Introducción
De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística e Informática del Perú, como resultado de la transición demográfica, el porcentaje de la población peruana mayor de 60 años se incrementó de un 5,7 % en 1950 a un 13,3 % en el 2022. En ese sentido, del total de la población peruana que padece alguna discapacidad, el 41,6% son personas adultas mayores; es decir, tienen 60 o más años de edad; cabe mencionar que de ese porcentaje el 34,2% presenta dificultades para usar brazos y piernas. Además, cabe precisar que, en el 25,3 % de los hogares integrados por personas adultas mayores, existe al menos un miembro de más de 60 años de edad con déficit calórico; siendo mayor en Lima Metropolitana (31,4 %), con respecto al área urbana (22,8 %) y rural (20,8 %) (Instituto Nacional de Estadística e Informática-INEI, 2023). A partir de ello se evidencia que, con el aumento de dicha población en el Perú, se ha incrementado la discapacidad, lo cual limita un estilo de vida saludable y propicia las deficiencias nutricionales; dos factores de riesgo en el desarrollo de sarcopenia (Rojas Bermúdez et al., 2019).
Existen diversos factores que pueden empeorar la cantidad y calidad muscular, acelerar el debilitamiento muscular y la progresión de la sarcopenia hacia un mayor deterioro funcional (Murillo Noa, 2020). En ese sentido, el Grupo Europeo de Trabajo en Sarcopenia en Personas Mayores 2 (EWGSOP 2) la define como una enfermedad músculo-esquelética caracterizada por una baja masa y fuerza muscular, acompañada de un menor rendimiento físico como indicador de gravedad (Cruz-Jentoft et al., 2019; Rodríguez-Rejón et al., 2019; Tagliafico et al., 2022; Yuan y Larsson, 2023).
De esta manera, después de los 50 años se empiezan a presentar disminuciones de la masa muscular de 1 a 2 %, y a los 80 años se puede llegar a un porcentaje de pérdida de masa muscular de hasta un 45 % (Rodríguez et al., 2019). Esto se evidencia en pacientes adultos mayores que desarrollan sarcopenia, pues la prevalencia global de esta condición se estima que afecta entre el 10 y el 27 % de las personas mayores de 60 años (Petermann-Rocha et al., 2022). Por otra parte, en el Perú se encontró una prevalencia del 18 % en personas adultas mayores sanas de una comunidad en los Andes (Pereyra-Mosquera et al., 2023; Vidal Cuéllar et al., 2021).
Al mismo tiempo, en el ámbito hospitalario nacional, la prevalencia de sarcopenia es notablemente mayor, siendo del 73 % en personas adultas mayores hospitalizadas (Ramos-Ramirez et al., 2020). En cuanto a Latinoamérica, en México, la población de 70 años de edad, en promedio, presenta una prevalencia de presarcopenia de un 9 % y de sarcopenia de un 13 %, siendo mayor en mujeres. Ahora bien, en Colombia, la prevalencia de sarcopenia en personas de 60 años o más de edad puede llegar a un 12 %. En Brasil, la prevalencia llega hasta un 16 %, siendo mayor en mujeres. Finalmente, en Chile, la prevalencia de sarcopenia llega a un 19,1 %, siendo de las más altas de la región (Aquiles et al., 2020).
El envejecimiento suele estar acompañado de una reducción en la ingesta de proteínas a causa de un apetito reducido, deficiencias al masticar o deglutir las comidas (Rendón-Rodríguez y Osuna-Padilla, 2018); en ese sentido una ingesta de proteínas insuficientes se asocia con una pérdida de la masa y la fuerza musculares (Hengeveld et al., 2020). Por ello, una ingesta diaria recomendada (IDR) menor a 0,8 g de proteína/kg/día se considera baja, y se relaciona con resultados adversos para la salud, como deterioro físico, pérdida de la masa muscular, demencia y mortalidad (Mendonça et al., 2018).
Se estima que entre el 32 % y el 41 % de las mujeres y el 22 % y el 38 % de los varones de 50 o más años de edad tienen un consumo de proteínas por debajo de la ingesta diaria recomendada (IDR) (Cruz-Jentoft et al., 2011). A nivel de Europa, particularmente en Reino Unido, el 28 % de personas ancianas tiene una ingesta baja de proteínas asociada a una pérdida de la masa y fuerza muscular, mayor discapacidad, pérdida de independencia y mortalidad (Mendonça et al., 2018). La población peruana no es ajena a esta realidad, pues en una zona urbana del Distrito de San Juan de Lurigancho, de la provincia de Lima, el 59 % de la población mayor o igual a 60 años de edad se encuentran subalimentados en su consumo de proteínas, alcanzando valores por debajo del 70 % de su consumo (Cárdenas-Quintana et al., 2004).
No obstante, las investigaciones señalan que una ingesta adecuada de proteína y de otros nutrientes es necesaria para mantener la masa corporal magra, preservar la fuerza y las capacidades funcionales en el envejecimiento (Krok-Schoen et al., 2019). De hecho, diversos estudios metabólicos y epidemiológicos demuestran que incluso un consumo superior de proteínas al sugerido por la IDR, beneficia aún más la masa, fuerza y función muscular en adultos mayores (Hengeveld et al., 2020).
