1. Introducción
El primer estudio exhaustivo de la flora vascular costarricense fue publicado en cuatro partes, entre 1937 y 1938, por Paul Carpenter Standley (1884-1963), botánico estadounidense, quien entonces trabajaba en el Museo Field de Historia Natural de Chicago. Este logro consagró a Standley como uno de los fundadores de la botánica costarricense, junto con el pionero danés Anders S. Oersted (1816-1872), seguido por los alemanes Karl Hoffmann (1823-1859) y Helmuth Polakowsky (1847-1917), los suizos Henri Pittier (1857-1950) y Adolphe Tonduz (1862-1921), y el botánico costarricense Alberto Brenes Mora (1870-1948), de cuyas obras dependió la suya. Cualquiera con un mínimo interés en las plantas costarricenses seguramente reconocerá de inmediato el nombre de Standley. Sin embargo, lo mismo puede decirse de cualquier otro país de la región mesoamericana, pues él exploró y recolectó plantas intensivamente desde Estados Unidos hasta Panamá, y publicó numerosos trabajos sobre sus hallazgos.
Antes de centrar su atención en Costa Rica, ya había escrito o coescrito floras o listas de verificación de Nuevo México, el Distrito de Columbia, El Salvador, Yucatán, el Valle de Lancetilla en Honduras, la Zona del Canal de Panamá y Belice, entre otros (Schubert, 1963), y, poco después, comenzaría a trabajar en una flora guatemalteca en serie, que no pudo culminar. El mayor logro de Standley quizás haya sido la obra en cinco volúmenes Trees and shrubs of México (1920-1926), que permaneció en imprenta durante muchas décadas.
2. Sus primeros años y su formación profesional
Los rasgos generales de la formación y la carrera de Standley como botánico son relativamente bien conocidos (Molina, 1963; Williams, 1963a).
Nació el 21 de marzo de 1984 en Avalon, Missouri, un pequeño pueblo agrícola en la región de las praderas del norte del estado, como el primero de siete hijos de Ingram Calvin (“Cal”) Standley (1858-1947) y Florence Adell Carpenter (1862-1939), de quienes se conoce poco. El joven Paul reaparece en 1902 como estudiante de último año de secundaria en Springfield, Missouri, una ciudad en la región montañosa del sur (Ozark) del estado. No se conoce nada sobre su infancia o adolescencia, pero según O. M. Smith (1963), asistió a Springfield (ahora Central) High School solo un año; este dato, y otras evidencias, sugieren que su familia debió haber estado viviendo en Avalon o sus alrededores por entonces.
Después de graduarse de la escuela secundaria, se matriculó en Drury College (ahora Universidad), también en Springfield, ingresando como estudiante de primer año, en el otoño de 1903. No obtuvo un título en Drury (una pequeña institución afiliada a la iglesia), sino que se mudó a New Mexico State University (como se la conoce hoy) en Las Cruces, a solo 66 km de la frontera mexicana. Al respecto, Allred (1990) afirma que Standley “llegó a Nuevo México en el otoño de 1905”, pero O. M. Smith (1963) lo ubica aún en Drury en 1906. En New Mexico State University, obtuvo un bachillerato (1907), supervisado por Elmer Ottis Wooton (1865-1945), con una tesis que consistió en el estudio estadístico de Echinocereus polyacanthus Engelm. (Cactaceae) y otras especies afines. Los resultados del trabajo se publicaron ese mismo año (Standley, 1908), en lo que fue el primer artículo de Standley como autor único.
Según Allred (1990), “Standley continuó sus estudios para obtener una maestría, investigando las Allionaceae (sic) para su tesis”. El trabajo de Standley sobre Allioniaceae (ahora Nyctaginaceae) también se publicó (Standley, 1909), pero no está claro si se presentó una tesis formal y se otorgó una maestría; solo la tesis de bachillerato fue citada por el propio Standley en su bibliografía de botánica de Nuevo México (Standley, 1910).
