericanos que trabajaron en Educa también publicaron aquí sus propios libros. Así sucedió con el salvadoreño Mario Castrillo quien, entre 1976 y 1979, trabajó en el proceso editorial en Educa y en el CSUCA (Castrillo). Manlio Argueta, quien en Costa Rica había publicado el poemario Las bellas armas reales, en 1979 y 1982, en 1983 vio publicada la antología que había compilado, Poesía de El Salvador, en la Colección Séptimo Día. En esta misma colección apareció de Miguel Huezo Mixco (El Salvador n. 1954) una antología de poesía titulada El ángel y las fieras en 1997. Por su parte, Ricardo Roque Baldovinos (El Salvador n. 1961) publicó en Educa El Salvador: cuentos escogidos (1998), en el que incluyó, entre otros, cuentos de la escritora de esta misma generación Jacinta Escudos (Cañas Dinarte, 2002, p. 165).

En 1981 –y hasta 1997– Educa organizó el Premio Latinoamericano para escritores de lengua española, en los géneros de narrativa y poesía alternativamente. El ganador del certamen recibía un premio de mil dólares y la edición del libro. Como se anuncia en la revista Repertorio Centroamericano, y siempre dentro del nuevo concepto de la unión centroamericana, el Certamen del CSUCA propone en una ocasión que el tema de ensayo versara sobre la integración centroamericana. 8 El premio Educa lo ganaron escritores sudamericanos, cubanos y de otros países; entre los ganadores centroamericanos se puede mencionar a Manlio Argueta, que lo obtuvo al menos dos veces: una con la recopilación de poesías El viajero (1963) y otra con la novela El valle de las hamacas (primer premio del Certamen Centroamericano de Novela).

Una joven poeta costarricense, Ana Istarú (n. 1962), ganó en 1983, con el libro de poesía La estación de fiebre. Dos veces se hizo acreedor del premio en narrativa el salvadoreño Rafael Menjívar Ochoa (1959-2011), por sus novelas Historia del traidor de Nunca Jamás y Los años marchitos. Al poeta y ensayista hondureño José González (Honduras n. 1953) se le otorgó en 1994 el galardón; el año siguiente al poeta José María Zonta (Costa Rica n. 1961) con Tres noviembres; en 1996 a Óscar Núñez Olivas (Costa Rica, n. 1955) con su primera novela, El teatro circular (1996).

Además de la creación de la editorial y el certamen literario centroamericanos, el CSUCA, llevó a cabo un Festival de teatro universitario (centroamericano) en 1968 y la Primera Bienal Centroamericana de Pintura en 1971 y en ocasión del 150.º aniversario de la independencia en 1971 coorganizó junto con el Ministerio de Cultura, Juventud y Deportes el Festival Cultural Centroamericano (Montero, 2012). 9

Una cátedra renovada

Entre 1973 y 1974 la Universidad de Costa Rica llevó a cabo su III Congreso Universitario, el cual cambió el rumbo de la institución en varios sentidos y reflejó el ambiente que se vivía en esos años en esa institución de educación superior y en el país. Con el Estatuto que surgió del III Congreso la Universidad, considera Daniel Camacho, la UCR reafirmó su compromiso con la sociedad para buscar:

Una verdadera justicia social, la formación de una conciencia crítica en la población y la formación de profesionales capaces de crear esa conciencia crítica en pro de un régimen social justo, que elimine las causas que producen la ignorancia y la miseria, así como a evitar la indebida explotación de los recursos del país (Camacho Monge, 2012, pp. 11-20). 10

Dos años antes del III Congreso se había aprobado en la Universidad de Costa Rica la propuesta del CSUCA para crear en San José el Programa Centroamericano en Ciencias Sociales. Dirigido por el sociólogo guatemalteco Edelberto Torres Rivas, el plan del Programa era la investigación y la docencia para el área centroamericana como paso previo para la creación de un instituto o facultad regional de posgrado. Según Jorge Rovira:

El Programa tenía entre sus metas el desarrollo de un conjunto de proyectos de investigación con perspectiva regional sobre algunas temáticas identificadas como fundamentales, así como la realización de seminarios regionales alrededor de cuestiones centrales para el fortalecimiento de la enseñanza de las ciencias sociales (Rovira Mas, 2014, p. 341).

Otra de las iniciativas con carácter centroamericano en las que participó la Universidad de Costa Rica fue la creación, a mediados de 1972, del Instituto de Estudios Centroamericanos (IECA), dentro del que se estableció una Licenciatura en Estudios Centroamericanos. El objetivo principal del IECA es “propiciar la investigación en dimensión centroamericana y preparar personas en conocimiento integral de esta área. Para la investigación, el Instituto toma, como área, el sentido geográfico de América Central, es decir, de Yucatán a México” (Rovira Mas, 2014, p. 342).

A este Instituto se integraron investigadores que llegaron a Costa Rica debido a intervenciones en sus universidades; ese fue el caso de los salvadoreños Mario Flores Macal y David Luna, quienes además se encargaron de dos programas de radio “por muchísimos años en la Radio Universidad de Costa Rica: Flores Macal con “La hora centroamericana” y Luna Desola con “La hora precolombina”” (Bozzoli, 1985, p. 199).

Otra institución de estudios con perspectiva centroamericana se crea en esa universidad a finales de los años setenta: a partir de una propuesta presentada por el exrector Carlos Monge Alfaro en 1977, dos años después se instituyó el Centro de Investigaciones Históricas (CIH), que en 1994 pasó a llamarse CIHAC debido al énfasis en la investigación histórica regional.

En 1970 la Universidad de Costa Rica fundó Universidad, un semanario cuyo suplemento Forja se consagraba a temas literarios y políticos. El semanario conservó una línea de defensa de la paz en la década de 1980, cuando importantes diarios como La República, La Nación y La Prensa Libre justificaban la presencia en territorio nacional de fuerzas contrarrevolucionarias y campamentos de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FARN), al mando de Fernando Chamorro Rapaccioli y de la Alianza Revolucionaria Democrática (ARDE), comandada por Edén Pastora, según analizaron Isabel Ovares y Patricia León.

En esa misma institución, en 1973 el Instituto de Estudios Centroamericanos empieza a publicar la Revista de Poesía Centroamericana, dirigida por Isaac Felipe Azofeifa y el profesor chileno Hugo Montes. Coordinada por el salvadoreño Manlio Argueta, se dedicaba a la obra de las últimas generaciones de poetas. Junto con esta, aparecieron el Anuario de Estudios Centroamericanos y la Revista Histórico Crítica de Literatura Centroamericana (1974) (Universidad de Costa Rica, “Noticias”, s. f.). Esta última, que era una publicación conjunta entre el Ministerio de Cultura y Juventud y la Universidad de Costa Rica, fue dirigida por el italiano Franco Cerutti, quien provenía de Nicaragua e instaló en la Universidad de Costa Rica su colección de libros antiguos centroamericanos. 11 La Biblioteca Centroamericana con la Colección Cerutti se inauguró el 6 de setiembre de 1974 en el antiguo edificio de Ciencias Sociales. Se le consideraba la biblioteca más completa en su género, pues contenía unos diez mil ejemplares de obras, revistas, periódicos, de Centroamérica de la época colonial y republicana.

También en la Universidad de Costa Rica en 1974 se creó el Anuario de Estudios Centroamericanos, el cual se sigue publicando. Desde el inicio era una publicación anual e incluía artículos de temas culturales, por ejemplo, “El doctor José Leonard el maestro de Rubén Darío y sus actividades culturales franco-españolas-latinoamericanas”, de Edmund Stephen Urbanski, en el primer número; “Los primeros años de la imprenta en Honduras”, de Carlos Meléndez Ch. y “Catálogo provisional del patrimonio histórico-artístico de Nicaragua” de Ernesto Laorden Miracle, “Teatro panameño contemporáneo” de Ana Lucía López en el segundo número; “El señor presidente y la temática de la dictadura en la nueva novela hispanoamericana” de Giusseppe Bellini en el número 3 de 1977.

