1. Introducción: la diacronía del español de Honduras a la luz de la bibliografía
Aunque se ha repetido ya hasta la saciedad, es necesario volver a recordar que el español hablado de los países que comprenden el Istmo Centroamericano sigue siendo una variedad pobremente estudiada, caracterizada por una enorme escasez de trabajos que incluso llega a ser total en lo que se refiere a ciertas zonas, momentos o temáticas (Quesada Pacheco, 2008, pp.145-147). En este sentido, quizá la situación de Honduras refleje de manera cabal el aserto anterior, pues si bien es verdad que se cuenta ya con una serie de trabajos sobre su sincronía que aportan datos relevantes y que abren nuevas vías de futuras investigaciones (Aguilar Paz, 1970, 1981; Amastae, 1989; Bentley, 2020; Castro, 2001; Hernández Torres, 2006, 2010, 2013a; Herranz, 1990, 2023; Lipski, 1983, 1986, 1987; López Scott, 1983; Medina-Rivero, 1990; Murillo Lanza, 2021; Nieto, 1986; Pato Maldonado, 2021; Van Wijk, 1969; Walz, 1964)2, no lo es menos que el desconocimiento sobre esta cuestión sigue siendo aún notable, muy especialmente en lo que se refiere a su diacronía, para la cual solo se cuenta con estudios aislados sobre los orígenes y ciertas características de este español en diversas etapas históricas (Herranz, 2001a, 2001b; Nieto, 1995; Ramírez Luengo, 2004-2005, 2018, 2022; San Martín Gómez, 2021); salta a la vista, por tanto, que es prácticamente todo lo que queda por investigar al respecto, de manera que no parece exagerado desde el punto de vista diacrónico el título de «cenicienta del español de América» que, hace ya algunos años, dio a esta variedad su máximo estudioso (Herranz, 1990, p.82).
Dentro de estos vacíos que se detectan en la bibliografía, no cabe duda de que el siglo XIX constituye -en consonancia con lo que se registra para otras variedades del mundo hispánico (Buzek y Šincová, 2014)- uno de los momentos menos atendidos por los investigadores, algo especialmente grave por cuanto se tiene ya constancia de la fundamental importancia que posee esta centuria para la consolidación del español y la configuración de la situación existente hoy tanto en el continente en general (Ramírez Luengo, 2011) como en el caso concreto de Honduras (Herranz, 2001b; Ramírez Luengo, en prensa a). Así las cosas, cabe preguntarse a qué se debe este evidente desinterés por el Ochocientos, y aunque las respuestas a esta cuestión son de muy variada índole, no parece ser un factor menor el hecho de que por el momento no se cuente con un corpus lingüístico que permita llevar a cabo su estudio (Ramírez Luengo, en prensa a), lo que señala una nueva línea de trabajo que será necesario atender con la máxima urgencia: la creación de esta infraestructura de investigación, que posteriormente facilitará la descripción y el estudio del estado en el que se encuentra, en la época republicana, el español empleado en el actual espacio hondureño.
2. El trabajo: objetivos y corpus
Con todo, es importante señalar que la inexistencia de un corpus lingüístico del español hondureño decimonónico no implica necesariamente que esta cuestión no pueda ser abordada ya por los investigadores, quienes pueden emplear para este cometido los diferentes materiales disponibles que reflejan los usos propios de la variedad diatópica y cronológica mencionada; a este respecto, y aunque son muchos los textos que se pueden señalar, no cabe duda de que las obras de los lexicógrafos puristas del siglo XIX -más concretamente, los Hondureñismos de Alberto Membreño (1897)- constituyen una fuente de primera importancia porque, tal y como se ha demostrado en un trabajo previo dedicado al nivel fónico (Ramírez Luengo, en prensa a), documentan de manera precisa numerosos aspectos que identifican diatópicamente en estos momentos al español de la región3. De este modo, el presente trabajo -que sigue el modelo de estudios previos sobre otras zonas del continente (Ramírez Luengo, 2023, en prensa c)-tiene como propósito contribuir a la historia léxica del español de Honduras mediante el análisis de los indigenismos que aparecen en la obra que se acaba de mencionar, para lo cual se atenderá a los objetivos siguientes: a) detectar todos los indigenismos léxicos que aparecen en el lemario de este repertorio lexicográfico; b) llevar a cabo el análisis de estas voces según factores variados, tales como su origen etimológico o su clasificación onomasiológica; c) señalar aquellas atestiguaciones que se pueden entender como primeras dataciones de una unidad léxica específica; y finalmente, d) constatar el carácter de americanismo de estos elementos desde un punto de vista de uso y dinámico de este concepto (Ramírez Luengo, 2017).
