SciELO - Scientific Electronic Library Online

 
vol.98 issue2Women in Mexican diplomacy: history and political, social, economic and cultural barriersThe academic, business, and government collaboration in redefining global power: A contribution from smart power in the United States, China, and Russia in the context of artificial intelligence (2015-2025) author indexsubject indexarticles search
Home Pagealphabetic serial listing  

Services on Demand

Journal

Article

Indicators

Related links

  • Have no similar articlesSimilars in SciELO

Share


Revista Relaciones Internacionales

On-line version ISSN 2215-4582Print version ISSN 1018-0583

Relac. Int. vol.98 n.2 Heredia Jul./Dec. 2025  Epub Oct 02, 2025

http://dx.doi.org/10.15359/98-2.3 

Artículo

Entre el neocolonialismo energético y la Guerra Fría: un análisis comparativo del nacionalismo petrolero en Venezuela e Irán (1948-1979)

Between Energy Neocolonialism and the Cold War: A Comparative Analysis of Oil Nationalism in Venezuela and Iran (1948-1979)

Alejandro Cardozo-Uzcátegui1 
http://orcid.org/0000-0002-4461-3285

1Universidad Sergio Arboleda, Escuela de Política y Relaciones Internacionales. Doctor en Historia (UPV/EHU). Bogotá, Colombia. Correo electrónico: alejandro.cardozo@usa.edu.co

Resumen

Este estudio se propone examinar, de manera comparativa, los elementos evidentes y los paralelismos en los procesos de nacionalismo petrolero de Venezuela e Irán. Se analizan las condiciones contextuales que vinculan estos ensayos con las dinámicas impulsadas por las empresas y los intereses de los países del Atlántico Norte, hasta alcanzar la configuración del escenario OPEP. Mediante un recorrido histórico que se remonta a comienzos del siglo XX, se identifican coyunturas críticas y similitudes en los procesos de transformación a largo plazo, donde convergen factores determinantes como el neocolonialismo energético, los nacionalismos, las revoluciones democráticas, las dictaduras y las monarquías, en el marco de la compleja constelación de fuerzas forjada durante la Guerra Fría.

Palabras clave: Guerra Fría; Irán; nacionalización petrolera; OPEP; petróleo; Venezuela

Abstract

This study examines the visible elements and parallels in the nationalist petroleum endeavors of Venezuela and Iran, which are comparable in light of their respective contexts vis-à-vis the enterprises and interests of North Atlantic countries up to the establishment of the OPEC scenario. It represents a comparative journey beginning in the early twentieth century, highlighting critical junctures and long-termsimilarities in processes where causal factors-such as energy neocolonialism, nationalism, democratic revolutions, dictatorships, and monarchies-converge within the complex constellation of forces forged during the Cold War.

Keywords: Cold War; Iran; Oil; Oil Nationalization; OPEC; Venezuela

1. Introducción

La industria petrolera global, pilar fundamental de la geopolítica del siglo XX, desempeñó un papel determinante en la configuración de las trayectorias nacionales de los países productores de petróleo, especialmente durante la Guerra Fría (1948-1991). Este artículo se propone explorar, desde una perspectiva histórica comparativa, las experiencias paralelas, pero distintas, de Venezuela e Irán; dos naciones petroleras clave cuyas dinámicas nacionalistas se vieron profundamente moldeadas por la riqueza del crudo en un contexto de estructuras energéticas neocoloniales y rivalidades bipolares.

En el epicentro de esta investigación se encuentra el análisis de cómo el petróleo, al ser un recurso estratégico, no solo impulsó proyectos de modernidad y soberanía en ambos países, sino que también sirvió como catalizador de tensiones internas y externas, al redefinir sus relaciones con las potencias occidentales y su posición en el sistema internacional. Las potencias occidentales interesadas en establecer las normas del comercio petrolero, pero que no lo producen, las diferenciaremos del resto como las “potencias consumidoras del Atlántico Norte”, a partir de ahora las PCAN. Por ejemplo, Japón es una potencia consumidora pero no establece normas del comercio del crudo ni se enfrenta abiertamente a los nacionalismos petroleros.

En Venezuela, el nacionalismo petrolero se articuló en torno a la construcción de una identidad estatal moderna, sustentada en la renta petrolera, que le permitió al país consolidar un proyecto de desarrollo nacional y afirmar su autonomía frente a las compañías extranjeras, en especial a través de hitos como el acuerdo del “Fifty-Fifty” de 1948 y la nacionalización de la industria petrolera en 1976. En contraste, el nacionalismo iraní, aunque también fortalecido por el petróleo, se entrelazó con una lucha más amplia contra el imperialismo, enraizada en la resistencia a la explotación de diversos recursos, como el tabaco, y culminó en la nacionalización de la Anglo-Iranian Oil Company (AIOC) en 1951, bajo el liderazgo de Mohammad Mossadeq; así como en la Revolución islámica de 1979. Estas trayectorias, aunque marcadas por disimilitudes estructurales y temporales, comparten puntos de inflexión históricos que reflejan la interacción entre el control de los recursos naturales, las aspiraciones de soberanía y las dinámicas globales de la Guerra Fría.

La creación de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) en 1960, en la que tanto Venezuela como Irán desempeñaron roles fundacionales, marcó un punto de convergencia crítico. La OPEP no solo desafió el dominio de las “Siete Hermanas” y las PCAN, sino que también les proporcionó a las naciones productoras un instrumento geoeconómico para negociar condiciones más favorables en el mercado energético global. Este proceso se desarrolló en un contexto de creciente nacionalismo en el Tercer Mundo, reflejado en eventos como la Conferencia de Bandung de 1955 y la resolución 1803 de la ONU sobre la soberanía de los recursos naturales en 1962, los cuales legitimaron las demandas de autodeterminación económica de los países productores. Sin embargo, las respuestas de las potencias occidentales, como la creación de la Agencia Internacional de Energía (AIE) en 1974, evidenciaron los esfuerzos por contrarrestar la influencia de la OPEP y mantener el control sobre los flujos energéticos globales.

Este artículo se basa en un enfoque comparativo que articula fuentes archivísticas, registros diplomáticos y análisis historiográficos, con el fin de examinar cómo el nacionalismo petrolero en Venezuela e Irán se desarrolló en un contexto de “constelación de fuerzas” (Renouvin y Duroselle, 2010), definido por la Guerra Fría. Se analizan los paralelismos en las políticas de resistencia frente al neocolonialismo energético, los procesos de nacionalización y las dinámicas revolucionarias que transformaron la política interna y externa de ambos países. Asimismo, se exploran las intersecciones causales que, desde los primeros movimientos nacionalistas hasta la consolidación de la OPEP, sentaron las bases para una retroalimentación histórica que vigorizó alianzas posteriores, como la establecida entre la Venezuela de la Revolución bolivariana y el Irán posrevolucionario en el siglo XXI. Al situar estas dinámicas en el marco de las tensiones entre soberanía energética y hegemonía global, este estudio ofrece una comprensión matizada de cómo el petróleo no solo moldeó las identidades nacionales de Venezuela e Irán, sino que también reconfiguró sus roles en las relaciones internacionales durante un periodo de profundas transformaciones geopolíticas.

2. Antecedentes y paralelismos nacionalistas

En Londres se redactó un documento ‒ conocido como el Acuerdo Angloamericano del Petróleo (Anglo-American Petroleum Agreement) ‒ que pasaría por la revisión del Congreso estadounidense sobre cómo sería “la conducta del comercio petrolero internacional” en agosto de 1944 (Camacho, 2018). Hacia el final de la Segunda Guerra Mundial, Inglaterra y EE. UU. convinieron en definir las normas del mercado petrolero sin la participación de los productores y exportadores del crudo. EE. UU e Inglaterra ostentaban las concesiones de exploración y explotación del 85 por ciento del petróleo mundial, velaban por la seguridad del mercado energético, la eliminación de obstáculos contra el comercio del crudo y la vigilancia de la validez de las concesiones y derechos adquiridos de las empresas en los países petroleros.

Venezuela intentó modificar su geoeconomía (Luttwak, 1990) petrolera desde 1943 cuando el Gobierno aprovechó el contexto de la Segunda Guerra Mundial para ejecutar la Ley de Hidrocarburos, que aumentaba la carga impositiva a las concesionarias, unificaba los contratos y obligaba a refinar el crudo dentro de Venezuela. En 1945, se dio un golpe de Estado y pasó a gobernar la Unión Patriótica Militar, a cargo del coronel Pérez Jiménez. Las razones del golpe militar fueron las reformas sociales del gobierno derrocado y las derivas políticas nacionalistas (Fuenmayor, 1983).