Diversos estudios sugieren que una ingesta adecuada de proteínas y otros nutrientes, en combinación con ejercicio de fuerza, preserva la masa corporal magra, lo cual mitiga el proceso de sarcopenia (Camargo y Oliveira, 2022; Kamińska et al., 2023; Vinson et al., 2023; Zanini et al., 2020). Sin embargo, los hallazgos respecto al papel central de la proteína en el progreso de la sarcopenia en las personas adultas mayor no son concluyentes (Coelho-Junior et al., 2022; Deutz et al., 2014; Mendonça et al., 2018; Vinson et al., 2023).
Con respecto a estas consideraciones, la presente revisión sistemática se llevó a cabo con el fin de investigar el consumo deficiente de proteínas en personas adultas mayores, ale explorar su relación con el desarrollo de sarcopenia, a través de una pérdida de la masa y función muscular y, en consecuencia, un menor rendimiento físico. El objetivo fue revisar la evidencia científica actualmente disponible y analizar el vínculo de la ingesta insuficiente de proteínas con el desarrollo de sarcopenia en personas adultas mayores.
Metodología
Estrategia de búsqueda
Se elaboró la estructura de la pregunta PICOS (población, intervención, comparación, resultados y diseño del estudio), a partir de la siguiente pregunta de investigación: ¿cuál es la relación entre el consumo bajo de proteína y el desarrollo de sarcopenia en personas adultas mayores? Se identificaron los términos de búsqueda de la pregunta PICO. Posteriormente, se combinó con operadores booleanos, de la siguiente manera: (Sarcopenia OR “muscular atrophy” OR “muscle atrophy” OR “muscular disorders, atrophy”) AND (“protein intake” OR “protein deficiency” OR “low protein intake” OR protein) AND (aging OR elderly OR “older adults” OR “aged, 60 and over”). Los términos MeSH empleados se organizaron en base a la estrategia PICO (Tabla 1).
Tabla 1 Términos MesH y palabras clave empleadas en la búsqueda sistemática
| P | POBLACIÓN | Personas adultas mayores | “older adults” OR “aged, 60 and over” OR Elderly OR “Functionally-Impaired Elderly” | “adultos mayores” OR anciano OR mayores de 60 años OR “ancianos con discapacidad funcional” |
| I | INTERVENCIÓN | Consumo de proteína | “protein intake”OR protein OR “deficiency, protein” | “Ingesta de proteína” OR proteína “deficiencia de proteína” |
| C | COMPARACIÓN | ------------ | ------------ | ------------ |
| O | RESULTADOS | Desarrollo de atrofia muscular | “Muscular atrophy” OR sarcopenia, “muscle atrophy” OR “muscular disorders, atrophy” | “Atrofia muscular” OR sarcopenia OR “Musculo atrofiado” OR “Trastornos musculares” |
Nota: fuente propia de la investigación.
Tabla 2 PICO, criterios de inclusión y exclusión
| PICOs | Criterios de inclusión | Criterios de exclusión |
|---|---|---|
| P: Población, participantes o pacientes | Adultos mayores (≥ 60 años), de deficiencias nutricionales, con o sin deficiencias nutricionales, con o sin sarcopenia. | |
| I: Intervención o exposición | Evaluación de la ingesta o la suplementación de proteína/aminoácidos. | |
| C: control | ------------------ | --------------------- |
| O: outcomes o resultados | Desarrollo o prevención de sarco componentes (disminución de la muscular o rendimiento físico). | Estudios que utilizaron otras intervenciones nutricionales y que incluyeron personas adultas mayores con un diagnóstico de sarcopenia distinto al EWGSOP; con otras comorbilidades o que estén con tratamiento farmacológico. |
| S: Diseño del estudio | - Ensayos controlados aleatorio individuales o grupales. - Estudios observacionales como caso-control,cohorte, estudios transversales y ecológicos.- Literatura gris. - Estudios in vivo/in vitro. | Reportes y series de casos, conference papers, artículos de revisión ni revisiones sistemáticas. |
Nota: fuente propia de la investigación.
Criterios de elegibilidad
Se siguieron las recomendaciones de la declaración PRISMA (elementos preferidos para revisiones sistemáticas y metaanálisis) (Moher et al., 2009; Page et al., 2021 utilizándose como criterios de inclusión y exclusión (Tabla 2). Se realizaron búsquedas en cuatro bases de datos: PubMed, SCOPUS, Cochrane Library y Scielo; de los últimos cinco años (Rethlefsen et al., 2021 La revisión sistemática de la literatura fue completada en mayo del 2023 (Tabla 2).
Extracción de información
Para extraer los datos, se elaboró un formulario de extracción en Excel. Entre estos: características del estudio (autores, año de publicación, país y diseño de estudio), información de los participantes (edad y sexo, tamaño de la muestra, período de evaluación), información sobre el diagnóstico de sarcopenia por el Grupo Europeo de Trabajo en Sarcopenia en Personas Adultos Mayores (EWGSOP) (algoritmos y criterios para el diagnóstico), cantidad de ingesta en proteínas, métodos para evaluar la ingesta de proteínas, las limitaciones y los resultados principales (Ackermans et al., 2022 Shafiee et al., 2020; Valent et al., 2022).
Al tratarse de un estudio de revisión sistemática, se considera una investigación sin riesgo acorde con lo establecido en la Resolución 8430 de 1993 del Ministerio de Salud de Colombia, cumpliéndose con las normas éticas exigidas internacionalmente por la Declaración de Helsinki (Asamblea Médica Mundial, 2014).
