Introducción
La adolescencia es una etapa de especial vulnerabilidad, debido a los rápidos y profundos cambios que acontecen a nivel biológico, cognitivo, emocional y psico-social (Berger, 2016). Las relaciones interpersonales en la escuela, la familia y con los iguales también se van transformando, y la persona adolescente se enfrenta a los nuevos retos que surgen en su vida diaria. Por todo ello, la exposición a situaciones vitales estresantes puede comprometer diversas áreas de su desarrollo, produciendo déficits en su satisfacción vital o en su esfera afectiva (Wendt et al., 2019).
A pesar de que las diferencias individuales, las habilidades emocionales y otros factores biopsicosociales afectan la forma diferenciada en que cada persona adolescente se enfrenta a las situaciones estresantes (Wendt et al., 2019), una extensa literatura relaciona la exposición a situaciones vitales estresantes con la interiorización o exteriorización de comportamientos en la adolescencia, por ejemplo, experiencias de depresión, ansiedad, baja autoestima y problemas de salud física y emocional, así como consumo de sustancias, trastornos de conducta, comportamiento violento, antisocial o delictivo (Adam et al., 2011; Baker et al., 2010; Barbarin et al., 2022; Benetti et al., 2014; Choi et al., 2020; Clemens et al., 2021; Hicks et al., 2021; Hoffmann & Cerbone, 1999; Kedzior et al., 2024; Mowen & Boman, 2018; Piotrowska et al., 2019; Vilela et al., 2020; Wang & Liu, 2020; Williams et al., 2017). Un grave problema social a nivel mundial es, precisamente, el incremento de la delincuencia y la violencia durante la adolescencia y juventud (Instituto Nacional de Estadística (INE), 2022; Organización Mundial de la Salud (OMS), 2020). Según este informe de la OMS, el 43% del total mundial de homicidios se cometen entre jóvenes de 10 a 29 años, lo que comprueba que la violencia juvenil es un problema mundial de salud pública. Sin embargo, ¿qué situaciones estresantes se relacionan con el comportamiento violento o delictivo que muestra la persona adolescente?
Dentro del marco familiar, la conflictividad es una de las situaciones vitales estresantes con mayor impacto en los problemas de comportamiento que exhibe la persona adolescente. El conflicto y la violencia interparental están relacionados con los desórdenes de conducta (Nobakht et al., 2024), la agresión física o psicológica (Narayan et al., 2015; Zhang et al., 2019) y la delincuencia en la adolescencia (Liu et al., 2020). Los conflictos del padre con los abuelos (Zhang et al., 2019), la disciplina familiar agresiva (Beckmann, 2020; Ibabe, 2019), los conflictos parento-filiales (Foshee et al., 2016) y la conflictividad familiar (Choe & Zimmerman, 2014; Estévez et al., 2018; Harachi et al., 2006; Ibabe, 2019; Mowen & Boman, 2018; Orozco & Mercado, 2019) son, asimismo, factores de riesgo para el comportamiento violento o delictivo de la persona adolescente.
La existencia de un familiar con trastorno psiquiátrico es otra situación generadora de estrés para la persona adolescente. Diversos estudios han establecido la asociación existente entre tener un padre alcohólico (Finan et al., 2015; Grekin et al., 2005; Qian et al., 2022), un familiar con problemas de drogodependencia (Vilela et al., 2020) o de salud mental (Narayan et al., 2015) y el comportamiento violento o delictivo de la persona adolescente.
La ausencia de figuras parentales por enfermedad grave parental (Sieh et al., 2012; Zarchev et al., 2024), por separación, divorcio o encarcelamiento (Barbarin et al., 2022; Zarchev et al., 2024) o por falta de implicación parental (Barczyk et al., 2010; Harachi et al., 2006; Nowakowski-Sims & Rowe, 2017) es otra situación familiar estresante relacionada con los problemas de conducta y el comportamiento agresivo de la persona adolescente. Existen más situaciones familiares adversas que pueden crear tensión o estrés en esta población que también se hallan vinculadas a trastornos de conducta y comportamientos violentos, antisociales o delictivos, por ejemplo, el fallecimiento de alguien cercano (Nowakowski-Sims & Rowe, 2017), las dificultades económicas (Harachi et al., 2006; Piotrowska et al., 2019; Piotrowska et al., 2023), el fracaso escolar o las bajas calificaciones (Bucur et al., 2020; Granvik et al., 2021; Harachi et al., 2006; Martins-Silva et al., 2022; Savage & Ellis, 2019; Zarchev et al., 2024).
Todos estos estudios corroboran los resultados del informe de la Oficina de la Naciones Unidas contra la droga y el delito (UNODC, 2019), donde se afirma que la tensión familiar es uno de los factores de riesgo de la violencia en la adolescencia.
En toda la bibliografía mencionada, se hace referencia a circunstancias familiares generadoras de estrés reconocidas como factores potenciadores de la violencia y de comportamientos antisociales en la adolescencia. Dichos estudios se realizaron en poblaciones de adolescentes con conductas violentas, con trastornos de conducta o con comportamiento delictivo. Sin embargo, son escasos los trabajos que analizan la relación existente entre estas situaciones familiares estresantes y el desarrollo de la agresividad en una población adolescente no etiquetada como violenta. Por otro lado, apenas se han examinado los aspectos cognitivo y emocional de la agresividad, pues la mayoría de trabajo se han centrado en el comportamiento agresivo en sí, obviando que los componentes emocional, cognitivo y conductual de la agresividad se hallan muy interrelacionados (Buss & Perry, 1992; Howells, 2011; Martinelli et al., 2018).
