Introducción
Los textos literarios de Carlos Luis Fallas Sibaja (1909- 1966) y su trabajo político-social han despertado el interés de investigadores, tanto nacionales como ex tranjeros, desde hace mucho. A él y a su obra se han acercado historiadores, filólogos, traductores, comu nicadores, escritores, entre otros profesionales, con el objetivo de identificar sus principales experiencias históricas, literarias y políticas, como militante comu nista, sindicalista, literato o familiar.
El presente trabajo constituye una muestra del ma terial de crítica académica costarricense que se pro dujo sobre Fallas en el periodo 1966-2011. Dicho material formó parte del corpus de textos empleados para realizar el estado de la cuestión de la tesis de maestría en Historia por la Universidad de Costa Rica, titulada: Políticas de la memoria en los proce sos de formación de canon literario: Carlos Luis Fallas Sibaja (Calufa) como arquetipo de escritor nacional, desde el discurso hegemónico e institucional (1966- 2011).
El artículo busca servir de referencia para aquellos estudiosos interesados en este emblemático perso naje histórico y representante de una de las genera ciones literarias costarricenses más referenciadas: la Generación del 40. El objetivo es examinar el proce so de su canonización o institucionalización pública como escritor, a partir de una selección de estudios académicos. Para ello, se ubica esta producción entre 1966 −año de la muerte de Fallas− y culmina en el 2011−un año enmarcado dentro de un siglo caracte rizado por la racionalidad científica y tecnológica−.
Este periodo (1966-2011) se caracteriza por el desa rrollo de dos modelos de Estado en Costa Rica: entre 1948-1970, el país experimentó una serie de cambios que permitieron la consolidación de varios monopo lios públicos (la electricidad y la banca) y afirmaron la extensión de políticas sociales construidas sobre la base de la reforma social de 1940-1943. Entre 1970 y 1978, ese modelo se profundizó al desarrollarse un intento por crear empresas de servicios a partir del Estado, lo cual hizo que creciera tremendamente el gasto nacional. Después de 1980, se entró en una se vera crisis económica que llevó al planteamiento de una reforma estructural de corte neoliberal. A partir de allí, los dos modelos de Estado se enfrentaron.2 Este fue el marco histórico en el que ocurrió el proce so de canonización de Fallas como escritor nacional.
A continuación, se presenta cómo se estructura este artículo. Primero, se encuentra un apartado que aborda la recopilación del material crítico sobre Fa llas. Esta sección reconoce la pesquisa bibliográfica que se ha hecho sobre él y destaca la labor de cuatro estudiosos al respecto: Víctor Hugo Fernández, Iván Molina, Álvaro Quesada y Maricela Ramírez. El si guiente apartado se centra en la institucionalización o canonización de Fallas, también desde las publica ciones que se han escrito sobre él, pero puntualizan do en algunos textos seleccionados. Allí se incluirá su autobiografía, publicada en 1957, como un texto clave para suponer la envergadura del material litera rio de Fallas en el contexto nacional. Se profundizará en los homenajes académicos concedidos a Fallas en dos revistas costarricenses, en la importancia de los estudios de crítica realizados a partir de la traducción de sus novelas a otros idiomas. Por último, se hará un pequeño análisis de los paratextos de su producción literaria.
La crítica nacional coloca a Fallas en un espacio pri vilegiado de la literatura costarricense. El conjunto de estas publicaciones evidencia que tanto su nombre como sus producciones literarias corresponden a un referente decisivo en las letras costarricenses, lo cual supone pensar en una institucionalización pública del escritor y su obra. En otras palabras, el numero so corpus de fuentes académicas ha propiciado una ruta para ubicar a Fallas y a su obra dentro de los cánones de la literatura costarricense.
Ahora bien, de acuerdo con Enric Sullá (1998), fi lólogo catalán, el canon está constituido por el “el elenco de obras (…) valiosas y dignas de ser estudia das y comentadas” (p. 11); concretamente las obras de autores reconocidos por un talento artístico, así como aquellos autores y sus obras que una comu nidad ha consagrado como valiosos, dignos de ser conservados. Es claro que este proceso de canoni zación obedece a causas socioculturales e históri cas, las cuales descansan “sobre criterios, estéticos o ideológicos, que aseguran su supervivencia a lo largo del tiempo mediante una tradición de comentarios y reescrituras” (Sullá, 2010, p. 139). En el ejercicio de lectura, se van configurando criterios explícitos, para mantener la obra de un escritor dentro de una lista referencial. Sin embargo, es de suponer que también se fragüen criterios implícitos no reconocidos abier tamente.