Luego (a partir de 1985) se hizo semestral y se fue orientando más hacia las ciencias sociales. Recoge artículos académicos de investigadores de varios países; así, en los primeros números publicaron Rafael Menjívar Larín, Edelberto Torres Rivas, Mario Flores Macal, Carlos Tünermann. Sus trabajos se refieren tanto a temas de actualidad, reseñas y crónicas de actividades culturales en el istmo, como a informes de investigación. El Anuario contiene una sección de información de múltiples actividades académicas realizadas en los países centroamericanos.

Otro “espacio de encuentro para los académicos centroamericanos de dentro y de fuera de la región” (Rovira Mas, 2016, p. 448) fue la revista Polémica, que publicaba el Instituto Centroamericano de Documentación e Investigación Social. 12

El impulso renovador en la Universidad de Costa Rica se sintió también en el campo de la música. El Conservatorio de Música –fundado en 1941–, en 1970 se convirtió en Escuela de Artes Musicales, perteneciente a la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Costa Rica.

Dentro de esa institución, su Asociación de Estudiantes de Artes Musicales se integró al ambiente centroamericanista de esos años al organizar la integración de una Orquesta Sinfónica Centroamericana en setiembre de 1976. Esta actividad se enmarcaba en un festival de la Independencia centroamericana que incluía recitales de música folclórica latinoamericana con el conjunto Viva Voz y conferencias sobre folclore costarricense a cargo de Emilia Prieto.

La Orquesta Sinfónica de Estudiantes Centroamericanos se integró con setenta y cinco participantes del Conservatorio Nacional de Música de Guatemala, del Departamento de Música del Centro Nacional de Artes de El Salvador, la Escuela de Música Victoriano López, de San Pedro de Sula, Honduras; el Conservatorio Nacional de Música de Nicaragua; la Escuela Nacional de Música de Panamá; el Conservatorio Castella, la Orquesta Sinfónica Juvenil y Escuela de Artes Musicales de la Universidad de Costa Rica.

El apoyo a la música se fortaleció más con la creación de una nueva institución de enseñanza superior, la Universidad Nacional, fundada en 1973. Esta enfatizó desde el inicio su compromiso efectivo con la realidad nacional, la búsqueda del saber racional y su aplicación en una sociedad concreta, sin que la propuesta menosprecie la tarea del valor universal propio de toda Universidad. 13 En el campo de las artes, en la UNA se constituye en 1974 el Centro de Investigación, Docencia y Extensión Artística (Cidea) 14 que comprende las Escuelas de Danza, Artes Plásticas, Arte Escénico y Música.

Desde su fundación, esas unidades académicas se propusieron cumplir una importante función cultural e ideológica: la idea de integrar las diversas manifestaciones artísticas y proyectarlas a la sociedad costarricense y centroamericana, y así colaborar en su desarrollo integral e identitario. Esa concepción de la formación profesional se basa en conceptos de acercamiento integral al fenómeno artístico y del estudio como resolución de problemas; a la vez propone la extensión de la práctica de las artes a todos los estratos sociales, especialmente a los que habían sido tradicionalmente marginados de este ámbito. 15

La casa de las artes

Paralelamente a la fundación de una institución centroamericana como el CSUCA y la apertura social de las universidades públicas, el sector cultural costarricense estatal experimentaba también importantes transformaciones. Entre 1970 y 1971 se crea el Ministerio de Cultura, Juventud y Deportes a partir de la Dirección General de Artes y Letras, dependencia semiautónoma del Ministerio de Educación Pública, creada en 1963. 16 Los tres primeros ministros −Alberto Cañas Escalante, Carmen Naranjo y Guido Sáenz− crearon nuevas instituciones dentro del Ministerio que facilitaron y extendieron la gestión estatal de las artes y la cultura en todo el país. Samuel Rovinski sintetiza la posición ideológica que orienta esos cambios: “la participación en las actividades del espíritu no es ya el privilegio de una minoría cultivada” (Rovinski, 1977, p. 6). Señala, además, que la mayor participación de la ciudadanía en las actividades artísticas favorece la libertad de expresión, la autodeterminación y la cultura auténticamente nacional.

Música académica

La música académica experimentó en la década de 1970 un profundo cambio, principalmente con la fundación de otras instituciones y la reorganización de la Orquesta Sinfónica Nacional. Con miras a este fin, se contrataron muchos músicos extranjeros, que también enseñaban en el nuevo Programa Juvenil creado en 1972 y se compraron instrumentos musicales por un valor de un millón de colones. Por otro lado, en 1972 se contrató al maestro chileno Marco Dussi, quien organizó el Coro Sinfónico. El Coro debutó dos años después y en 1977 se presentó en Colombia acompañado por la Orquesta Sinfónica de Bogotá.

Como parte de los esfuerzos que realizaron las primeras administraciones del MCJD para mejorar el nivel profesional de la música académica, en 1977 se fundó en Costa Rica el Centro Regional de Estudios Instrumentales para toda Latinoamérica. De acuerdo con la información ofrecida por Virginia Zúñiga, algunos de los objetivos de la institución eran la formación de instrumentistas de orquestas juveniles; la constitución de orquestas juveniles en escuelas primarias, secundarias y en centros de formación profesional; interrelacionar la Orquesta Sinfónica Juvenil y la Orquesta Sinfónica Nacional; alentar la formación de otros grupos instrumentales como conjuntos de cámara (Zúñiga Tristán, 1992, p. 183). Auspiciado por la Organización de Estados Americanos, sus primeros estudiantes fueron cuarenta y tres estudiantes centroamericanos.

La integración de la práctica de la música académica en otro tipo de actividades culturales se sintetiza en un recuerdo del escritor Róger Lindo acerca del proceso de filmación de un documental acerca de El Salvador en Costa Rica: “Adrián Goizueta, un simpático argentino, compone la pista musical entera y hace los respectivos arreglos. Incluye: corrido de Farabundo Martí (“Dicen que dicen que vieron pasar…”), jazz para grupo frente a la embajada gringa, tonada elegíaca, apoteosis con timbales. Participa la Orquesta Sinfónica Juvenil de Costa Rica” (Lindo, 2006).

¿El teatro o la Carpa?

La gran renovación del teatro en Costa Rica tuvo lugar desde la década de 1960; anteriormente, la actividad teatral autóctona se desarrollaba alrededor de varios grupos, algunos independientes y otros bajo el alero de alguna institución que los patrocinaba. 17 Por otro lado, existía inclusive algún intercambio con países vecinos: se presentaron obras de teatro clásico y centroamericanas; el Teatro Infantil de Honduras presentó la obra Aladino y la lámpara maravillosa; el Teatro Experimental Panameño presentó El último instante, de Franklin Domínguez (Herzfeld y Cajiao, 1973, p. 278). 18

Antes de la década de 1970, algunos acontecimientos abonaron el terreno en esa dirección: en 1968 la Asociación de Autores Costarricenses instituyó unos premios para el teatro, y el 31 de agosto del mismo año, para celebrar su vigésimo aniversario de existencia, el CSUCA organizó el Primer Festival Cultural Centroamericano, que algunos consideran “un acontecimiento de trascendental importancia para el movimiento teatral centroamericano. (…) Ha sido este posiblemente el acontecimiento más sobresaliente en el proceso de la integración centroamericana a nivel artístico” (Herzfeld y Cajiao, 1973, p. 17).