Resultados
Selección de estudios
En la búsqueda sistemática se identificaron 3307 artículos (SCOPUS: 1453; PubMed: 1461; Cochrane Library: 391; Scielo: 2), de los cuales se eliminaron 71 estudios duplicados y se examinó la lista de resúmenes y títulos de 3236, de estos se descartó 3134. Luego, quedaron 102 estudios potencialmente relevantes, de los cuales 21 no presentaron el texto completo; quedando solo 81 estudios elegibles. Por último, se excluyeron 69 artículos según los criterios de selección y se consideraron 15 artículos para la revisión sistemática (Figura 1).
Características de los estudios
De los estudios seleccionados, siete fueron de corte transversal (Akehurst et al., 2021; Dorhout et al., 2020; Guillamón Escudero et al., 2021; Højfeldt et al., 2020; Montiel-Rojas et al., 2020; Nikolov et al., 2021; Papaioannou et al., 2021), tres de cohorte (Granic et al., 2020; So y Joung, 2020; Yeung et al., 2020), cuatro ensayos controlados aleatorizados (Amasene et al., 2019; Griffen et al., 2022; Kirk et al., 2019; Ten Haaf et al., 2019) y uno de análisis de datos secundarios (Kim y Park, 2020). Los estudios se aplicaron principalmente en Europa, aunque hubo estudios en Asia y Oceanía (Tabla 3).
Tabla 3 Características principales de los estudios seleccionados
| Autor, año, país | Diseño de estudio | Características de los participantes | Muestra | Edad media | Características de la evaluación del consumo de proteína e intervención | Evaluación para sarcopenia |
|---|---|---|---|---|---|---|
| Dorhout et al. (2020), Paises Bajos | Transversal | Participantes de diferentes etnias | 1371 | 67 ± 1 años | IHP en g/kg/día (cuestionario de consumo) | EWGSOP2 |
| Guillamón Escudero et al. (2021), España | Transversal | Mujeres de una comunidad | 164 | 72 ± 4 años | IHP en g/kg/día (registro de consumo) | EWGSOP |
| Griffen et al. (2022) Reino Unido | ECA doble ciego | Hombres de una comunidad | 36 | 67 ± 1 años | IHP en g/kg/día (diario de consumo) + SP y Leu + EF | MM, FM y rendimiento físico |
| Kirk et al. (2019), Reino Unido | ECA simple ciego | Participantes no frágiles de una comunidad | 46 | 68 ± 5 años | IHP en g/kg/día (diario de consumo) + SP y Leu + EF | FM y función física |
| Amasene et al. (2019), España | ECA simple ciego | Pacientes hospitalizados | 28 | ~ 83 años | IHP en g/kg/día (cuestionario evaluación) + SP y Leu + EF | MM, FM y rendimiento físico |
| Ten Haaf et al. (2019), Países Bajos | ECA doble ciego | Participantes físicamente activos | 114 | ~69 años | IHP en g/kg/día (recordatorio de 24 h) + SP | MM, FM y rendimiento físico |
| Kim y Park, (2020), Corea | ECA | Participantes pre frágiles o frágiles | 96 | ~ 80 años | IHP en g/kg/día (recordatorio de 24 h) + SP | MM |
| Akehurst et al. (2021), Australia | Transversal | Participantes que realizan ejercicio | 80 | ~ 79 años | IHP g/día (encuesta sobre alimentación) | MM, FM y rendimiento físico |
| Nikolov et al. (2021), Alemania | Transversal | Participantes de una comunidad | 782 | ~ 69 años | IHP en g/kg/día (protocolo nutricional) | MM |
| Papaioannou et al. (2021), Suecia | Transversal | Comunidad físicamente activa | 191 | ~68 años | IHP en g/kg/día (cuestionario de consumo) | EWGSOP2 |
| Montiel-Rojas et al. | Transversal | Personas adultas mayores de | 986 | ~72 años | IHP en g/kg/día (registro de consumo) | EWGSOP2 |
| (2020), Países Europeos | distintos países | |||||
| Højfeldt et al. (2020), Dinamarca | Transversal | Participantes de una cohorte | 184 | 70,2 ± 3,9 años | IHP en g/kg/día (registro de consumo) | MM, FM y capacidad física |
| Yeung et al. (2020), Países Bajos y Australia | Cohorte | Pacientes ambulatorios de la comunidad | 74 | ~79 años | IHP en g/kg/día (diario de consumo) | EWGSOP y EWGSOP2 |
| Granic et al. (2020), Reino Unido | Cohorte | Participantes de una comunidad | 757 | ≥85 años | IHP en g/kg/día (recordatorio de 24h) | EWGSOP |
| So y Joung, (2020), Corea | Cohorte | Personas adultas de zonas urbanas y rurales | 4412 | ~53 años | IHP g/día (cuestionario de consumo) | MM |
Nota: fuente propia de la investigación.