Él permaneció en New Mexico State University como profesor asistente hasta 1909 (Allred, 1990), cuando aceptó un puesto de curador en el Museo Nacional de los Estados Unidos (es decir, el Smithsonian Institution) en Washington, D. C. No hay evidencia de que haya obtenido alguna vez un doctorado. Su colaboración con Wooton, con quien había sido coautor de varios artículos, culminó con la publicación de su Flora of New Mexico(Wooton y Standley, 1915), que “durante los siguientes 65 años fue el único manual de botánica de Nuevo México” (Allred, 1990). Se podría decir (y a menudo se ha dicho) lo mismo de la mayoría de los proyectos florísticos que Standley completó durante su larga y distinguida carrera, tanto en el Smithsonian como en el Museo Field, donde se trasladó en 1928 y trabajó como conservador hasta su jubilación en 1950.
La “jubilación” de Standley implicó la continuación de su trabajo habitual, con estatus de emérito, en la Escuela Agrícola Panamericana en Zamorano, Honduras, en compañía de Louis O. Williams (1908-1991) y el botánico hondureño Antonio Molina Rosito (1926-2012), quienes en ese entonces estaban en proceso de establecer un herbario y una biblioteca en dicha institución.
Standley continuó trabajando “hasta principios de 1956, cuando, por razones que solo él conocía, interrumpió toda labor botánica” (Williams, 1963a). En 1957 se trasladó a Tegucigalpa, donde falleció el 2 de junio de 1963 a la edad de 79 años, sin haberse casado ni dejar descendencia. De acuerdo con sus deseos, fue enterrado en el pequeño cementerio de San Antonio de Oriente, en Honduras, país al que amaba entrañablemente.
3. Sus logros y aportes
Standley fue tan productivo durante su vida, que sus logros no pueden enumerarse en una biografía tan corta como esta. El solo hecho de resumirlos representa un desafío. Como bien señala Yuncker (1963), “uno se pregunta cómo una sola persona pudo lograr tanto y, al mismo tiempo, realizar un trabajo tan útil dentro de los límites físicos de una sola vida”.
La destreza de Standley como recolector de plantas es legendaria. Las primeras colecciones suyas que he podido rastrear fueron reunidas en agosto de 1902 en Springfield, Missouri, donde residía en ese entonces (Figura 1); tendría 18 años y estaría cursando su último año de secundaria. Estos especímenes no están numerados, pero el más antiguo, US-647757 (que representa a Celastrus scandens L.; Celastraceae), está fechado el 21 de agosto.

Figura 1 Uno de los primeros ejemplares numerados de Standley (Standley 7, MO), procedente de Springfield, Missouri.
Unos años más tarde, Standley comenzó a rotular sus especímenes de manera consecutiva, una práctica que continuaría (con alguna que otra omisión) durante el medio siglo siguiente. Luego, cuando su serie numérica alcanzó el 99 999 (en 1946), comenzó de nuevo desde el número 1, camino a un total, de por vida, que superó los 130 000 (Williams, 1963c), lo que lo colocó en un grupo muy selecto. Mientras que los recolectores de plantas más ambiciosos en la actualidad procuran un centenar por día en el campo, el objetivo de Standley era alcanzar 300, “y esto generalmente lo lograba” (Lankester, 1963). Al respecto, una exploración temprana (1910) a México de “más de 10 semanas” en compañía de Joseph Nelson Rose (1862-1928) produjo alrededor de 10 000 especímenes (Russell, 1963).
El tiempo de trabajo de campo de Standley en Costa Rica también fue relativamente breve, en los inviernos boreales de 1924 y 1925-1926, mientras aún estaba en el Smithsonian, pero recolectó alrededor de 15 000 especímenes (Standley, 1937), una cifra meritoria correspondiente a toda una vida de labores para muchos coleccionistas experimentados. Por ejemplo, ¡durante apenas 4 semanas recolectó un asombroso total de más de 600 orquídeas, en las cercanías de Tilarán (Calderón, 1963)!