Por lo que se refiere al autor, se ha mencionado ya con anterioridad (Ramírez Luengo, en prensa a) que Alberto de Jesús Membreño (Tegucigalpa, 1859-1921) es considerado el lexicógrafo más importante de Honduras y uno de los grandes referentes de la disciplina en el siglo XIX centroamericano: abogado de profesión, ocupa cargos de gran trascendencia en la política y en la vida cultural de su país -diputado, alcalde de Tegucigalpa, magistrado de la Corte Suprema o rector de la Universidad (BVFE, 2023)- que culminan con su elección como presidente de la República entre 1915 y 1916; exiliado posteriormente a Guatemala a raíz de la guerra civil de Honduras, logra retornar a su patria para morir en la capital, en concreto el 6 de febrero de 1921 (BVFE, 2023). Salta a la vista, por tanto, que desde el punto de vista filológico -y tal y como sucede con otros nombres de la época como el guatemalteco Batres Jáuregui o el colombiano Uribe Uribe-, Membreño no pasa de ser un simple aficionado, si bien esto no resta interés a su producción, conformada por un conjunto de obras dedicadas a la lexicografía y a la toponimia4 que pone de manifiesto su finísima sensibilidad lingüística y su profundo conocimiento de las variedades del español empleadas en su país de origen.
En cuanto al corpus seleccionado, no cabe duda de que los Hondureñismos constituye no solo la principal obra de su autor, sino también uno de los aportes más relevantes a la lexicografía hispanoamericana del siglo XIX: editada y ampliada en varias ocasiones, aparece en México en 1912 la «tercera edición del diccionario, supervisada por su autor, y en la que incluyó la información contenida en otro de sus trabajos» (Herranz, 1989, p. 100), en concreto su Aztequismos de Honduras de 1907 (BVFE, 2023), a la que se añaden dos posteriores, en 1921 y en 1982. Por lo que se refiere a su contenido, cabe indicar que el diccionario considera como hondureñismos «las palabras indígenas y aquéllas del español que han modificado parcialmente su significante, o han cambiado o añadido significados inexistentes en otras zonas dialectales del español» (Herranz, 1990, p. 32), por lo que conforma un listado de vocablos usados en Honduras sin tener en cuenta el método correctivo de sus antecesores y sin definirlos con criterios normativos (Quesada Pacheco, 2008). Así las cosas, se puede concluir que la riqueza y amplitud de los fondos que atesora este texto hacen de la obra de Membreño un recurso de máxima importancia para el estudio histórico del léxico de esta variedad, y de ahí que se haya optado por tomarla como corpus de trabajo para el análisis que se pretende llevar a cabo en estas páginas.
3. Los indigenismos en el español hondureño del siglo XIX: los datos de Membreño
De este modo, la revisión del lemario que conforma los Hondureñismos permite detectar la presencia de un número significativo de indigenismos en él, en concreto 273 vocablos del total de 2071 entradas, lo que equivale a un13,18% de estas5. A este respecto, si bien es verdad que los datos no son del todo sorprendentes -dado que, como recuerda Rivas Hidalgo (2022),«para finales del siglo XIX, los liberales en el poder habían incluido el elemento indígena en el ideario de la nueva nación» (p. 65) y esto genera «una especie de autoctonismo lingüístico» que supone la entrada de múltiples elementos de este origen en la lexicografía regional americana-, es importante hacer hincapié en ello, por cuanto demuestran el valor que posee la obra de Membreño para la historia léxica del español hondureño, y especialmente -aunque no solo- para el estudio de sus préstamos de naturaleza amerindia.