Luego, en 1948, al lograr el acuerdo ganancial del “50-50” o Fifty-Fifty (Egaña, 1990; Ministerio Relaciones Exteriores, 1953; Ministerio de Minas e Hidrocarburos, 1953), los beneficios del negocio se asignarían en partes iguales entre el Estado y las compañías petroleras de las PCAN. Venezuela logró una nueva relación rentista con estas compañías y animó a otros países: de Caracas partieron emisarios al Medio Oriente en una misión para que el fifty-fifty fuera adoptado por aquellos gobiernos petroleros y así evitar la competencia dentro de un escenario tributario asimétrico (Betancourt, 2013).

Arabia Saudita, Irak e Irán siguieron esta línea (Mommer, 1988), pero Irán no logró el acuerdo que mejorara su relación de renta con la Anglo-Iranian Oil Company (AIOC). Esto desató la primera crisis petrolera (1951-1954): la crisis de Abadan (Louis, 2006). Este fue el primer punto tácito de encuentro entre Irán y Venezuela: la iniciativa venezolana de poner un límite ganancial a las compañías petroleras extranjeras del 50 por ciento lograba que la nación caribeña usufructuara el otro 50 por ciento de la regalía extractiva (el “impuesto adicional”), lo cual motivó a los persas a reclamar lo mismo (Rouaix, 2017). Por ello, en 1951 Mosaddeq nacionalizó la AIOC, terminando la concesión - que vencía en 1993- y expropió sus activos. Inglaterra anunció un bloqueo, amenazó con acciones legales contra los compradores de petróleo iraní y se valió del monopolio de las “Siete Hermanas” (Hoyos, 2007) para bloquear el petróleo de la incipiente industria nacionalizada persa.

Irán, desde el acuerdo de 1901 con Inglaterra, obtenía el 16 por ciento de las ganancias en términos de regalía del crudo -por la concesión de Mozaffar en- Din, quinto Sha- hasta la iniciativa de Mossadeq de crear, en 1954, la Nacional Iranian Oil Company. Hubo progresos frente a la AIOC una vez derrocado Mossadeq, pues se negoció el “Acuerdo de Consorcio Petrolero Internacional” de 25 años que otorgó a AIOC, Royal Dutch Shell, Standard Oil of New Jersey, Socony-Vacuum Oil Co., Standard Oil of California, Gulf Oil, Texaco y Compagnie Française des Pétroles, el 40 por ciento de la propiedad de la producción de petróleo iraní: la AIOC ya no era exclusiva en Irán (Bill & Roger, 1988.).

Hay discrepancias de las intenciones de Inglaterra con respecto a su manejo durante la crisis Abadan: aprovechó el argumento de proteger los intereses de AIOC en Irán para deslinarse con la empresa y centrarse en preocupaciones más amplias, como combatir el comunismo y promover la “relación especial angloamericana” en la Guerra Fría (Marsh, 2001; Tocare, 2015; Ministerio de Minas e Hidrocarburos, 1953).

Hacia el final de los cincuenta Irán y Venezuela reportaron mayores descubrimientos de crudo. Las PCAN pronosticaron que este recurso estaría bajo su control por poco tiempo. En varios países petroleros surgieron reclamos sobre la propiedad del petróleo, de su explotación y refino, el comercio y la soberanía. Venezuela entraba también en esta espiral por los antecedentes ideológicos de centro izquierda nacionalista del partido AD antes de la dictadura de 1952, donde el país quedaba encuadrado en la naciente Guerra Fría, similar a sus pares árabes y persa, pero enclavada en las Américas.

Desde las primeras explotaciones petroleras (1914) empezó a emerger una especie de correlato reactivo poscolonial. El intelectual y sindicalista comunista venezolano Rodolfo Quintero (1909-1985) relacionaba al estado petrolero del Zulia con una “fortaleza de los colonialistas del siglo XX”, escenario de “grandes combates por la democracia y la independencia económica” (Quintero, 2018). En paralelo, surgió en Irán una prolífica actividad ideológica nacionalista y crítica a las medidas “entreguistas” de la dinastía Kayar. Reza Shah, favorecedor de la AIOC (Cleveland, 2016) en el acuerdo de 1933, e idénticamente en Venezuela, donde la dictadura de Juan Vicente Gómez fue señalada por sectores nacionalistas (Córdova, 1973) como un régimen aquiescente de las empresas petroleras estadounidenses (Tennassee, 1980).

Año País Evento Descripción
1943 Venezuela Ley de Hidrocarburos Aumenta impuestos a las concesionarias y unifica contratos, con lo cual fortalece el control estatal sobre el petróleo (Egaña, 1990).
1948 Venezuela Acuerdo “Fifty- Fifty” y golpe de Estado Establece un reparto equitativo de ganancias entre el Estado y las petroleras, inspirando a países como Irán (Betancourt, 2013).
1951 Irán Nacionalización de la AIOC Mohammad Mossadeq nacionaliza la Anglo-Iranian Oil Company, desencadenando la crisis de Abadan (1951-1954) (Kinzer, 2003).
1951-54 Irán Crisis de Abadan Bloqueo británico y boicot de las “Siete Hermanas” frustran la nacionalización iraní.
1952-58 Venezuela Dictadura de Marcos Pérez Jiménez Promueve un desarrollismo autoritario, con tensiones frente a restricciones comerciales de EE.UU. (Pérez Jiménez, 1955).
1953 Irán Golpe de Estado contra Mossadeq, instalación monárquica de Reza Pahlavi Orquestado por Londres y la CIA, restaura el control de la AIOC y consolida la monarquía de Reza Pahlavi (Kinzer, 2003).
1955 Ambos Conferencia de Bandung Contexto de nacionalismo del Tercer Mundo que influye en las demandas de soberanía energética (Garavini, 2019).
1958 Venezuela Transición a la democracia Fin de la dictadura de Pérez Jiménez; Acción Democrática consolida un nacionalismo petrolero negociado (Betancourt, 2013).
1959 Venezuela Discurso de Rómulo Betancourt Betancourt enfatiza la “soberanía económica” como pilar de la democracia venezolana (Betancourt, 2013).
1960 Ambos Creación de la OPEP Venezuela (liderada por Pérez Alfonzo) e Irán (bajo Reza Pahlavi) fundan la OPEP, desafiando el dominio de las “Siete Hermanas” (Garavini, 2019).
1962 Ambos Resolución 1803 de la ONU Reconoce la soberanía de los recursos naturales, al legitimar las demandas de los países productores.
1973 Irán Carta de Reza Pahlavi a Nixon Reza Pahlavi defiende la estabilización de precios del petróleo, y consolida el rol de Irán en la OPEP (Departmen of State, 1973).
1974 Ambos Creación de la Agencia Internacional de Energía (AIE) Respuesta de EE. UU. y potencias consumidoras para contrarrestar la influencia de la OPEP.
1975 Venezuela Memorando de Harry Shlaudeman Documenta las negociaciones para la nacionalización venezolana, diseñada para mantener relaciones con EE. UU. (Shlaudeman, 1975).
1976 Venezuela Nacionalización petrolera Proceso gradual y negociado bajo Carlos Andrés Pérez, crea Petróleos de Venezuela (PDVSA) (Shlaudeman, 1975).
  Irán Revolución islámica Derroca a Reza Pahlavi, consolida la nacionalización petrolera y rompe con el orden occidental (Ansari, 2001).
1999 Venezuela Revolución bolivariana Inicia bajo Hugo Chávez, fortalece el nacionalismo petrolero y establece una alianza con Irán (Escudé, 2012).

¿Es posible forjar una idiosincrasia y un paisaje similar -un petroleumscape- correlato nacional que preconiza el crecimiento industrial, la independencia petrolera y la soberanía estratégica que permite el petróleo? (Hein y Sedighi. 2016; Croes, 1973). A pesar de su distancia geográfica Irán y Venezuela tienen un petroleumscape semejante, por diferentes que sean sus historias antes del petróleo, acaban teniendo encuentros una vez que se conciben como naciones petroleras, sus reservas de crudo afectan interiormente sus políticas exteriores.

Otra afinidad es la convergencia revolucionaria, que podría considerarse como una afirmación osada, porque hay 20 años de diferencia entre una y otra; sin embargo, es más sugerente la divergencia entre democracia y petróleo que entre revolución y petróleo: la Revolución islámica (1979) termina compenetrándose en estratégica e ideológicamente con la Revolución bolivariana (1999). Irán y Venezuela se reencontrarán veinte años más tarde en sus relatos ideológicos más ventrales, como un efecto connatural de poseer petróleo. Más de dos tercios de los países, cuya principal fuente de riqueza y entrada fiscal es el petróleo, no son regímenes democráticos (Ross, 2011).

La OPEP impactó los mercados energéticos mundiales (Ministerio Relaciones Exteriores, 1962); en paralelo, sus miembros fundacionales al organizarse crearon un lugar aparte, en alguna medida desafiante, pues las PCAN tendrían cada vez menos control sobre el recurso, y las crisis petroleras fueron un arma geoeconómica para los relatos árabes antioccidentales: “¡Es la venganza de Portiers!” gritaban los árabes durante la primera crisis petrolera en 1973 (Tertrais, 2019). Las naciones que se tornarían rebeldes al sistema internacional liberal se valieron de la OPEP, que ahora negociaba las condiciones del negocio que tres décadas antes eran potestad de las empresas europeas y estadounidenses (Hunter, 2019; Ministerio Relaciones Exteriores, 1962).