Las publicaciones de Standley, tal vez 500 o más, incluyeron descripciones de nuevos taxones, revisiones y relatos florísticos. La mayoría de estos trabajos se basaron en sus propias colecciones, o al menos se enriquecieron con ellas, aunque ocasionalmente escribió sobre plantas en áreas geográficas en las que no había realizado estudios botánicos, incluyendo Canadá, el Caribe e incluso África.
El artículo más antiguo que presenta a Standley como autor es aparentemente el de Wooton y Standley (1907), que describe dos nuevas especies de Androsace (Primulaceae) de Nuevo México; en el último artículo de este tipo publicado durante su vida, en 1963, describió una nueva especie de Miconia (Melastomataceae) de Costa Rica. Los artículos (y nuevos taxones) que involucraban a Standley se publicaron póstumamente hasta al menos 1981 (Psychotria jinotegensis C. Nelson, Ant. Molina & Standl.; Rubiaceae), y los nombres propuestos informalmente por Standley continuaron atribuyéndosele por autores que los validaron hasta hace muy poco (Sapranthus chiapensis Standl. ex G. E. Schatz; Annonaceae).
Una estimación aproximada de los nombres de nuevos taxones (omitiendo las nuevas combinaciones) de los que Standley fue autor o coautor supera fácilmente los 3 500, lo que incluye 70 nuevos géneros. Incluso los nombres de nuevos taxones dedicados a Standley son demasiado numerosos para enumerarlos aquí. Solo estos suman 100 o más, extendiéndose desde Acacia standleyi Saff. (Fabaceae) en 1914, hasta Sapindus standleyi A. R. Franck (Sapindaceae) en 2024, y sin un final a la vista.
Standley también es honrado, con al menos cuatro nombres de género, aunque solo Standleyanthus R. M. King & H. Rob. (Asteraceae) es aceptado y está representado en Costa Rica. Si bien Standley dominó toda la flora de sus regiones de estudio (recolectando y a veces incluso publicando sobre algas, líquenes, hongos, briófitas y helechos), dedicó especial atención a ciertas familias, como Amaranthaceae y Nyctaginaceae y, sobre todo, Rubiaceae, en la que describió 21 géneros y 1 115 nuevas especies (Steyermark, 1963). Sus contribuciones a estos grupos incluyeron tratamientos para varios países y regiones de América del Sur.
Además de sus evidentes habilidades como recolector, taxónomo y escritor, Standley también fue un ilustrador capaz (véase especialmente Standley, 1909) y fotógrafo, si podemos asumir que las fotos sin acreditar en varias de sus obras son suyas.
4. Su aspecto y su personalidad
Los prodigiosos logros de Standley como botánico están bien documentados, pero ¿qué se sabe del hombre en sí? Al respecto, aunque posiblemente nunca tuvo el tiempo, ni tampoco la inclinación, para aventurarse a escribir autobiografías, se pueden obtener algunas ideas sobre la vida y la personalidad de Standley a partir de fuentes secundarias, especialmente los relatos recopilados por Williams (1963b).
Surge la imagen de un hombre “tremendamente productivo, brillante y extremadamente modesto” (Popenoe, 1964), que tenía poco tiempo para otra cosa que no fuera el trabajo. En la escuela secundaria, el joven Paul ya era “un muy buen estudiante”, y en Drury College “obtuvo las mejores calificaciones de todos los estudiantes de ciencias” (O. M. Smith, 1963); sin embargo, “no era un mujeriego y participaba poco o nada en las actividades sociales” (O. M. Smith, 1963).
Durante su estancia en el Smithsonian, Standley “no era sociable, era reticente, casi dolorosamente retraído” y “apenas participaba en las actividades sociales de la comunidad científica de Washington” (Popenoe, 1964). Por su parte, Sherff (1963) afirmó que Standley “era tímido y se jactaba abiertamente de que no participaría en ninguna aparición pública como orador sobre ningún tema”. Llewelyn Williams (1963) confirmó que Standley “rehuía la publicidad y rara vez asistía a reuniones botánicas”, mientras que Morton (1963) señaló que “rara vez, o nunca, visitaba otro herbario y rara vez tomaba prestados especímenes”.