Para comprender la formación de canon, Harris (1998) afirma que los “cánones se construyen a partir de lecturas, no textos aislados” (p. 37). Este ejerci cio supone una constante (re)interpretación de los textos, de acuerdo con los imaginarios colectivos y el contexto de la época, tal cual Sullá lo menciona. Se trata entonces de entender la canonicidad a partir del cómo se lee un texto y no del texto per se, es decir, entender el canon literario como un proceso dinámico y no inmutable. José M. Pozuelo concluye su artículo, I. Lotman y el canon literario, aduciendo al mismo sentido de Sullá: “Todo canon se resuel ve como estructura histórica, lo que lo convierte en cambiante, movedizo y sujeto a los principios regu ladores de la actividad cognoscitiva y del sujeto ideo lógico, individual o colectivo, que lo postula” (1998, p. 236).
Sí es importante auscultar -como apunta José Carlos Mainer- que un canon literario corresponde, a fin de cuentas, a un elenco de nombres constituido en un repertorio referencial cuya actualización de criterios o interpretación de sus obras represente también un diálogo permanente con el pasado. En este sentido, cobra valor la interpretación de la comunidad profe sional, desde espacios institucionales como la aca demia (nuestro caso). Esta comunidad, según Frank Kermode, se encuentra “dotada de autoridad (no in discutible) para definir (o indicar los límites de) un tema, imponer valoraciones y dar validez a interpre taciones” (1998, p. 92), lo cual no quiere decir, en palabras de este autor, que sus conclusiones sobre “el poder de la institución para validar textos y controlar la interpretación sean tristes. Incluso pueden ser mo tivo de un moderado regocijo” (p. 112).
Para el caso de Fallas, ser el sujeto/objeto de discu sión en revistas académicas, tesis, trabajos finales de graduación, a través del tiempo, supone la idea de que existe una necesidad y un compromiso de cono cer su material literario. Su literatura ha permanecido en los espacios públicos educativos y académicos, aún después de su muerte. Es decir, sus obras litera rias han prevalecido dentro de listas de los cánones pedagógicos de instancias estatales como el Ministe rio de Educación Pública (MEP) y las universidades públicas.
Fuentes Sobre Carlos Luis Fallas Sibaja: Sus Compiladores
En este apartado cobra sentido plantear un ejercicio de lectura de crítica literaria sobre Fallas, en tanto constituye una nueva creación de significaciones y se trae a la memoria el aporte tan valioso que realizó este escritor, no solo en el ámbito literario, sino en el político y en el social. Antes de iniciar el recorrido por la crítica sobre Fallas, se debe advertir la exis tencia de publicaciones sobre la recopilación de este material, publicaciones que constituyeron un impor tante aporte para realizar este artículo.
La primera recopilación de fuentes corresponde a un artículo del académico Víctor Hugo Fernández, publicado en el año 2012 y titulado Notas para una bibliografía circunstancial de Carlos Luis Fallas Siba ja. Fernández pone a disposición un corpus de crítica periodística sobre Fallas, en el que rescata la labor del periódico como herramienta para conocer los acontecimientos políticos y culturales de Costa Rica, durante las décadas de 1950, 1960 y 1970. Además, destaca el gran valor de la obra de Fallas al visibili zar otros sectores no vallecentralistas de la sociedad. Asimismo, se refiere a la importancia de la crítica generada entre detractores y defensores de Fallas, la cual ha fortalecido la imagen del escritor como un representante de las letras patrias.