En 1973, la guerra del Yom Kipur desencadena el embargo petrolero árabe a Occidente, lo cual incrementa los precios del barril de petróleo de USD 2,75 a USD 11,65; en octubre los productores árabes en la OPEP plantean no exportar más petróleo a los aliados de Israel y el delegado de los países árabes ante la OPEP, A. W. Mohamad, de Kuwait, ejecuta el embargo del 5 por ciento de sus exportaciones de crudo hacia EE. UU. y Europa, ante este escenario, el secretario de Estado estadounidense, Henry Kissinger, convocó en una cumbre energética en Washington (1974) a Canadá, Japón, Noruega y la Comunidad Económica Europea -excepto Francia- para establecer la Agencia Internacional de Energía (AIE). Su objetivo era crear un excedente energético combinado con estrategias y medios (Amirahmadi, 1993).

3. Del nacionalismo a la Guerra Fría del petróleo

Las petroleras de las PCAN y sus gobiernos preveían que quedaba poco tiempo de control directo del negocio, pronosticaban un distanciamiento entre las naciones con petróleo y los países dueños de las petroleras, lo cual resultó en un desafío entre los líderes del sistema internacional y los líderes petroleros del tercer mundo (Ministerio de Minas e Hidrocarburos, 1962). Se calcularon dos factores: el creciente nacionalismo árabe -semejantes escenarios a Venezuela y México- y las iniciativas legislativas comenzaban con la fórmula venezolana del fifty-fifty. Sobre el “impuesto ganancial”, fundaciones como la Ford, en 1974, analizaron que, aunque la estrategia tributaria de estos países funcionaba, eventualmente se preveía un escenario de nacionalización (Brannon, 1974).

A Irán no le había resultado la nacionalización de Mossadeq, su costo fue un golpe de Estado orquestado en Londres (1953) y, finalmente, operado por la CIA. La mediación norteamericana para llegar a un acuerdo con el gobierno de Mossadeq fracasó, los agentes estadounidenses estaban convencidos de que la estrategia británica en Irán era ruinosa, pero intervinieron para derrocar al primer ministro por la sospecha de que Mossadeq terminaría gobernando con el Partido Tudeh, de doctrina comunista, aliado en la nacionalización de la AIOC y cercano a Moscú (Kinzer, 2003).

Así lo hizo saber el embajador de EE. UU. en Teherán, Loy Wesley Henderson, en un memorándum de 1952. Estimaba que las fuerzas del Tudeh estaban influyendo en Mossadeq, reconoció a dos activistas: “Abdol Ali Lotfi como ministro de Justicia. Fue líder destacado de la Sociedad para combatir el analfabetismo y la Sociedad para Combatir los Imperialistas, ambas organizaciones del frente Tudeh. Mehdiwazar, Ministerio de Salud, cuyo hermano abandonó el ejército de Irán para unirse a Pishevari y ahora está en la Unión Soviética” (Henderson, 1952, p. 316).

El gobierno de Venezuela intentó “jugar” su carta nacionalista a la sombra de la naciente Guerra Fría -el fifty-fifty fue en 1948- (Hellinger, 2000), a pesar de que por motivos menos directos que el recelo de las petroleras extranjeras, el presidente Rómulo Gallegos, reconocido escritor y político nacionalista como Mossadeq, fue víctima de un golpe de Estado militar -el mismo año de la creación del impuesto ganancial- que lideró Pérez Jiménez, quien sería un dictador aquiescente a EE. UU.

Gallegos fue un líder nacionalista, de la centroizquierdista Acción Democrática, reformador, quien quiso continuar con proyectos sociales progresistas (reforma agraria y reforma de la ley de educación) derrocado, como hemos anotado, por un golpe de Estado militar. Mossadeq, civil y escritor también (Diba, 1986), introdujo disposiciones sociales y políticas como la seguridad social, la reforma agraria y también, como la AD venezolana, fue un promotor del gobierno secular, aunque, evidentemente, en contextos confesionales muy diferentes a Venezuela (Sepher, 1982; Love, 1953).

Eventos reactivos al primer nacionalismo petrolero 

Factor Irán (1953) Venezuela (1948)
Líderes revolucionarios Mohammad Mossadeq, un político civil y escritor. Rómulo Gallegos, un escritor y político nacionalista.
Acciones de estos Nacionalización del petróleo. Introdujo disposiciones sociales y políticas como la seguridad social, la reforma agraria y promovió un gobierno secular. Impuesto “fifty-fifty” para repartir las ganancias petroleras. Buscó continuar con proyectos sociales progresistas como la reforma agraria y la reforma de la ley de educación.
Opositores locales El Partido Tudeh (comunista) y sus activistas (mencionados: Abdol Ali Lotfi y Mehdiwazar) son presentados como una influencia sospechosa y una potencial amenaza por el embajador de EE. UU., pero el texto no los identifica como opositores directos del golpe, sino como una justificación para este. Los opositores locales directos del golpe de Estado no son nombrados en el texto. El golpe de Estado fue liderado por el miltar golpista Marcos Pérez Jiménez.
Opositores internacionales El Reino Unido (a través de la orquestación del golpe) y Estados Unidos (a través de la CIA, que operó el golpe). Las petroleras extranjeras perciben recelo ante las políticas nacionalistas y reformistas, aunque no de forma directa. EE. UU no apoya a los golpistas, pero la aquiescencia de Pérez Jiménez a EE. UU. es abierta.
Fechas de golpes de Estado 1953 1948

4. Emergen dos Estados aquiescentes petroleros

A Pérez Jiménez (1952-1958) podría comparársele al régimen -aunque más longevo- del último Shah de Irán (1941-1979). Ambos líderes fueron apoyados por potencias occidentales, gozaron en un principio del apoyo de EE. UU., condecorados por el Congreso en Washington con la Orden de Legión al Mérito, aprovecharon la buena prensa estadounidense, los dos fueron portada de la revista Time(Pérez Jiménez, en 1955 y Reza Pahlavi, en 1960).

El embajador de EE. UU. en Caracas, Fletcher Warren, estaba convencido de la estratégica relación con la dictadura venezolana. En un telegrama de 1955 explicaba al Departamento de Estado, en 17 puntos, los argumentos para no arriesgar la alianza con Caracas. Entre estos se destaca la “interdependencia Estados Unidos-Venezuela por su petróleo, mineral de hierro, diamantes industriales, ubicación estratégica y su necesidad de suministros de Estados Unidos y protección marítima en caso de guerra”; si la dictadura se derrumba, advierte Warren, vendrá inevitablemente un gobierno de izquierda, hostil con Washington (Warren, 1955).

El Shah también gozaba del apoyo de EE. UU., dado su rol en la región pérsica a pesar de los sinuosos juegos geopolíticos que venía haciendo Reza Pahlavi desde principios de la década; sin embargo, se lee la cercanía que el presidente Nixon le expresaba en esta carta de 1968:

En vista de las estrechas relaciones entre nuestros dos países, estoy especialmente agradecido por sus amables palabras y su expresión de continuo apoyo a nuestros esfuerzos mutuos (…) le aseguro a Su Majestad que continuaré haciendo todo lo que esté a mi alcance para impulsar y fortalecer los estrechos lazos entre nuestros dos gobiernos y pueblos. Recuerdo con placer la maravillosa hospitalidad que me brindó en Teherán en abril de 1967 y he seguido con admiración el progreso de su país en casa y la habilidad política constructiva a nivel internacional (Department of State, 1969).

Las dictaduras de Irán y Venezuela acabaron por criticar a EE. UU. al reclamar reivindicaciones nacionalistas, querían cambiar la imagen de autócratas aquiescentes por la de líderes insumisos, para exculpar sus fracasos internos a la injerencia extranjera (Blanco, 1983; Reza Pahlavi, 1980). Pérez Jiménez rebatió una ley del congreso de EE. UU. sobre “Convenios de Reciprocidad Comercial”, donde se le otorgaba instrumentos a Eisenhower para proteger la industria petrolera estadounidense. Esto amenazó el negocio venezolano, y el dictador dijo ante el parlamento venezolano: “El cambio de situación para nuestro petróleo en el mercado norteamericano condicionaría de inmediato la exportación de nuestro hierro a los EE. UU., de quienes somos el primer país abastecedor” (Pérez Jiménez, 1955). Eisenhower decretó las limitaciones a las importaciones petroleras (1957), incluidas las venezolanas, para proteger la industria estadounidense.