Por el contrario, podía ser un conversador ameno en entornos más íntimos. Como relata Popenoe (1964), Standley “prefería mucho venir a los trópicos en un viaje de recolección, salir al campo, visitar la cabaña con techo de paja de Juan García, tomar una taza de café y preguntarle a Juan el nombre común de una planta que acababa de extraer del bosque…”. Tenía “un ingenio hábil y penetrante” (Woodson, 1963), pero “nunca fue orgulloso ni vanidoso” (Molina, 1963). (Miranda (1963) lo describió como un hombre “afable, que conversaba animadamente con otras personas… Era tan desbordante su personalidad que apenas pude musitar unas cuantas palabras durante la charla”. No puede haber hecho daño que Standley hablara “inglés o español con igual fluidez” (Williams, 1963a).
Físicamente, era “un individuo delgado, enjuto, con gafas, de aspecto erudito y de estatura inferior a la media” (Allen, 1963). (Jiménez (1963) usó la expresión “de poca estatura”, Cuatrecasas (1963) la de “pequeño y enjuto”, y según (Williams (1963c) pesaba apenas “unas 90 libras”. Gregg (1963) relató una anécdota sobre Standley, “teniendo que dar muchos pasos apresurados para seguir el ritmo” de un colega más alto. Las gafas debieron aparecer más tarde en su vida; no aparecen en ninguna foto suya tomada antes de 1930. Sin embargo, en todas las fotos que he visto, las cuales datan de 1906-1961, su corte de cabello muestra la carrera en el centro de la cabeza.
La menuda complexión de Standley contrastaba con la energía monumental que reflejaban sus logros. Según todos los testimonios disponibles, era “un trabajador incansable” (Gregg, 1963). Lankester (1963) lo recordaba como “un torbellino en el campo, quizás el recolector más activo que jamás haya visitado Costa Rica”. Standley “no desperdiciaba ni tiempo ni esfuerzo”, según su colega Julian Steyermark, y “tenía la capacidad de trabajar con mayor rapidez y concentración que la mayoría de los botánicos” (Steyermark, 1963). Incluso a los 63 años, Standley “demostraba el vigor y dinamismo de un joven” (Cuatrecasas, 1963). En el escritorio, su “extraordinaria velocidad con la máquina de escribir le permitía escribir sin dificultad montones de manuscritos” (Sherff, 1963). Durante su estancia en Chicago, Standley “escribía en su máquina de escribir noche tras noche hasta las once o las doce” en el edificio de apartamentos donde vivía, “y por ello era objeto de la amarga hostilidad de los demás inquilinos” (Sherff, 1963). Su productividad era a veces “tan voluminosa, que provocaba quejas de la División de Impresión y Publicaciones del Museo (Field)” (Gregg, 1963).
Standley “parecía siempre un tipo nervioso” (Sherff, 1963) y, por confesión propia, era adicto a la nicotina. Según Otón Jiménez, “consumía dos o más cajetillas de cigarrillos al día…, a pesar de que creía que era una tontería ser esclavo de un rollo de hojas secas y malolientes” (Jiménez, 1963). Igualmente, Paul Allen confirmó que Standley “fumaba sin parar” (Allen, 1963), y Margery Carlson recordó que “se recostó en su silla fumando un cigarrillo tras otro” durante su reunión en Chicago (Carlson, 1963). Gregg (1963) “recordaba no haber visto nunca (a Standley) en su oficina sin un cigarrillo”, y Louis Williams (1963c) contó “una enorme cantidad de cigarrillos diarios” entre las pocas necesidades cotidianas de Standley. Sin embargo, el tabaco parece haber sido el único vicio significativo de Standley; aunque no era abstemio -algunos relatos en la recopilación de Williams (1963b) mencionan de pasada alguna cerveza o cóctel ocasional- nunca bebió en exceso.
