Introducción
La aplicación de políticas económicas neoliberales en el siglo XX, generó conflictualidades por los bienes naturales, siendo una característica común en Latinoamérica. Durante la década de 1980, la tierra pasó a ser el principal motivo de las demandas por parte de organizaciones rurales tanto campesinas como indígenas.
En Argentina, si bien los reclamos comenzaron a visibilizarse en 1912 con el “Grito de Alcorta” (Barbetta y Domínguez, 2016), con el avance del agronegocio en la década de los 90 se acentuaron y visibilizaron más aún, y en la actualidad continúan siendo de trascendencia en las provincias del Sur del país, en la Puna Jujeña y en el interior de las provincias de Santiago del Estero, Formosa, Chaco, Salta y Córdoba (Domínguez, 2009; GEPCyD, 2009).
De esta manera, se consolidó en un nuevo orden económico, político e ideológico a principios del siglo XXI, el neoextractivismo (Gudynas, 2009; Svampa, 2013). Particularmente en Santiago del Estero, esto propició el surgimiento de distintas organizaciones campesinas, de pequeños productores y comunidades indígenas en la provincia desde finales de los 70 hasta la actualidad. En este contexto, en el año 2009, surgió la Mesa de Tierras del Dpto. Jiménez en la provincia de Santiago del Estero, a partir de la confluencia de organizaciones campesinas, comunidades locales, Iglesia católica y organizaciones gubernamentales y no gubernamentales.
Este espacio de organización constituye un ámbito de discusión, asistencia y elaboración de estrategias sociocomunitarias ante la conflictualidad emergente por la tierra, el territorio y el hábitat (Coronel et al., 2024)
El objetivo de este artículo es analizar una de las estrategias llevadas a cabo por la Mesa: el proceso de mapeo colectivo realizado entre 2021 y 2022. Esta herramienta es comúnmente utilizada en los procesos de cartografía social, a través de la cual, los sujetos elaboran una imagen integral de un determinado territorio generando no solo una representación geoespacial, sino también una descripción discursiva de símbolos, relaciones sociales, ocupación del territorio, conflictos, luchas y perspectivas (Pinto y Wardeley, 2012; citado en Medeiros de Almeida y Oliveira de Souza, 2017).
Precisamente, este proceso llevado a cabo en la Mesa de Jiménez surgió como la necesidad de construir un espacio en el que las comunidades puedan expresar las problemáticas que tienen sobre las fumigaciones y sus consecuencias en la salud y el ambiente, con la finalidad de diseñar nuevas propuestas a partir de la identificación de diferentes dimensiones de las comunidades, las fincas aledañas y los conflictos presentes.
Área de estudio
La provincia de Santiago del Estero se encuentra ubicada dentro de la región fitogeográfica del Chaco Seco. Presenta una situación de gran fragilidad ambiental caracterizada por variaciones climáticas debidas a la influencia alternativa del clima de regiones circundantes (Selva Tucumano-Boliviana, Monte Occidental, Llanura Pampeana y Selva Misionera) (Moscuzza et al., 2003).
Las actividades agropecuarias predominantes en esta provincia han sido la ganadería extensiva sin especializar en las regiones de secano y los cultivos hortícolas en las áreas de riego, destacándose la presencia histórica de unidades productivas que pueden considerarse campesinas (Pescio et al., 2015).
El departamento Jiménez está ubicado en el área centro oeste de la provincia (figura 1), la cual presenta características predominantes de Chaco Semiárido de acuerdo con el balance hídrico, dando lugar a una vegetación de bosque xerófito y arbustal. Cuenta con una superficie de 4 832 km2, limitando hacia el oeste con la provincia de Tucumán. Entre las actividades productivas del departamento predominan:
La ganadería caprina y, en menor medida, ovina y vacuna sin especializar (de Obschatko et al., 2007). Desde 1960 y 1970, se inicia el proceso de expansión de la frontera agropecuaria, a través de la introducción de cultivos orientados a la exportación (Manzanal, 2006; citado por Pescio et.al., 2015) que va desplazando a las actividades tradicionales de baja rentabilidad (citado en Pescio et al, 2015: 6).
Del análisis de los Censos Nacionales Agropecuarios de 2002 y 2018, podemos observar que la cantidad de EAPs2 en el nivel departamental creció de 431 a 481, notándose un aumento en las EAPs con límites definidos (de 361 a 389) y una disminución en las sin límites definidos (de 70 a 62) (Garay et al., 2023).
