1. Introducción
La enfermedad renal crónica (ERC) es una patología que afecta la funcionalidad renal y la calidad de vida de personas que la padecen (García-Maset et al., 2022). Esta es una condición progresiva e incurable en la que los riñones pierden gradualmente su capacidad de funcionar correctamente, lo que produce una afectación tanto del proceso de eliminación de los desechos como del equilibrio de los electrolitos en el cuerpo humano (Gómez Bonilla, 2025). Dicha afección se desarrolla durante un largo periodo sin síntomas hasta presentar disminución de la funcionalidad o deficiencia renal terminal, la cual requiere de tratamiento como la diálisis o el trasplante renal (García-Maset et al., 2022).
Por lo anterior, el ERC se ha convertido en un problema de salud pública, al afectar al 10% de la población adulta mundial (Dąbek et al., 2023), es decir, aproximadamente 800 millones de personas con alta prevalencia en pacientes con hipertensión arterial (HTA) o diabetes mellitus (DM). La enfermedad está asociada a una alta tasa de mortalidad debido a complicaciones cardiovasculares (Wilkinson et al., 2016; Zoccali et al., 2023). Como alternativa, el rol del profesional en ciencias del ejercicio toma relevancia debido a los beneficios que la actividad física y el ejercicio generan en los pacientes con ERC (Cabrera y Rodríguez Espinosa, 2023).
A partir de estas alarmantes cifras, el foco del abordaje médico integral debe incluir intervenciones que abarcan las necesidades físicas, mentales, emocionales, sociales y espirituales del paciente (Castle et al., 2023); por consiguiente, es necesario un enfoque holístico para mejorar la calidad de vida de los pacientes y controlar la progresión de la ERC de forma eficaz. El ejercicio físico, indudablemente, se ha posicionado como parte fundamental de las intervenciones en pacientes con enfermedad renal crónica, dado a sus efectos potenciales en la mejora del pronóstico y calidad de vida de los pacientes. Sin embargo, su aplicación en el contexto sanitario se encuentra ante múltiples desafíos que limitan el accionar del profesional en ciencias del actividad física y deporte, en la participación del equipo biomédico para el diseño y supervisión de programas de ejercicio terapéutico.
En consecuencia, el propósito del trabajo fue describir de forma crítica y reflexiva el rol del profesional de la actividad física y el deporte en el abordaje de la enfermedad renal crónica. Se consideran las barreras en los programas, beneficios de su incorporación en el tratamiento (calidad de vida, condición física y biomarcadores) y los retos futuros para la profesión.
2. Desarrollo
Barreras en pacientes con ERC para la práctica de ejercicio físico
El sedentarismo y la falta de actividad física regular son factores de riesgo modificables del estilo de vida. Ambos son comunes en pacientes con ERC y se asocian a un mayor riesgo de progresión de la condición y de otras enfermedades (Tikkanen-Dolenc et al., 2017; Mallamaci et al., 2020; John et al., 2023), aunque la falta de adherencia a pausas de actividad física se puede deber a múltiples razones.
En primera instancia, se resaltan las razones inherentes a la condición del paciente, como la kinesiofobia, o miedo irracional al movimiento, y síntomas adversos durante la práctica de ejercicio físico (Çakal et al., 2022; Valenzuela et al., 2024; Katayıfçı et al., 2024). Igualmente, destacan la fatiga, las comorbilidades, la dificultad para respirar, la falta de tiempo y la falta de recursos (Taryana et al., 2019).
En segundo puesto, se incluyen las razones implícitas en el tratamiento, como la falta de asesoría del nefrólogo sobre planificación de las actividades físicas en estos casos específicos, ya que muchos profesionales de la salud carecen de la formación necesaria para prescribir ejercicio de manera segura y efectiva a los pacientes con ERC (Stømer et al., 2020; Villanego et al., 2023). Un estudio evidencia que solo el 26% de los centros de nefrología ofrecían programas de ejercicio y el 63% nunca o rara vez evaluaba la actividad física en el contexto del tratamiento del paciente (Battagliaet al., 2024). En un panorama crítico, se identifica la necesidad de realizar actividad y ejercicio físicos, pero el profesional sanitario no prescribe ninguno de los dos.