Diferenciamos el concepto de agresividad del de agresión o violencia. Mientras que la agresividad refiere al rasgo de la personalidad o tendencia a actuar o responder violentamente (Buss & Perry, 1992; Real Academia Española (RAE), 2023), la violencia y la agresión aluden al acto de acometer a alguien con la intención de matarlo, herirlo o hacerle daño (RAE, 2023; OMS, 2002). Por tanto, el objetivo principal de este trabajo de investigación fue estudiar la relación existente entre conflictividad familiar y otras situaciones familiares estresantes con la agresividad en una muestra de personas adolescentes españoles. De igual manera, se pretende determinar qué situaciones familiares estresantes son factores de riesgo de la agresividad en la adolescencia. Como hipótesis se planteó que todas las circunstancias familiares generadoras de estrés para la persona adolescente son factores de riesgo de la agresividad.
Un objetivo secundario fue analizar si existían diferencias significativas en la cantidad de conflictos familiares y de situaciones familiares estresantes experimentados por los adolescentes de la población general y los adolescentes en centros de menores (con problemas familiares o conductuales).
Método
Participantes
Para determinar el tamaño muestral, el objetivo inicial era conseguir al menos 1,000 participantes, 200 sujetos por cada una de las cinco edades que componen el rango de edad objeto de estudio. Por otra parte, con un α = .05, para alcanzar una potencia estadística del 85%, se necesitan 1,189 casos para que el test ANOVA de un factor detecte un efecto de tamaño pequeño (d = 0.1) entre grupos (mínimo 4 grupos), con diferencias en los promedios de agresividad de más de tres puntos.
Así pues, participaron en el estudio 1,193 personas adolescentes (49.87% mujeres y 50.13% varones), entre los 14 y 18 años (M = 16.2; DT = 1.3), de Castilla y León, España. Se recogió una muestra heterogénea de la población, en la que se incluyeron tanto personas adolescentes que cursaban sus estudios en todo tipo de centros educativos opcionales como personas adolescentes con dificultades familiares o conductuales, de modo que existiera en la muestra suficiente variabilidad para establecer la relación entre las variables a analizar.
Por ello, se seleccionaron 23 centros educativos de la provincia de Burgos (83.6%), diez grados universitarios de Burgos (6.9%) y 18 centros específicos de menores de Burgos y Valladolid (9.5%) que atienden a personas adolescentes con diversas problemáticas (familiar o conductual). Dentro del alumnado no universitario, la muestra incluía personas adolescentes de Bachillerato (28.8%), de Ciclos Formativos de Grado Medio (2.6%), de Formación Profesional Básica (15.7%) y de segundo ciclo de Educación Secundaria Obligatoria (E.S.O.) (35.5%). Dentro de los centros de menores, se englobaron centros de protección (1.2%), centros para adolescentes con problemática familiar o en riesgo de exclusión social (2.9%), centros para adolescentes con problemas conductuales y de drogodependencia (1.7%) y centros para menores infractores (3.7%). En el grupo de población general de adolescentes, se incluyeron los estudiantes universitarios, de la ESO, de Bachillerato y de los Ciclos Formativos de Grado Medio.
Respecto a las características sociodemográficas, el 77.9% de la población vivía con la madre y el padre, el 2.9% tenían custodia compartida, el 12.7% vivía en familia monoparental, el 5.1% pertenecía a familias reconstituidas y el 1.4% vivía en otro tipo de agrupación familiar. Un 14.8% de las personas adolescentes eran hijos o hijas únicos, 60.8% tenían un hermano, 16.6% dos hermanos y el 5.7% tres o más hermanos. El 2.1% no contestó a esta pregunta. Quienes participaron eran de nacionalidad española.
Instrumentos
Se preparó un cuestionario ad hoc, que incluye un inventario de situaciones familiares estresantes y el cuestionario de agresividad de Buss y Perry (BPAQ; Buss & Perry, 1992).
Inventario de situaciones familiares estresantes
Se formuló un inventario de posibles situaciones generadores de tensión o estrés para la persona adolescente o su familia. Entre las opciones disponibles podían marcar uno o varios de los 21 posibles ítems (ver Figura 1). Cinco de estas respuestas fueron seleccionadas de la escala de Estrés Familiar del Family Assesment Package (FAP), elaborada por Olson et al. (1996). Las otras 16 posibles respuestas fueron de elaboración propia. Posteriormente, se clasificaron las 21 situaciones en 7 factores, que se denominaron factores familiares estresantes: (a) pérdida familiar (ítems 1 y 3); (b) ausencia de figuras parentales (ítems 2, 4, 5, 14, 16, 17 y 18); (c) dificultades económicas o laborales (ítems 6, 7 y 8); (d) conflictividad familiar (ítems 9, 10, 11 y 12); (e) malas calificaciones escolares (ítem 13); (f) se me exige como hijo responsabilidades excesivas (ítem 15); (g) trastorno psiquiátrico de un familiar (ítems 19, 20 y 21). Se añadió una octava variable, total situaciones estresantes, que se calculaba sumando todas las situaciones que la persona adolescente había marcado como estresantes.