La segunda publicación concierne al material del historiador Iván Molina; se trata de tres importantes trabajos: Carlos Luis Fallas: difusión, comercializa ción y estudio de sus obras. Una contribución docu mental (2011), De mi vida (2013, tomo II) y Príncipes de las remotidades. Carlos Luis Fallas y los escritores proletarios costarricenses del siglo XX (2016). Las tres producciones cuentan con anexos correspon dientes a material bibliográfico escrito por el mismo Fallas, así como con material académico sobre él y sus obras. En conjunto, estos tres aportes, además de destacar a Fallas dentro de su labor político-literaria, ponen en perspectiva el contexto histórico en el que se desarrolló. Las tres producciones de Molina repre sentan, por un lado, el reconocimiento del vínculo de Fallas con la militancia política de izquierda, el cual es esencial para entender su formación litera ria; por otro, la significación del periódico Trabajo en esta formación intelectual del escritor y la especial atención de los esfuerzos del Partido Comunista de Costa Rica (PCCR) por construir una dinámica cultu ral en favor de la literatura proletaria, con Fallas a la vanguardia como su mayor representante. Molina ha sido el intelectual costarricense que ha contribuido de manera sustancial a la socialización de la figura de Fallas, su pensamiento y su obra en Costa Rica. Los esfuerzos de este historiador por poner a disposi ción del lector la obra de Fallas han permitido cons truir y desarrollar otras temáticas en relación con este escritor y su época.
La tercera contribución fue realizada por el filólogo Álvaro Quesada. Se trata de un trabajo editado por Amalia Chaverri y Gastón Gaínza titulado: Rutas de subversión. La novela de los cuarenta: estudios sobre dramaturgia. Bibliografía general sobre crítica de la literatura costarricense 1890-2000 (2010). Quesada realiza un estudio de la novela de los años cuaren ta, cuyo fin es conocer las relaciones entre sujetos, discursos e instancias de poder de esos escritos, los cuales cataloga como textos de subversión temática, precisamente porque buscan romper con los para digmas del discurso establecido y tradicional al in corporar otras voces y géneros extraliterarios: “docu mentos, testimonios, informes, la crónica o el repor taje periodístico, el discurso histórico o sociológico, elementos del relato oral” (Quesada, 2010, p. 16). Rutas de subversión es un buen recurso para acercar se a la crítica literaria de la Generación del 40 y un aporte valioso a la historiografía literaria del siglo XX.
La cuarta y última contribución corresponde a Ma ricela Ramírez Hidalgo, bibliotecóloga del Instituto Tecnológico de Costa Rica (ITCR). Ella realizó una valiosa recopilación del material existente sobre Fa llas, en distintas bibliotecas estatales. Su trabajo, titu lado Biobibliografía de Carlos Luis Fallas Sibaja 1909- 1966 (2010), tuvo como objetivo “mostrar el aporte intelectual, así como hacer ver su sensibilidad social, una gran herencia literaria, así como un aporte al ser costarricense en general” (p. 4). Ramírez Hidalgo consigna en este documento un importante material que el lector, investigador o interesado en Fallas pue de ubicar en cualquier biblioteca del país. Su traba jo sirve para dimensionar en términos de espacio y tiempo qué se ha dicho sobre Fallas.
En suma, este conjunto de textos proporciona un punto de partida claro y seguro hacia el recorrido que se pretende hacer. Además, confirma la enver gadura de Fallas como escritor, así como las distintas posibilidades de análisis del contexto y su obra. Por eso, y para no reiterar en lo que estos cuatro estu diosos han indicado sobre Fallas, el análisis de este artículo concentrará su atención en una selección de estudios académicos listados por ellos que permita representar, de forma general, la institucionalización pública de Carlos Luis Fallas Sibaja. Dejaremos para otro momento abordar los otros estudios, de manera tal que se encuentre un hilo conductor, el cual nos permita cubrir un estudio más exhaustivo, sin preten der ampliar el material de crítica que ya de por sí se conoce sobre Fallas.
El Recorrido Por La Crítica: La Institucionalización Pública De Fallas Sibaja
Si del ejercicio de desplazar3 se trata (pensando en canonización literaria), la academia ubicó a Fallas en el centro de la literatura nacional del siglo XX. Él representó para este grupo el principal escritor y li terato de la Generación del 40. Los recuerdos sobre él, los análisis literarios sobre sus textos y las polémi cas sobre los premios nacionales parecen haber sido razones suficientes para que no se haya dejado de hablar de este escritor.