Una vez constatada esta relativa abundancia de indigenismos, se hace necesario determinar en primer lugar el origen etimológico de todos ellos, pues este análisis permite descubrir las lenguas que tienen un mayor impacto en la variedad diatópica del país y que, por tanto, contribuyen en mayor medida a su enriquecimiento léxico. Así, la consulta de esta cuestión en un conjunto de diccionarios de referencia -en concreto, el Diccionario de la Lengua Española -DLE (2014), el Diccionario de Americanismos -DAMER (2010), el Diccionario Crítico Etimológico Castellano e Hispánico -DCECH (1980-1991) y Morínigo (1998), así como Herranz (2017)- ofrece los resultados siguientes (Tabla 1):
Tabla 1 Origen etimológico de los indigenismos del corpus
| LENGUA | CASOS | VOCES |
| Náhuatl | 224 (82,05%) | achín, aguacate, aguate, aiguaste, aje, ajuquín, amol, apaste, apazote, atoleada, ayacaste, ayotera, cacalichuche, cacalota, cacao, cacaste. caite, cajete, calaguastazo, calpián, calpul, camagua, camotillo, camuliano, caucel, caulote, celeque, cenzonte, chachaguato, chachalaca, chagüite, champa, chane, chapulín, chayote, chele, chián, chiche, chichicaste, chichigua, chichina, chichinguaste, chichipate, chico, chilamate, chilate, chilemotate, chilincoco, chilmol, chílpate, chiltepe, chiltota, chimichaca, chinaste, chingaste, chipote, chiquigüiste, chiquigüite, chistata, chocoyo, chulunco, cicahuite, cicimite, cigua, ciguata, cihuapate, cipe, cipote, colocho, copalchí, copalillo, copante, coyol, coyote, cuache, cuajilote, cuajiniquil, cuaquinol, cuculistearse, cuije, cumiche, cusnaca, cuzuco, enzacatarse, escajocote, esquinsuche, esquite, guacal, guacamol, guaje, gualiqueme, guamil, guanacaste, guasaya, guate, guato, guazalo, güegüecho, güiligüiste, güintaca, güisayote, güiscoyol, güistomate, güisquil, hueste, huipil, huizute, hule, ipegüel, izote, jagüilla, jícama, jicaque, jícaro, jicote, jilote, jinicuite, jiote, jiquilite, jocote, jolote, juco, junacate, machigua, malacate, mapachín, matate, matatillo, mazacuate, mecatazo, memela, molotera, motate, moto, mozote, mucle, nacarigüe, nacascolo, nacatamal, nagual, nahuapate, nance, nixquezar, nixtamal, nixte, ocozote, olote, otomía, pachón, papelote, paste, pataste, pate, pazcon, pepenar, petaca, petatillo, pichete, piligüe, pizote, pizque, pochote, pujagua, pupusa, quezal, quilinchuche, quiscamote, sapayolo, sonconeto, suncuán, suyate, tabanco, tacotal, tacuacín, talaje, talchocote, talguate, talnete, talpetate, tapachol, tapayagüe, tapegua, tapesco, tapiscar, tasacual, tayacán, tecolote, tecomajuche, tecuán, telepate, tempate, tenamaste, tepache, tepemechín, tepetate, tepezcuinte, tequiar, tetelque, tetunte, tigüe, tigüilote, tile, tilinte, tiste, tizate, totoposte, tul, tunulmil, tutumilpate, tutumuste, tutumustear, yagual, zacate, zacatera, zacatuste, zanate, zanatear, zanatero, zapalote, zapotillo, zonchiche, zonzapote, zopilocuao, zunteco |
| Leng. antillanas | 14 (5,12%) | bajareque, guacamaya, guácima, guarumo, guayaba, güira, hamaquear, hicotea, jején, maicillo, nigüento, nigüero, yuca, yuquilla |
| Quechua | 12 (4,39%) | cacharpa, cancha, china, chinear, chúcaro, cuyo, guaca, guanaco, ñángara, pacaya, puchito, quihuicha |
| Caribe | 9 (3,29%) | papaya, chaquira, jaba, macana, lora, mico, jobo, guasanga |
| Leng. mayas | 7 (2,56%) | bejuco, chibola, cuchubal, cuchumbo, cumba, piche, sute, zompopo |
| Lenca | 6 (2,19%) | canjura, cuma, cumiar, cute, lesquín, lislique |
| Misquito | 1 (0,36%) | guabul |
| TOTAL | 273 (100%) |