Este modelo tiene como correlato la pérdida de biodiversidad (Guzmán, 2018; Abt Giubergia, 2014; Herrero-Jáuregui et al., 2011), el aumento de conflictos por la tierra dadas las precarias condiciones de tenencia de esta y la presencia de fumigaciones, lo cual empeora las condiciones de vida de las comunidades.
Estas consecuencias cobran mayor importancia en un departamento en el que el 60 % de su población3 habita en zonas rurales (INDEC, 2010), donde los pequeños productores, imposibilitados económicamente de incorporarse al sistema de producción de la soja, tuvieron que vender o arrendar sus tierras a empresas y subsistir a expensas del monte nativo remanente (Moscuzza et al., 2003).
Marco teórico - conceptual
La cartografía social es un concepto que puede entenderse como estrategia metodológica de investigación participativa e instrumento político de resistencia de los sujetos que intervienen en este proceso.
Desde el punto de vista metodológico, Medeiros de Almeida y Oliveira de Souza (2017), definen la cartografía no solo como una metodología, sino también como una herramienta dialógica que posibilita la investigación en torno a un espacio social, y en el que los sujetos del mismo documentan en forma cualitativa la información y las representaciones iconográficas de la realidad que se analiza.
Asimismo, los autores desde el análisis de los campesinos sin tierra desde el MST-Goiás4, asume a la cartografía como un instrumento político de resistencia, en la que los productos de la estrategia metodológica sustentan las luchas sociales de los sujetos en el proceso social, político y cultural en los que se insertan (Medeiros de Almeida y Oliveira de Souza, 2017).
Para este trabajo, se adopta la noción de Acserald (2012; citado en Medeiros de Almeida y Oliveira de Souza, 2017) de que los mapeos que tienen características colaborativas constituyen un subcampo de la cartografía participativa en las prácticas de representaciones cartográficas.
En el proceso de mapeo colectivo los sujetos de una comunidad elaboran una imagen integral de un determinado territorio generando no solo una representación geoespacial, sino también una descripción discursiva de símbolos, relaciones sociales, ocupación del territorio, conflictos, luchas y perspectivas. Se trata de un documento descriptivo de la comunidad a través de discursos, imágenes fotográficas, mapas e historias colectivas (Pinto y Wardeley, 2012; citado en Medeiros de Almeida y Oliveira de Souza, 2017).
En este ejercicio se expone y se reflexiona sobre las diferentes percepciones de los sujetos ante una determinada problemática, las nociones de territorio y territorialidades campesinas ya sean individuales o colectivas.
En este trabajo, se entiende el territorio como un espacio de disputa, de contienda, una construcción social producto del ejercicio de relaciones de poder, las cuales están siempre implicadas en prácticas espaciales y temporales (Harvey, 1998; Herner, 2009). “Estas relaciones de poder son tanto materiales como simbólicas, ya que son el resultado de la producción de un espacio que se construye diferencialmente según vivencias, percepciones y concepciones particulares de los individuos, los grupos y clases sociales que lo conforman” (Herner, 2009: 165). Así, el concepto de territorio está imbricado con el poder, en tanto toda relación de poder espacialmente mediada es productora de identidad, al controlar, distinguir y separar a los individuos (nominando y clasificando individuos y grupos sociales) (Haesbaert, 2011).
Betancourt et al. (2013) plantea que “hay una tríada inseparable entre territorio, territorialidad y territorialización (Porto-Gonçalves, 2012), en donde no hay territorio sin una territorialidad (forma de vivir/sentir/pensar el espacio) que haya pasado por un proceso de territorialización en donde entran en juego relaciones de poder” (citado en Betancourt et al., 2013: 9).
En la disputa, el capital busca desterritorializar a los sujetos que construyen sus territorios rivales, en nuestro caso las comunidades, y es en ese marco donde los procesos de construcción colectiva de estos mapas llevan a la gestación de las bases de la resistencia ante las conflictividades emergentes.