Figura 1 Porcentaje de adolescentes que marcan cada una de las 21 situaciones familiares como estresantes (n = 1193)
Cuestionario de agresividad de Buss y Perry (BPAQ)
Para estudiar el nivel de agresividad de las personas adolescentes, se usó el Cuestionario de agresividad de Buss y Perry, en su versión validada para adolescentes españoles y denominada AQ-PA (Santisteban et al., 2007). Este cuestionario consta de 29 ítems y mide 4 dimensiones: agresividad física (9 ítems) y agresividad verbal (5 ítems) o componente instrumental de la agresividad; ira (7 ítems) o componente emocional; y la hostilidad (8 ítems) o componente cognitivo. La agresividad física alude a la tendencia a responder violentamente: si se me provoca lo suficiente, puedo golpear a otra persona. La agresividad verbal hace referencia a la tendencia a discutir: cuando no estoy de acuerdo con mis amigos, discuto abiertamente con ellos. La ira comprende sentimientos de enojo, rabia, impulsividad y frustración, con ítems como: tengo dificultades para controlar mi genio. La hostilidad se refiere a la envidia, desconfianza, resentimiento o animadversión que se experimenta y a la percepción de ser injustamente tratado, criticado o ridiculizado: algunas veces siento que la gente se está riendo de mí a mis espaldas. Una quinta variable, la agresividad total, se calcula sumando las puntuaciones de todas las variables anteriores. Todas las preguntas tenían respuestas tipo Likert, graduadas de 1 a 5.
La fiabilidad (coeficiente α de Cronbach) de estas cinco dimensiones de agresividad fue, respectivamente, .88, .75, .77, .76 y .9. Estos valores son similares, aunque ligeramente superiores, a los encontrados en la validación del cuestionario AQ-PA para adolescentes españoles (Santisteban et al., 2007).
Procedimiento
En los centros educativos no universitarios, se realizó un muestreo bietápico, estratificado y por conglomerados, que resultó en 12 estratos (centros clasificados por ubicación, gestión y nivel educativo que imparte) y en conglomerados de tipo grupos-clase. Se seleccionaron centros en los 12 estratos de forma que estuviera representado al menos un 5% del alumnado de cada nivel educativo. En cada centro y nivel educativo, se escogió una clase cuyo profesor o tutor aceptase colaborar en la investigación. Se invitó a todos los alumnos del grupo a participar en el estudio. El profesor fue la persona encargada de administrar el cuestionario en papel al grupo en horario escolar. En el caso de los centros universitarios y centros de menores, se realizó un muestreo por conveniencia.
El estudio fue aprobado por la Comisión de Bioética de la Universidad de Burgos (IR 16/2020) y se realizó conforme a la Declaración de Helsinki y sus posteriores modificaciones. La participación en el estudio fue voluntaria. Además. se solicitó el consentimiento informado por escrito de participantes y tutores legales, garantizando el anonimato y confidencialidad de los datos recogidos.
Análisis estadísticos
Para describir la muestra objeto de estudio, se halló la media, la desviación típica, el porcentaje y el diagrama de barras. Para establecer la relación entre conflictividad familiar y situaciones familiares estresantes con la agresividad, se usó el coeficiente de correlación de Spearman. Sin embargo, como los factores familiares estresantes eran variables discretas de escasa variabilidad, para poder comparar y detectar adecuadamente la posible asociación de la conflictividad familiar y el total de situaciones estresantes con las variables de agresividad, se clasificaron la variables conflictividad familiar y total de situaciones estresantes en varia categorías, en función del número de respuestas. Además, se realizó la prueba ANOVA de un factor, aplicando la corrección de Bonferroni a las comparaciones múltiples post-hoc.
Para determinar cuáles de las situaciones estresantes son factores de riesgo de la agresividad, se procedió a realizar modelos multivariantes de regresión lineal múltiple para cada variable. Como criterio de entrada, en el modelo, se optó por el método de pasos sucesivos hacia delante. Se hallaron las estimaciones de los coeficientes de la recta de regresión (β), su desviación típica (DT), los correspondientes intervalos de confianza al 95% y el p valor asociado al estadístico t. Los modelos se ajustaron por sexo y edad. Para la validación del modelo, se calculó el coeficiente de determinación (R 2), el valor del estadístico de Durban-Watson (que debe estar entre 1.5 y 2.5), el valor del test F de Snedecor (p = < .05). También, se comprobó la ausencia de multicolinealidad y se realizó un análisis de normalidad de los residuos y de su homocedasticidad.
Para contrastar si existían diferencias significativas en la cantidad de conflictos familiares o de situaciones familiares estresantes entre el grupo general y el grupo de adolescentes institucionalizados, se utilizaron modelos lineales generalizados (MLG) ajustados por sexo y edad.
En las pruebas ANOVA y modelos MLG, se calculó el tamaño del efecto (d de Cohen), clasificándose su magnitud según el siguiente criterio: pequeño (d entre .10 y .45), medio (d entre .45 y .75) y grande (d > .75).
Los contrastes realizados fueron pruebas bilaterales con nivel de significación del 5% (α = .05). El programa estadístico utilizado fue el IBM SPSS Statistics 26.
Resultados
El porcentaje de participantes que marcaron cada una de las 21 situaciones familiares estresantes se refleja en la Figura 1. Las situaciones consideradas como más estresantes para la muestra analizada (ver Figura 1) fueron las discusiones parento-filiales frecuentes, la falta de tiempo para relajarse y desconectar, las malas calificaciones escolares, la falta de tiempo para compartir, conversar y ser escuchado en la familia, las dificultades económicas, el fallecimiento reciente de un familiar y las discusiones frecuentes entre los padres y las madres. Dos de estas situaciones estaban clasificadas dentro del factor de conflictividad familiar (la 1ª y 7ª) y otras dos dentro de la ausencia de figuras parentales (la 2ª y 4ª).
Una vez clasificadas las 21 situaciones familiares en los siete factores estresantes, se calcularon las correlaciones entre cada factor y cada variable de agresividad. Los valores se muestran en la Tabla 1.