En 1968 se había creado también el grupo independiente Moderno Teatro de Muñecos de Costa Rica, dirigido por Juan Enrique Acuña (Acuña, 1979, p. 19), el cual, en ocasión de la campaña de alfabetización, años después viajó dos veces a Nicaragua, donde se presentó en algunas ciudades y en el Teatro Rubén Darío y (Luján, 1980, p. 11). En ese país, recuerda el actor chileno Víctor Rojas “en el momento del triunfo de la revolución sandinista en Nicaragua, muy apoyada desde el espíritu antidictatorial de Costa Rica, se realizó una gran producción: Fuenteovejuna, de Lope de Vega, bajo la dirección de don Atahualpa del Cioppo” (Campos, 2012), en una propuesta escénica que el público identificó inmediatamente la situación que se vivía entonces allí.

Libros para todos

El interés por Centroamérica también se extendió a la labor que realizaba el Departamento de Publicaciones del recién creado Ministerio de Cultura, Juventud y Deportes. Allí se desarrolló una política de edición de series o colecciones, que se repartían gratuitamente: Quién fue y qué hizo, Nos ven, Del rescate, Estudios literarios y Pensamiento de América. Dentro de esta última, el número 11 de 1978 se dedica a Sandino, con prólogo de Sergio Ramírez.

Se unen a ese esfuerzo una serie de revistas que rescatan tanto trabajos ignorados por las nuevas generaciones como documentos históricos poco conocidos o considerados de valor para la cultura nacional. Una es Papel Impreso, revista de cultura popular aparecida en 1971, dirigida por Víctor Julio Peralta y por Denis Mesén y de la cual tanto en 1974 como en 1975 se editaron trescientos mil ejemplares (Rovinski, 1977, p. 28). El interés por el quehacer cultural centroamericano se muestra, por ejemplo, en el número 2, que informa acerca del mencionado Festival Cultural Centroamericano, efectuado como parte de las celebraciones de los ciento cincuenta años de la independencia de España. Ese mismo número incluye una antología de autores centroamericanos: Lisandro Chávez, Ernesto Cardenal, Pablo Antonio Cuadra, Ernesto Mejía Sánchez, Sergio Ramírez, José Coronel Urtecho y Carlos Martínez Rivas, de Nicaragua; Otto Raúl González y Augusto Monterroso de Guatemala; el salvadoreño José Roberto Cea; Rogelio Sinán de Panamá; Francisco Salvador, Óscar Acosta y Roberto Sosa de Honduras y Alfredo Cardona Peña de Costa Rica.

Los primeros números de Papel Impreso ofrecen información acerca de la presencia y las actividades en el país de artistas e intelectuales centroamericanos y latinoamericanos, como Carlos Martínez Rivas, José Coronel Urtecho, Ernesto Cardenal, Sergio Ramírez y María Elena Walsh. Lo anterior, junto a la presencia de noticias acerca del quehacer cultural en las diversas instituciones, confiere a la publicación un carácter de crónica de los hechos cotidianos de la época.

Otros proyectos

Además de la actividad institucional, en el área privada también se desarrollaron acciones vinculadas con la situación centroamericana, por ejemplo, varios proyectos cinematográficos (Céspedes Garraud, 1980). Uno de estos fue el emprendido por el mexicano Alfonso Arau, quien propuso a algunos artistas del medio nacional formar una red de cine propio, primero dentro de la región y luego para todo el continente. Apareció entonces Istmo Film −que subsistió hasta 1982−, una empresa en la que participaron Antonio Yglesias, Óscar Castillo, Sergio Román y los escritores Carmen Naranjo, Samuel Rovinski y Sergio Ramírez, quien vivía en Costa Rica desde antes de 1979 (Rovinski, 1985).

“El cine salvadoreño estaba a punto de nacer en los 80 en la pequeña sala Garbo de San José, Costa Rica”, señala Róger Lindo en su artículo sobre la Sala Garbo (Lindo, 2006); en este evoca la creación de la premiada película El Salvador, el pueblo vencerá en San José, para la que fue el coordinador del colectivo de producción. Según el escritor salvadoreño:

El grupo que se juntó en la Sala Garbo con el apoyo de Istmo Film (…) cineastas y aprendices de cineastas, se proponía realizar un cine pensando en buena parte en la sensibilidad “internacional”, especialmente la estadounidense. Se buscaba contrarrestar las campañas publicitarias con que las administraciones en Washington disfrazaban como democrático un esfuerzo esencialmente contrainsurgente, y “educar” a sus embaucados ciudadanos sobre las cosas que estaban pasando en El Salvador (Lindo, 2006).

Además de la productora de cine, la empresa contaba con una distribuidora y una sala para proyectar películas centroamericanas, la Sala Garbo. Óscar Castillo, quien fue productor de los documentales Patria libre o morir, y El Salvador vencerá-, se encargó de tratar de duplicar la experiencia en otros países del Istmo, aunque las condiciones bélicas no lo permitieron. Aun así, considera Cortés, “Istmo Film se convierte en la productora independiente mejor equipada de Centroamérica y su labor más importante, a menudo en coproducción, es la realización de filmes sobre los conflictos centroamericanos del momento” (Cortés, 2011).

Entre 1977 y 1982 la empresa Istmo Film produce o apoya varias películas sobre las insurrecciones centroamericanas, asunto sobre el que se concentran los primeros cinco trabajos del grupo: Patria libre o morir, documental dirigido por Antonio Yglesias y Víctor Vega (1979) sobre la rebelión sandinista; La insurrección (1980), del director alemán Peter Lilienthal, largometraje de ficción con el mismo tema; El Salvador, el pueblo vencerá (1980) del director portorriqueño Diego de la Texera, acerca de la guerrilla en El Salvador; Alsino y el cóndor (1982), del director chileno Miguel Littin, adapta un cuento popular chileno a la realidad revolucionaria nicaragüense; el documental La guerra de los filibusteros (1980), de Samuel Rovinski, retoma la invasión de William Walker en el siglo XIX en los países centroamericanos.

Varios de los documentales producidos por Istmo Film sobre las guerras centroamericanas se proyectaron en otros países; Patria libre o morir, por ejemplo, se estrenó en casi toda América Latina y en Estados Unidos el día de la conmemoración del 44.º aniversario del asesinato de Augusto C. Sandino, el 21 de febrero de 1979 (Cortés, 2011). De acuerdo con Yglesias, la proyección colaboró a dar a conocer en Costa Rica y todo el mundo la lucha del FSLN y, en consecuencia, a ampliar el apoyo por su causa política:

El panorama para Istmo Film se llenó de buenas expectativas y se facilitó la difusión en sectores que hasta el momento habían sido muy cerrados y apáticos con la Revolución Popular Sandinista, porque ya no miraban una película sobre el Frente Sandinista, sino una obra con dotes artísticas de gran sentido humanístico. La comunidad internacional decidió ayudar a Nicaragua con dinero, alimentos y armamento (Yglesias, 2018, p. 6).

La actividad en el área cinematográfica pretendía así contrarrestar la propaganda desarrollada durante la guerra de Estados Unidos contra el gobierno sandinista de Nicaragua por los principales medios de comunicación costarricense. 19 Ante la presión de algunos sectores para que Costa Rica se involucrara más directamente contra Nicaragua, y en medio de una gran controversia nacional, el presidente Luis Alberto Monge promulgó la Proclama de neutralidad perpetua, activa y no armada de Costa Rica, que prohíbe la utilización del territorio costarricense para llevar a cabo acciones desestabilizadoras contra otros gobiernos del área (Monge, 1983, pp. 165-171).

A partir de 1985, según Cortés, aparecen en Costa Rica algunas empresas independientes productoras de cine, que también realizan documentales sobre temas centroamericanos. Una de estas fue el Centro Gandhi, que empieza a trabajar en 1985, y realiza un proyecto conjunto con el Centro Internazionale Crocevia, “con el objetivo de recoger información visual sobre la guerra y los procesos de paz en Centroamérica” (Cortés, 2011). Junto con otros trabajos sobre la pacificación, los refugiados, la invasión a Panamá y el asesinato de religiosos en El Salvador, en 1982 se hizo el documental sobre la insurrección sandinista en Nicaragua Sin fronteras, de Juan Bautista Castro y Roberto Miranda, este último dueño de Audiovisuales Chirripó.