Los datos de la tabla confirman, pues, el claro predominio de voces de origen náhuatl, con 224 elementos que equivalen al 82,05% de los indigenismos presentes en el corpus, a lo que se añaden en menor medida los aportes de otros sistemas lingüísticos amerindios: por un lado, las lenguas antillanas, que cuentan con catorce vocablos y un 5,12% del total; por otro, y en porcentajes inferiores al 5%, el quechua (4,39%), el caribe (3,29%), las lenguas mayas (2,56%), el lenca (2,19%) y finalmente la presencia puntual del misquito, con un único préstamo (0,37%). Así pues, la situación responde bien, como se puede comprobar, a lo que era esperable, tanto en lo que se refiere a la relevancia cuantitativa del náhuatl en el español hondureño -demostrada sobradamente por Herranz (2017), y relacionada con el uso histórico de este idioma en lo que hoy es el país y con su prestigio durante la época colonial, cuando se emplea en la administración civil y religiosa y genera una profusa producción escrita (Ramírez Luengo, 2007)- como a la presencia de vocablos de origen antillano, rápidamente extendidos por todo el continente desde las islas caribeñas (Ramírez Luengo, 2007). Ahora bien, junto a esto es importante señalar también otras cuestiones de interés para la mejor comprensión de la configuración léxica del español de Honduras, tales como, por ejemplo, la presencia de vocablos de idiomas no hablados en la región -como el caribe y el quechua6- que demuestra «la complejidad que supone la configuración léxica de las hablas americanas, resultante (...) también de los trasvases de vocabulario y de las influencias mutuas que establecen entre sí tales hablas a lo largo de la historia» (Ramírez Luengo, 2023, p. 21), así como la incorporación de unidades léxicas de una lengua como el lenca, que si bien no son muy numerosas, resultan (casi) exclusivas de esta variedad diatópica y, por tanto, contribuyen de manera muy marcada a dotar a esta de un perfil léxico dialectalmente diferenciado.
Junto a lo anterior, se hace necesario establecer la clasificación por campos léxicos de los indigenismos del corpus, pues esta aproximación permite detectar las esferas de la realidad que se ven especialmente afectadas por esta estrategia de enriquecimiento del vocabulario. En concreto, tal clasificación -siguiendo parcialmente la establecida en el proyecto TLEAM (Tesoro Lexicográfico del Español de América) y en Ramírez Luengo (2023)- es la que se recoge en la Tabla 2:
Tabla 2 Distribución en campos léxicos de los indigenismos del corpus
| CAMPO LÉXICO | CASOS | VOCES |
| Flora | 53 (19,41%) | aguate, amol, bejuco, cacalichuche, caulote, chichicaste, chichinguaste, chichipate, chilamate, chílpate, cicahuite, cihuapate, copalchí, copalillo, coyol, cuajilote, cuajiniquil, cuaquinol, esquinsuche, guacal, guácima, guanacaste, gualiqueme, guarumo, güiligüiste, güira, güiscoyol, güistomate, jícaro, jinicuite, jobo, junacaté, lesquín, mozote, nacascolo, nahuapate, ocozote, pacaya, paste, pate, pochote, quihuicha, quilinchuche, suyate, talchocote, tecomajuche, tempate, tigüilote, tizate, tul, tutumilpate, zacatuste, zapotillo |
| Agricult./ganad. | 48 (17,58%) | aguacate, apazote, ayotera, cacao, camagua, camuliano, celeque, chián, chico, chilemotate, chiltepe, chinaste, chingaste, chúcaro, cuajilote, enzacatarse, guamil, guasaya, guate, guayaba, güintaca, güisayote, güisquil, izote, jilote, jiquilite, maicillo, motate, nance, olote, papaya, pataste, piligüe, pujagua, quiscamote, sute, tapachol, tapiscar, tetelque, tunulmil, tutumuste, tutumustear, yuca, zacate, zanatear, zanatero, zapalote, zonzapote |
| Fauna | 45 (16,48%) | aje, ajuquín, caucel, cenzonte, chachalaca, chapulín, chilincoco, chiltota, coyote, cuije, cute, cuyo, cuzuco, escajocote, guacamaya, guanco, guazalo, hicotea, jagüilla, jején, jicote, jolote, lislique, lora, mapachín, mazacuate, mico, piche, pichete, pizote, quezal, sapayolo, , suncuán, tacuacín, talaje, talnete, tecolote, tecuán, telepate, tepemechín, tepezcuinte, zanate, zompopo, zonchiche zunteco |
| Enseres /utensilios | 27 (9,89%) | achín, apaste, ayacaste, cacaste, cacharpa, caite, cajete, chaquira, chibola, chiquigüiste, chiquigüite, cuma, cumba, huipil, huizute, jaba, macana, matate, matatillo, papelote, pazcon, petaca, petatillo, tapegua, tapesco, tenamaste, yagual |
| Alimentación | 23 (8,42%) | aiguaste, chayote, chilate, chilmol, cusnaca, esquite, guabul, guacamol, hueste, jícama, jocote, machigua, memela, nacarigüe, nacatamal, nixquezar, nixtamal, pizque, pupusa, tepache, tiste, totoposte, yuquilla |