En la mayoría de los estudios, se evaluaron participantes de ambos sexos, no obstante, el estudio de Guillamón Escudero et al. (2021) evaluó exclusivamente a mujeres y el estudio.de Griffen et al. (2022) solo a hombres. Del total de estudios, los tamaños de muestra oscilaron entre 28 y 4412 personas adultas mayores con un promedio de edad de aproximadamente 65 años; sin embargo, solo un estudio evaluó a la población adulta joven con un rango de edad de 49 a 53 años (Amasene et al., 2019). Las características de las personas participantes fueron heterogéneas: ancianas sanas que vivían en la comunidad, hospitalizadas, físicamente activas, frágiles o no frágiles, e incluso sarcopenicas. A todas estas personas les evaluaron la ingesta habitual de proteínas, a través de una valoración total de la dieta, para establecer una asociación con la sarcopenia.
Los cuatro ensayos controlados aleatorizados (Amasene et al., 2019; Griffen et al., 2022; Kirk et al., 2019; Ten Haaf et al., 2019) y el estudio de análisis de datos secundarios (Kim y Park, 2020), adicionaron una intervención con suplemento de proteínas a la evaluación dietética de las personas participantes. Sin embargo, tres de los cuatro ensayos controlados aleatorizados combinaron la suplementación con leucina y un programa de entrenamiento físico (Amasene et al., 2019; Griffen et al., 2022; Kirk et al., 2019). La mayoría de los estudios evaluaron el diagnóstico de sarcopenia según la definición del Grupo Europeo de Trabajo en Sarcopenia en Personas Mayores (EWGSOP) (Granic et al., 2020; Guillamón Escudero et al., 2021), el EWGSOP 2 (Dorhout et al., 2020; Montiel-Rojas et al., 2020; Papaioannou et al., 2021) o utilizaron ambas (Yeung et al., 2020). Asimismo, se tuvieron estudios que evaluaron componentes de la sarcopenia por separado (masa muscular, fuerza muscular y rendimiento físico) (Akehurst et al., 2021; Amasene et al., 2019; Griffen et al., 2022; Højfeldt et al., 2020; Kim y Park, 2020; Kirk et al., 2019; Nikolov et al., 2021; So y Joung, 2020; Ten Haaf et al., 2019).
Evaluación del bajo consumo de proteína
El análisis del consumo de proteína en la mayoría de los estudios se calculó en g/ kg/día mediante una valoración total de la dieta; no obstante, solo dos estudios estimaron la ingesta en g/día (Akehurst et al., 2021; So y Joung, 2020).
En algunos estudios, además del análisis de la ingesta proteica de sus participantes, se establecieron puntos de corte de consumo de proteína que permitió dividir a los individuos en grupos de bajo y alto consumo de proteínas. El estudio de Guillamón Escudero et al. (2021) dividió la muestra en mujeres con bajo consumo proteico (<0,8 g/ kg/día) y consumo proteico normal (≥0,8 g/ kg/día); el estudio de Granic et al. (2020) y So y Joung, (2020) dividieron a los participantes en grupos de baja ingesta proteica (<1 g/kg/día) y buena ingesta proteica (≥1g/ kg/día); el estudio de Amasene et al. (2019) dividieron a las personas participantes en grupos de ingesta baja de proteínas (<0,83 g/kg/día) y alta ingesta de proteínas (≥1,1 g/ kg /día), y el estudio de Yeung et al. (2020) analizaron a los individuos según déficit proteico (<1,2 g/kg/día) y balance proteico (≥1,2 g/kg/día). Por su parte, Montiel-Rojas et al. (2020) y Højfeldt et al. (2020) establecieron puntos de corte de ingesta de proteína que varió de 0,80 a más de 1,2 g/kg/día.
Adicionalmente, algunos estudios analizaron el tipo de proteína y la frecuencia de consumo diario. Particularmente, los estudios de Nikolov et al. (2021) y Højfeldt et al. (2020) analizaron la distribución de la proteína a lo largo del día (desayuno, almuerzo y cena) en sus participantes, presentando una variación en el reparto de proteínas, siendo la cena el momento de mayor consumo proteico en comparación con el almuerzo y el desayuno. El estudio de Montiel-Rojas et al. (2020) evaluaron la cantidad de proteína vegetal y animal consumida por sus participantes, en el que en promedio el 68 % de la ingesta total de proteínas provino de fuente animal entre los grupos de ingesta proteica. Por último, el estudio de So y Joung, (2020) analizaron el consumo de proteína láctea con una ingesta promedio de leche (73,6 g/día) y derivados lácteos (104,1 g/día), asimismo el grupo de mayor consumo de proteína láctea mostró una mayor ingesta de la proteína total.
Asociación entre el bajo consumo de proteína y el desarrollo de sarcopenia
De los 15 estudios incluidos, en dos de cohorte (Granic et al. (2020); Yeung et al. (2020) y uno transversal (Højfeldt et al., 2020) no se encontraron una asociación significativa entre el bajo consumo de proteínas y la sarcopenia en personas adultas mayores. Concretamente, el estudio de Højfeldt et al. (2020) no encontró diferencias significativas en el índice músculo-esquelético apendicular (masa muscular), la fuerza de presión y la contracción isométrica voluntaria (fuerza muscular), el tiempo de marcha de 400 m y la parada de silla de 30 s (rendimiento físico) en grupos de baja ingesta proteica (<0,83 g/kg/día) y alta ingesta proteica (≥1,1 g/kg/día): de igual forma no hubo asociación entre la distribución de proteínas a lo largo del día (desayuno, almuerzo y cena) y los indicadores de sarcopenia.