Entre 1956 y 1957, el dictador venezolano desafió a EE. UU. para emprender un fondo económico integrado suramericano con el aporte venezolano de 30 millones de dólares (Department of State, 1956). EE. UU. se opuso a esta iniciativa, pues argumentaba que el Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento era suficiente para la región. Washington estaba en desacuerdo con el cálculo del aporte de un 4 por ciento del presupuesto anual de los países participantes (Vivas, 1999). El secretario de Estado John Foster Dulles ordenó a todas sus embajadas en la región que comunicaran su rechazo al establecimiento del banco suramericano, pues la adopción de un programa multilateral de las concesiones fiscales sería un fracaso (Dulles, 1957).

Algo similar fue la iniciativa de Reza Pahlavi de la “Revolución Blanca y la Gran Civilización Iraní” (Ansari, 2001) iniciadas en 1963 para llevar a cabo una serie de reformas “en respuesta a las exhortaciones y a los intentos de persuasión por parte de Washington” como anotó un importante corresponsal de prensa en Irán (Kapuściński, 2006, p. 26). De una u otra forma eran presiones de EE.

UU. que llevaron al Shah a una posición desafiante: desarrolló una política exterior y energética más autónoma, se acercó al Pacto de Varsovia, en 1962 le prometió a Moscú que no permitiría bases de misiles estadounidenses en su país (Alvandi, 2010). Aprovechó el ciclo de bonanza petrolera para realizar una agenda social amplia: reforma agraria, nacionalización de los bosques, jornadas de alfabetización y apaciguar los escándalos de corrupción y sus excesos represivos (Caryl, 2014).

Hacia el final de su reinado, hubo tensiones con Occidente al anunciar que no renovaría el Acuerdo de Consorcio Petrolero Internacional, a pesar de que podía habilitarlo por 15 años. La cercanía de EE. UU. con Arabia Saudita (Miller, 1980), enemiga iraní, también animó el distanciamiento de Irán con sus aliados estadounidenses (Amirahmadi, 1993). Asimismo, sobrevenía el distanciamiento del Shah de sus antiguos socios occidentales al asumir, junto con Venezuela, un papel de liderazgo en la OPEP (Cooper, 2011; Arjomand, 1988).

La Revolución blanca tiene semejanzas con el “Nuevo Ideal Nacional” de Pérez Jiménez -la misma idea desarrollista impetuosa, acelerada, con altos costos socioeconómicos- como una transición apurada hacia la modernización del país: ambos aspiraban a alargar sus autocracias (Cardozo, 2017). Para legitimar la Revolución blanca, el Shah convocó un referéndum nacional a principios de 1963 que fracasó, al igual que el referéndum de Pérez Jiménez de 1957, otro fiasco, condenando su mandato a un golpe de Estado dos meses más tarde.

Otro factor es que ambos gobiernos, a pesar de su apoyo a las potencias occidentales, en momentos específicos donde se jugaban intereses geopolíticos subregionales, el Shah como el dictador venezolano, fueron relegados por las potencias aliadas más influyentes para cada régimen. Pérez Jiménez deseaba el apoyo de EE. UU. en 1955 para invadir Costa Rica, país que se había convertido en un santuario de la conspiración contra los regímenes autocráticos de América Latina. EE. UU. prohibió a su aliado venezolano propiciar la intervención a pesar de que Caracas había apoyado a Washington durante la invasión de Guatemala en 1954 (Salcedo, 2012; Department of State, 1955).

Desde 1968 hasta 1970, el Shah intentó sacar ventaja en las negociaciones sobre el territorio de Bahréin para Irán, situación que apremiaba a su monarquía por el rechazo popular que sufría. A pesar de su lealtad angloamericana, Londres fue tajante al anular el imperativo estratégico de Irán, conminó al Shah a que abandonara su reclamo sobre Bahréin, excolonia británica. Esto erosionó el desgastado reinado de Reza Pahlavi, la monarquía resultó ante la opinión pública iraní como cómplice de los ingleses (Alvandi, 2010).

Reza Pahlavi y Pérez Jiménez manipularon y frustraron la política exterior de EE. UU. hacia sus países. El Shah manipuló la política de Eisenhower y Kennedy hacia Irán instrumentalizando sus temores respecto al comunismo para obtener apoyo militar y financiero (Summit, 2004; Rezun, 1981):

Valoramos mucho la generosa ayuda de su gobierno. Sin embargo, para ser justos con la causa de la paz mundial y de la preservación de la estabilidad en esta área, debo decir que lamentablemente nos falta preparación (…) Irán no ha recibido la atención que exige su posición única. No necesito señalar que la opinión pública iraní se tranquilizará considerablemente si, en este momento crítico, aumenta la ayuda estadounidense (Department of State, 1956c, p. 855).

Lo mismo había hecho Pérez Jiménez con Eisenhower (Rabe, 1988), autodefinirse como un baluarte estratégico de la lucha anticomunista en América Latina, pues su dictadura -como lo dejó saber a varios oficiales estadounidenses en la embajada norteamericana de Panamá- le “quitaba el viento a las velas de los comunistas” (Department of State, 1956b); pero para ello requería de mejor apoyo de EE. UU. En una reunión en mayo de 1957, en el palacio de Miraflores, Pérez Jiménez amenazó al almirante Radford, enviado militar de la Casa Blanca y al embajador McIntosh, por las “numerosas dificultades por retrasos en la obtención de equipos militares estadounidenses” (McIntosh, 1957, p. 586), y por ello compraría armamento a otras potencias.

5. El fin de la aquiescencia

El capítulo final del dictador venezolano y del Shah fue el exilio y la reacción de sus propios pueblos: cuando el vicepresidente Nixon visitó Caracas en 1958, una turba de estudiantes universitarios asaltó su limusina, el reclamo fue, precisamente, la complicidad de EE. UU. con el dictador al brindarle refugio diplomático. Días antes, en enero de 1958, el depuesto Pérez Jiménez viajó a República Dominicana buscando la protección de Leónidas Trujillo, luego se mudó a Miami. La presión política determinó que EE. UU. aceptara la solicitud de juicio y extradición del dictador en 1959 y fue detenido en Florida. En el verano de 1963, el presidente Betancourt logró convenir con Washington la extradición de Pérez Jiménez. Transcurrió solo un día para su entrega a la justicia venezolana (Ewell, 1977). Estuvo preso en EE. UU. y en Venezuela, una vez en libertad, estableció su exilio final en la España de Franco (Rohter, 2001).

El Shah tuvo un exilio difícil, lleno de rechazos y carencias. Enfermo deseaba tratarse en EE. UU., fue un huésped no deseado por el presidente Carter -el Departamento de Estado recomendó no permitir su entrada por las posibles consecuencias en su embajada de Teherán‒; no obstante, Carter fue presionado por Kissinger, quien lo llamó para amenazarlo: si no dejaba entrar al Shah le quitaría su apoyo al tratado Salt II que el demócrata necesitaba aprobar con el voto de los republicanos en el Congreso, sobre quienes Kissinger tenía influencia. Nelson Rockefeller también intervino por la suerte del Shah (Milani, 2011). Su estancia médica fue admitida. Según algunos analistas, esto fue el detonante para el asalto de la embajada estadounidense en Teherán como represalia por albergar al Shah -similar al intento de linchamiento de Nixon en Venezuela-, la embajada fue secuestrada desde 1979 hasta 1981.

Ambos autócratas acabaron en sus exilios condenando el favor de EE. UU. Pérez Jiménez culpó a Washington de su derrocamiento, inclusive, se mostraba complacido -a lo largo de diferentes entrevistas- por el destino fatal del presidente Kennedy y de su hermano Robert (Blanco, 1983). El Shah llegó a afirmar que EE. UU. nunca le proporcionó atención médica y que lo expulsó de su territorio por la situación de los rehenes en Teherán (Reza Pahlavi, 1980; Zonis, 1991).

Tanto Reza Pahlavi como Pérez Jiménez tuvieron una vida paralela que corresponde al factor petrolero enmarcado en la Guerra Fría (Cardozo, 2020; Rostam, 2018). Esto sumado al rol geopolítico que Irán y Venezuela jugaban en el mundo bipolar: los persas dominaban el golfo Pérsico y fueron una especie de barrera hacia el mar Caspio y ante la URSS, sin olvidar el precedente histórico de la República Socialista Soviética de Persia en la provincia iraní de Guilán entre 1920 1921 (Mirfendereski, 2001). Venezuela asumió una cultura estratégica como aliada energética y política de EE. UU. por su aquiescencia -y la proximidad a sus puertos petroleros-, también fue garante en la lucha contra el comunismo regional (Cardozo y Dávila, 2021) desde el “perezjimenato” hasta la Doctrina Betancourt (Salcedo, 2014; Rabe, 1996).