Desde la etimología, esta palabra proviene del latín resistentia, haciendo referencia al verbo resistere que significa mantenerse firme, persistir, oponerse reiteradamente sin perder el puesto, y está compuesta por el prefijo re-, que hace referencia a la intensificación de la acción, reiteración o vuelta atrás, y el verbo sistere (establecer, tomar posiciones, asegurar en un sitio). La resistencia es entendida como:
El poder que intenta crear situaciones, agrupaciones y acciones que se resisten a las imposiciones del poder dominante (Sharp, 2005) (...) cobra sentido, cuando hay un otro que oprime, humilla y expropia de forma permanente. El objetivo final (...) “no es directamente derribar o transformar el sistema de dominación, sino, sobre todo, sobrevivir - hoy, esta semana, esta estación - dentro de él. (...)” (Scott, 1973: 12, citado por Menezes, 2002: 30; citado en Hurtado y Porto Gonçalves, 2022: 4).
Marco metodológico
La metodología que se utiliza en este trabajo es cualitativa y participativa, a partir de la implementación del proceso de mapeo colectivo realizado entre 2021 y 2022. En este, se trabajó por parajes y localidades del departamento Jiménez, llegando a Los Soraires, Toro Pozo, Casilla del medio, La Pajosa, Cashico, El Añil y Vitiaca, incluyendo al mismo tiempo datos de otras comunidades aledañas como: Santa Feliza, Las Lomas, Pozo Cavado, Pozo del Guayacán, Suri Pozo, Tres Cruces, Puesto Libertad, El Churqui, Pacará, El Bagual y El Charco. Para esto se involucraron diferentes técnicas de investigación:
Talleres de mapeo colectivo: se puso el eje en relevar las comunidades y las fincas de la zona. Respecto a las primeras, durante el mapeo se tuvo en cuenta las siguientes categorías a identificar y localizar por parte de las personas participantes: a) viviendas; b) posta u hospital; c) destacamento policial; d) iglesias; e) comisión municipal; f) escuelas; g) caminos; h) plazas; i) fuentes de agua; entre otros. Respecto a las segundas: a) productores; b) dominio de la tierra que trabaja o habita; c) superficie de explotación; d) cultivos; e) fumigaciones y efectos; f) lugares de almacenamiento.
Dado que en la Mesa de Tierras del departamento confluyen diferentes organizaciones e instituciones que no habitan el territorio, se resolvió que éstas realizaran sus propios mapas, a partir de la identificación de conflictos y de las acciones que llevan a cabo para enfrentar las problemáticas.
Registro de datos: en los talleres, un facilitador explicó al grupo lo que se debía relevar y a la vez, tomó nota con las observaciones de la actividad y la información recabada,
Observación participante: “La observación participante consiste en dos actividades principales: observar sistemática y controladamente todo lo que acontece en torno del investigador, y participar en una o varias actividades de la población. Se habla de participar en el sentido de desempeñarse como lo hacen los nativos, de aprender a realizar ciertas actividades y a comportarse como uno más” (Guber, 2001: 57). Las autoras, investigadoras e integrantes de la Mesa de Tierras, formaron parte de este proceso a demanda de las comunidades y organizaciones que la constituyen. A su vez, participaron de todas las actividades que desarrolla la Mesa.
Generación de dispositivos audiovisuales: ante la imposibilidad de implementar los talleres en forma presencial en el contexto de la pandemia Covid-19, se diseñaron videos tutoriales para su aplicación, por parte de las propias comunidades.
Con el fin de analizar la información recabada en los talleres, las investigadoras utilizaron el programa Google Earth para realizar una georeferenciación de los datos y una matriz construida a partir de las dimensiones y categorías que se muestran en la tabla 1.
A posteriori, para profundizar en el análisis de este proceso de mapeo colectivo, se realizaron 12 entrevistas semiestructuradas a diferentes actores que forman parte de la Mesa de Tierras de Jiménez durante el mes de junio de 2022. Entre ellos: un integrante de la Secretaría de Agricultura Familiar Campesino Indígena (en adelante SAFCI), cinco referentes de diferentes comunidades, el párroco de la zona, el delegado comunal de Pozo Hondo, personal del INTA, un miembro del Comité de Emergencia y un fiscal federal.
Estas entrevistas permitieron comprender el impacto de este proceso en las comunidades.
La información resultante en los mapas presenta una escala de 1:10 km., con el fin de representar a las comunidades relevadas en el proceso de mapeo colectivo.