El estudio de Granic et al. (2020) no encontró asociación entre un bajo consumo de proteínas (<1 g/kg/día) y la probabilidad de sarcopenia prevalente en diferentes tipos de dietas; de hecho, en el grupo de dieta “británica tradicional” (es decir, dieta rica en mantequilla, carnes rojas/platos de carne, salsa, patatas) hubo mayor riesgo prevalente de sarcopenia a pesar de tener una buena ingesta proteica (≥1g/kg/día) OR:3,62 (1,33- 9,88), P = 0,01. Por su parte, el estudio de Yeung et al. (2020) no encontraron diferencias significativas entre el estado sarcopenico y las necesidades nutricionales (energía y proteína) en pacientes sarcopénicos y no sarcopénicos, pese a que más del 50 % de pacientes presentaba déficit energético y proteico (Tabla 4).
En contraste, seis estudios de corte transversales (Akehurst et al., 2021; Dorhout et al., 2020; Guillamón Escudero et al., 2021; Montiel-Rojas et al., 2020; Nikolov et al., 2021; Papaioannou et al., 2021) y uno de cohorte (So y Joung, 2020) encontraron una asociación significativa entre un bajo consumo de proteínas y el desarrollo de sarcopenia. Sin embargo, los estudios de Akehurst et al. (2021), Nikolov et al. (2021) y So y Joung, (2020) encontraron asociación entre el bajo consumo de proteínas y la masa muscular, no con el desarrollo de sarcopenia. De otro lado, el estudio de Dorhout et al. (2020) hallaron que un mayor porcentaje de energía proteica se asoció significativamente con un menor desarrollo de sarcopenia en ancianos de diferentes etnias, cuando se ajustó por grupo étnico y actividad física OR: 0,96 (95 %-IC: 0,92-0,99). Una relación similar presentó el estudio de Montiel-Rojas et al. (2020), quienes encontraron un efecto significativo de un mayor consumo de proteínas con menor riesgo de sarcopenia en personas ancianas de diferentes países agrupadas por ingesta proteica.
Además, la sustitución isocalórica de la ingesta de proteína animal por proteína vegetal se asoció con un menor riesgo de sarcopenia. De igual manera, Papaioannou et al. (2021) encontraron asociación entre un grupo con mayor puntaje de dieta saludable, que incluye un consumo proteico de 1,1 g/kg/día, y un menor riesgo de sarcopenia. Por otra parte, Guillamón Escudero et al. (2021) detectaron una relación significativa entre el bajo consumo de proteína (<0,8 g/ kg/día) y la prevalencia de sarcopenia, en mujeres. Finalmente, los estudios de Nikolov et al. (2021), Akehurst et al. (2021) y So y Joung, (2020) encontraron una asociación entre el bajo consumo de proteínas y un riesgo de desarrollar menor masa muscular; no obstante, Akehurst et al. (2021) no establecieron esta asociación en la fuerza muscular ni en el rendimiento físico (Tabla 4).
Tabla 4 Resultados de la asociación entre el consumo de proteína y la sarcopenia
| Autor (año) | Población (n) | Ingesta promedio de proteína en personas adultas mayores | Asociación del consumo proteico y la sarcopenia | Medida (IC del 95 %) | Valor p |
|---|---|---|---|---|---|
| Dorhout et al. (2020) | Multiétnica | Holandés: 1,05 ± 0,32 g/kg/día Surinamés del Sur de Asia: 1,15 ± 0,49 g/kg/día | Asociación significativa con la probabilidad de sarcopenia | OR: 0,96 (0,92-0,99). | < 0,05 |
| Surinamés Africano: 1,03 ± 0,44 g/ kg/día | |||||
| Turco: 1,28 ± 0,44 g/kg/día | |||||
| Marroquí: 1,12 ± 0,53 g/kg/día | |||||
| Guillamón Escudero et al. (2021) | Mujeres | Grupo con < 0,8 g/kg/día | Relación significativa con prevalencia de sarcopenia | - | (p = 0,021) |
| Grupo con ≥ 0,8 g/kg/día | |||||
| Akehurst et al. (2021) | Físicamente activo | Grupo gym convencional = 88 g/d | Asociación significativa solo sobre la MM | R: 0,425; R: | (p = 0,043; |
| Grupo gym HUR = 108 g/d | 0,291 | p= 0,028). | |||
| Nikolov et al. (2021) | De una comunidad | Grupo con MM baja (des; alm.; cena) = 0,89 g/kg/día (0,23; 0,29; 0,32 g/kg/día) | Ajustado por factor de riesgo hubo una asociación significativa sobre la MM | ß = 0,101 (0,068,0,134), | <0,001 |
| Grupo con MM normal (des; alm.;cena) = 1,02 g/kg/día (0,24;0,35;0,36g/kg/día) | |||||
| Papaioannou et al. (2021) | Físicamente activo | Hombres = 1,01 ±0,32 g/kg/día | Efecto significativo con el riesgo de sarcopenia | - | (p < 0,05) |