Registro de eventos comparados 

Factor Irán Venezuela
Líderes disruptores/golpistas Mohammad Reza Pahlavi Marcos Pérez Jiménez
Acciones de éstos “Revolución blanca y la Gran Civilización Iraní” (iniciada en 1963). “Revolución blanca y la Gran Civilización Iraní” (iniciada en 1963).
Reformas sociales (reforma agraria, nacionalización de los bosques, programas de alfabetización). Reformas sociales (reforma agraria, nacionalización de los bosques, programas de alfabetización).
Política exterior y energética más autónoma (se acercó al Pacto de Varsovia, prometió no instalar misiles de EE. UU.). Política exterior y energética más autónoma (se acercó al Pacto de Varsovia, prometió no instalar misiles de EE. UU.).
Se unió a la OPEP. Se unió a la OPEP.
Anunció que no renovaría el Acuerdo de Consorcio Petrolero Internacional. Anunció que no renovaría el Acuerdo de Consorcio Petrolero Internacional.
Opositores locales Referéndum de la Revolución blanca fracasa (1963) y el reinado del Shah se afecta por el rechazo popular, represión y escándalos de corrupción. Referéndum de 1957 fue un fiasco, junta patriótica y militares derrocan a Pérez Jiménez.
Protestas populares, inflación, represión y liderazgo del Ayatollah Khomeini provocan el exilio del Sha (1979). Turba de estudiantes radicales asaltan la embajada de EE. UU. en Teherán. Turba de estudiantes asaltó la limusina del vicepresidente Nixon, reclamando la complicidad de EE. UU. con el dictador.
Opositores internacionales El Reino Unido (fue tajante al anular el reclamo de Irán sobre Bahréin). EE. UU. (relegó a Venezuela al prohibir su apoyo para la invasión de Costa Rica en 1955).
  EE. UU. (relegó a Irán al apoyar a Arabia Saudita, y el presidente Carter dudó en permitirle la entrada por razones médicas). El Reino Unido. John Foster Dulles (secretario de Estado de EE. UU. que ordenó el rechazo al banco suramericano).
  EE. UU. (relegó a Irán al apoyar a Arabia Saudita, y Carter dudó en permitirle la entrada por razones médicas). El presidente Eisenhower decretó limitaciones a las importaciones mineras venezolanas.
Fechas de golpes de Estado 1953, golpe de Estado contra Mosaddegh 1948, golpe de Estado militar contra Rómulo Gallegos, que llevó a Pérez Jiménez al poder.
  Fracaso de su referéndum de 1963 como un antecedente de su posterior derrocamiento. El referéndum de 1957 fue un fracaso, y dos meses más tarde es derrocado Pérez Jiménez (1958).
  Revolución islámica de 1979.  
Manipulación y desafíos a EE. UU. Manipulación: instrumentó los temores de EE. UU. sobre el comunismo para obtener apoyo militar. Desafío: anunció que no renovaría el Acuerdo de Consorcio Petrolero Internacional y se acercó al Pacto de Varsovia. Manipulación: se definió como un baluarte anticomunista en América Latina para obtener más apoyo militar de EE. UU. Desafío: amenazó con comprar armamento a otras potencias por los retrasos de EE. UU. en la entrega de equipos militares modernos.
Destino final Exilio incómodo: después de salir de Irán, el Shah estuvo enfermo y fue un huésped “no deseado” en EE. UU., finalmente fue admitido por presión política. Exilio: huyó a República Dominicana, luego a Miami.
Su estancia en EE. UU. fue el detonante del asalto y secuestro de la embajada estadounidense en Teherán. Extradición: EE. UU. aceptó la solicitud de juicio y lo extraditó a Venezuela en 1963.
Condena a EE. UU.: acusó a EE. UU. de no proporcionarle atención médica y de haberlo expulsado de su territorio. Condena a EE. UU.: culpó a Washington de su derrocamiento y celebró la muerte del presidente Kennedy y de su hermano.

6. La OPEP y la nacionalización petrolera en el vórtice de la Guerra Fría

Los corredores energéticos del golfo Pérsico (Lesser, 1991) y del Caribe durante la Guerra Fría fueron parte esencial de la gran estrategia de EE. UU. (O’Sullivan, 2013). Cualquier alteración nacionalista entre esos corredores causaba preocupación en Washington y esto llegaba a las misiones diplomáticas de Caracas y Teherán. El proceso de nacionalización petrolera en Venezuela -aunque menos inquietante que la Revolución islámica-iraní- desde 1970, fue un fantasma que rondaba en EE. UU. El embajador en Venezuela, Robert McClintock, lo dejó saber a la Casa Blanca: “En una larga conversación, señalé que, aunque Estados Unidos tenía motivos para sentir que habíamos sido tratados con dureza, al mismo tiempo los venezolanos son un pueblo orgulloso y sensible que, de hecho, podrían verse impulsados a medidas más extremas, como la nacionalización total de la industria del petróleo a menos que andemos con cuidado” (McClintock, 1971, p.2).

La nacionalización se dio en 1976, supuso desconfianza e incertidumbre sobre sus consecuencias para EE. UU.: “es probable que la emoción excesiva produzca gestos desafiantes perjudiciales para nuestros intereses y los de las empresas”, asimismo “el presidente venezolano (Carlos Andrés Pérez) está atrapado entre los requisitos políticos impuestos por las fuerzas del nacionalismo y el interés nacional subyacente en una industria petrolera”, informaba en junio de 1975 el embajador Harry Shlaudeman desde Caracas al Departamento de Estado (Shlaudeman, 1975, p.1058).

Las buenas relaciones entre el régimen democrático venezolano y la monarquía del Shah persistieron, el interés mutuo por fortalecer la OPEP (siendo Venezuela el único país democrático en la organización), los viajes oficiales fueron constantes en este período. Venezuela condecoró en 1965 con la “Orden del Libertador” al Manouchehr Eghbal, presidente de la Iranian Oil Company (Ministerio Relaciones Exteriores, 1966), el canciller Calvani viajó a Irán en octubre de 1969 al presidir la delegación venezolana para la celebración de los 2500 años de la fundación del Imperio Persa (Ministerio Relaciones Exteriores, 1970).

Otro momento clave fue la visita del Shah en mayo de 1975 durante el gobierno de Carlos Andrés Pérez, cuando se discutía la nacionalización del petróleo venezolano. Los dos jefes de Estado declararon que los países productores de recursos estratégicos deberían obtener mayores beneficios y denunciaron que el orden económico era desigual (Ministerio Relaciones Exteriores, 1976).

El proceso iraní de nacionalización petrolera de 1951, más abrupto, seguía siendo por su origen impetuoso un tema de inquietud para EE. UU., la naturaleza del golpe de Estado de 1953, dado a dos manos por Londres y Washington, envolvió al nacionalismo petrolero iraní de cierta ilegitimidad de origen, lo cual creó lazos políticos de dependencia y coacción del Shah con Washington. Esa aspereza se percibe en una carta de Reza Pahlavi a Nixon, cuando el persa defiende el nuevo rol iraní en el mercado energético global, desde una convicción nacionalista y el escenario desafiante que permitía la OPEP a estas naciones:

En primer lugar, nuestra situación y condiciones son diferentes pues ya somos dueños de nuestros recursos de acuerdo con la Ley de Nacionalización del Petróleo de 1951. En segundo lugar, como usted, señor presidente, sin duda sabe, mi país se está convirtiendo en un país desarrollado y, además, los demás estados de esta parte del mundo no tienen nuestras necesidades ni nuestras posibilidades. También pensamos que las empresas petrolerastuvieron mucho tiempo para llegar a un acuerdo con nosotros, pero se tomaron el tiempo para hacer lo contrario (Department of State, 1973, p. 22).

La OPEP nació entre los años 1960 y 1970. Irán y Venezuela fueron países fundadores y entre los más destacados (junto con Arabia Saudita durante los primeros contactos entre el ministro venezolano Pérez Alfonzo y el saudita, el Sheik Yamani) durante el génesis de la entidad (Garavini, 2019). La organización se vino gestando entre sótanos, mientras trazaba sus objetivos, creaba la Secretaría (1964) y generaba su cuerpo legal de resoluciones en paralelo, al mismo tiempo que negociaba con las empresas petroleras de las PCAN e incrementaba su nómina de países asociados (Ministerio de Minas e Hidrocarburos, 1964).

Teherán y Caracas tuvieron dimensiones causales en su devenir político: nacionalismo petrolero, autocracias que se acercan y se alejan a conveniencia de EE. UU. y Europa Occidental, los desafíos y desequilibrios económicos resultado de la “enfermedad holandesa” luego de los auges petroleros de los años setenta (Karl, 1997). Entre un lustro, o dos décadas de diferencia, ambos países terminan por compartir itinerarios similares, hasta que la Revolución islámica y la Revolución chavista se aliaron; fenómeno que, si bien no es el tema central del artículo, da cuenta de estas mecánicas históricas de retroalimentación que refuerzan la recurrencia de patrones particulares -injerencia petrolera, OPEP y nacionalismo petrolero antitético- de ambas revoluciones en el siglo XXI.