Tabla 1: Dimensiones y categorías de análisis
| DIMENSIONES | CATEGORÍAS |
|---|---|
| Finqueros | Finqueros |
| Familias | Viviendas |
| Producción familiar | |
| Arrendamiento de campos | |
| Vinculadas a los finqueros | |
| Instituciones | Salud |
| Educación | |
| Policía | |
| Iglesias | |
| Juzgado de Paz | |
| Infraestructura | Fuentes de agua |
| Caminos (tipos) | |
| Cementerio | |
| Espacios verdes | |
| Espacios comunes | |
| Transporte | |
| Alumbrado público | |
| Trabajos en territorio | Instituciones |
| Proyectos | |
| Conflictos | Usurpación de tierras, corte de caminos, fumigaciones |
| Límite de la comunidad |
Elaboración propia
Resultados
Planificación del proceso
Con motivo de diseñar estrategias en torno a los conflictos territoriales y ambientales, la Mesa planteó la necesidad de conocer los actores del territorio, sus acciones y las conflictividades que surgen a partir de la convivencia de diferentes modos de habitar.
El principal objetivo de los mapeos es el conocimiento del territorio por parte de la comunidad, y su implementación como una herramienta local tanto para su defensa como para la demanda de necesidades frente al Estado.
Pensando en ello, se planificó el primer taller en Los Soraires, el cual dio inicio al proceso de mapeo colectivo en el que se buscó identificar en el espacio geográfico a las comunidades, las instituciones, los finqueros y los caminos vecinales. La planificación constó de cuatro secciones: introducción, momento “rompe hielo”, mapeo y puesta en común.
Tabla 2: Secciones
| Sección | Objetivo | Actividad | Tiempo |
|---|---|---|---|
| Introducción | Exponer aspectos teóricos sobre el mapa y los objetivos de su elaboración | Exposición del grupo de coordinadores del taller | 30 minutos |
| Rompe hielo | Analizar y criticar las variables a identificar en el mapeo Diseñar los iconos que los representarán | Trabajo en clase | 1 hora |
| Mapeo | Mapear las comunidades por distintos actores | Trabajo en grupo con una coordinadora por grupo | 2 horas |
| Puesta en común | Exponer los mapas realizados y hacer un registro común | Exposición de los grupos con lugar a discusión | 90 minutos |
Elaboración propia
En la introducción al taller, se trabajó a partir de las siguientes preguntas: ¿qué es un mapa? ¿Cuál es el objetivo de hacer este mapa? ¿Qué queremos hacer con esta información?
Respecto a la última pregunta, se explicó que lo trabajado en esa instancia no tiene carácter de denuncia, sino que es solo un relevamiento para testear cómo se piensa el territorio desde las comunidades en relación con las acciones del Estado y de los finqueros. Además, ellos podían decidir qué datos sistematizar y cuáles no, así como también debían validar los resultados. Una vez validado, este mapa quedaría como una herramienta de la comunidad para generar soluciones creativas y diseñar estrategias en forma participativa.
La segunda sección, tuvo como objetivo analizar y criticar las variables a identificar en el mapeo y diseñar los iconos que los representarían. Para lo primero, se planteó una cantidad de estas a mapear y luego cada integrante fue aportando nuevas en función de las problemáticas y demandas del territorio en cuestión.
A lo segundo, se lo desarrolló en algunos mapeos que se hicieron de manera analógica mediante el uso de afiches e imágenes satelitales, pero no se realizó en procesos que fueron directamente mapeados en el Google Earth, programa que tiene determinados iconos preestablecidos.
Luego de esta sección, se inició el proceso de mapeo. Dada la confluencia de representantes de diferentes parajes y localidades, se trabajó por grupos atendiendo esta heterogeneidad y cada uno de ellos mapearon las dimensiones mencionadas previamente en la metodología tabla (2).
Dadas las características de la Mesa, participaron en esta primera experiencia las instituciones, entre ellas: INTA, Comité de Emergencia, Secretaría de Agricultura Familiar, Campesina e Indígena (SAFCI), Grupo de Ecología Política (GEP) del Instituto de Estudios para el Desarrollo Social (FHCSyS/UNSE - CONICET), la ONG Laudato Sí y la Iglesia católica.
Estas instituciones realizaron sus propios mapas, identificando: problemas o conflictos en el territorio, acciones que llevan a cabo para enfrentar la problemática y otras actividades. En cada grupo hubo una facilitadora que explicó nuevamente lo que se pretendía y tomó nota de observaciones, evitando su intervención en cuanto a los contenidos del mapa.