| Mujer = 0,99 ± 0,31 g/kg/día | |||||
| Grupo DS bajo/Grupo DS moderado/ Grupo DS alto (mayor cumplimiento de 1,1 g de proteína/kg/día) | |||||
| Montiel-Rojas et al. (2020) | Europeos | No detallo IHP g/kg/día | Efecto significativo con el riesgo de sarcopenia | - | (p < 0,05) |
| Punto de corte: Grupo <0,8 g/kg/día /grupo 0,8-<1,0 g/kg/día / grupo 1,0-<1,2 g/kg7dia / grupo ≥1,2 g/kg/día | |||||
| Højfeldt et al.(2020) | De una comunidad | Ingesta de proteína media 1,13 ± 0,34g/kg/día | No hubo efectos significativos en la MM, FM y RF | - | (p>0,05) |
| Punto de corte: Grupo <0,83 g/kg/ día/grupo ≥0,83-<1,1 g/kg/día/grupo ≥1,1 g/kg/día | |||||
| Yeung et al. (2020) | Ambulatoria | Grupo sarcopénico = 1,18 g/kg/día | No hubo relación significativa con el estado sarcopénico (EWGSOP y EWGSOP2). | - | (p >0,05) |
| Grupo no sarcopénico = 1,01 g/kg/día | |||||
| Punto de corte : déficit proteico (<1,2 g/kg/día) y balance proteico (≥1,2 g/ | |||||
| Granic et al. (2020) | De una comunidad | No detallo IHP g/kg/día | No hubo asociación significativa con la prevalencia de sarcopenia | OR:3,62 | p = 0,01 |
| Grupo PD1 (“bajo en carnes rojas”) / | (1,33- 9,88) | ||||
| Grupo PD2 (“británico tradicional) / | |||||
| Grupo PD3 (“mantequilla baja”) | |||||
| Punto de corte: Grupo baja ingesta(<1 g/kg/día) y buena ingesta (≥1 g/kg/día) | |||||
| So y Joung (2020) | De zonas urbanas y rurales | IHP = 53-78 g/día | HR: 0,63 | p = 0,029 | |
| Punto de corte: baja ingesta proteica (<1 g/kg/día) y alta ingesta (≥1 g/ kg/día) | Asociación significativa sobre la MM | (0,42-0,94) |
IHP = ingesta habitual de proteína; PD = patrón dietético; DS = dieta saludable; MM = masa muscular; FM = fuerza muscular; RF= rendimiento físico; OR = odds ratio; HR = hazard ratio; R = coeficiente de Pearson; ß = coeficiente ß
Nota: fuente propia de la investigación.
Efecto de la suplementación proteica y otras intervenciones en los componentes de sarcopenia En los estudios que realizaron una comparación entre grupos control y gruposde intervención, evaluaron los efectos de adicionar suplementos de proteína a un grupo de personas ancianas, de tal manera que aumentaran su consumo proteico y los compararon con otro grupo al que no se le dio suplemento o se le suministró un placebo, con la finalidad de evaluar efectos sobre los componentes de sarcopenia por separado (Tabla 5).
Dos estudios adicionaron solo una intervención con suplementos de proteínas durante 12 semanas sobre una población físicamente activa (Ten Haaf et al., 2019) y una población frágil (Kim y Park, 2020). Por una parte, Ten Haaf et al. (2019) utilizaron dos paquetes de suplemento de proteína (36,8 g de concentrado de proteínas de leche) en un grupo de intervención (n=58), para compararlo con dos paquetes de suplementos de placebo (1,1 g de proteínas, 5,2 g grasa y 36 g de carbohidratos) en un grupo control (n=56); ambos aumentaron su consumo proteico durante la investigación, el grupo intervención incrementó su consumo de proteína de 0,86 a 1,29 g/kg/día, mientras que el grupo control aumentó de 0,92 a 0,97 g/kg/día, encontrándose mejoras en ambos grupos de la masa magra, aunque se registra un mayor aumento en el grupo intervención que en el grupo placebo; por otro lado, no se presentaron diferencias entre ambos grupos en la fuerza muscular y el rendimiento físico. Por otra parte, Kim y Park, (2020) usaron suplementos de proteína de suero de leche y polvo de placebo en personas ancianas según su ingesta habitual de proteína; en ese sentido los agruparon en un grupo con ingesta proteica de 0,8 g/kg/día al que solo se le dio placebo, y dos grupos que combinaron el suplemento con el placebo hasta conseguir una ingesta proteica de 1,2 g/kg/ día y 1,5 g/kg/día; al inicio los tres grupos tenían una ingesta media proteica de 0,72- 0,93 g/kg/día, aunque las personas participantes del grupo 1,2 y 1,5 g/kg/día tenían una ingesta inicial de proteínas menor en comparación con las del grupo 0,8 g/kg/día se encontraron mejoras significativas en la masa muscular en los grupos de mayor cambio en la ingesta proteica (1,2 y 1,5 g/kg/ día), aunque esta mejora se evidenció solo en hombres (Tabla 5).