Todas las correlaciones fueron positivas. Dentro de las variables de agresividad, la hostilidad correlacionó significativamente con todos los factores estresantes, lo que la hizo la dimensión con mayor número de correlaciones significativas y de mayor intensidad (r = .32 con total situaciones estresantes y .24 con conflictividad familiar). Mientras que la ira correlacionó con varios factores, la agresividad física y verbal solo correlacionaron de forma significativa con malas calificaciones escolares y conflictividad familiar. Se encontró correlación entre la suma de situaciones estresantes, la conflictividad familiar y las malas calificaciones escolares con todas las dimensiones de la agresividad.
Sin embargo, al realizar el contraste de medias de la agresividad (prueba ANOVA) para la conflictividad familiar y para la suma de situaciones estresantes, se obtuvieron diferencias significativas para todas las variables de agresividad, excepto la agresividad verbal. Se efectuaron múltiples comparaciones post-hoc entre las categorías para conflictividad familiar (0, 1, 2, más de 2 respuestas) y para la suma total de las situaciones estresantes (0, 1, 2, 3 y más de 3 respuestas), dando lugar a los resultados de las Tablas 2 y 3.
Tabla 1 Correlaciones de Spearman entre las variables de agresividad y cada uno de los factores familiares estresantes (n = 1.193)
| Factor estresante | Agresividad física | Agresividad verbal | Ira | Hostilidad | Total de agresividad |
| 1. Pérdida familiar | .05 | -.01 | .02 | .06* | .05 |
| - | p = .123 | p = .658 | p = .410 | p = .028 | p = .078 |
| 2. Ausencia de figuras parentales | -.02 | .02 | .15** | .19** | .11** |
| - | p = .545 | p = .526 | p < .001 | p < .001 | p < .001 |
| 3. Dificultades económicas o laborales | .04 | .03 | .08** | .12** | .10** |
| - | p = .195 | p = .304 | p = .004 | p < .001 | p = .001 |
| 4. Conflictos familiares | .11** | .07* | .21** | .24** | .21** |
| - | p < .001 | p = .016 | p < .001 | p < .001 | p < .001 |
| 5. Malas calificaciones escolares | .20** | .07* | .12** | .13** | .19** |
| - | p < .001 | p = .024 | p < .001 | p < .001 | p < .001 |
| 6. Se me exige como hijo responsabilidades excesivas | .05 | .01 | .05 | .12** | .08** |
| - | p = .073 | p = .821 | p = .071 | p < .001 | p = .006 |
| 7. Trastorno psiquiátrico de un familiar | .05 | .04 | .08** | .08** | .08** |
| - | p = .095 | p = .133 | p = .007 | p = .004 | p = .003 |
| Suma total situaciones estresantes | .13** | .08** | .23** | .32** | .26** |
| - | p < .001 | p = .008 | p < .001 | p < .001 | p < .001 |
* La correlación es significativa en el nivel .05 (2 colas). **La correlación es significativa en el nivel .01 (2 colas)
Tabla 2 Variables de agresividad según el número total de respuestas marcadas a la conflictividad familiar, con valor del estadístico F (prueba ANOVA)
| - | - | Conflictividad familiar | - | - | - | - |
| - | - | 0 | 1 | 2 | Más de 2 | F (3, 1189) |
| N válido | - | 725 | 308 | 118 | 42 | - |
| Agresividad física | M | 21.56(1,2) | 23.59 | 24.17 | 23.56 | 6.269* |
| - | DT | 8.22 | 8.87 | 9.27 | 9.19 | (p < .001) |
| Agresividad verbal | M | 13.65 | 14.35 | 14.29 | 13.95 | 2.727* |
| - | DT | 3.87 | 3.95 | 3.79 | 4.27 | (p = .043) |
| Ira | M | 19.93(1,2,+2) | 21.81 | 23.11 | 22.85 | 17.934* |
| - | DT | 5.68 | 5.41 | 5.40 | 4.75 | (p < .001) |
| Hostilidad | M | 22.19(1,2,+2) | 24.65 | 24.84 | 28.37(1,2) | 28.273* |
| - | DT | 5.99 | 5.53 | 5.18 | 4.81 | (p < .001) |
| Total agresividad | M | 77.34(1,2,+2) | 84.40 | 86.40 | 88.72 | 19.096* |
| - | DT | 18.49 | 18.05 | 17.05 | 15.78 | (p < .001) |
*1,2,…) cantidad de conflictos familiares con los que la diferencia de medias es estadísticamente significativa al nivel α = .05. (*) Diferencias significativas entre categorías para el estadístico F.
Tabla 3 Variables de agresividad según el número total de respuestas marcadas a las situaciones familiares estresantes, con valor del estadístico F (prueba ANOVA)
| - | - | Suma total de situaciones estresantes | - | - | - | - | - | - |
| - | - | Total | 0 | 1 | 2 | 3 | Más de 3 | F(4, 1188) |
| N válido | - | 1193 | 293 | 310 | 231 | 150 | 209 | - |
| Agresión física | M | 22.41 | 21.00 | 21.82 | 22.90 | 22.65 | 24.57(0,1) | 5.982* |
| - | DT | 8.59 | 7.87 | 8.22 | 8.55 | 8.83 | 9.50 | (p < .001) |
| Agresión verbal | M | 13.91 | 13.43 | 13.76 | 14.20 | 14.24 | 14.22 | 2.152 |
| - | DT | 3.91 | 3.97 | 3.88 | 3.90 | 3.72 | 3.95 | (p = .072) |
| Ira | M | 20.83 | 19.33 | 19.82 | 21.42(0,1) | 22.23(0,1) | 22.80(0,1) | 17.750* |
| - | DT | 5.67 | 5.56 | 5.49 | 5.74 | 5.00 | 5.60 | (p < .001) |
| Hostilidad | M | 23.31 | 20.98 | 22.08 | 24.26(0,1) | 24.98(0,1) | 26.12(0,1,2) | 33.877* |
| - | DT | 5.96 | 5.97 | 5.63 | 5.61 | 5.37 | 5.47 | (p < .001) |
| Total agresividad | M | 80.46 | 74.74 | 77.48 | 82.79(0,1) | 84.10(0,1) | 87.71(0,1,2) | 20.542* |
| - | DT | 18.56 | 18.35 | 18.09 | 18.55 | 16.38 | 17.74 | (p < .001) |
(1,2,…) cantidad de situaciones estresantes con la que la diferencia de medias es estadísticamente significativa al nivel α = 0.05. (*) Diferencias significativas entre categorías para el estadístico F.