Finalmente, se expusieron los mapas realizados y se llevó a cabo un registro de lo discutido por grupo. En esta instancia, se destaca la importancia de las características participativas que el mapeo colectivo debiera asegurar, a modo que la imagen integral del territorio que se construya represente lo que Ascerald (2012; citado en Medeiros de Almeida y Oliveira de Sousa, 2017) identifica como una representación geoespacial en la que se incluyen también aspectos sociales y culturales.
Ejecución
En sus inicios el proceso lo llevaron a cabo entre el grupo de Educación, Ambiente, Hábitat y Territorios del INDES (FHCSyS/ UNSE - CONICET) y el INTA. Iniciaron con el diseño de un taller para el mapeo colectivo de los Soraires y de las comunidades aledañas que participaron (Ledesma et al., 2021) figura (2).
Posteriormente, en el año 2021, las nuevas restricciones por la pandemia de COVID-19 hizo que se delegara el trabajo a las propias comunidades con asesoramiento técnico virtual a través de la confección de cartillas (figura 3) y vídeos explicativos figura (4) sobre cómo llevar a cabo este proceso. En ese contexto, los referentes se apropiaron de las herramientas y técnicas diseñadas para el caso realizando mapeos analógicos en diferentes comunidades figura (5) y se fueron procesando los datos obtenidos. En sus palabras:
Sirvieron bastante (se refiere al asesoramiento técnico virtual) porque bueno, a veces no teníamos mucha experiencia. Sí, quizás en un papel, escribir, tratar de mirar que había (...) El haber aprendido también a usar el Google Earth para ir superponiendo capas y poder tener varias realidades que uno pueda, si quiere, ver por separado. Si uno quiere ver todo eso junto en una comunidad, eso ayuda mucho. Así que fueron muy claros para ayudarnos a hacer énfasis en cosas que a veces uno no las tenía en cuenta (entrevista 10, 12/7/23).
Luego, al retorno de las reuniones presenciales, la Asociación Civil Laudato Sí, profundizó este mapeo con la consigna de “construir el territorio deseado”, a partir de que las comunidades se proyectasen en su propio hábitat (figura 6).
En paralelo, se retomaron los talleres de mapeo de forma presencial en otros territorios como Casilla del Medio y Toro Pozo. De este modo, hasta el momento se encuentran mapeadas las siguientes comunidades: El Churqui, Puesto de Libertad, Toro Pozo, Pacará, Pozo del Guayacán, El Alto, Casilla del Medio, El Charco, Santa Felisa, Los Soraires, Las Abras, Bagual, Pozuelos, Pozo Cavado, Tres Cruces, Suri Pozo, Pozo Hondo, Cashico, El Añil, Las Lomas y La Pajosa.
Si bien el objetivo general de los mapeos es que la comunidad conozca sus territorios a través de esta herramienta local, entre los relatos de las poblaciones participantes se observa que cada una de ellas expresan múltiples expectativas particulares: a) conocer los conflictos y los actores; b) localizar la población; c) informarse e informar sobre procesos del territorio; d) otorgar una dimensión geográfica al mismo; e) generar información y argumentos para gestionar recursos y políticas públicas; f) ser escuchados/as; g) visibilizar problemáticas.
La diversidad de expectativas identificadas puede explicarse en la construcción diferencial del espacio social, en lo que para Herner (2009), intervienen las vivencias, percepciones y concepciones particulares de los individuos y los grupos sociales.
Si bien el mapeo no ha concluido, los referentes afirman que las expectativas, en líneas generales, se han cumplido dado que este proceso ha servido para dinamizar la construcción de diferentes proyectos:
Expectativas se cumplieron no todas, pero bastantes a raíz del mapeo. Ha permitido a veces discutir el arreglo de algún camino, también avanzar en el tema del agua, de poder haber realizado en las escuelas la toma de agua, de haber seleccionado las escuelas en base a estos criterios de exposición de las comunidades a las fincas. También se han empezado a movilizar proyectos y programas en articulación con la parroquia, la Mesa de Tierras, la Universidad Nacional de Santiago del Estero, el INTA, etc. Proyectos que están en marcha, ¿no? de huertas, de talleres de entrenamiento laboral, de carpintería rústica, de quesos, de curtiembre, de la algarroba que sigue avanzando y creciendo. Así que bueno, a través de eso también se pudo ir motorizando ¿no? El valorizar lo local, el valorizar los dones que hay en la zona, los recursos que hay en la zona, aprovechándolos. Bastantes expectativas se han cumplido (entrevista 10, 12/7/23).