Los criterios sistémicos, hablando en términos de canonicidad literaria, con los que se ha juzgado a Fallas y su obra han sostenido una línea temática: la literaria. Si una de las “reglas” de la formación de canon es proveer de modelos, ideas e inspiración, el nombre de Carlos Luis Fallas les ha servido a la cultu ra, la academia y los grupos hegemónicos como mo delo de literatura nacional. Así, los mecanismos por los cuales Fallas ha sobrevivido la prueba del tiempo corresponden a un ejercicio donde la memoria ha estado involucrada, es decir, no se ha olvidado.
En medio de recuerdos, se han inscrito en las páginas de la historia literaria las razones que demuestran por qué Carlos Luis Fallas Sibaja ha estado presente en las listas o elencos de textos representativos no solo de una época, sino de una tradición literaria. Para tal efecto, se evidenciará el proceso de instituciona lización pública, mediante una muestra de fuentes académicas, tal cual se mencionó, consignada en los siguientes apartados: La autobiografía y sus implica ciones, Rememoraciones y homenajes académicos en las revistas Káñina y Comunicación, Detalles de los estudios sobre las traducciones de las novelas de Fallas Sibaja y Los paratextos en la canonicidad de este escritor nacional.
La Autobiografía Y Sus Implicaciones
En la autobiografía, incluida en la novela Mamita Yu nai, edición de 1957, Fallas se definió de la siguien te manera: vecino de Alajuela, cuyos oficios fueron el de zapatero, peón, albañil, dinamitero y tracto rista; además, señala que aprendió a “escribir” por circunstancias de fuerza mayor, es decir, “obligado muchas veces a hacer actas, redactar informes y a escribir artículos para la prensa obrera” (1997, p. 12). Ante este devenir, puntualmente debemos decir: si los datos biográficos anteriores constituyeran las úni cas señales para ubicarlo, resultaría paradójico que, a partir de esas características, se haga referencia a uno de los mejores escritores costarricenses del siglo XX. La pregunta que cabría ante esto es: ¿qué elementos se configuraron para haber logrado tal consagración en un puesto literario tan alto?
Por un lado, la información presente en la edición de 1957 reseña la etapa de la niñez y la adultez de Fa llas. En esta última, se describe su labor política y su participación en la Gran Huelga Bananera de 1934 y en la Guerra Civil de 1948, dos acontecimientos que se inscribieron en las páginas de la historia de Costa Rica. Por otro lado, en este recuento de su vida, la etapa literaria quedó marcada en un único párra fo. Fallas reconoció allí la poca atención dedicada a este ejercicio, pues su prioridad siempre fue la lucha social y el compromiso político. Lo que resulta intere sante en esta autobiografía es el referente literario que constituía Fallas, no solo durante su actividad pública.
Las implicaciones de esta autobiografía suponen que aquel zapatero estaba consciente de sus habilidades para escribir literatura. En consecuencia, como estra tegia discursiva, promueve la idea de ser un escritor poco hábil y, al estilo cervantino, logra que no solo sus adeptos, sino también sus detractores, reconoz can su trabajo y lo consagren en el espacio de la li teratura costarricense. En este sentido, mediante la captatio benevolentiae4, se hace réplica de un Fallas humilde, quien no reconocerá su labor literaria, pues deja que sean otras voces y funciones las encargadas de divulgarlo. Los datos suministrados por el mismo Fallas en esta autobiografía5 aportan detalles relativos al nombre en el contexto literario que ya tenía construido.
Así, plantear la canonización literaria de Fallas, des de el discurso (auto) biográfico, es entretejer la faceta política con la faceta literaria. Aunque la mayoría del material académico hable sobre sus habilidades es criturales y la calidad de sus obras literarias, pensar en Carlos Luis Fallas y su institucionalización pública a partir de lo que se ha dicho de él, permite com prender por qué la faceta literaria ha desplazado a la política en el devenir histórico. Pareciera ser que el mismo Fallas dio pie a que esta faceta literaria fuera la más reconocida más allá de su autobiografía. Defi nirse ante la sociedad costarricense como un político y no como un literato -aun sabiendo la calidad de sus novelas- propició que la crítica lo leyera y le reconociera esta faceta. Es imposible leer los artículos académicos que resaltan detalles sobre él y no concebirlo como un escritor y literato, a pesar de que él mismo no se considerara así.