Tabla 5 Resultados de los efectos de suplementos e intervenciones en la sarcopenia
| Griffen et al. (2022) | N = 36 | 12 semanas | Grupo PRO (6 y 12 semanas) = 1,64±0,07 - 1,60±0,05 g/kg/dà a | Grupo CON (6 y 12 semanas) = 0,97±0,05 - 0,93±0,03 g/kg/día | Grupo ER + CON y Grupo ER + PRO mejoró significativamente la MM, FM y rendimiento físico. |
| Grupo ER (2 v/s) + PRO (6 y 12 semanas) = 1,63±0,07 - 1,58±0,07 g/kg/día | Grupo ER (2 v/s) + CON (6 y 12 semanas) = 1,10±0,05 - 1,04±0,07 g/kg/día | ||||
| Kirk et al. (2019) | N = 46 | 16 semanas | Grupo SP + ER/EF (3 v/s) = 1,16 ± 0,04 - 1,5 ± 0,7 g/kg/día | Grupo ER/EF (3 v/s) = 1,10 ± 0,04 g/kg/día | Ambos grupos mejoraron la FM y función física. |
| Amasene et al. (2019) | N = 28 | 12 semanas | Grupo de SP + ER = no detalló IHP g/kg/día | Grupo de placebo +ER = no detalló IHP g/kg/día | La SP no mejoró significativamente la MM, FM Y rendimiento físico. |
| Ten Haaf et al. (2019) | N = 114 | 12 semanas | Grupo SP (0 y 12 semanas) = 0,86 ± 0,23 - 1,29 ± 0,28 g/kg/día | Grupo placebo (0 y 12 semanas) = 0,92 ± 0,24 - 0,97 ± 0,23 g/kg/día | El grupo con SP mejoró significativamente la MM. La FM y el rendimiento físico no mejoraron. |
| Kim y Park. (2020) | N =96 | 12 semanas | Grupo de proteína de 0,8 g/kg/día =0,93 ± 0,29 + placebo | El cambio más alto en la ingesta proteica se asoció positivamente con cambios en la MM, en hombres, pero no en mujeres. | |
| Grupo de proteína de 1,2 g/kg/día =0,79 ± 0,21 + SP en función de IHP | |||||
| Grupo de proteína 1,5 g/kg/día = 0,72± 0,20 + SP en función de IHP |
v/s = veces por semana, CON = control, IHP, ingesta habitual de proteína, PRO = proteína, SP = suplemento de proteína, ER = ejercicio de resistencia, EF = ejercicio funcional, MM = masa muscular, FM = fuerza muscular
Nota: fuente propia de la investigación.
Por otro lado, tres ensayos clínicos adicionaron otras intervenciones a su investigación como agregar leucina al suplemento proteico acompañado de un programa de entrenamiento físico. Griffen et al. (2022) dividieron su muestra de hombres (n=36) en cuatro grupos, dos grupos que realizaron ejercicio de resistencia y tomaron un suplemento enriquecido con leucina (25 g de proteína de suero de leche enriquecido con 3g de leucina) o un placebo (23,75 g de maltodextrina) y dos grupos que solo tomaron suplemento o placebo. En los grupos que consumieron el suplemento, su ingesta media de proteína osciló entre 1,58 y 1,64 g/kg/día, mientras que en los grupos que consumieron el placebo su ingesta media osciló entre 0,93 a 1,10 g/kg/ día, se encontró que, independientemente de la ingesta proteica, aquellos grupos que realizaron ejercicio de resistencia mejoraron los indicadores de masa muscular, fuerza muscular y función física.
Por otro lado, Amasene et al. (2019) dividieron a sus participantes (n=28) en dos grupos, uno de intervención consumió un suplemento proteico enriquecido con leucina (20g) y otro consumió placebo (23 g maltodextrina), ambos grupos acompañaron la suplementación con sesiones de entrenamiento de resistencia dos veces por semana; después de 12 semanas no se detectaron diferencias significativas en la masa, fuerza muscular y rendimiento físico entre el grupo intervención y el grupo control; no obstante, la masa muscular de brazos ejoró significativamente en el grupo de intervención. Finalmente, Kirk et al. (2019) dividieron su muestra (n = 46) en dos grupos, a uno se le dio un suplemento de proteína de suero de leche enriquecido con leucina acompañado de ejercicio de resistencia y ejercicio funcional tres veces por semana en días no consecutivos, el otro grupo solo realizó los ejercicios de resistencia y funcionales con las mismas instrucciones; después de 16 semanas el grupo de intervención incrementó su ingesta habitual proteica de 1,16 ± 0,04 a 1,5 ± 0,7 g/kg/día, mientras que el grupo control mantuvo su ingesta habitual en 1,10 ± 0,04 g/kg/día; en ambos grupos se encontraron mejoras significativas sobre la fuerza muscular y la función física.
Discusión
En los estudios observacionales de corte transversal (Akehurst et al., 2021; Dorhout et al., 2020; Guillamón Escudero et al., 2021; Montiel-Rojas et al., 2020; Nikolov et al., 2021; Papaioannou et al., 2021) y de cohorte (So y Joung, 2020) se encontraron que un consumo bajo de proteínas en personas adultas mayores se asoció a un mayor riesgo de desarrollar sarcopenia utilizando los parámetros del EWGSOP2 (baja masa muscular, fuerza muscular y menor rendimiento físico). Esto está de acuerdo con Coelho-Junior et al. (2022), quienes encontraron una menor ingesta proteica en la población adulta mayor con sarcopenia en comparación con sus pares sin sarcopenia. Por su parte, los puntos de corte que utilizaron algunos estudios para determinar un consumo bajo de proteína variaron de 0,8 a 1,2 g/kg/día. Esto no guarda relación con las recomendaciones nutricionales actuales para dichas personas que sugiere un consumo de 0,8 g de proteína/kg/día según diversas organizaciones de salud (Ingesta Dietética de Referencia (IDR) Para La Población Española, 2010; Joint FAO/WHO/UNU Expert Consultation, 2002; Park et al., 2022) o recomendaciones de 1,0 a 1,2 g/kg/día (Bauer et al., 2013; Deutz et al., 2014). En la presente revisión sistemática cuando se analizó el punto de corte de ingesta proteica < 0,8 g/kg/día siempre se relacionó con la prevalencia y riesgo de sarcopenia en comparación con un punto de corte de mayor de ingesta.