La espiral geopolítica que llevó a la creación de la OPEP fue muy sugerente, pareciera la respuesta reactiva a la decisión de las “Siete Hermanas” de ponerse de acuerdo y bajar unilateral y arbitrariamente los precios del petróleo entre febrero de 1959 y agosto de 1960, empero, por ser la OPEP tanto influyente como súbita, su nacimiento coincide y es parte -hasta el punto de confundirse como una misma oleada- del reconocimiento parcial del sistema internacional a nuevos actores periféricos, como la resolución 1803 (XVII) de la Asamblea General de Naciones Unidas sobre la soberanía de las naciones de sus recursos naturales en 1962 (Garavini, 2019).

En 1959 se dio el primer Congreso Petrolero Árabe en El Cairo, donde Venezuela fue el único país occidental presente. Este evento antecede directamente a la OPEP y fue la arena de discusión de las mismas cuestiones: soberanía nacional sobre los recursos energéticos, estabilización de precios justos del crudo, la conservación de esta riqueza y su comercio mundial (Azzam, 1963). Ocho años antes (1955) se había llevado a cabo en Bandung la conferencia afroasiática que puso sobre la mesa el emerger nacionalista del tercer mundo y la búsqueda de su espacio en los asuntos globales (Hunter, 2020).

La OPEP, por ende, fue la concepción geoeconómica, con propiedad, más desafiante en los tiempos de la Guerra Fría y animó a las PCAN -grandes consumidoras de petróleo, pero no productoras- a tomar medidas como la creación de un cártel de consumidores (la AIE) organizado desde y por EE. UU. en 1974 para tomar medidas de control de mercado y contrarrestar a los socios OPEP.

Animado por este nuevo contexto geoeconómico, Irán estrecharía lazos no solo con Venezuela, sino con varios países de América Latina. En esta etapa diplomática, Reza Pehlevi visitó Venezuela y México -aunque petrolero, no era miembro OPEP- en 1975 -únicos países latinoamericanos de aquel itinerario- y Carlos Andrés Pérez realizó una gira por Irán entre el 27 y 30 de abril de 1977 (Ministerio Relaciones Exteriores, 1978). El Shah abrió representaciones diplomáticas en Venezuela y México. La relación personal de Pahlevi fue estrecha con los presidentes Pérez -venezolano- y Luis Echeverría -mexicano-, tanto en la arquitectura cooperativa de las naciones como en la estrategia que obligaba trazar la OPEP entre sus asociados (Camacho, 2019; Ministerio de Minas e Hidrocarburos, 1962). En el entendido que Venezuela también estrechó lazos con los diferentes países miembros del Medio Oriente, realizó visitas a Kuwait en el marco de la organización, y en 1977, el mismo año que visitó Irán, el presidente Pérez viajó al emirato petrolero (Ministerio Relaciones Exteriores, 1978).

La OPEP fue el escenario que asoció a Irán y a Venezuela directa y estratégicamente en un espacio diplomático y geoeconómico que obligó a ambas naciones, tanto antes de 1979 como después, a mantener una postura y una conducta que, por la naturaleza del negocio, desafiaba las PCAN. Eventos puntuales como la postura de Arabia Saudita en 1973 contra Israel condujo al embargo petrolero de casi toda la OPEP a las naciones occidentales; lo cual constató lo funcional de esta herramienta de coacción de precios de energía, ahora en manos de naciones revisionistas del sistema internacional imperante, como luego sería para la Revolución iraní y para el proceso de nacionalización de la industria petrolera en Venezuela. La nacionalización petrolera en Venezuela fue cuidadosa en cuanto a las relaciones con EE. UU. y con las operadoras multinacionales debido a la cercanía al hegemón internacional y por la búsqueda de su apoyo para establecer un régimen democrático y con políticas socioeconómicas de un Estado de bienestar estable. Sin embargo, la Revolución iraní, como otras acciones anteriores en la región árabe, fue posible desde posturas rebeldes, gracias a este comportamiento “antitético” (Escudé, 2012) sobre las posibilidades, las libertades de maniobra internacional y el poder que otorga el crudo.

7. Conclusión

El análisis comparativo del nacionalismo petrolero en Venezuela e Irán durante el periodo 1948-1979 pone de manifiesto el papel central del petróleo como un vector de transformación política, económica y geopolítica, que no solo moldeó las trayectorias internas de ambos países, sino que también redefinió su posición en el sistema internacional durante la Guerra Fría. Este estudio ha explorado cómo el petróleo, como recurso estratégico, se convirtió en el núcleo de proyectos nacionalistas que buscaron desafiar las estructuras neocoloniales del mercado energético global, dominado por las potencias del Atlántico Norte (AN) y sus compañías petroleras, conocidas como las “Siete Hermanas”. A través de un examen detallado de los paralelismos y divergencias en los procesos de nacionalización, la formación de la OPEP y las dinámicas de resistencia frente a la hegemonía occidental, se evidencia que Venezuela e Irán, a pesar de sus contextos históricos y culturales disímiles, compartieron un “petroleumscape” (Hein y Sedighi, 2016) que articuló aspiraciones de soberanía, modernidad y autonomía en un contexto de intensas rivalidades bipolares.

En Venezuela, el nacionalismo petrolero se configuró como un proyecto estatal que vinculó la renta petrolera con la construcción de una identidad nacional moderna, al promover el desarrollo económico y social a través de iniciativas como el acuerdo del “fifty-fifty” de 1948 y la nacionalización de la industria petrolera en 1976. Este proceso, iniciado con la Ley de Hidrocarburos de 1943 y consolidado bajo el liderazgo de figuras como Rómulo Gallegos y Carlos Andrés Pérez, reflejó una estrategia pragmática para equilibrar las demandas nacionalistas con la necesidad de mantener relaciones estables con EE. UU., el principal consumidor de su petróleo. La influencia venezolana trascendió sus fronteras al inspirar a otros países productores, como Irán, a adoptar modelos similares de reparto equitativo de beneficios, marcando un hito en la reconfiguración de las relaciones entre estados productores y compañías extranjeras.

Por su parte, el nacionalismo petrolero iraní se entrelazó con una lucha antiimperialista más amplia, que abarcó no solo el petróleo, sino también otros recursos como el tabaco, en un esfuerzo por liberarse del dominio británico y, posteriormente, estadounidense. La nacionalización de la Anglo-Iranian Oil Company (AIOC) en 1951, liderada por Mohammad Mossadeq, representó un acto de desafío directo al neocolonialismo energético, pero su fracaso, marcado por el golpe de Estado de 1953 orquestado por Londres y Washington, evidenció los límites de la resistencia frente a las potencias occidentales en un contexto de Guerra Fría. Sin embargo, la posterior creación de la National Iranian Oil Company y la Revolución islámica de 1979 consolidaron el petróleo como un símbolo de soberanía y resistencia, al redefinir la política exterior iraní en términos de autonomía y confrontación con el sistema internacional liberal.

La formación de la OPEP en 1960, con Venezuela e Irán como miembros fundadores, constituyó un punto de convergencia crucial que transformó las dinámicas del mercado energético global. La OPEP no solo desafió el control de las “Siete Hermanas” y sus gobiernos patrocinadores, sino que también les proporcionó a los países productores una plataforma para negociar de forma colectiva precios y condiciones, alterando las relaciones de poder en el sistema internacional. Este proceso se insertó en un contexto más amplio de creciente nacionalismo en el Tercer Mundo, reflejado en eventos como la Conferencia de Bandung de 1955 y la resolución 1803 de la ONU de 1962 sobre la soberanía de los recursos naturales. La OPEP, al empoderar a naciones como Venezuela e Irán, se convirtió en una herramienta geoeconómica que amplificó sus voces en los asuntos globales, desafiando el orden energético establecido y provocando respuestas como la creación de la Agencia Internacional de Energía (AIE) en 1974 por parte de las potencias consumidoras.

Las trayectorias de Venezuela e Irán, aunque marcadas por disimilitudes estructurales y temporales, revelan intersecciones causales que refuerzan la idea de una retroalimentación histórica (Pierson y Skocpol, 2008). Ambos países enfrentaron tensiones similares derivadas de la “constelación de fuerzas” (Renouvin y Duroselle, 2010) de la Guerra Fría, donde el petróleo se convirtió en un campo de batalla entre las aspiraciones de soberanía nacional y las presiones de las potencias occidentales. En Venezuela, la dictadura de Pérez Jiménez y el régimen democrático posterior navegaron estas tensiones con un enfoque pragmático, mientras que, en Irán, la monarquía de Reza Pahlavi y la posterior Revolución islámica adoptaron posturas más confrontacionales. Estas dinámicas no solo reflejaron las particularidades de cada contexto nacional, sino que también sentaron las bases para una convergencia ideológica y geopolítica en el siglo XXI, cuando la Venezuela de la Revolución bolivariana y el Irán posrevolucionario forjaron una alianza sustentada en narrativas nacionalistas antitéticas al orden internacional liberal (Escudé, 2012).