Ante este panorama, los artículos de los filólo gos Francisco Rodríguez Cascante y Werner Mac kenbach destacan y complementan pormenores de Fallas que no se presentan en su autobiografía. Por ejemplo, Rodríguez Cascante afirma que el grupo de la Generación del 40 (al que pertenecía Fallas) tenía clara conciencia del oficio literario; además, se tra tó de una Generación con grandes dotes literarios: “Aún más confiesa Fabián Dobles que Fallas se pue de colocar en la lista de los escritores costarricenses que prestan mayor atención a la forma estética: ‘lo vi mos tantas veces hurgar en su regastado diccionario y pulir originales hasta la obsesión’” (2007, p. 229).
La estrategia, según Rodríguez, estuvo en sostener un discurso alejado tanto de la erudición como de la es tética y acogerse a una fuerte inclinación por el rea lismo, estilo narrativo que ejerció con gran maestría:
Esta devoción al realismo da cuenta antes de un proceso de manipulación enunciativa vía contra to de lectura, de un compromiso institucional y moral que pretende transformar la sociedad, por eso la insistencia imposible en alejarse del mun do intelectual -letrado del que formó parte- y lo hace hasta ahora. (2007, p. 230)
Mackenbach (2006), por su parte, reconoce en Fa llas la inclinación por temas de denuncia social, así como su propuesta estética (sus habilidades literarias y escriturales) con compromiso político. En otras pa labras, aunque Fallas no lo haya asumido en su au tobiografía -no tenía por qué hacerlo-, es innegable la marca de este escritor como modelo de literatura nacional. A este respecto, el mismo Mackenbach (2006), remite al peso literario que tiene Mamita Yu nai en el contexto nacional y centroamericano, un peso importante en esa conversión de Fallas en mo delo de escritor nacional.
Por otra parte, en un artículo publicado en el perió dico La Nación el 9 de mayo de 1976, el escritor costarricense José Marín Cañas se refirió a la calidad literaria de los trabajos de Fallas al colocarlo como “el más grande de los novelistas que ha producido el país, sin antecesores de tan alta jerarquía” (p. 8) y como representante de la Generación del 40, a pesar de la renuencia del mismo Fallas por aceptar su posi ción dentro de este grupo literario:
Dijo así (Fallas): “No me interesan esos libros porque son producto de la fantasía. Para mí, sólo tiene valor la realidad”. Esta crítica constituye, escuetamente, el perfil exacto de una obra, que ha de hacerlo famoso en el 42 e inmortal en el 56. Con “Mamita Yu nai”, primero; con “Marcos Ramírez”, después, y ya para siempre. (Marín, 1976, p. 8)
A pesar de su renuencia a pertenecer a un círculo intelectual y literario, y a su clara convicción de no (re)conocerse como escritor, Fallas no ha dejado de ocupar un puesto privilegiado en los cánones literarios costarricenses. Tanto es así que intelectuales, es critores, amigos e incluso detractores han validado el discurso de contarlo como un referente de la literatu ra costarricense y aún más de la Generación del 40. En la actualidad, se rememora su nombre, con clara conciencia de que estéticamente tenía la conciencia de tejer, en sus producciones artísticas, sujetos sub alternos con opciones de convivencia y condiciones de existencia en los imaginarios nacionales capaces de desestructurar los mitos de los grupos dominan tes y hegemónicos de la Costa Rica del siglo XX. Ex ternada o no, en su autobiografía, la inclinación de Fallas por la literatura quedó demostrada con la pro ducción de sus novelas y cuentos, que se continúan leyendo en diferentes espacios académicos, pedagó gicos, políticos y sociales.
Rememoraciones Y Homenajes Académicos: Las Revistas Káñina (2010) Y Comunicación (2009)
Las publicaciones sobre Fallas encontradas en las re vistas Káñina (2010) de la Universidad de Costa Rica (UCR) y Comunicación (2009) del Instituto Tecnoló gico de Costa Rica (TEC) responden de alguna ma nera al siguiente objetivo: por un lado, constituyen propuestas estéticas imperantes en este siglo XXI, por otro, muestran las carencias de una clase social en un contexto desfavorable. Estas revistas, a su vez, re memoraron el centenario del nacimiento de Fallas, no solo publicando análisis concernientes a su vida, sino también recordando su trayectoria como escri tor.