La fatiga y las dificultades para respirar son consideradas los principales motivos por los cuales se desarrolla el sedentarismo en pacientes con ERC (Heitman et al., 2024). No obstante, su sintomatología podría causar inflamación, anemia, infecciones, deterioro cognitivo, sarcopenia y afectaciones de la estructura y función osteomuscular en algunas personas. Estas condiciones están directamente relacionadas con la disfunción mitocondrial, inflamación, estrés oxidativo y acidosis metabólica (Wilund et al., 2021). Cada uno de estos síntomas afecta la calidad de vida y el pronóstico de los pacientes (Bai et al., 2024); además, limita su capacidad para desempeñarse en actividades de la vida diaria y ejercicio físico (Xu et al, 2024).
Es importante destacar que cada paciente debe caracterizarse y agruparse dependiendo de la etapa de la enfermedad en la que se encuentra. Por ejemplo, se encuentra el grupo de pacientes que no necesitan terapia de reemplazo y solo requieren tratamiento farmacológico para controlar la presión arterial, la glicemia y el colesterol en sangre (Xu et al, 2024). Seguidamente, se destaca el grupo de los pacientes que sí requieren diálisis por deficiencia renal avanzada, a quienes se les afecta su rutina diaria y calidad de vida debido al tiempo y a los efectos secundarios asociados con el tratamiento. Finalmente, se encuentra el grupo de los pacientes receptores de trasplante con una función renal restaurada, quienes deben consumir medicamentos inmunosupresores para prevenir el rechazo al injerto, los cuales producen efectos secundarios y aumentan el riesgo de cáncer (Xu et al, 2024).
Importancia del profesional del ejercicio en la enfermedad renal crónica (ERC)
La ERC es una patología progresiva que afecta la función renal y conlleva diversas complicaciones sistémicas; entre ellas, la sarcopenia, caracterizada por la pérdida de masa muscular y fuerza, lo que impacta negativamente la funcionalidad y calidad de vida de los pacientes sometidos a diálisis (Hernández Sánchez et al., 2015). En este contexto, el ejercicio físico ha surgido como una estrategia efectiva para mitigar efectos adversos y mejorar la salud general de los pacientes.
El profesional en ciencias del deporte y la actividad física cuenta con la formación académica necesaria para evaluar, prescribir, dirigir y controlar programas de ejercicio adaptados a las condiciones individuales de los pacientes con ERC (Battaglia et al., 2024). Este profesional puede considerar los principios del entrenamiento, las variables, las características individuales del paciente (sexo, edad, antecedentes patológicos, farmacológicos, quirúrgicos, traumáticos y sociales), los resultados de la evaluación inicial y los objetivos del paciente. No obstante, además de los conocimientos en entrenamiento, este profesional debe contar con experiencia en patologías renales y formación complementaria específica para garantizar una prescripción segura y eficaz del ejercicio (Martínez-Majolero et al., 2022).
La inclusión de un equipo interdisciplinario es esencial para un abordaje integral. Este equipo debe estar conformado por médicos nefrólogos, internistas, enfermeros, nutricionistas y psicólogos, quienes trabajan en conjunto para mejorar la salud de los pacientes con ERC. En este contexto, el profesional del ejercicio juega un papel clave al diseñar programas de actividad física según las especificidades de la enfermedad, contribuyendo a mejorar la funcionalidad y reducir la progresión del deterioro muscular (Nakamura et al., 2020).
Beneficios del ejercicio físico en pacientes con ERC
Algunas investigaciones han implementado programas de ejercicio de baja intensidad durante las sesiones de hemodiálisis (intradialíticas), incluyendo ciclismo estacionario y entrenamiento de resistencia con bandas elásticas. Se encontraron mejoras en el consumo máximo de oxígeno (VO2máx), aumento en la distancia recorrida en pruebas de caminata de 6 minutos (Bishop et al., 2023; Zhang et al., 2024); también, se identificó aumento de número de repeticiones en test de fuerza muscular en extremidades superiores e inferiores (Segura-Ortí et al., 2008; Esteve et al., 2017; Pei et al., 2019).
Además, se han evidenciado mejoras en el índice de masa corporal (IMC) y circunferencia de cintura (Villanego et al., 2020). Otros estudios identificaron eliminación de solutos y mejora del metabolismo óseo (Fernández Lara et al., 2018), mejoras en la calidad de vida relacionada con la salud, evidenciadas por puntuaciones más altas en cuestionarios como el SF-36 Short Form-36 Health Survey Questionnaire y el KDQOL-36 Kidney Disease Quality of Life-36. Estos cuestionarios evalúan la percepción de la calidad de vida relacionada con la salud en la población general, en pacientes con diversas enfermedades y en pacientes con ERC y en diálisis (Tikkanen-Dolenc et al., 2017; Xu et al, 2024; Junqué-Jiménez et al., 2020).