Particularmente en un caso, se muestra cierto descontento con este proceso dado que la comunidad esperaba, no solo visibilizar los conflictos y las necesidades, sino también que las instituciones organizadoras funcionaran como nexos para brindar las soluciones pertinentes a dichas problemáticas. En palabras de una de las referentas:
Y la verdad que ellos también han quedado contentos porque se pudo hablar y se pudieron ver las inquietudes que uno tiene aquí en el pueblo y que realmente son necesarias (...) son expectativas que realmente se han creado y no se están cumpliendo. Necesitamos que a través de las personas que están llegándose al mapeo, que están comprometidas con estos proyectos o que necesitan, quieren y desean ayudar a la población (...) se puedan lanzar pedidos para ver si pueden concretarse estas expectativas porque son buenas. Yo creo que sí nos podrían ayudar, creo que sí (entrevista 11, 10/8/23).
En este caso se observa la dualidad existente respecto al proceso de mapeo, ya que, si bien la persona se expresa satisfecha por haber podido reunirse, discutir y dar visibilidad a las problemáticas, en paralelo también relata una sensación de insatisfacción, ya que aquello que se ha esclarecido para hacerse aún más visible, sigue sin obtener respuestas o soluciones concretas.
Por otro lado, entre los obstáculos identificados para el correcto funcionamiento de este proceso se encuentran: a) estado de rutas de acceso; b) acceso a Internet; c) restricciones por la pandemia; d) temor a perder el trabajo; e) disponibilidad de tiempo por las actividades cotidianas de los/ as vecinos/as y de las instituciones participantes.
Ahí en la reunión de Casilla que tuvimos, que yo había invitado a los vecinos, si bien no fueron muchos, no creo que sea porque no quieran participar, sino que se ven obligados a no participar porque la mayoría de las familias también trabaja en estos lugares de grandes explotaciones agropecuarias. Entonces piensan que participando están haciendo una acción en contra del propietario (entrevista 12, 10/8/2023). Yo pienso que una de las dificultades era el estado de los caminos, de los accesos, o sea, para ir y estar físicamente en esa zona. Durante la pandemia, creo que una de las dificultades ha sido el acceso a internet, no todos teníamos el acceso a ese servicio o era muy malo, por eso a veces no se participaba en las reuniones. Yo pienso que esa fue una de las principales dificultades, pero dificultades que se fueron sobrellevando (entrevista 12, 10/8/2023).
Sistematización
Posterior a la elaboración de los mapas y a la recolección de los datos en ellos plasmados, se procedió a sistematizar la información a partir de la confección de una matriz (figura 7). En la cual se cargaron los datos de cada una de las siete poblaciones relevadas (Los Soraires, Toro Pozo, Casilla del Medio, La Pajosa, Cashico, El Añil y Vitiaca) con base en las dimensiones y categorías mencionadas en el apartado de metodología.
Cabe recalcar que, durante el proceso de mapeo participativo, algunos encuentros contaron con la presencia de pobladores de la comunidad propuesta, así como de parajes aledaños. Por lo tanto, la matriz refleja las composiciones y las diferentes realidades de los siete territorios donde llevamos a cabo los encuentros y de las |12 comunidades próximas a ellos.
Esta herramienta metodológica, logró sumar a la representación geoespacial, las descripciones discursivas de las relaciones sociales, la ocupación del territorio y los conflictos, lo que para Medeiros de Almeida y Oliveira de Sousa (2017), hace a la documentación cualitativa de la información que brindan los sujetos hacia la cartografía social.
En la actualidad, no se ha finalizado el proceso de sistematización ya que es una actividad en constante elaboración. La primera carga de datos en la matriz demostró que hay algunas categorías que faltan diagnosticar en determinadas comunidades y esto se debe a la dinámica llevada a cabo a lo largo de varios años por distintos actores responsables de la ejecución del mapeo.
Se procesaron estos datos en un Sistema de Información Geográfica (SIG), el cual socializamos con el espacio de la Mesa de Tierras. Consecuencia de ello, se planteó la necesidad de enriquecer y validar lo construido en el nivel comunitario, siendo esta una instancia en la que otras comunidades del departamento puedan incorporar sus visiones.