Los hallazgos de este estudio destacan que el nacionalismo petrolero en Venezuela e Irán no fue un fenómeno aislado, sino un proceso profundamente imbricado en las dinámicas globales de la Guerra Fría. La resistencia al neocolonialismo energético, la consolidación de la OPEP y los procesos revolucionarios en ambos países evidencian cómo el petróleo reconfiguró las identidades nacionales y las estrategias de política exterior, al proyectar un impacto duradero en las relaciones internacionales. Este legado, caracterizado por la recurrencia de patrones de desafío a la hegemonía occidental, subraya la relevancia del petróleo como un factor determinante en la configuración de las dinámicas de poder globales, no solo durante el periodo estudiado, sino también en las alianzas y conflictos que han definido el siglo XXI.

En última instancia, el análisis comparativo de Venezuela e Irán ilustra cómo el control de los recursos naturales puede transformar no solo las economías nacionales, sino también el equilibrio de poder en el escenario internacional, dejando un legado de resistencia y autonomía que continúa resonando en la geopolítica contemporánea

Referencias

Amirahmadi H. 1993. Iranian-Saudi Arabian relations since the revolution. En Amirahmadi H, Entessar N, Iran and the Arab World (pp. 139-160). Palgrave Macmillan. [ Links ]

Alvandi R. 2010. Muhammad Reza Pahlavi and the Bahrain question, 1968-1970. British Journal of Middle Eastern Studie, 37: (2) 159-177. [ Links ]

Ansari A. 2001. The myth of the white revolution: Mohammad Reza Shah, ‘Modernization’ and the consolidation of power. Middle Eastern Studies, 37: (3) 1-24. [ Links ]

Arjomand A. 1988. The Turban for the Crown: The Islamic Revolution in Iran. Oxford University Press. [ Links ]

Azzam I. 1963. The Organization of Petroleum Exporting Countries (OPEC). American Journal of International Law, 57: (1) 112-114. http://www.jstor.org/stable/2196182Links ]

Betancourt R. 2013. Venezuela, política y petróleo. Editorial Alfa. [ Links ]

Bill JA, Roger LW. 1988. Musaddiq: Iranian Nationalism and Oil. I. B. Tauris. [ Links ]

Blanco A. 1983. Habla el General. Universidad Central de Venezuela. [ Links ]

Brannon GM. 1974. Energy Taxes and Subsidies: A Report to the Energy Policy Project of the Ford Foundation. Ballinger Pub. Co.. [ Links ]

Camacho F. 2018. La “siembra del petróleo” durante el trienio de Acción Democrática y el papel de las transnacionales en Venezuela (1945-1948). Tzintzun: Revista de Estudios Históricos, 6: 195-222. [ Links ]

Camacho F. 2019. Las relaciones entre Latinoamérica e Irán durante la última década de la dinastía Pehlevi. Anuario de Historia de América Latina, 56: 66-96. [ Links ]

Caryl C. 2014. Strange Rebels: 1979 and the Birth of the 21st Century. Hachette UK. [ Links ]

Cardozo A. 2017. El imaginario pretoriano: cultura, política y sistemas de representación en el Estado Cuartel (1952-1958). Mundo Nuevo. Revista de Estudios Latinoamericanos, 15: (2) 55-81. [ Links ]

Cardozo A. 2020. Ni democracia, ni seguridad. Implicaciones de la Guerra Fría en América Latina. En Lozano A, Rodríguez A, Seguridad y Asuntos Internacionales (pp. 586-602). Siglo XXI. [ Links ]

Cardozo A, Dávila L. 2021. Latin America and the Great Cold War Strategy. En Baisotti P, A New Struggle for Independence in Modern Latin America (pp. 159-183). Routledge. [ Links ]

Cleveland W. 2016. Una historia del Medio Oriente moderno. Westview Press- Oxford University Press. [ Links ]

Cooper A. 2011. The Oil Kings: How the US, Iran, and Saudi Arabia Changed the Balance of Power in the Middle East. Simon & Schuster. [ Links ]

Córdova A. 1973. Inversiones extranjeras y subdesarrollo. Universidad Central de Venezuela. [ Links ]

Croes H. 1973. El movimiento obrero venezolano: elementos para su historia. Ediciones Movimiento Obrero. [ Links ]

Department of State. 1954, February 10. Declaration of Solidarity for the Preservation of Political Integrity of the American States Against the Intervention of International Communism. Foreign Relations of the United States 362/54. Government Printing Office. https://history.state.gov/historicaldocuments/frus1952-54v04/d70Links ]

Department of State. 1955. Tenth Inter-American Conference: Report of the Delegation of the United States of America with Related Documents. 31-158. Government Printing Office. https://history.state.gov/historicaldocuments/frus1952-54v04/pg_264Links ]

Department of State. 1956a, June 7. Memorandum of a Conversation Between the Assistant Secretary of State for Inter-American Affairs (Holland) and the Venezuelan Ambassador (Gonzalez). (Memorandum). (Washington). Foreign Relations of the United States col. Holland Files, lot 57 D 295, exp. Venezuela. Government Printing Office. https://history.state.gov/historicaldocuments/frus1955-57v07/d572Links ]

Department of State. 1956bJuly 23. Memorandum of a Conversation, Embassy Residence, Panama City. (Panama City) Foreign Relations of the United States. Eisenhower Library, col. Whitman File, International File., exp.611.31/5-1757. Government Printing Office. https://history.state.gov/historicaldocuments/frus1955-57v07/d586Links ]

Department of State. 1956c. Letter from Shah Mohammad Reza Pahlavi to President Eisenhower. (Letter). Foreign Relations of The United States, Eisenhower Library, Whitman File, International Series, 1955-1957, Volume XII, Near East Region; Iran; Iraq. https://history.state.gov/historicaldocuments/frus1955-57v12/d370Links ]

Department of State. 1969. Telegram from the Department of State to the Embassy in Iran. (Washington) Foreign Relations of the United States. National Security File, col. NSC Files of Harold Saunders, Visit of Amir Hoveyda, Prime Minister of Iran, leg. 4-5. https://history.state.gov/historicaldocuments/frus1964-68v22/d316Links ]

Department of State. 1973. Letter from the Shah of Iran to President Nixon. (Tehran) Foreign Relations of The United States. National Archives, Nixon Presidential Materials, NSC Files, box 755, Presidential Correspondence Collection, Iran-M.R. Pahlavi, 1969-1974. https://history.state.gov/historicaldocuments/frus1969-76v27/d3Links ]

Diba F. 1986. Mohammed Mossadegh: A Political Biography. Croom Helm. [ Links ]

Dulles J. F.. 1957. Circular Instruction from the Secretary of State to All Diplomatic Missions in the American Republics. (Circular Instructions). Central Files, exp. 361/2-1157, col. Foreign Relations of the United States 1955-1957. https://history.state.gov/historicaldocuments/frus1955-57v06/d132Links ]

Egaña M. 1990. Tres décadas de producción petrolera. En Crazut R, Soublette F (Eds.), Manuel Egaña obras y ensayos seleccionados, pp. 185-347. Banco Central de Venezuela. [ Links ]

Escudé C. 2012. El realismo periférico (RP) y su relevancia teórica ante el ascenso de China. Desarrollo Económico, 51(204), pp. 529-542. https://ri.conicet.gov.ar/handle/11336/9818Links ]

Ewell J. 1977. The Extradition of Marcos Perez Jimenez, 1959-63: Practical Precedent for Enforcement of Administrative Honesty?. Journal of Latin American Studies, 9(2), pp. 291-313. [ Links ]

Fuenmayor J. 1983. Historia de la Venezuela política contemporánea 1899-1969, Vol. IV. Talleres Tipográficos de Miguel Angel García e Hijo. [ Links ]

Garavini G. 2019. The rise and fall of OPEC in the twentieth century. Oxford University Press. [ Links ]

Hein C, Mohamad S. 2016. Iran’s global petroleumscape: The role of oil in shaping Khuzestan and Tehran. Architectural Theory Review, 21(3), pp. 349-374. [ Links ]

Henderson L. 1952August 12. Telegram from the Embassy in Iran to the Department of State. (Telegram). National Archives, exp. RG 59, Central Files 1950-1954, leg. 788.00/8-1252. https://history.state.gov/historicaldocuments/frus1951-54Iran/d114Links ]

Hellinger D. 2000. Book Review: Understanding Venezuela’s Crisis: Dutch Diseases, Money Doctors, and Magicians. Latin American Perspectives, 27(1), pp. 105-119. [ Links ]

Hoyos C. 2007, marzo 12. The new Seven Sisters: oil and gas giants dwarf western rivals. https://www.ft.com/content/471ae1b8-d001-11db-94cb-000b5df10621Links ]

Hunter S. T. 2019. Iran’s relations with the United States: Current conditions in historical perspective. En Iran in the International System, pp. 11-31. Routledge. [ Links ]

Hunter S. 2020. OPEC and the Third World: The Politics of Aid. Routledge. [ Links ]

Karl T. 1997. The Paradox of Plenty: Oil Booms and Petro-States (Studies in International Political Economy). Stanford University Press. [ Links ]