Para conflictividad familiar (Tabla 2), se observaron las siguientes diferencias significativas: cuando existe algún conflicto familiar, la agresividad física, la ira, la hostilidad y agresividad total son mayores que en ausencia de conflictividad familiar. Cuando existen tres o más conflictos familiares, se produce otro salto significativo en la hostilidad.
Al calcular el tamaño del efecto para las diferencias significativas detectadas en la Tabla 2, se observó que, en conflictividad familiar, el tamaño del efecto para agresividad física era pequeño (0.23 < d < 0.30); para la ira, era medio cuando se comparan 0 conflictos con dos o más de dos (0.51 < d < 0.56); para la hostilidad, el tamaño del efecto era moderado para todas las diferencias significativas encontradas (0.41 < d < 0.63), excepto al comparar 0 conflictos con más de dos, cuya d era muy grande (d = 1.04), lo que indica que, en conflictividad familiar, los resultados encontrados para hostilidad son muy robustos.
Respecto al total de situaciones estresantes (Tabla 3), se deduce que, cuando la persona adolescente marca al menos dos situaciones estresantes, su ira, su hostilidad y agresividad total son significativamente mayores que cuando vive una o ninguna. Y, cuando la persona joven experimenta cuatro o más situaciones estresantes, aumenta significativamente su agresividad física; además, su hostilidad y agresividad total se incrementan de forma significativa.
Al calcular el tamaño del efecto para las diferencias significativas detectadas en la suma de situaciones familiares estresantes (Tabla 3), el tamaño del efecto para agresividad física fue pequeño (d = 0.32; 0.42); para ira, era pequeño al contrastar 2 respuestas con una o ninguna (d = 0.28; 0.37) y medio al comparar 3 o más respuestas con una o ninguna (0.43 < d < 0.61). En hostilidad se obtuvieron, de nuevo, los mayores tamaños del efecto: medio, al comparar 0 respuestas con 2 o más, y al comparar 1 respuesta con 3 o más (0.49 < d < 0.68); y grande, al comparar 0 respuestas con más de 3 (d = 0.86), lo que muestra que los resultados hallados para hostilidad son muy robustos.
En la segunda parte del análisis, se realizaron modelos multivariantes de regresión lineal múltiple, con el objetivo de hallar qué situaciones familiares estresantes son factores de riesgo de la agresividad. Los resultados de las cuatro regresiones se resumen en la Tabla 4.
Tabla 4 Modelos de regresión lineal múltiple para las variables de agresividad, ajustados por sexo y edad
| - | - | - | - | - | - | IC 95% para B | - | - | - | - |
| Variables dependiente | Variables independientes | B | DT | β | p | LI | LS | R 2 | Durbin Watson | F-Snedecor |
| Agresividad física | Constante | 36.26 | 2.96 | - | < .001 | 30.46 | 42.06 | 13.9% | 1.748 | F(48.078, 4); p < .001 |
| - | 5. Malas calificaciones escolares | 3.02 | 0.56 | 0.15 | < .001 | 1.92 | 4.12 | - | - | - |
| - | 4. Conflictividad familiar | 1.32 | 0.29 | 0.13 | < .001 | 0.75 | 1.88 | - | - | - |
| Agresividad verbal | Constante | 13.74 | 0.14 | - | < .001 | 13.47 | 14.01 | 0.4% | 1.873 | F(4.803, 1); p = .029 |
| - | 4. Conflictividad familiar | 0.30 | 0.14 | 0.06 | .029 | 0.03 | 0.57 | - | - | - |
| Ira | Constante | 17.30 | 0.52 | - | < .001 | 16.29 | 18.32 | 7.4% | 1.911 | F(23.643, 4); p < .001 |
| - | 4. Conflictividad familiar | 1.01 | 0.20 | 0.15 | < .001 | 0.62 | 1.40 | - | - | - |
| - | 5. Malas calificaciones escolares | 1.42 | 0.39 | 0.11 | < .001 | 0.66 | 2.17 | - | - | - |
| - | 2. Ausencia de figuras parentales | 0.41 | 0.19 | 0.06 | .029 | 0.04 | 0.78 | - | - | - |
| Hostilidad | Constante | 21.66 | 0.23 | - | < .001 | 21.20 | 22.12 | 8.2% | 1.952 | F(24.326, 4); p < .001 |
| - | 4. Conflictividad familiar | 1.42 | 0.21 | 0.20 | < .001 | 1.01 | 1.83 | - | - | - |
| - | 2. Ausencia de figuras parentales | 0.66 | 0.20 | 0.10 | .001 | 0.28 | 1.05 | - | - | - |
| - | 5. Malas calificaciones escolares | 1.14 | 0.40 | 0.08 | .004 | 0.36 | 1.93 | - | - | - |
| - | 3. Dificultades econ/ laborales | 0.60 | 0.28 | 0.06 | .034 | 0.04 | 1.16 | - | - | - |
Los factores de riesgo para la agresividad física (Tabla 4), en orden de mayor a menor impacto, resultaron ser las malas calificaciones escolares y la conflictividad familiar. En agresividad verbal, solo existía un factor de riesgo, la conflictividad familiar. Para la ira, los factores de riesgo, en orden de mayor a menor impacto, resultaron ser la conflictividad familiar, las malas calificaciones escolares y la ausencia de figuras parentales. En la variable hostilidad, se encontraron cuatro factores de riesgo: conflictividad familiar, ausencia de figuras parentales, malas calificaciones escolares y dificultades económicas/laborales.