De los resultados preliminares del SIG se pueden identificar 19 comunidades locales con datos y cuatro que solo han sido georreferenciadas, pero no se ha relevado información (figura 8). Estas se ubican principalmente en el dpto. Jiménez, donde se han identificado hasta el momento, 163 familias pertenecientes a estos parajes (figura 9). Cabe aclarar que no representan a la totalidad de las mismas, dado que es un mapeo parcial en el que la información es brindada por los asistentes al taller.

Elaboración propia según datos relevados en mapeo colectivo a partir de Google Earth.
Figura 8: Comunidades locales identificadas

Elaboración propia según datos relevados en mapeo colectivo a partir de Google Earth.
Figura 9: Familias identificadas
Como se puede observar en la imagen anterior, la ubicación de las comunidades se encuentra asociada a la presencia de bosque nativo residual altamente fragmentado con una extensión aproximada de 37 000 hectáreas. Ante esta situación, con el afán de conservar sus modos de vida, la población está en conflicto con 29 empresarios y empresas5 (figura 10), los cuales provienen principalmente de la provincia de Tucumán.
Entre estos actores, las problemáticas emergentes que se identificaron fueron, en su mayoría, a causa de las fumigaciones aéreas y terrestres con agrotóxicos. No obstante, también se observan conflictos por la tierra −principalmente usurpaciones− y por el acceso a caminos -corte de caminos vecinales y deterioro por el tránsito de camiones y maquinarias que prestan servicios en los campos de los empresarios.
La información resultante indica que, si bien entre las actividades asociadas al sector empresarial se encuentra la ganadería, algunos empresarios se dedican principalmente a la agricultura extensiva e intensiva de soja y maíz -cultivos de verano- y trigo -de invierno-.
Esto implica que los conflictos por el uso de agrotóxicos se concentran entre noviembre y febrero durante el verano, y entre marzo a septiembre para cultivos de invierno. Las aplicaciones de estos productos se realizan mediante fumigaciones aéreas -servicios provenientes de Tucumán- y terrestres con pulverizadoras autopropulsadas -servicios provinciales en su mayoría.
El tipo de manejo que se realiza con estos cultivos tiene sus efectos nocivos en la salud (enfermedades alérgicas y cancerígenas, causando en algunos casos registrados la muerte), en las prácticas culturales de las familias (pérdida de especies cultivadas, animales de cría y domésticos), en la contaminación (del agua, aire y suelo) y en la biodiversidad remanente (reducción de flora y fauna nativa).

Elaboración propia según datos relevados en mapeo colectivo a partir de Google Earth.
Figura 10: Campos de empresarios en conflicto. Sudoeste del departamento Jiménez
Asimismo, entre las problemáticas asociadas a la infraestructura se detecta que las más destacadas se vinculan a la falta de fuentes de agua para consumo humano y animal, así como a la insuficiencia del mantenimiento, apertura y mejora de caminos, dado que los actuales afectan no solo a la circulación, sino también a los medios de movilidad. Además, se observa falta de equipamiento de salud y personal en las postas sanitarias existentes (figura 11).
Conclusiones
El mapeo colectivo es una herramienta de la cartografía social, la cual es a la vez instrumento para la planificación y para la transformación social. Es por esta razón, que las comunidades la utilizan como estrategia de trabajo en la Mesa de Tierras de Jiménez.
Su importancia radica en la generación de un producto que es resultado de una construcción colectiva: el mapa participativo, siendo este un instrumento de saber y de poder ya que contiene las experiencias vividas y percibidas sobre el territorio y, a partir de ello, permite planificar las diversas estrategias de lucha desde una mirada integral. Así, la identificación de problemáticas puede convertirse en la generación de oportunidades y, en consecuencia, de soluciones.
Se considera que los mapas hasta ahora obtenidos registran principalmente los conflictos que surgen por formas de apropiación intensiva de los bienes naturales, en perjuicio sanitario y territorial de las comunidades locales, donde su gravedad no solo está en la pérdida de reproducción social, sino también vulnera el derecho a la vida y a un hábitat adecuado. En este contexto, el mapeo colectivo es una de las estrategias que suma a la lucha de los actores subalternos por permanecer en el territorio y sostener sus formas de vida.






