| Caract. humanas | 21 (7,69%) | chele, chiche, chipote, chistata, chocoyo, cipe, colocho, cuache, guaje, guato, güegüecho, jicaque, jiote, mucle, nigüento, nixte, ñángara, pachón, sonconeto, talguate, tigüe |
| Otros | 21 (7,69%) | cacalota, calaguastazo, chachaguato, chichina, chinear, chulunco, cuculistearse, cumiar, guaca, guasanga, hamaquear, ipegüel, juco, mecatazo, molotera, otomía, pepenar, puchito, tequiar, tile, tilinte |
| Sociedad | 15 (5,49%) | atoleada, calpián, chane, chichigua, china, cicimite, cigua, ciguata, cipote, cuchubal, cuchumbo, cumiche, moto, nagual, tayacán |
| Industria/construc. | 11 (4,02%) | bajareque, calpul, cancha,champa, copante, malacate, tabanco, talpetate, tasacual, tepetate, tetunte |
| Geografía/clima | 5 (1,83%) | chagüite, nigüero, tacotal, tapayagüe, zacatera |
| Prod. manufact | 4 (1,46%) | camotillo, canjura, chimichaca, hule |
| TOTAL | 273 (100%) |
De este modo, quizá lo primero que salte a la vista y se deba destacar de los datos anteriores sea su variada distribución onomasiológica, es decir, la presencias de estas voces en muchos campos léxicos y además de naturaleza muy heterogénea, lo que demuestra el carácter de auténtica revolución que representa, para este nivel lingüístico del español, el contacto con las lenguas autóctonas del continente, que aportan vocablos incluso a esferas de la realidad en principio poco proclives a necesitarlos como pueden ser, por ejemplo, las características humanas7. Al mismo tiempo, hay que mencionar también la concentración mayoritaria de estos elementos en ciertas realidades como son la flora (19,41%) y la fauna (16,48%), la agricultura/ganadería (17,58%) o los enseres y utensilios (9,89%), pues estos datos dibujan una situación que -paralela a la detectada en otros estudios sobre la cuestión (Mejías, 1980, Polo, 2005; Ramírez Luengo et al., 2017)- no es sino el reflejo de la «originalidad que muestra América en estos aspectos» y, por ello, de «la necesidad que tiene el español de dar nombre a unos referentes desconocidos que carecen de él en la lengua» (Ramírez Luengo, 2019, p.258).
Por otro lado, la revisión de los corpus históricos más relevantes para el español de América (Corpus Diacrónico del Español - CORDE, Corpus Diacrónico y Diatópico del Español de América - CORDIAM, Léxico Hispanoamericano - LEXHISP) permite constatar que en ocasiones estos Hondureñismos tienen también una gran trascendencia desde el punto de vista cronológico: en efecto, si bien es verdad que la modernidad de la obra (1897) puede inducir a pensar lo contrario, lo cierto es que la escasez de estudios existentes hasta el momento sobre la diacronía léxica del español hondureño -aunada a la muy baja representación de Honduras en los corpus mencionados- conlleva que en muchos casos la aportación de Membreño suponga la primera datación de ciertos vocablos (entre otros, chilamate, cuma, guasanga, nigüento, nigüero, suyate, tacotal, talnete, tetelque o tilinte) o al menos un nuevo ejemplo de un elemento poco documentado históricamente (ayacaste, cacalichuche, chichipate, chocoyo, copalchí, guarumo, nahuapate y sute)8, así como también la única aparición histórica de voces registradas de manera exclusiva en diccionarios sincrónicos (achín, ajuquín, canjura, chilincoco, copante, cuchubal, cuchumbo, cumba/cumbo, cumear, cumiche, cute, guabul, gualiqueme, junacate, lesquín, lislique, mucle, pichete, tapachol, tasacual, tutumustear, zacatuste,zonchiche). No cabe duda, por tanto, de que también desde este punto de vista los Hondureñismos de Membreño se muestran como un documento de primera importancia para llevar a cabo una reconstrucción más completa y realista del devenir histórico del español en esta nación centroamericana, y de ahí que sea necesario reclamar nuevas investigaciones que se centren en un texto como este, que -sorprendentemente- no ha recibido hasta ahora de parte de los estudiosos la atención que sin ninguna duda se merece.