Como en el teatro y el cine, durante la década de 1970 también la práctica musical se desarrolla tanto en un plano académico como en otro, popular y político. Esta actividad, además, reúne a músicos centroamericanos con los provenientes de otras latitudes, principalmente sudamericanos, que influye fuertemente en el Movimiento de la Nueva Canción en Costa Rica surgido, de acuerdo con Adrián Goizueta, a partir de 1971. En este participaron Rubén Pagura y el Grupo Abril, Luis Ángel Castro, Víctor y Alejandra, los grupos Viva Voz, Tayacán, el Grupo Experimental de Adrián Goizueta. Esos grupos y cantantes tenían su sede en el Centro de Cultura Popular (Cecupo), donde además se presentaron Mercedes Sosa, Carlos Mejía Godoy, el Quinteto Tiempo, Virulo, los hermanos Parra, los Cañas, Amparo Ochoa y el grupo mexicano la Nopalera. El Movimiento de la Nueva Canción se orientaba hacia la búsqueda de una identidad nacional y regional, tipo de música que se integraba en el movimiento más amplio que surgió en Latinoamérica en esas décadas.

El grupo Tayacán, que tuvo una activa participación en la música protesta y la actividad política en el país, se formó en junio de 1974 y debutó el 4 de agosto en el Teatro Arlequín. Estaba constituido por el músico nicaragüense Luis Enrique Mejía Godoy, los costarricenses Joaquín Rodríguez y Orlando Gamboa y los chilenos Patricio Primus, Alejandra Acuña y Víctor Canifru. Posteriormente, ingresaron el arreglista Rodrigo Salas, Manuel Monestel y Bernal Monestel. El grupo se desintegró en 1980 (Rodríguez, 2020).

Durante la época de 1970, Luis Enrique Mejía Godoy dio a conocer en el país, de manera individual, varios de sus discos: Hilachas de sol (1970), Este es mi pueblo (1972) y Para luchar y quererte (1975). Igualmente, publicó el estudio corto “El folclore y la música popular en Costa Rica”.

Otro grupo que se formó en esos años fue Viva Voz; estaba constituido por Dionisio Cabal, Marisol Carballo y los hermanos Fernando y Juan Carlos Mena, y se disolvió en 1978. El principal propósito de su trabajo era difundir canciones originales, así como materiales compilados por la folclorista Emilia Prieto. En 1978, esta investigadora había publicado el libro Romanzas ticomeseteñas, que ampliaba una publicación de 1970 en la Revista de Artes y Letras, y que constaba de tres ensayos de diversa longitud sobre la música del Valle Central, con las letras y la música de las canciones. 20

Dentro de este género de música, uno de los grandes acontecimientos fue el festival realizado en el marco de la campaña cultural La paz del Mundo comienza en Centroamérica. En la parte musical, junto con el Grupo Experimental y Cantoamérica, de Costa Rica, participaron el grupo chileno Quilapayún, la cantante argentina Mercedes Sosa y la cantante mexicana Amparo Ochoa (González, 1986, p. 80).

Las actividades de las artes y la cultura costarricenses crecieron, se renovaron y ampliaron su cobertura geográfica y social durante la década de 1970. A los esfuerzos del Ministerio de Cultura, el CSUCA y la Universidad de Costa Rica se unieron en esos mismos años las iniciativas de empresas y de grupos independientes que, solos o en asociación con otras instituciones, fundaban nuevos grupos y promovieron actividades a lo largo del país.

En consecuencia, hay cierto consenso para aseverar que, desde entonces, las actividades culturales y artísticas crecieron mucho más que en ninguna otra época. Marta Ávila, por ejemplo, comenta la danza de esa época así: “El impulso que ha dado a la danza contemporánea el sector estatal ha sido constante desde finales de la década del 70” (2006, p. 99). Con respecto al teatro, Marco Guillén afirma: “Los años 70 se han denominado la época de oro del teatro costarricense, período que se extiende hasta los primeros 80. Con añoranza se recuerdan muchos espectáculos de la Compañía Nacional de Teatro” (Guillén, 2006, p. 75).

Por otro lado, el efervescente crecimiento propio de las artes costarricense de esos años compartió espacios con los artistas e intelectuales que llegaron por la diáspora y el exilio generados por las guerras en los países vecinos. Al garantizar el país un asilo relativamente seguro, las instituciones oficiales, las empresas privadas y los grupos independientes ofrecieron un lugar de trabajo a muchos escritores y artistas extranjeros cuya experiencia y profesionalidad cimentaron a su vez en la década de 1970 la formación de nuevos creadores.

Asimismo, el país participó políticamente y se comprometió luego con una solución pacífica de los conflictos políticos del área. El discurso político y sociológico renovaba los llamados a la paz, los tópicos del enfrentamiento a los Estados Unidos y el recuerdo de los héroes que en otros momentos habían apelado al origen común y la unidad ante el invasor.

Fue, por lo tanto, una nueva forma de centroamericanidad que creció en esos años. No se trataba ya de la discusión política acerca de una ya imposible utopía unionista; tampoco de la idea de la unión de los países del istmo como una aspiración más de un soñado anhelo de armonía universal, como imaginaba el modernismo, ni siquiera de los esfuerzos de los años del primer centenario de la independencia, algunos de ellos vinculados a la propuesta indohispánica. Tampoco se trataba de la búsqueda de un origen mítico y común en el pasado de las naciones, como el que proponían algunos integrantes del Movimiento de Vanguardia Nicaragüense. Fue más bien un momento de intensas vivencias y luchas por la democracia, la cultura y la solidaridad entre los pueblos del istmo.

Anexos

A. CSUCA y Educa

1. Directores de Educa

1970-1975 Ítalo López Vallecillos El Salvador, editor

1976 Lisandro Chaves Alfaro, Nicaragua, escritor

1977-1980 Julio Escoto, Honduras, escritor

1978-1979 Manlio Argueta, El Salvador, escritor

1980-1984 Sebastián Vaquerano, El Salvador, economista

1984- 1992? Carmen Naranjo, Costa Rica, escritora

1992-1999 Sebastián Vaquerano, El Salvador, economista

2. Premios de Educa

1974 Carmen Naranjo (Costa Rica 1928): Diario de una multitud, Premio Educa de Narrativa Hispanoamericana

1977 Gloria Guardia (Panamá 1940): El último juego, novela, Premio Educa de Narrativa Hispanoamericana

1981 Fernando Butazzoni (Uruguay 1953) Premio Educa de Narrativa Hispanoamericana por La noche abierta.

1982 Carmen Naranjo (Costa Rica 1928-2012) Ondina, Premio Educa de Narrativa Hispanoamericana

1983 Ana Istarú (Costa Rica 1960), La estación de fiebre. primer Premio Certamen Anual Latinoamericano Educa

1984 Rafael Menjívar Ochoa (El Salvador 1959-2011) Historia del traidor de Nunca Jamás, Premio Latinoamericano de Novela Educa

1985 Osvaldo Sauma (Costa Rica 1949) Retrato en familia Premio Latinoamericano de Poesía Educa

1989 Rodolfo Arias (Costa Rica 1956) El Emperador Tertuliano y la Legión de los Superlimpios, Mención Honorífica en el certamen Valle Inclán.

1990 Rafael Menjívar Ochoa, Los años marchitos, Premio Latinoamericano de Novela

1994 Leonel Alvarado (Honduras 1967) El reino de la zarza. Premio Latinoamericano de Poesía Educa

1995 José María Zonta (Costa Rica 1961) Tres noviembres, Premio Latinoamericano Educa

1995 Víctor Rodríguez Núñez (Cuba 1955) El último a la feria, Premio Latinoamericano de Poesía Educa

1996 Óscar Núñez Olivas (Costa Rica, 1955) El teatro circular, Premio Latinoamericano de Novela 1998 Laura Yasán (Argentina, 1960): Loba negra, Premio Único de Poesía Educa.