Kapuściński R. 2006. El Sha o la desmesura del poder. Anagrama. [ Links ]

Kinzer S. 2003. All the Shahh’s Men: An American Coup and the Roots of Middle East Terror. Wiley. [ Links ]

Lesser I. 1991. The Persian Gulf, and Grand Strategy. Contemporary Issues in Historical Perspective. Rand Corp. [ Links ]

Louis W. 2006. Ends of British imperialism: the scramble for Empire, Suez and decolonization: collected essays. I.B. Tauris. [ Links ]

Love K. 1953, agosto 20. Royalists oust mossadegh; army seizes helm. New York Times. https://archive.nytimes.com/www.nytimes.com/library/world/mideast/082053iran-army.htmlLinks ]

Luttwak E. 1990. From geopolitics to geo-economics: Logic of conflict, grammar of commerce. The National Interest, 20, pp. 17-23. [ Links ]

Marsh S. 2001. HMG, AIOC and the Anglo-Iranian oil crisis: In defense of Anglo-Iranian. Diplomacy and Statecraft, 12(4), pp. 143-174. [ Links ]

McClintock R. 1971, abril 29. Memorandum of Conversation. (Washington). National Archives, exp. RG 59, Office of North Coast Affairs, Records Relating to Venezuela: Lot. 76 D 465, leg. 17-2. https://history.state.gov/historicaldocuments/frus1969-76ve10/d675Links ]

McIntosh D. 1957, mayo 17. Telegram from the Ambassador in Venezuela (McIntosh) to the Department of State1 Caracas. (Telegram). Central Files, leg. 611.31/5-1757. https://history.state.gov/historicaldocuments/frus1955-57v07/d586Links ]

Milani A. 2011. The Shah. Macmillan. [ Links ]

Miller A. 1980. Saudi Arabian Oil and American Foreign Policy 1939-1949. The University of North Carolina Press. [ Links ]

Ministerio de Minas e Hidrocarburos de los Estados Unidos de Venezuela. 1953. Memoria y cuenta de 1948-1952. Ministerio de Minas e Hidrocarburos de los Estados Unidos de Venezuela. [ Links ]

Ministerio de Minas e Hidrocarburos de la República de Venezuela. 1962. Memoria y cuenta de 1961. Ministerio de Minas e Hidrocarburos. [ Links ]

Ministerio de Minas e Hidrocarburos de la República de Venezuela. 1964. Memoria y cuenta de 1963. Ministerio de Minas e Hidrocarburos. [ Links ]

Ministerio de Relaciones Exteriores de los Estados Unidos de Venezuela. 1953. Libro Amarillo: Memoria y cuenta de 1948-1952. Ministerio de Relaciones Exteriores de los Estados Unidos de Venezuela. [ Links ]

Ministerio de Relaciones Exteriores de la República de Venezuela. 1962. Libro Amarillo: Memoria y cuenta de 1961. Ministerio de Relaciones Exteriores de la República de Venezuela. [ Links ]

Ministerio de Relaciones Exteriores de la República de Venezuela. 1966. Libro Amarillo: Memoria y cuenta, 1965. Ministerio de Relaciones Exteriores de la República de Venezuela. [ Links ]

Ministerio de Relaciones Exteriores de la República de Venezuela. 1970. Libro Amarillo, Memoria y cuenta, 1970. Caracas: Ministerio de Relaciones Exteriores de la República de Venezuela. [ Links ]

Ministerio de Relaciones Exteriores de la República de Venezuela. 1976. Libro Amarillo: Memoria y cuenta, 1975. Ministerio de Relaciones Exteriores de la República de Venezuela. [ Links ]

Ministerio de Relaciones Exteriores de la República de Venezuela. (1978). Libro Amarillo: Memoria y cuenta de 1977. Ministerio de Relaciones Exteriores de la República de Venezuela. [ Links ]

Mirfenderesk G. 2001. The Persian Socialist Soviet Republic (1920). En Mirfendereski G, Chehabi H. E. (Eds.), A Diplomatic History of the Caspian Sea, pp. 103-117. Palgrave Macmillan. [ Links ]

Mommer B. 1988. La cuestión petrolera. Fondo Editorial Tropikos. [ Links ]

O’Sullivan M. 2013. The entanglement of energy, grand strategy, and international security. En Goldthau A (Ed.), The Handbook of Global Energy Policy, pp. 47-48. John Wiley & Sons. https://onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1002/9781118326275.ch2Links ]

Pérez Jiménez M. 1955, mayo 3. Presentación al Congreso Nacional del presupuesto de gastos para el año fiscal 1954-1955. En Venezuela bajo el nuevo ideal nacional. Realizaciones durante el segundo año de gobierno del general Marcos Pérez Jiménez. Caracas: Imprenta Nacional. [ Links ]

Pierson P, Skocpol T. 2008. El institucionalismo histórico en la ciencia política contemporánea. Revista Uruguaya de Ciencia Política, 17(1), pp. 7-38. [ Links ]

Quintero R. 2018. La cultura del petróleo. Fundación Editorial El perro y la rana. [ Links ]

Rabe S. 1988. Eisenhower and Latin America: The foreign policy of anticommunism. The University of North Carolina Press. [ Links ]

Rabe S. 1996. The Caribbean Triangle: Betancourt, Castro, and Trujillo and US Foreign Policy, 1958-1963. Diplomatic History, 20(1), pp. 55-78. [ Links ]

Renouvin P, Duroselle J. 2010. Introducción a la historia de las relaciones internacionales. Fondo de Cultura Económica. [ Links ]

Reza Pahlavi M. 1980. Answer to history. Stein & Day Pub. [ Links ]

Rezun M. 1981. The Soviet Union and the Iran: Soviet Policy in Iran from the Beginnings of the Pahlavi Dynasty Until the Soviet Invasion in 1941 (Vol. 8). Brill Archive. [ Links ]

Rohter L. 2001, septiembre 22. Marcos Pérez Jiménez, 87, Venezuela Ruler. The New York Times. https://www.nytimes.com/2001/09/22/world/marcos-perez-jimenez-87-venezuela-ruler.html?auth=login-google1tap&login=google1tapLinks ]

Ross M. 2001. Does oil hinder democracy?. World Politics, 53(3), pp. 325-361. https://doi.org/10.1353/wp.2001.0011 [ Links ]

Rostam-Kolayi J. 2018. The New Frontier Meets the White Revolution: The Peace Corps in Iran, 1962-76. Iranian Studies, 51(4), pp. 587-612. [ Links ]

Rouaix P. 2017. Génesis de los artículos 27 y 123 de la Constitución Política de 1917. Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México. [ Links ]

Salcedo G. 2012. Conflictos en el Caribe: Eisenhower y Pérez Jiménez, historia de cooperación y enfrentamiento. Politeia, 35-48, pp. 33-62. [ Links ]

Salcedo G. 2014. Más allá de la doctrina Betancourt: ayuda encubierta como instrumento de la política exterior de Venezuela durante la Guerra Fría (1959-64). OPSIS, 14(1), pp. 74-92. [ Links ]

Sepher Z. 1982. The Mossadegh Era: Roots of the Iranian Revolution. Lake View Press. [ Links ]

Shlaudeman H. 1975, junio 23. Telegram 6441 from the Embassy in Venezuela to the Department of State, Caracas. (Telegram). National Archives, exp. RG 59, Central Foreign Policy, files, file D750218-0547. https://history.state.gov/historicaldocuments/frus1969-76ve11p2/d392Links ]

Summitt A. R.. 2004. For a white revolution: John F. Kennedy and the Shah of Iran. The Middle East Journal, 58(4), pp. 560-575. [ Links ]

Tennassee P. 1980. El papel de los obreros petroleros en Venezuela durante el periodo 1918-1948. Ediciones EFI. [ Links ]

Tertrais B. 2019. La venganza de la historia: Cómo el pasado está cambiando el mundo. RBA. [ Links ]

Tocare G. 2015. Extraños socios. Historia y Vida, 568, 54-61. [ Links ]

Vivas F. 1999. Venezuela: política exterior y proyecto nacional. El pretorianismo perezjimenista (1952-1958). Universidad Central de Venezuela. [ Links ]

Warren F. 1955. Telegram from the Ambassador in Venezuela to the Department of State, Caracas, March 30, 1955. https://history.state.gov/historicaldocuments/frus1955-57v07/d565Links ]

Zonis M. 1991. Majestic failure: The fall of the Shah. University of Chicago Press. [ Links ]

Recibido: 07 de Febrero de 2025; Aprobado: 28 de Julio de 2025; : 16 de Septiembre de 2025

(*) El autor agradece al profesor e investigador de la Universidad Simón Bolívar en Venezuela, Alberto Hoyos Valera, por su inestimable ayuda para la obtención de los documentos correspondientes a la cancillería venezolana, así como sus consejos para mejorar el argumento y afinar algunos datos de carácter historiográfico.

Creative Commons License Este es un artículo publicado en acceso abierto bajo una licencia Creative Commons