El modelo mejor explicado por los factores familiares estresantes es la agresividad física (R 2 = 14%) y el peor explicado es la agresividad verbal, es decir, un 14% de la varianza de la agresividad física es explicada por dos situaciones familiares estresantes: las malas calificaciones escolares y la conflictividad familiar.
Diferencias en situaciones familiares estresantes y conflictividad familiar entre adolescentes de centros de menores y de la población general
Al comparar la cantidad de conflictos y de situaciones estresantes experimentadas en la familia de la población general de adolescentes y de los centros de menores, se hallaron los resultados de la Tabla 5.
Los datos indican que ambos grupos de adolescentes difieren significativamente tanto en conflictividad familiar, como en situaciones familiares estresantes, es decir, los adolescentes de los centros de menores habían experimentado más conflictos familiares y más situaciones familiares estresantes que los adolescentes de la población general. Los tamaños del efecto para ambas variables fueron moderados (ver Tabla 5).
Discusión
El objetivo principal del presente trabajo de investigación fue estudiar la relación existente entre conflictividad familiar y otras situaciones familiares estresantes con la agresividad en una muestra de adolescentes españoles. Se planteó como hipótesis que todas las circunstancias familiares generadoras de estrés son factores de riesgo de la agresividad. Esta hipótesis ha sido confirmada tanto para la conflictividad familiar como para otros factores estresantes, aunque no para todas las situaciones que generan estrés en el adolescente.
La conflictividad familiar
Dentro de las situaciones familiares generadoras de estrés, la circunstancia con mayor impacto en la agresividad es la conflictividad familiar, ya que aparece como el primer factor de riesgo de la ira, la hostilidad y la agresividad verbal. Además, es un importante factor de riesgo de la agresividad física, ya que, junto con las malas calificaciones escolares, explica más del 14% de su varianza. Esto indica la influencia que ejerce la conflictividad familiar en todas las manifestaciones de la agresividad del adolescente. Dicha conflictividad se refleja en una buena parte de la población adolescente, ya que, por ejemplo, las discusiones parento-filiales frecuentes fueron la primera situación estresante marcada por el 26% de los jóvenes de la muestra.
Tabla 5 Medias marginales estimadas (ajustadas por sexo y edad) y DT de conflictos familiares y de suma de situaciones familiares estresantes en adolescentes de la población general y de centros de menores.
| - | - | Población general | C.M. | F(1, 1004) | d |
| N válido | - | 894 | 114 | - | - |
| Conflictividad familiar | M | 0.50 | 0.86 | 14.992* | 0.429 |
| - | DT | 0.03 | 0.09 | (p < .001) | - |
| Suma situaciones familiares estresantes | M | 1.82 | 2.93 | 22.331* | 0.557 |
| - | DT | 0.06 | 0.23 | (p < .001) | - |
Nota. C.M.: adolescentes de centros de menores. D = d de Cohen. (*) Diferencias significativas entre grupos para el estadístico F. Valor del Estadístico F (MLG) con p-valor y tamaño del efecto (d)
Estos resultados están en línea con los hallazgos de Çetinkaya-Yıldız y Hatipoğlu-Sümer (2021), donde se señala el efecto de la conflictividad familiar (y otros factores parentales) en la agresividad física. En relación con la ira, varios trabajos llegan a conclusiones análogas, ya que tanto los conflictos parento-filiales como los interparentales (discusiones o violencia interparental) afectan la relación parento-filial y se relacionan con la percepción de una menor disponibilidad emocional parental y con la aparición de ánimos depresivos e ira (Brady et al., 2023; Clark & Phares, 2004; Maya et al., 2024; Sigfusdottir et al., 2004).
Según el estudio de Wadsworth y Compas (2002), el conflicto familiar puede impulsar al adolescente a utilizar la desvinculación en lugar de tipos de afrontamiento activos más eficaces, lo que ayuda a entender por qué este tipo de estrés se asocia con una mayor ansiedad, depresión y agresividad.
La relación entre conflictividad familiar y hostilidad es novedosa e importante, dado que la desconfianza, el resentimiento y el sesgo de atribución hostil son, en muchas ocasiones, preludio de la exteriorización de un comportamiento violento (Howells, 2011; Martinelli et al., 2018).
Otras Situaciones Familiares Estresantes
La existencia de situaciones familiares que generan estrés en el adolescente se asoció a todas las dimensiones de la agresividad. El trabajo de Wendt et al. (2019) confirma los resultados relativos a la componente emocional, ya que, según los autores, la exposición crónica a situaciones estresantes tiene un efecto único en la ira y en la dimensión afectiva del adolescente.
Al analizar por separado qué circunstancias familiares estresantes influyen en la agresividad que muestra el adolescente, las malas calificaciones resultaron ser la segunda situación con más impacto en la agresividad (tras la conflictividad familiar), siendo el factor de riesgo de la agresividad física, la ira y la hostilidad. Estos resultados están en consonancia con diversos estudios realizados con adolescentes tanto en España como en Europa, Asia o Sudamérica, que asocian un bajo rendimiento académico con la agresividad (directa e indirecta) del adolescente (Vuoksimaa et al., 2021), con su agresividad física (Muñoz-Reyes et al., 2019), con su ira (Kim, 2022) y con su resentimiento (Dámaso-Flores & Serpa-Barrientos, 2022).