Ahora bien, dado que la sarcopenia es una enfermedad causada por diferentes etiologías, el papel del patrón dietético puede influir en el desarrollo del padecimiento (Rendón-Rodríguez y Osuna-Padilla, 2018). De hecho, Granic et al. (2020) y Papaioannou et al. (2021) presentaron diferentes resultados con puntos de corte similares, cuando observaron el patrón dietético de sus participantes. Por lo tanto, una dieta equilibrada puede tener un papel importante en el desarrollo de la sarcopenia, independientemente de la ingesta proteica; esto coincide con diversos estudios que enfatizan en la provisión de nutrientes para la prevención de la sarcopenia (Cárdenas-Quintana et al., 2004; Rendón-Rodríguez y Osuna-Padilla, 2018; Zanini et al., 2020). El ejercicio físico que realizaron las personas participantes puede haber influido en una disminución del riesgo de sarcopenia como mencionan diversos estudios, pues mejora la calidad y cantidad muscular (Bauer et al., 2019; Rendón-Rodríguez y Osuna-Padilla, 2018; Vinson et al., 2023). Sobre todo, este efecto se observa en los ejercicios de resistencia que implica el uso de pesas o mancuernas, debido a que previene la atrofia muscular y genera una mayor hipertrofia en el músculo (Vinson et al., 2023); en tal sentido, es razonable observar menor riesgo de desarrollar sarcopenia, a pesar del consumo proteico. Esto coincide con tres ensayos controlados aleatorizados incluidos en esta revisión, pues se encontraron mejoras en la masa, la fuerza muscular y el rendimiento físico en los grupos que incluyeron ejercicio de resistencia, en comparación con los grupos que solo se suplementaron pese a tener una ingesta elevada de proteína, aunque es importante mencionar que en los grupos controles ninguno presentó una ingesta < 0,8 g/kg/día. Por el contrario, el consumo de proteínas se relaciona con la masa muscular en diversos estudios (Akehurst et al., 2021; Nikolov et al., 2021; So y Joung, 2020), lo cual se explica a partir de que la proteína protege al músculo de la degradación muscular de aminoácidos. De hecho, Ten Haaf et al. (2019) y Kim y Park, (2020) en sus estudios mostraron que un consumo de >1,2 g/kg/día mejoró la masa muscular en sus participantes, esto coincide con Hengeveld et al. (2020) quienes encontraron que un consumo deficiente de proteínas, particularmente de < 1,2 g/kg/día, se asocia a una menor fuerza y masa muscular en una población anciana.
Del mismo modo, Højfeldt et al. (2020), Yeung et al. (2020) y Granic et al. (2020) no encontraron una asociación significativa entre el consumo bajo de proteínas y la sarcopenia o sus componentes.
Cabe precisar que Højfeldt et al. (2020), quienes establecieron un punto de corte bajo de consumo proteico (< 0,83 g/ kg/día) y uno alto (>1,2 g/kg/día), evaluaron los componentes de sarcopenia por separado, y observaron una mejora en los componentes de la sarcopenia debido al ejercicio físico, sin importar que sea una ingesta baja o alta de proteínas.
La presente revisión presenta ciertas limitaciones debido a que gran parte de los estudios presentaron poblaciones heterogéneas con distintos estilos de vida. Asimismo, los métodos de evaluación utilizados para la sarcopenia variaron entre los estudios, con lo cual se puede limitar su comparabilidad.
Conclusiones
Los hallazgos del presente estudio revelaron que un consumo bajo de proteína en personas adultas mayores se asoció significativamente con un mayor riesgo de sarcopenia, principalmente con una ingesta de proteína menor a 0,8 g/kg/día; asimismo, presentó una asociación significativa en la masa muscular. Sin embargo, cuando se evaluaron los efectos de un consumo alto de proteínas frente a un consumo bajo sobre los componentes de la sarcopenia, el papel de la ingesta de proteína no resultó significativo. Estos hallazgos sugieren que la población adulta mayor debe seguir las recomendaciones nutricionales de las organizaciones de salud.
Declaración de conflictos de intereses
Las personas investigadoras declaramos no tener conflictos de intereses.
Declaración de responsabilidad
Las personas autoras se hacen responsables del contenido intelectual y demás cuestiones de rigor metodológico e integridad del trabajo.
Declaración de contribución por autores
Todas las personas autoras confirmamos haber leído y aprobado la versión final del artículo. Las contribuciones totales a la conceptualización, preparación y revisión del artículo fueron distribuidas de la siguiente manera: P. J. P. C. con un 25 %, J. J. P. L. con un 25 %, A. J. O. L. R. con un 25 % y A. Y. P. P. con un 25 %.
Preprint
Una versión Preprint de este artículo fue depositada en: https://doi.org/10.5281/zenodo.13732888