Él podía ser crítico de otros botánicos, y no siempre era diplomático. Mientras estuvo en el Museo Field, sus cartas a veces “requerían una edición cuidadosa para mantener buenas relaciones entre las instituciones” (Gregg, 1963). En el trabajo de campo, Standley mostró una notable deficiencia -común a muchos botánicos-: “no le interesaban las serpientes, ni las abejas ni las avispas, y les tenía un miedo irracional” (Williams, 1963c).
Nunca se casó (Molina, 1963), ni se insinúa en la literatura disponible ninguna relación sentimental o doméstica con otra persona. Tras su partida a Nuevo México y otros lugares, la familia nuclear de Standley permaneció en Springfield hasta 1914, cuando todo el clan (sus padres y todos sus hermanos) se trasladó a Fort Myers, en la costa del golfo de Florida, donde la mayoría viviría el resto de sus vidas.
Su itinerario de recolección -documentado en Trópicos y en la base de datos del Smithsonian- sugiere que visitó a su familia en numerosas ocasiones, tanto en Springfield como en Florida. Ya fuera por iniciativa suya o por alguna influencia mutua, al menos tres de sus parientes consanguíneos también recolectaron especímenes de plantas (¡en cantidades mucho más modestas!), todos en Florida. Su hermana Penelope Washburn Standley (1886-1975) fue responsable de un puñado de especímenes sin numerar (bajo su nombre de casada, “Mrs. G. M. Lummis”), al igual que su hijo Standley Burke Lummis (1918-2002). Otra hermana, Jeanette Park Standley (más tarde Hobson) (1888-1968), preparó más de 500 especímenes -debidamente numerados-, uno de los cuales llegó a tipificar la especie epónima Calpidisca standleyae Barnhart (Lentibulariaceae).
5. Su interés por Costa Rica
Poco después de abandonar Costa Rica en 1904, el célebre naturalista suizo Henri Pittier se trasladó a Washington, D. C., donde residiría hasta 1919. La última década de ese período coincidió con la residencia de Standley en Washington, durante la cual ambos científicos entablaron una estrecha relación. En palabras del propio Standley (1950): “tuve la buena suerte de verle casi diariamente durante cerca de diez años, y lo oí platicar repetidas veces de sus días felices en Costa Rica…”. Fue la “descripción comprensiva y fluida” de Pittier la que inspiró a Standley “a visitar un país que parecía poseer un encanto tan singular, no solo desde el punto de vista botánico, sino también en muchos otros aspectos” (Standley, 1937).
Las dos prolongadas “visitas” de Standley a Costa Rica sirvieron de base para su emblemática obra sobre la flora (Standley, 1937-1938), cuyos capítulos introductorios deberían ser lectura obligatoria para cualquier persona interesada en la historia natural de Costa Rica. Las elocuentes descripciones que Standley hace de Costa Rica y su gente son tan efusivas y sentidas que uno se pregunta ¿por qué optó por retirarse a Honduras?, aunque, probablemente, fue debido a la oportunidad única que le brindaban las actividades de Louis Williams y Antonio Molina en El Zamorano.
Según su propia confesión, el inventario botánico de Costa Rica realizado por él era “lamentablemente limitado” (Standley, 1937). Como relataron Calderón (1963) y el propio Standley, sus expediciones de recolección durante el invierno boreal (enero-abril) de 1924 “se centraron en la región central, con numerosos viajes cortos a San José y Cartago” (Standley, 1937), incluyendo las localidades clásicas de La Palma y La Hondura, las laderas superiores del volcán Irazú, los cerros de La Carpintera, Alajuela, las cumbres de los volcanes Poás y Turrialba, y las regiones de Navarro, La Estrella y Orosi (Figura 2).