El tercer factor familiar estresante que más influye en la agresividad es la ausencia de alguna figura parental por enfermedad grave, separación, ausencia frecuente o falta de disponibilidad emocional. Esta circunstancia, una de las más marcadas por las personas adolescentes encuestadas, resultó ser un factor de riesgo de la ira y la hostilidad. Es importante resaltar que el fallecimiento reciente de un familiar, marcado como estresante por uno de cada nueve adolescentes, apenas se correlacionó y no resultó ser un factor de riesgo para ninguna dimensión de la agresividad. Parece, por tanto, que no es solo la ausencia en sí del progenitor lo que puede influir en la rabia, resentimiento o desconfianza que experimenta la persona, sino la falta de voluntad de aquel de estar con su hijo o hija (priorizando otros asuntos personales o laborales) y no dedicarle tiempo de calidad y darle un espacio para conversar, escucharle o disfrutar relajadamente de su compañía.
La ausencia de alguna figura parental incide especialmente en los aspectos cognitivos y emocionales de la agresividad, conclusión que va en línea con los hallazgos de Seijo et al. (2016), donde se demostró que los hijos e hijas de padres y madres separados exhibían mayor ira, furia, irritabilidad y resentimiento que los hijos de familias intactas. En ocasiones, la pérdida de vínculos parentales puede afectar profundamente a la persona menor de edad. En un estudio realizado con agresores en el hogar, se comprobó que estas experiencias vividas en la infancia presentaban mayor correlación con la violencia que ejercían estos agresores que haber padecido abuso parental o violencia conyugal (Corvo, 2006).
Otra situación familiar estresante relacionada con el aumento de la agresividad del adolescente fue la existencia de dificultades económicas o laborales, el cuarto factor de riesgo de la hostilidad. No obstante, es importante puntualizar que la precariedad económica familiar en sí no tiene por qué provocar una mayor agresividad en el adolescente, pero puede producir un efecto indirecto a través del estrés, la tensión o el conflicto familiar que genera (Wadsworth & Compas, 2002) o en el caso de existir un conflicto interparental o parento-filial (Conger et al., 2015; Wang et al., 2022).
El rol de la hostilidad
La hostilidad del adolescente es la dimensión de la agresividad más estrechamente relacionada con la presencia de conflictos y de situaciones estresantes en la familia, ya que correlacionó con más factores estresantes y tenía más factores de riesgo. Por otra parte, el tamaño del efecto para la agresividad física fue pequeño; para la ira, moderado; y para la hostilidad, medio o muy grande, lo que indica que los resultados hallados para la hostilidad son muy consistentes.
Los datos señalan, además, que la hostilidad conecta la conflictividad familiar y otras situaciones familiares estresantes con la agresividad física del adolescente, ya que, cuando aumentan los conflictos familiares (más de dos) o las situaciones familiares estresantes (más de tres), se produce una intensificación de la hostilidad, siendo en este momento de mayor estrés familiar cuando se produce el primer incremento significativo de la agresividad física. La ira también parece ser preludio del comportamiento agresivo, ya que, con la presencia de dos situaciones estresantes, existe un incremento de la ira, pero es necesario que haya al menos cuatro para que se produzca un aumento significativo de la agresividad física. Por tanto, podría interpretarse que, ante el conflicto o el estrés familiar y la falta de seguridad percibida, el adolescente reacciona con desconfianza, resentimiento, rabia o frustración, percepciones y sentimientos que, al intensificarse, podrían influir en la manifestación del comportamiento agresivo (Buss & Perry, 1992; Howells, 2011; Martinelli et al., 2018).
Según la teoría de Erich Fromm (Buechler, 2017), la violencia reactiva hunde sus raíces en el miedo, por lo que Fromm afirma que, si proporcionamos una atmósfera donde la vida pueda prosperar y la supervivencia no esté amenazada, eliminaríamos esta forma de violencia. Al tener en cuenta que uno de los sentimientos que evalúa la hostilidad es la desconfianza (falta de seguridad o de esperanza en alguien; RAE, 2023). Cabe preguntarse si no será este sentimiento, estrechamente ligado a la conflictividad familiar y a otras adversidades en el entorno familiar, el que está en la base de la violencia, principalmente reactiva, que exhiben los adolescentes.
Características diferenciales de los adolescentes en centros de menores
Una parte de la muestra objeto de estudio estaba compuesta por adolescentes en centros de menores, que asistían o residían en estos centros por presentar serios problemas familiares o conductuales. Al comparar a este grupo de adolescentes con el grupo de estudiantes de la población general, se observó que los adolescentes con problemas familiares o conductuales tenían significativamente más conflictos familiares y más situaciones de estrés familiar. Los trabajos de Stevenson et al. (2018) y de Choi et al. (2020) coinciden con estos hallazgos, ya que las experiencias familiares adversas o la forzada separación de un progenitor o cuidador estaban relacionados con mayores problemas de conducta. Según Wendt et al. (2019), las personas menores de edad institucionalizadas muestran, asimismo, mayores experiencias vitales adversas.