3. Colecciones de Educa

Colección Séptimo día, centrada en publicaciones de literatura, tanto obras de autores clásicos -Rubén Darío, Pablo Antonio Cuadra, Roque Dalton, Augusto Monterroso, Pablo Neruda-, como de otros, entonces noveles, por ejemplo, Ana Istarú, Miguel Huezo Mixco, José María Zonta, Osvaldo Sauma, Rafael Menjívar Ochoa. Hubo algunos títulos con varias ediciones, por ejemplo, El Señor Presidente, de Miguel Ángel Asturias, que tuvo trece ediciones. Se publicó una antología de poesía o cuento de cada país centroamericano.

Colección Clásicos, en 1998 publicaron una selección y traducción de El Decamerón hechas por Franco Cerutti, autor del prólogo, y una traducción de Luis Cardoza y Aragón de Rabinal Achí.

Colección Cumiche; en esta se publicaron por separado seis libros de cuentos de Carmen Lyra, por ejemplo, La cucarachita Mandinga, con ilustraciones de Hugo Díaz; así como “Los motivos del lobo” de Rubén Darío, Cocorí, de Joaquín Gutiérrez, uno de Claudia Lars, Rafael Heliodoro Valle.

Colección Debate, que concentra las publicaciones de temas políticos contemporáneos, por ejemplo, Políticas agrarias en El Salvador (1960-1990) de Wim Pelupessy con la traducción de María Quirós Grau; Latinoamérica en la encrucijada: América Latina y el problema mundial contemporáneo (1972) de Roberto Lara Velado; Secuestro y prisión: dos caras de la violencia en Guatemala (1971) de Alberto Fuentes Mohr.; La hegemonía del pueblo y la lucha centroamericana (1984) de Pablo González Casanova con prólogo de Rafael Menjívar L.

Colección Aula, en esta colección se concentran textos de estudio universitario, por ejemplo, una antología de Antropología centroamericana (1977), a cargo de David Luna Solá; El Popol Vuh: las antiguas historias del Quiché, traducidas del texto original con introducción y notas de Adrián Recinos.

Colección Rueda del tiempo, que se dedicaba principalmente a libros de historia, como el estudio del historiador Mario Samper, Producción cafetalera y poder político en Centroamérica. En esta colección aparecieron libros sobre José C. Valle, Francisco Morazán, Augusto C. Sandino y Farabundo Martí.

Colección Seis: La patria del criollo: ensayo de interpretación de la realidad colonial guatemalteca (1976) de Severo Martínez Peláez; La caída del somocismo y la lucha sandinista en Nicaragua (1980) de Julio López; de Óscar Arias Sánchez, ¿Quién gobierna en Costa Rica? (1984).

Colección Semilla, que publicó únicamente nueve títulos, de literatura de nacientes escritores como el salvadoreño Américo Ochoa, nacido en 1960 y exiliado en Costa Rica; Rodrigo Soto y Carlos Cortés, nacidos ambos en 1962.

Colección Signo, con cinco títulos de estudios sobre literatura o medios masivos.

Colección Viajeros, que incluyó relatos de viajes de exploradores europeos por la región centroamericana.

4. Escritores del número 12 (diciembre de 1968) de Repertorio Centroamericano

Guatemala: Otto René Castillo (1936), Luis Alfredo Arango (1936), Carlos Zípfel, Marco Antonio Flores, Otto Raúl González (1921), Julio Fausto Aguilera 81929) y José Manuel Arce (1935).

El Salvador: Mercedes Durand (1933), Álvaro Menén Desleal (1931), Ítalo López Vallecillo (1932), Tirso Canales (1930), Alfonso Quijada Urías (1940), Manlio Argueta (1935), Roque Dalton (1935), Ricardo Bográn (1930), Mauricio de la Selva (1930), Rafael Góchez Sosa (1927), Ovidio Villafuerte (1940), David Escobar Galindo (1943), Roberto Armijo (1937) y José Roberto Cea (1939).

Honduras: Tulio Galeas (1942), Pompeyo del Valle (1929), Filadelfo Suazo, Roberto Sosa (1930), Antonio José Rivas (1924), David Moya Posas (1929), Nelson Merren (1931), Héctor Bermúdez Milla (1927) y Óscar Acosta (1933).

Nicaragua: Ernesto Mejía Sánchez (1923), Carlos Martínez Rivas (1924), Ernesto Cardenal (1925), Ernesto Gutiérrez (1929), Fernando Silva (1927), Horacio Peña (1936), Beltrán Morales (1945), Luis Rocha (1942), Julio Cabrales (1944) y Michéle Najlis (1946).

Costa Rica: Jorge Debravo (1938), Germán Salas (1943), Alfonso Chase (1944), Juan Fernando Cerdas (1950) y Jorge Charpentier (1933).

Panamá: José de Jesús Martínez (1929), José Guillermo Ros Zanet (1930), Demetrio Fábrega (1932), José Franco (1936), César Young Núñez (1936) y Ramiro Ochoa López (1940).

B. Ministerio de Cultura, Juventud y Deportes

1. Organización y actividades

1970, 30 de setiembre: el presidente de la República, José Figueres Ferrer, anuncia el nombramiento de Guido Sáenz como viceministro de Cultura, en sustitución de Femando Volio Jiménez, quien había renunciado al cargo. Sáenz “planea disolver la Orquesta Sinfónica Nacional para crear una nueva agrupación de mayor categoría artística” (Zúñiga Tristán, 1992, p. 172).

1970-1971 la Dirección General de Artes y Letras, dependencia semiautónoma del Ministerio de Educación Pública, creada en 1963, 21 se transforma en el Ministerio de Cultura, Juventud y Deportes, que inicia actividades en 1971. 22

1971 contratación de dieciocho instrumentistas extranjeros, que también trabajaron como profesores en el Programa Orquesta Sinfónica Juvenil.

1971 fundación de la Compañía Nacional de Teatro (Mesén, 2020).

1971 fundación del Departamento de Cine, que en 1976 se convirtió en el Centro Costarricense de Producción Cinematográfica (González, 1993).

1972, 17 de abril: apertura del Programa de la Orquesta Sinfónica Juvenil.

1972, agosto: renuncia Benjamín Gutiérrez como director asistente de la Orquesta Sinfónica Nacional; se contrata al maestro chileno Marco Dussi, quien se encarga de la organización del Coro Sinfónico. 1972-1976 primera temporada del programa de Teatro al aire libre, que se reabrió en 1983.

1973, enero: se publica en La Gaceta la emisión de 600 000 colones en sellos postales para fondos de la Orquesta Sinfónica Nacional.

1973 constitución de la Asociación pro-Orquesta Sinfónica Nacional.

1973 se funda el Departamento de Cine del MCJD.

1974, 16 de agosto: debut del Coro Sinfónico Nacional.

1976 el Departamento de Cine del MCJD se convierte en el Centro Costarricense de Producción Cinematográfica.

1977 fundación del Taller Nacional de Teatro del MCJD.

1977 viaje del Coro de la Sinfónica Nacional de Costa Rica a varias ciudades de Colombia, con su titular Marco Dusi; lo acompañó la Orquesta Sinfónica de Bogotá.

1977 fundación del Centro Regional de Estudios Instrumentales para toda Latinoamérica, auspiciada por la Organización de Estados Americanos. Profesores: Alexander Schneider, violín; Sharon Robinson, violonchelo y Jaime Laredo, viola.

1978 presentación de la Orquesta Sinfónica Juvenil en dos ciudades de EE. UU.

1978 creación del Sistema Nacional de Radio y Televisión (Sinart), durante el gobierno de Rodrigo Carazo.