Varias de esas localidades fueron revisitadas durante la segunda estancia de Standley en Costa Rica (diciembre de 1925-marzo de 1926), pero en esa ocasión también exploró “regiones más distantes” (Standley, 1937). Entre estas zonas se encontraban las laderas superiores del volcán Barva, el cerro de Las Vueltas, las llanuras de Santa Clara y -lo más significativo- las regiones de Dota y Tilarán (incluido el lago Arenal), hasta entonces poco exploradas, desde el punto de vista botánico, y en las que Standley permaneció un mes en cada una.
Durante su estancia de campo en Costa Rica, Standley contó con la ayuda y, por lo general, estuvo acompañado por botánicos residentes, entre los que sobresalió Juvenal Valerio Rodríguez (1900-1971), quien participó en las expediciones a Dota y Tilarán. Sus otros compañeros de campo fueron los científicos costarricenses Anastasio Alfaro González (1865-1951), Otón Jiménez Luthmer (1895-1988) y Rubén Torres Rojas (1890-1978), así como el inglés Charles H. Lankester (1879-1969) y el alemán Ferdinand Nevermann (1881-1938).
No está claro si Standley llegó a coincidir con Alberto Brenes. Es comprensible que Standley evitara recolectar en la región natal de Brenes, San Ramón, ya de por sí muy conocida, desde el punto de vista botánico, gracias a los esfuerzos de Brenes, merecidamente elogiados por Standley. Sin embargo, era casi imposible que ambos evitaran encontrarse en el Museo Nacional de San José, donde Brenes fue “jefe de la sección de botánica” desde 1920 hasta 1939 (Ortiz, 2002). De hecho, Standley (1937) “dispuso de un cómodo espacio de trabajo en el edificio del museo durante toda su estancia en Costa Rica”, por lo que agradeció efusivamente la hospitalidad y amabilidad de su director de entonces, Anastasio Alfaro; pero no mencionó a Brenes en ningún momento. Dicho esto, Standley honró a Brenes con al menos 42 nombres de nuevas especies, más que las referidas a Alfaro, Oersted, Pittier, Steyermark, Tonduz o Valerio.
El trabajo de campo de Standley en Costa Rica fue fundamental para el éxito de su flora, pero su importancia no debe exagerarse. Las dificultades prácticas de viajar y explorar en un terreno tan accidentado (¡hace un siglo!) limitaron severamente sus esfuerzos, con tan poco tiempo disponible. El viaje de Santa María de Dota a San José requería “once horas a caballo, todo el tiempo en el camino excepto 45 minutos para almorzar” (Calderón, 1963).
De hecho, no pudo recolectar en la cordillera de Guanacaste, en la mayor parte de la cordillera de Talamanca (excepto el extremo norte), la zona sur o la isla del Coco. Su inventario botánico de lo que él llamó la “tierra caliente” se limitó a tres estaciones en la llanura atlántica de Santa Clara, dos sitios en las tierras bajas de Guanacaste -durante su regreso de Tilarán- y las cercanías de Orotina, en la región del Pacífico Central.
Los esfuerzos de recolección previos de Pittier, Tonduz y sus colaboradores fueron mucho más amplios -aunque no podrían rivalizar con la productividad diaria de Standley-, por abarcar prácticamente todo el país, incluidas la isla del Coco y la región del golfo Dulce, y en todas las estaciones del año. La flora de Standley incluyó los registros de todos sus predecesores, a la vez que abrió nuevos caminos, al catalogar sus colecciones personales y “la colección única realizada por el profesor Brenes” (Standley, 1937).
Sin embargo, él se dio cuenta de que Costa Rica seguía siendo muy inexplorada, desde el punto de vista botánico. En sus propias palabras, “son tantas las regiones nunca visitadas por un botánico, ni siquiera para la recolección más esporádica, que parece presuntuoso intentar en este momento ofrecer una flora de una región tan rica florísticamente…” (Standley, 1937). Fue, en especial, debido a esta razón que su flora se presentó mayormente “como una lista anotada, en vez de una obra más elaborada, con claves y descripciones” (Standley, 1937). Al fin de cuentas, su Flora de Costa Rica representó un total de 6 085 especies de plantas con semillas (Standley, 1938), sin incluir las pteridófitas y las criptógamas no vasculares. Ello representó aproximadamente el 65 % de especies tratadas en el Manual de Plantas de Costa Rica (Grayum, 2020), completado más de 80 años después.