Káñina, por ejemplo, presenta en un apartado espe cial los trabajos de los académicos Jorge Chen Sham, Dorde Cuvardic García, Sonia Jones León, Alexander Sánchez Mora y Shirley Montero Rodríguez. Al revi sar esta producción académica, los análisis literarios propuestos permiten ver a Fallas en sus tres dimensiones: el luchador social, el político y el literato. Los filólogos fueron claros en afirmar la envergadura del escritor y la importancia de no pasar inadvertido su nombre, cuando se visita la Generación del 40.
En el caso del número especial de la revista Comuni cación, la mayoría de los artículos publicados se concentraron en visibilizar aspectos puntuales de Fallas sobre su trabajo literario, así como vivencias con él. La contribución de estos estudios, a mi juicio, radicó en dar a conocer a Fallas como ser humano: padre de familia, esposo o amigo, pues fueron familiares y gente cercana a él quienes escribieron al respecto. Aunque no se obvió el aporte que hicieron especia listas y críticos de la literatura, haber convocado a sus hijos para publicar sobre su padre fue una forma de vincular, desde otra óptica, a Fallas, muchas ve ces estudiado por sus textos literarios o su pertenen cia política. La editora de ese año, Teresita Zamora, destacó las razones por las cuales el pensamiento de Fallas está vigente y enfatizó la necesidad de prestar atención no solo al escritor, sino al ser humano con sus fortalezas y debilidades: “necesitamos encontrarnos con el hombre, con el ser humano que sufre, que siente, que ríe, que se enoja, que tiene familia” (2009, p. 4).
Los artículos publicados estuvieron a cargo de Carlos Luis Fallas González (hijo del escritor), Juan Manuel Morera Cabezas (vecino), Rosibel Morera (hija po lítica), Marco Aguilar (conocido) y Gerardo Contre ras Álvarez (quien conoció de niño al escritor). En estos textos de orden vivencial, cada uno narró las experiencias más cercanas que tuvo con Fallas y lo describió de acuerdo con sus percepciones. Todos coincidieron en resaltar la humildad, el humor y el compromiso social del escritor. Asimismo, hicieron su aporte German Chacón Araya, Adriano Corrales Arias, Francisco Robles Rivera y Arnoldo Mora Rodrí guez, quienes examinaron el contexto sociohistórico en el que Fallas se desenvolvió y sus trabajos litera rios, con lo cual destacaron sus distintas cualidades escriturales. Las diferentes facetas de la vida de Fallas habían sido tratadas también por Contreras Álvarez y Ana Irene Villalobos, años atrás (2001). Ambos publicaron en Comunicación la semblanza titulada Carlos Luis Fallas Sibaja: “la personalidad de Calufa es bastante sui géneris, en razón de su conducta y comportamiento polifuncional: obrero bananero, za patero, dirigente sindical, regidor, diputado, escritor, soldado” (p. 57).
El historiador Víctor Hugo Acuña también publicó en la edición especial un artículo, en el cual supu so la (re)lectura como un ejercicio de (re)visitación de los textos de Fallas Sibaja, así como el valor que adquieren estas producciones literarias para los estu dios de la memoria. Sobre todo, cuando se trata de recordar aquellos pasajes o eventos propios de una historia que no se puede ni se debe olvidar, pues ha sido parte de un pasado importante en el proceso de formación de identidad nacional.
li terarios. Mónica Zúñiga escoge “El taller”, un cuento de Fallas poco analizado, y retoma conceptos semió ticos e históricos para construir la propuesta. Se trata de un estudio general donde adquiere importancia el contexto histórico en que se escribió este cuen to. El filósofo Eduardo Saxe analiza la violencia intra masculina en Marcos Ramírez; la fundamenta como una cuestión heredada del sistema patriarcal al cual Fallas alude de forma inconsciente, pues era una práctica normal en el contexto de la novela. María del Carmen Mauro hace una relectura de la novela Gentes y gentecillas; su artículo titulado El caserío del otro lado señala la importancia que adquiere la téc nica escritural del chisme. De acuerdo con la autora, el chisme es un mecanismo de catarsis y con esta técnica propia de los personajes de la novela, se deja entrever la “conciencia nacional”.