1980 Creación del Taller Nacional de Danza Margarita Bertheau y la Compañía Lírica Nacional, que se presentaba en el Teatro de la Compañía Nacional de Teatro y el Teatro Nacional y también en las clínicas periféricas de la Caja Costarricense de Seguro Social y en otras instituciones (Barboza, 1980, pp. 5-6; Gutiérrez, 1980, pp. 12-13).

1980 fundación de la Compañía Lírica Nacional.

2. Publicaciones del MCJD

1971-1975 Papel impreso, dirigida por Víctor Julio Peralta y Denis Mesén.

1971-1977 La Revista de Costa Rica. Historia, geografía, antropología, sociología y arqueología costarricenses. Trimestral, la dirigían los historiadores Carlos Meléndez y Oscar Aguilar Bulgarelli.

1977 Tertulia. Revista nacional de cultura, dirigida por el cineasta Antonio Yglesias, trimestral, dedicada al folclore, la televisión, el teatro y las entrevistas.

1984 Libros de teatro, de la Editorial Costa Rica; colección de obras dramáticas de autores costarricenses.

1989 Teatro para el teatro colección del Teatro Nacional; publica obras de teatro de jóvenes autores costarricense.

Serie Quién fue y qué hizo23

Joaquín García Monge / selección y pról. de Victoria Garrón de Doryan, 1971. 166 p.

Alfredo González Flores / presentado por Carlos Luis Fallas, 1976. 377 pp. n. 2 Pedro Pérez Zeledón / presentado por Raquel Guevara de Pérez, 1971. 204 p. n. 2.

Omar Dengo / presentado por Emma Gamboa, 1972. 307 p. n. 3.

Carmen Lyra / presentado por Luisa González y Carlos Luis Sáenz, 1972. 173 p, n. 4, 2ª edición: 1977, con antología.

Yolanda Oreamuno / presentado por Rima de Vallbona, 1972. 152 p, n. 5, 158 p.

Julio Sánchez / presentado por José Marín Cañas, 1972. 103 p. n. 6, 2a. ed, n. 6.

Mauro Fernández / presentado por León Pacheco, 1972. 121 p. n. 7

Carlos Gagini / presentado por Lilia Ramos y Mariana de Silva, 1972. 95 p. n. 8.

Max Jiménez / presentado por Alfonso Chase, 1973. 114 p. n. 9, 173 p.

Abelardo Bonilla / presentado por Constantino Láscaris, 1973. 89 p. n. 10

Carlos Luis Fallas / presentado por Víctor Manuel Arroyo, 1973. 141 p. n. 11.

Gregorio José Ramírez / presentado por Carlos Meléndez y José Hilario Villalobos, 1973. 242 p. n. 12.

José Santos Lombardo / presentado por Oscar Aguilar Bulgarelli, 1973. 162 p. n. 13.

Juan Mora Fernández / presentado por Carmen Lila Gómez, 1973. 145 p. n. 14.

Rafael Francisco Osejo / presentado por Chester Zelaya, 1973. 179 p, n. 15.

Julio Acosta / presentado por Francisco María Núñez, 1973. 120 p. n. 16.

Anastasio Alfaro / selección y pról. de Victoria Garrón de Doryan, 1974. 189 p. n. 17.

Miguel Obregón / presentado por Edgar A. Obregón, 1974. 221 p. n. 18.

Manuel González Zeledón: Magón / presentado por Virginia de Fonseca, 1974.198 p, n. 19.

Henri Pittier / presentado por Adina Conejo Guevara, 1975. 162 p. n. 20.

Roberto Brenes Mesén / presentado por María Eugenia Dengo. 364 p. n. 21.

Máximo Fernández / presentado por Orlando Salazar Mora, 1975. 345 p, n. 22.

Juan Manuel de Cañas / presentado por Elizabeth Fonseca C, 1975. 194 p, n. 23.

Solón Núñez Frutos / presentado por Juan Bautista Frutos Verdesia, 1979.193 p. n. 25.

Manuel de Jesús Jiménez / presentado por Luis Barahona Jiménez, 1977. 245 p, n. 25.

José M. Zeledón: Billo / presentado por Victoria Garrón de Doryan, 1978. 179 p, n. 26.

Manuel María Gutiérrez / presentado por Carlos Meléndez Chaverri, 1979. 125 p. n. 26.

Rafael Yglesias Castro / presentado por Carlos Calvo Gamboa, 1980. 234 p, n. 27.

Francisco María Oreamuno / presentado por Jorge Francisco Sáenz Carbonell, n. 27.

Rodrigo Facio / presentado Eugenio Rodríguez Vega, 305 p. n. 29.

Francisco Garrón Lafond, presentado por Garrón de Doryan, Victoria, 1981. 141 p.

Serie Pensamiento de América

Carlos Luis Altamirano (selección y prólogo). Cesar Vallejo, n. 3. 1976. 246 pp.

Mario Céspedes Ávalos (selección y prólogo). Vicente Huidobro, n. 6, 1976.

C. Universidad de Costa Rica

1969, marzo: el Teatro Grupo presenta en el Teatro de Bellas Artes, con buena acogida de parte del público, la pieza de Antonio Yglesias, Las hormigas. Calificada de experimental, fue dirigida por el propio autor (Herzfeld y Cajiao, 1973, p. 234).

1970, mayo: el Teatro Grupo presenta Teófilo Amadeo: una biografía, de William Reuben, dirigida por Antonio Yglesias y galardonada con el Premio Áncora de Teatro (Herzfeld y Cajiao, 1973, p. 234).

1970 fundación del semanario Universidad, que incluye el suplemento Forja.

1971-1976 creación del Teatro de Estudios Generales (TEG) coordinado inicialmente por Sergio Román y apoyado por los profesores Isaac Felipe Azofeifa y Francisco Antonio Pacheco.

Representó obras cortas: adaptación del Manifiesto Comunista de Marx y Engels, La asamblea, de Eduardo Ulibarri, Operación Zapato, de Rubén Sotoconyl, Pedro Pérez, candidato, del profesor Víctor Manuel Arroyo, El paraíso semiperdido de Alejandro Sieveking, Parásitas’ de Emilio Carballido, Del daño que hace el tabaco de Antón Chéjov, Q. E. P. D (Que en paz descanse) de José Martínez Queirolo. Las obras fueron dirigidas por William Zúñiga, Olga Marta Barrantes, Manolo Montes, William Esquivel y Sergio Román (Román Armendáriz, s. f.).

1971 Contratado por el Teatro Universitario, Carlos Suárez Radillo propone el plan “Teatro de Barrios”, destinado a la formación de un nuevo públicos, reclutado principalmente en las zonas marginadas y que no había estado en con tacto con el fenómeno teatral (Rovinski, 1985, p. 58).

1978 se crea el Boletín informativo del Teatro Universitario (Montes).

1979 el Boletín informativo del Teatro Universitario se convierte en la revista Escena. Además de artículos de crítica literaria, historia de la actividad teatral en el país y de análisis de teatro, música y danza, publica obras históricas como Magdalena, de Ricardo Fernández Guardia y da a conocer obras de nuevos dramaturgos: El trepasolo y El pescador, de Quince Duncan, Homenaje al pescador puntarenense (1982) de Danilo Montoya; Última noticia (1983) de Guillermo Arriaga; Corpus (1986) de Manolo Montes; Con alfiler en las alas (1987) de Melvin Méndez; Pancha Carrasco reclama (1988) de Lupe Pérez Rey y Leda Cavallini; y Madre nuestra que estás en la tierra (1988) de Ana Istarú.

D. Congresos y otras actividades artísticas y culturales

1960 se funda el Círculo de Poetas Turrialbeños, en el cual se dio a conocer Jorge Debravo. Debravo y Laureano Albán formaron en Turrialba Comunidad de autores literarios y editores de Turrialba, la cual resurgió cuarenta años después.