Finalmente, la interpretación del americanismo en este trabajo como «elemento lingüístico que, a resultas de su uso muy frecuente y cotidiano, distancia la variedad americana respecto del español europeo» (Ramírez Luengo, 2017, p. 609) determina el establecimiento de una clara diferencia entre este concepto y el de indigenismo y obliga, al mismo tiempo, a analizar la relación que se establece entre ellos, habida cuenta del distinto comportamiento que, desde este punto de vista, pueden presentar las voces amerindias. De este modo, la aplicación a los datos de Membreño de los principios metodológicos expuestos en un trabajo previo sobre esta cuestión (Ramírez Luengo, 2023) permite constatar que, si en estos momentos los vocablos apaste, caite, chocoyo, tepache, tepetate, zapalote y zompopo se pueden considerar americanismos puros9, el empleo de guanaco con el significado decimonónico centroamericano de «todo centroamericano que no ha nacido en la ciudad de Guatemala» (Membreño, 1897, s.v. guanaco) parece convertir a este término en un ejemplo del subtipo semántico, mientras que aguacate, bejuco, cacao, coyote, papaya y yuca, con marcadas diferencias en el uso español y americano, constituyen claros americanismos de frecuencia10, y loro y mico, por su parte, se deben entender como voces generales11. Se puede concluir, por tanto, que no todos los indigenismos detectados en el corpus poseen en las postrimerías del siglo XIX el mismo valor dialectalizador, y así, si los americanismos puros y los semánticos sirven para reforzar la personalidad léxica del español hondureño, aquellos -compartidos con España- que pertenecen al subgrupo de los de frecuencia contribuyen en menor medida a este propósito, mientras que las voces generales han perdido ya para entonces su carácter de índice dialectal, todo lo cual evidencia muy claramente la complejidad que encierran, desde el punto de vista de los procesos de dialectalización léxica, los indigenismos.
4. Unas primeras conclusiones
Así pues, todo lo expuesto a lo largo de estas páginas en relación con los indigenismos que aparecen en los Hondureñismos permite extraer una serie de conclusiones que responden a los objetivos planteados al inicio de este estudio y que no solo ayudan a comprender mejor el valor que Alberto Membreño y la lexicografía centroamericana del siglo XIX dispensan a los préstamos de origen amerindio, sino que también aportan informaciones relevantes para la historia léxica de la variedad hondureña del español, tan desconocida hasta el momento y más en lo que se refiere al Ochocientos. En este sentido, quizá lo primero en lo que haya que incidir sea precisamente en la escasez de trabajos acerca de esta época, algo que, si bien se debe a múltiples factores, tiene en la actual falta de fuentes documental sobre las que llevar a cabo estos estudios una causa sin duda fundamental; es del todo perentorio, por tanto, desarrollar con la máxima brevedad un ambicioso proyecto de edición que -siguiendo modelos de éxito como CORDIAM (2023)- permita la creación de corpus filológicamente fiables a partir de los cuales se pueda avanzar en un mejor y más profundo conocimiento del habla que identifica a los hondureños a lo largo del Ochocientos.
Con todo, la inexistencia de corpus como el descrito más arriba no impide de forma tajante el desarrollo de la investigación sobre esta cuestión, que sin duda se puede llevar a cabo a partir de otros materiales que, a pesar de responder a finalidades muy distintas, permiten describir con cierto grado de certeza el estado que presenta las variedades hondureñas del español durante el Siglo de las Independencias. Esta afirmación queda ejemplificada muy claramente con las abundantes y valiosas informaciones que, acerca del empleo del indigenismo en la diatopía y la diacronía mencionadas, se obtienen de los Hondureñismos de Alberto Membreño, quien muestra en sus páginas una indudable visión positiva de tales unidades léxicas -tanto por constituir la respuesta más eficaz ante la necesidad de los emigrados peninsulares de dar nombre a las realidades propias de América como por lo que suponen de enriquecimiento de la propia lengua española (Membreño, 1897)- que explica, a su vez, su abundancia en el repertorio lexicográfico mencionada, donde alcanzan el 13,18% del total de las entradas del lemario.