Por otra parte, se ha evidenciado reducción de la fatiga, el dolor y días de hospitalización (Junqué Jiménez et al., 2015; Orozco González y Camacho López, 2021). Todos estos beneficios ocurren sin impactos negativos en la función renal, lo que puede influir positivamente en la evolución de la enfermedad (Cigarroa et al., 2016; Jiménez-Prieto et al., 2020).
La implementación de estrategias de ejercicio estructuradas en pacientes con ERC es un campo en crecimiento, y requiere una mayor integración en los servicios de salud, con un enfoque interdisciplinario entre nefrología y ciencias del ejercicio (Martín y Pallas Álvarez, 2025; Ramírez-Reyes y Tejeda-Díaz, 2022; Araya et al., 2023). Ahora bien, independientemente del grupo en el que se clasifiquen todos, los sujetos deben tener cambios en su estilo de vida, en lo que respecta a cómo implementar una dieta adecuada, cómo realizar actividad física regular y evitar el consumo de sustancias nefrotóxicas (Wilkinson et al., 2016; Chinnappa et al., 2023).
Implementación de programas de ejercicio en Latinoamérica y el Caribe
La atención médica debe abordarse desde un punto de vista integral. En él, se deben vincular profesionales del ejercicio físico a los equipos sanitarios con el propósito de orientar un proceso eficaz y seguro a los pacientes con enfermedad renal crónica desde la prescripción del ejercicio. De esta forma, se garantiza mejoras en la salud y bienestar, así como reducción del impacto de la deficiencia renal.
En Latinoamérica y el Caribe, la integración del ejercicio en servicios de nefrología es incipiente, y la literatura específica sobre el tema es limitada. Sin embargo, estudios han resaltado la importancia de incorporar programas de ejercicio en pacientes con ERC para optimizar su calidad de vida y reducir complicaciones asociadas a la enfermedad (Yepes Delgado et al., 2009). Además, experiencias internacionales pueden servir como referencia para el diseño e implementación de iniciativas similares a nivel nacional (Martín y Pallas Álvarez, 2025).
Los estudios han demostrado que el ejercicio domiciliario también puede ser una alternativa viable para los pacientes con ERC, mejorando su movilidad y fomentando la adherencia a los tratamientos (Junqué-Jiménez et al., 2020). De esta manera, la incorporación del profesional del ejercicio en los equipos de nefrología permitiría diseñar estrategias personalizadas que consideren las barreras individuales, como la falta de motivación y el desconocimiento sobre los beneficios del ejercicio físico (Clyne y Anding-Rost, 2021).
Por último, la salud pública moderna debe tener ciertas prioridades para garantizar la calidad de los servicios de salud ofertados a diferentes poblaciones clínicas y sanas. Es indudable el beneficio de la creación de políticas públicas que permitan el acceso de profesionales del ejercicio físico en equipos biomédicos que manejen casos de pacientes con enfermedad renal crónica. Cabe resaltar que todo lo anterior es pensado desde la colaboración interdisciplinar, donde se reciba apoyo entre los miembros del equipo para optimizar los procesos de tratamiento, rehabilitación y prevención en la práctica de ejercicio físico.
3. Conclusiones
Los resultados obtenidos en este ensayo, fundamentados en una revisión documental, evidencian que la implementación de ejercicios físicos en pacientes de ERC es beneficiosa para la mejora de la calidad de vida, la reducción en la progresión de la enfermedad y el control de otras comorbilidades que se asocian, como la hipertensión y la diabetes. Sin embargo, la falta de cualificación y la poca integración de los profesionales de la actividad física en los centros de investigación y estudios biomédicos son barreras que limitan las intervenciones. Por lo tanto, es fundamental que los profesionales del ejercicio físico estén capacitados y sean integrados por el sistema de salud bajo políticas públicas donde puedan aportar en la prescripción e individualización de los ejercicios según las necesidades de cada sujeto, garantizando mejores resultados terapéuticos y preventivos en ERC.
Conflicto de interés: Los autores declaran no tener conflictos de interés.