1961 con la llegada de Jorge Debravo, en Pérez Zeledón se organiza el grupo Tertulias poéticas.

1967 Talleres de teatro impartidos por el grupo Teatro de los 21, de Santa Fe, Argentina, con Carlos, Alfredo y Gladys Catania.

1968 Festival de teatro universitario (centroamericano), organizado por el CSUCA.

1971 (Segundo) Festival de teatro universitario (centroamericano), organizado por el CSUCA.

1971 Festival cultural Centroamericano por 150º aniversario de la independencia, coorganizado por el MCJD y el CSUCA.

1971, 15 de septiembre: Primera Bienal Centroamericana de Pintura. Tuvo lugar en la Biblioteca Nacional de Costa Rica.

1972 Seminario latinoamericano sobre el escritor y el cambio social, Cedal, CSUCA, MCJD, Fundación Friedrich Ebert. La actividad se desarrolló en La Catalina entre el 10 y el 16 de setiembre.

1972, 11 de marzo: creación de Áncora, suplemento dominical del diario La Nación.24 Fue creado por el editor Carlos Morales; primero estaba dedicado solamente a la literatura, fue creciendo y diversificando los temas (Chinchilla y Romanini, 2007).

1972 formación del grupo literario Oruga, integrado por que publicó los primeros números de dos revistas: Oruga y Amanecer, el primer número de esta apareció en octubre de 1972.

1973-1976 Tierranegra: grupo de teatro independiente, difundió teatro popular y clásico en la universidad, el Teatro Arlequín y al Teatro al Aire Libre; también visitaron unas treinta y cinco comunidades, colegios, el Teatro Castella, el Teatro Nacional y el Primer Festival Internacional de Teatro en Venezuela, donde participaron en una gira de siete ciudades (Tosatti y Ruiz, 1990, p. 73).

1973 creación de los premios Áncora, del diario La nación. sin una remuneración, distinguían las letras, el teatro, las artes plásticas, la música y las ciencias. Al inicio tenían una periodicidad anual, desde 1978 se otorgaban bienalmente e incluyeron un premio a la danza en 1984. En 1986 se separaron narrativa y ensayo y en 2006 se agregó un premio a la creación audiovisual.

1974-1976 se celebran festivales estudiantes de teatro anuales con participación de colegios públicos y privados de todas las provincias del país (Blanco Fernández, 1988, pp. 66-68).

1974 Marco Tulio Gardela crea en Liberia el Centro literario de Guanacaste, con la colaboración de Miguel Fajardo y un grupo de estudiantes. Este grupo mantuvo la revista literaria Aurora literaria hasta diciembre de 1980.

1975, 8 de agosto: Congreso Regional de Soberanía y Paz de Centro América, San José (Flores Macal).

1975 Primer Festival de la Canción Inédita, organizado por el MCJD; gana Luis Diego Solórzano con la canción Juan (Solórzano-Gutiérrez).

1975, 30 junio-6 julio: Primer Congreso de Antropología de la defensa del patrimonio cultural de América Central, coorganizado por Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad de Costa Rica, Museo Nacional de Costa Rica, Fundación Friedrich Ebert.

1975 Seminario centroamericano sobre arte y sociedad, CSUCA, en La Catalina; Sergio Ramírez presentó la comunicación «Seis falsos golpes contra la literatura centroamericana».

1976 en San José, bajo la guía de Francisco Zúñiga Díaz y con el apoyo del Instituto Nacional de Seguros, se formó el Café cultural del INS (Instituto Nacional de Seguros), luego rebautizado Taller Literario don Chico, que tuvo grupos paralelos en otras zonas del país, como el que se formó en Puntarenas (Madrigal, 2018, pp. 64-107). Otras actividades del Café Cultural fueron las visitas a San Ramón, Pérez Zeledón y Turrialba y la organización de recitales de poesía, por ejemplo, un recital-homenaje en el INS por el fallecimiento del poeta Alfredo Cardona Peña y el I Encuentro de Escritores en San Ramón, al que asistieron los novelistas José León Sánchez y Fernando Contreras Castro (Castro, 2016).

1976 Primer Festival Internacional de Teatro, MCJD.

1976 Troquel, revista cultural del Banco Central de Costa Rica. Economía, arte, literatura, ciencia (1976-1978), subvencionada por esa institución y a cargo de Samuel Rovinski, director del Departamento de Extensión Cultural (Rovinski, 1976).

1977 Sara Astica y Marcelo Gaete fundan el grupo de teatro Surco (Astica, 1991).

1978 a raíz de un congreso organizado por estudiantes y la profesora Adela Rojas, con la asesoría de Ronald Bonilla, se integra en la Sede de la Universidad Nacional de Pérez Zeledón el Grupo literario Pablo Neruda. Realiza lecturas de César Vallejo, Roque Dalton y Otto René Castillo; editan la revista Alborada, luego Diquís (Madrigal, 2018, pp. 95-96).

1978, 10 de enero: Alfredo Catania y Mercedes González fundan el Teatro Carpa; con una subvención del Ministerio de Cultura y Juventud por seis años, luego se instalaron en una vieja casona en el barrio San Pedro, donde crearon un “Centro de creación permanente, hasta 1994. Además de obras teatrales, presentaban a humoristas, músicos y espectáculos de danza. Prestó el espacio para grupos independientes de teatro y danza del país, de la Compañía Nacional de Teatro y del Teatro Universitario (Catania, 1980, pp. 25-29; Chaves, 2014).

1983, octubre: Encuentro de Escritores Centroamericanos y del Caribe. Universidad Nacional, Carmen Naranjo presentó la ponencia “Problemas editoriales de Centro América”.

1988 agosto: Encuentro de la Literatura Centroamericana y Caribeña, San José, Carmen Naranjo presentó la ponencia «El mestizaje cultural».

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1Visitó el recién creado Departamento de cine del Ministerio de Cultura para ver tres documentales y conversar con los cineastas (García, 2020).

2Sergio Ramírez cuenta en detalle el viaje, la discusión religiosa en Solentiname y otros viajes de Cortázar a Nicaragua (Ramírez, 2015, pp. 65-74).

3En Guatemala la guerra civil se prolongó por treinta y seis años, desde 1960 hasta 1996. En Nicaragua, el enfrentamiento entre el Frente Sandinista y la dictadura de Anastasio Somoza Debayle inició en la década de 1960; los primeros enfrentamientos con la Guardia Nacional sucedieron en 1963 y finalizaron en julio de 1979 cuando, el 19 de julio, el FSLN entró en Managua, después de cuarenta años de dictadura de la dinastía. En El Salvador la guerra civil abarcó la década de 1980 hasta 1992. La negociación de la paz se firmó en enero de 1992, después de doce años de guerra civil.

4La comunidad de Solentiname, después de once años de fundada, participó en la insurrección de 1977, cuando empezó la “chispa final”, a raíz del ataque armado al cuartel de San Carlos. Los protagonistas de ese ataque fueron “los chavalos” de la comuna de Cardenal, quien había llegado por primera vez allí en 1966 con “la firme intención de fundar una comunidad contemplativa en el archipiélago” (Dueñas García de Polavieja, 2012, p. 2). Entonces esa era una zona sumida en una gran pobreza por su aislamiento y el abandono de parte del gobierno.

5“Nicaragua tiene una gran tradición de poesía −desde Rubén Darío hasta hoy−. Su poesía ha sido la mejor de América Latina, eso ya se reconoce en muchas partes (…) me doy cuenta cabal por primera vez por qué Nicaragua había tenido una gran tradición de poesía y es porque en Nicaragua, aunque no había ese nombre siempre había Talleres de Poesía” (Cardenal, 1983, pp. 5-6). En esta “Introducción” Cardenal reconoce el papel que jugó la poeta costarricense Mayra Jiménez en la organización de los talleres de poesía en Nicaragua después de 1979.