Dentro de personas adolescentes con problemas de conducta, más de las dos terceras partes de la muestra eran personas menores de edad infractores. Es extensa la bibliografía que asocia la delincuencia del adolescente con una mayor carga de estrés familiar como resultado de factores como: haber vivido mayores experiencias vitales adversas (Belisle et al., 2024; Hicks et al., 2021; Liu & Vazsonyi, 2024; Piotrowska et al., 2019), poseer bajo rendimiento escolar, precariedad económica y mayor tasa de divorcio parental (Zych et al., 2021) y mayores conflictos parento-filiales, inter-parentales o familiares (Huang & McKeown, 2022; Liu & Vazsonyi, 2024; Low et al., 2020; Zych et al., 2021). Estos trabajos corroboran los hallazgos del presente estudio y reflejan la considerable influencia que ejerce la conflictividad familiar y otras situaciones familiares estresantes en el comportamiento antisocial del adolescente.
La conclusión más importante del presente trabajo de investigación es que la conflictividad familiar es un importante factor de riesgo de la agresividad que muestra la persona adolescente, entendiendo por agresividad la tendencia a responder de forma violenta física o verbalmente, a sentir rabia o enojo (ira), a sentir resentimiento, desconfianza, envidia y tener la percepción de animadversión o críticas injustas (hostilidad).
Vivir otras situaciones estresantes en la familia también influye en diversos aspectos de la agresividad en la población adolescente. Concretamente, vivir como estresante las malas calificaciones escolares es un importante factor de riesgo de la agresividad física del adolescente, de su ira y su hostilidad. La ausencia de figuras parentales (por enfermedad grave, separación, ausencia frecuente o falta de disponibilidad emocional) es factor de riesgo de la ira y la hostilidad, mientras que vivir como estresante las dificultades económicas o laborales en la familia es un factor de riesgo de hostilidad.
Respecto a la población adolescente que está en centros de menores por presentar serios problemas familiares o conductuales, los resultados indican que han vivido más conflictos y más situaciones estresantes en la familia que la población adolescente no institucionalizada.
Dentro de los componentes de la agresividad, la hostilidad es la dimensión más estrechamente asociada a la existencia de situaciones familiares estresantes, ya que muestra relación con todos los factores estresantes analizados y es la dimensión con más factores de riesgo. Además, la hostilidad se intensifica cuando aumentan los conflictos familiares y precede a la agresividad física en caso de gran estrés familiar, lo que muestra su rol mediador entre las situaciones familiares estresantes y la agresividad física.
Estos resultados resaltan la importancia de la familia para un adecuado desarrollo y ajuste psico-social de la persona adolescente y plantean la necesidad de impulsar acciones y políticas encaminadas a aminorar las circunstancias familiares generadoras de estrés, a fortalecer la calidad de las interacciones familiares (Benetti et al., 2014), a reducir la conflictividad familiar y a promover las reuniones familiares (Wang & Liu, 2020), animando a los padres y madres a dedicar tiempo y atención a sus hijos. Estas iniciativas podrían ser más efectivas para erradicar la violencia en adolescentes que tomar medidas punitivas severas contra los jóvenes, medidas que, en lugar de eliminar la violencia, pueden, a la larga e indirectamente, incrementarla al acentuar la rabia, desconfianza, resentimiento y hostilidad que estos sienten y suponer otra fuente de conflicto familiar y de estrés para la persona menor de edad.
Según Mowen y Boman (2018), teniendo en cuenta que las políticas para tratar los problemas de delincuencia en la adolescencia no se centran en la conflictividad familiar, pueden estar errando al no detectar este factor como causa directa de los comportamientos problemáticos. Como consecuencia, estas políticas fracasan en su intento de prevenir la delincuencia. Por ello, consideramos importante abordar el problema de la agresividad (o del comportamiento antisocial) del adolescente y de la conflictividad familiar de una manera conjunta.
Algunas de las medidas que se proponen a la luz de estos resultados son: (a) escuelas de padres y madres como un lugar de formación y encuentro, con asesoramiento psicológico especializado, donde se intercambien experiencias y se aporten soluciones efectivas fundamentadas en un ambiente familiar basado en el cariño y la confianza; (b) realizar terapia familiar para abordar la situación de familias con conflictos o de adolescentes con comportamiento agresivo o delictivo. Este tipo de terapia ya ha mostrado su eficacia para el tratamiento de adolescentes violentos o con problemas de comportamiento (Hartnett et al., 2017; UNODC, 2019); (c) para las situaciones familiares muy complejas, realizar terapias individuales o grupales con adolescentes, donde se trabajen las emociones y percepciones negativas derivadas de las situaciones familiares generadoras de estrés y se aporte afecto, seguridad y confianza a la persona menor de edad La fortaleza más importante de este estudio es la amplia y variada muestra seleccionada, con personas adolescentes de diferente espectro social y educativo, y con personas adolescentes normalizados y con problemática familiar o conductual. Ello contribuye a que las variables objeto de estudio se muevan en un rango muy amplio, posibilitando una mayor fiabilidad en los resultados encontrados. Sin embargo, el diseño de corte transversal impide establecer una causalidad explícita entre las variables analizadas. Por otra parte, el estudio se realizó exclusivamente con autoinformes de la persona adolescente, sin tener en cuenta la percepción de otros miembros de la familia sobre la tendencia agresiva del menor, lo cual puede dar lugar a cierto sesgo.
Futuras investigaciones podrían centrarse en estudios longitudinales que analicen el efecto a corto y largo plazo de un aumento de la conflictividad familiar y otras situaciones familiares generadoras de estrés en el incremento de la agresividad en la adolescencia. Asimismo, sería deseable analizar otros factores familiares que puedan influir simultáneamente tanto en el estrés familiar como en la agresividad de la persona adolescente, a saber, estilos educativos parentales, lazos emocionales existentes en la familia, comunicación y satisfacción familiar, número de comidas y tiempo que comparten en familia progenitores e hijos e hijas, implicación parental, tipo de vínculos parento-filiales, etc.