Pasando ya al análisis específico de estos vocablos, el corpus demuestra que, por lo que se refiere a sus orígenes etimológicos y a su reparto por campos léxicos, el español hondureño del siglo XIX se comporta de manera muy similar a como lo hacen otras variedades centroamericanas de este momento: así, no sorprende registrar en las páginas de los Hondureñismos un evidente predominio de las voces de origen náhuatl, ni tampoco la presencia de elementos originarios de sistemas lingüísticos muy variados, entre los que destacan las lenguas propias de las Antillas y el quechua, que muestra, al igual que en la Guatemala de la época (Ramírez Luengo, 2023), un aporte más importante de lo que tradicionalmente se ha supuesto para el español de América Central; al mismo tiempo, es importante mencionar también la aparición de vocablos de las lenguas propias del país -tales como el maya, el lenca o el misquito-, que si bien pueden parecer irrelevantes desde un punto de vista cuantitativo, resultan sin embargo de gran trascendencia para la configuración léxica de la variedad hondureña, por cuanto poseen un alto valor dialectalizador que contribuye de manera muy marcada a dotar a esta de su indudable personalidad. En lo que toca a las esferas de la realidad en las que se integran los indigenismos, quizá desde este punto de vista lo más relevante sea constatar su aparición en campos léxicos muy variados, pues este hecho demuestra -tal y como se ha dicho ya en otras ocasiones (Ramírez Luengo, 2023, en prensa c)- que la entrada de elementos de este origen etimológico no supone un mero enriquecimiento de este nivel lingüístico, sino una auténtica reorganización del mismo cuyas consecuencias se deberán estudiar en el futuro con mayor detenimiento.
Por último, tampoco carecen de interés los datos de este corpus desde otros puntos de vista, en concreto desde lo cronológico y desde lo referente a los procesos de dialectalización léxica. Por lo que atañe a la primera cuestión, conviene señalar que, a pesar de la modernidad de los Hondureñismos, datados en las postrimerías del siglo XIX, las atestiguaciones que encierra la obra suponen en numerosas ocasiones la primera datación -o bien el único registro histórico- de muchos de estos vocablos, algo que se transforma en un dato fundamental para conocer su profundidad diacrónica y, por tanto, para ir construyendo el devenir léxico de esta variedad diatópica; en cuanto al segundo aspecto mencionado, el análisis de este corpus demuestra que los indigenismos no responden necesariamente de la misma manera al concepto de americanismo -pues algunos de ellos se interpretan como tales, sean puros, semánticos o de frecuencia, mientras que otros constituyen ya en estos momentos voces generales-, de manera que es posible sostener que no todos ellos poseen la misma trascendencia a la hora de crear una identidad lingüística y que, por tanto, la relación existente entre tales voces y los procesos de dialectalización resulta mucho más compleja de lo que en principio se podría suponer.
En definitiva, salta a la vista que hoy por hoy los Hondureñismos de Alberto Membreño pueden suplir la carencia de un corpus lingüístico del español decimonónico de este país y, en consecuencia, se erigen -tanto por la abundancia de datos que aportan como por el evidente interés de estos- en un material de primera importancia para el análisis diacrónico de esta variedad, algo que en estas páginas se ha ejemplificado con los indigenismos, pero que en realidad va mucho más allá de esta cuestión e incluso del mismo nivel léxico. Es del todo necesario, por tanto, que los historiadores de la lengua vuelvan sus ojos a este texto y desarrollen a partir de él nuevos y más profundos trabajos, pues solo de esta manera será posible ampliar las informaciones existentes sobre el devenir del español del país y, en consecuencia, comprender con la profundidad necesaria los procesos históricos que terminan por configurar la variedad lingüística que, dentro del mundo hispánico, identifica hoy a los hondureños como tales.