6Desde inicios de la década de 1970 se organizaban actividades para analizar la relación entre artes y sociedad, por ejemplo, el Seminario latinoamericano sobre el escritor y el cambio social, en 1972, de Cedal, CSUCA, MCJD y Fundación Friedrich Ebert. La actividad se desarrolló en La Catalina entre el 10 y el 16 de setiembre y “contó con la presencia de jóvenes escritores y críticos como Eduardo Galeano, Lincoln Silva, Marta Traba y figuras ya consagradas como Ernesto Cardenal. En consonancia con los tiempos, estos intelectuales discutieron el papel de las comunicaciones, las perspectivas de la sociedad y la literatura latinoamericana y el papel del escritor en el nuevo panorama político” (Ovares, 2011, p. 224). Las conclusiones del Seminario se publicaron en la revista Hipocampo, correspondiente a diciembre del mismo año. Véase información sobre otras actividades en los anexos.

7Véase la lista completa de los escritores incluidos en los anexos.

8Repertorio Centroamericano, n. 11 (setiembre 1968): 53-54. Anteriormente existía en Guatemala un “Premio centroamericano 15 de setiembre”, que en 1948 ganó La ruta de su evasión, de Yolanda Oreamuno y que también obtuvo Fabián Dobles en 1942 con Aguas turbias y con El sitio de las abras en 1947.

9El artista José Miguel Rojas recuerda: “A propósito de los centroamericanos. En plástica fue relevante el acontecimiento de la Primera Bienal Centroamericana de 1971. Vinieron de jurados Marta Traba, José Luis Cuevas y Fernando de Szyszlo. Le dieron el primer lugar al guatemalteco Luis Díaz por su obra «Guatebala». Luego de eso, empezaron a llegar para quedarse y otros para exponer, sobre todo guatemaltecos. Siempre hubo un estrecho vínculo con Guatemala. Vivieron aquí por varios años César y Moisés Barrios, y Roberto Cabrera. El artista tico Rafael Ángel García mantenía un estrecho vínculo con el grupo Vértebra de Guatemala”. Entrevista oral.

10En consonancia con estas ideas, la actividad académica universitaria a lo largo de esas décadas se desarrolló de la mano de la acción política y al defensa de la paz. Ejemplo de esto fueron las sesiones “Perspectivas de la paz en Centroamérica”, organizadas por la Cátedra Libre Dr. Eugenio Fonseca Tortós de la Universidad de Costa Rica durante 1986 (Rivas, 1993, p. 1). La actividad contó con la participación de conocidos intelectuales centroamericanos como los sociólogos Edelberto Torres Rivas, Jorge Rovira, Daniel Camacho, José Luis Vega Carballo, Rafael Menjívar y Xabier Gorostiága, los historiadores Héctor Pérez Brignoli, Víctor Hugo Acuña y Carlos Rosés y el sacerdote Ignacio Ellacuría (Universidad, p. 2).

11Franco Cerutti Frigerio (1918-1997) nacido en Italia, fue un crítico literario, periodista, historiador e investigador. Sus últimos treinta años radicó en Nicaragua, El Salvador, Guatemala y Costa Rica, dedicado al estudio de obras centroamericanas. Fue constituyendo una de las bibliotecas más completas de la región, que instaló en una sala de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Costa Rica cuando en 1973 llegó a Costa Rica y luego vendió a la Universidad de Yale (EE. UU.). Trabajó en la Universidad Nacional, donde continuó las investigaciones sobre la literatura del Istmo; los resultados de ese trabajo −un libro por país− se publicaron póstumamente en libros digitales que se pueden consultar en www.scriptorium.una.ac.cr

12Según el Sistema de Bibliotecas de la Universidad de Costa Rica, la revista era publicada por la Facultad de Ciencias Sociales (Flacso) de Guatemala y apareció irregularmente, en 1982 y luego desde 1986 hasta 1996. De acuerdo con el catálogo del SIBDI, el n. 3 de la revista es de 1982 y el n. 21 es de 1986.

13Benjamín Núñez proponía la definición por parte de la institución de los intereses sociales concretos a los que serviría y “decidir si intenta reproducir simplemente un modelo de organización de la sociedad o bien generar otro nuevo, sobre la transformación del existente” (Núñez, 1974, p. 10).

14En la Escuela Normal Superior la Escuela de Bellas Artes era una de las cuatro secciones de la Facultad de Filosofía y Letras. En 1977, al igual que todas las Secciones de Artes, la llamada sección de Música se convirtió oficialmente en Escuela de Música y en 1985 las escuelas de artes se independizaron para integrar el Centro de Investigación, Docencia y Extensión Artística (Cidea).

15En los mismos años (el 10 de junio de 1971) se fundó el Instituto Tecnológico de Costa Rica (TEC), perteneciente al sistema estatal de universidades (Ley n. 4777, administración del presidente José Figueres Ferrer).

16Adscrita al Ministerio de Educación Pública, la Dirección General de Artes y Letras se había creado en 1963. Aunque el Ministerio de Cultura, Juventud y Deportes empezó a funcionar el 1 de octubre de 1970 de manera extraoficial, no es sino hasta el 4 de enero de 1971 quedó establecido formalmente, cuando se aprobó su ley de creación.

17En las décadas de 1950 y 1960 existían el Little Theatre Group, fundado en 1949, el Teatro Universitario (1950-1957, 1961), el Teatro Experimental (1953), Grutecas, del Conservatorio Castella (1954), Teatro Arlequín (1955-1979), Teatro de la Prensa (1956), Las máscaras (1956-1962), Le treteau, de la Alianza Francesa que funcionó en 1965, 1966 y 1971; el Grupo de teatro del Instituto costarricense de electricidad (1965-1968); el Grupo Israelita de Teatro (1966-1970) y el Grupo La Caja (1966-1973). Más información se puede encontrar en los artículos de Solís, Vinocour, Guillén, 2006, 2007 y Fumero (citados en la bibliografía).

18En el Apéndice II del libro de Herzfeld y Cajiao se incluye un cuadro con la programación del Primer Festival Cultural Centroamericano realizado en 1970 (Herzfeld y Cajiao, 1973, p. 278).

19En importantes diarios como La República, La Nación y La Prensa Libre, se alentaba a las fuerzas contrarrevolucionarias con distintos argumentos para justificar la presencia en territorio nacional de fuerzas contrarrevolucionarias y campamentos de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FARN), al mando de Fernando Chamorro Rapaccioli y de la Alianza Revolucionaria Democrática (ARDE), comandada por Edén Pastora, según analizaron Patricia León e Isabel Ovares.

20Emilia Prieto, “Folclore: una ciencia reciente” (pp. 30-32); “Tonadas campesinas en los llanos centrales de Costa Rica” (pp. 61-69); “La canción popular en Cosa Rica” (pp. 71-110) en Romanzas ticomeseteñas.

21Adscrita al Ministerio de Educación Pública, la Dirección General de Artes y Letras se había creado en 1963. Aunque el Ministerio de Cultura Juventud y Deportes empezó a funcionar el 1 de octubre de 1970 de manera extraoficial, no es sino hasta el 4 de enero de 1971 quedó establecido formalmente, cuando se aprobó su ley de creación. Gran parte de la información de esta sección proviene de Archivos Nacionales.

22“Oficialmente el Ministerio de Cultura, Juventud y Deportes inicia funciones el 1.° de enero de 1971 y la aprobación definitiva de la Ley N.° 4788 se da el 5 de julio de 1971” (Fumero, 2012, 2013, p. 127).

23Lista basada en la elaborada por el Sistema Nacional de Bibliotecas (SINABI).

24En este diario también se creó la llamada “Página 15”, que ha divulgado las reflexiones de ensayistas como León Pacheco, Abelardo Bonilla y Cristián Rodríguez (Ovares, 2011, p. 315).

Recibido: 24 de Noviembre de 2020; Aprobado: 27 de Marzo de 2021

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