6. Otras consideraciones
Standley no era perfecto, ni aspiraba a serlo. A pesar de sus grandes elogios al herbario nacional costarricense, “que en 1903 no tenía rival al sur del Río Grande del Norte” (Standley, 1937), él dejó muy pocas, si es que dejó alguna, de sus propias colecciones en esa institución; muchas o quizás la mayoría de las cuales eran unicatas. Quizás esto se debió a que, tras la partida de Pittier, el herbario nacional “principalmente por descuido, cayó en malos tiempos y debido a los insectos y otras plagas…, perdió gran parte de su valor científico”, al menos según él (Standley, 1950). En la actualidad, la base de datos del Museo Nacional de Costa Rica registra solo 67 de las colecciones locales de Standley, la mayoría, o quizás todas, repatriadas; de ellas, por razones desconocidas, el 72 % representan especies de Piper (Piperaceae).
La obra publicada de Standley también ha sido objeto de críticas leves ocasionales. Woodson (1963) mencionó los “inevitables errores de juicio precipitados” de Standley, y L. B. Smith (1963) señaló que “escribió sus floras con prisa y, al hacerlo, cometió errores”, aunque “proporcionalmente no más numerosos que los de sus colegas más perfeccionistas y menos productivos”. Por su parte, Steyermark (1963) observó que Standley tenía “poco tiempo para hacer trabajo monográfico en las Rubiaceae”, y que “la mayor parte de su trabajo… se dedicó a la descripción de novedades”. Fosberg (1963) coincide en que las contribuciones de Standley a las Rubiaceae fueron “principalmente a nivel de especie, al describir innumerables especies nuevas, reduciendo otras a sinonimia”, y que “nunca intentó reorganizar las tribus y los géneros, aunque sin duda sabía lo antinaturales que son”. Sin embargo, ambos botánicos coinciden en el papel de Standley como “la autoridad más destacada en Rubiaceae americanas”, y pocos discutirían la valoración de Louis Williams acerca de él como “uno de los botánicos más prolíficos de todos los tiempos” que, durante unos 45 años en los museos Smithsonian y Field, “fue el maestro reconocido de la flora de la América del Norte tropical y gran parte de la América del Sur andina” (Williams, 1963a).
7. Palabras finales
Como suele ocurrir con los biólogos de campo distinguidos, Standley, uno de los botánicos más destacados de su siglo y de cualquier otro, prácticamente no ha recibido reconocimiento del público en general. Al respecto, Paul Allen (1963) llamó la atención sobre la breve entrada de Standley en un compendio de científicos estadounidenses de la época. Ahora tiene una entrada en Wikipedia, pero es más corta incluso que las de actores o atletas relativamente poco conocidos.
Standley está debidamente incluido entre los exalumnos notables de New Mexico State University en la entrada correspondiente de Wikipedia, pero no entre los de Drury University - donde estudió durante tres años- ni de Central High School -de la que se graduó-, aunque, sin duda, es una de las personas más ilustres que jamás hayan asistido a cualquiera de estas instituciones. Las entradas de Wikipedia sobre la ciudad de Springfield y la pequeña Avalon, Missouri -con una población de apenas 47 habitantes-, tampoco mencionan a Standley, al igual que las de sus respectivos condados.
No obstante, la autopromoción era anatema para Standley, y el reconocimiento público nunca fue su objetivo. Dedicó cada minuto de su vida a revelar la maravillosa diversidad botánica de cada país y región que tuvo la fortuna de captar su atención, y en ello tuvo un éxito rotundo. Y eso lo agradecemos inmensamente hoy, los biólogos interesados en el conocimiento y la conservación de la extraordinaria riqueza florística propia de Mesoamérica











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