Si bien Fallas ya representaba una imagen literaria pública, quienes escribieron sobre su vida puntualizaron su labor tanto política como literaria. A este respecto, se deben considerar los trabajos de Marie los Aguilar (1983) y Víctor Manuel Arroyo (1973). Estas dos publicaciones resaltaron la faceta política de Fallas, aunque no omitieron decir que una de sus cualidades mejor desarrolladas fue la literaria. Por su parte, el texto Carlos Luis Fallas de Arroyo, quien co noció de cerca al actor social de su libro, presenta una historia biográfica cuyos pasajes se acercan a la cotidianidad que vivió Fallas. En tanto, la producción de Aguilar es de los pocos escritos que rompe con el discurso tradicional de Fallas como literato y propo ne una visión más integral: política, social y cultural.
La Internacionalidad Del Pensamiento De Carlos Luis Fallas Sibaja: Detalles Sobre Los Estudios De Las Traducciones Publicados En El 2008 Y 2009
Más que concentrarnos en aspectos técnicos sobre el ejercicio de la traducción, resulta pertinente con siderarla, en este caso, como una herramienta para socializar los textos de Fallas.
Los debates relacionados con las traducciones de sus textos literarios mencionan la problemática de este ejercicio, en cuanto a que algunas veces se recurre a “rediseñar” la obra para poder acercarla a los lec tores. En ese sentido, cuatro trabajos resaltan la labor del traductor como puente entre la obra y el público meta. Asimismo, aluden al paralelismo entre la re cepción de las obras traducidas y el contexto tanto histórico como cultural en que se mueven. Este as pecto podría servir de base para futuros trabajos so bre Fallas, enfocados en la estética de la recepción y el impacto que generó en los distintos países por donde circularon sus novelas.
Judit Tomcsányi (2009) estudia la traducción de Ma mita Yunai al húngaro y puntualiza la percepción cultural e ideológica de Latinoamérica que pudiera tener el receptor del texto; dicho aspecto resulta im portante para el trabajo del traductor, pues le sirve de insumo para adaptar la traducción a un público con una cultura distinta. Tanto Tomcsányi como Mi guel Ángel Vega Cernuda (2008), Pino Valero (2008) y Javier García Albero (2008) justifican la labor del traductor y las decisiones de rediseño de la obra, con el fin de vincular el texto con el público.
Las traducciones6 de la obra de Fallas se movieron en países comunistas y las editoriales patrocinadoras estaban claramente definidas en cuanto a su ideo logía política. Por lo tanto, no era casualidad su di vulgación, pues contribuyeron a evidenciar que el comunismo no solo se encontraba en Europa, sino que los países latinoamericanos comulgaban con esta corriente. Las novelas Mamita Yunai y Marcos Ramírez se tradujeron a distintos idiomas (Molina, 2011 y 2016) y repercutieron en el ámbito nacional costarricense posterior a 1966. Mientras Fallas era leído internacionalmente, gracias a las traducciones de sus textos, en Costa Rica, estas producciones per manecían en silencio 7.
Entre 1941, cuando se edita por primera vez Mamita Yunai, y 1966, cuando aparece la segunda edición, el material literario de Fallas se divulgó en Europa, en regiones con ideología socialista o vinculadas al Partido Comunista. Es de suponer que el ruido inter nacional de las novelas de este autor constituyó un insumo más en el proceso de canonización literaria de Calufa post mortem. El propio Manuel Picado lo hace ver en su artículo Carlos Luis Fallas: visión de conjunto, publicado en 1987:
Por casi dos décadas o más la obra de Fallas tuvo en el país un cierto carácter marginal y, de diver sas formas, fue objeto de exclusión. Por eso, en algunos momentos la acogida internacional hizo contraste con el silencio o el rechazo locales. (p. 229)
No fue sino hasta después de 1960 que el pensa miento y la obra de Fallas despiertan de ese silencio y, de acuerdo con Picado, este ruido se acentúa des pués del fallecimiento del autor. Además, a partir de su muerte y luego de la década de los ochenta, su producción artística se difunde por el ámbito nacio nal, como ya se mencionó. Interesa entonces, ante este fenómeno, prestar atención a los estudios de crí tica sobre las traducciones de la obra literaria de Fa llas, porque constituyeron importantes insumos para constatar la presencia internacional de la literatura costarricense.
Los detalles alrededor de las traducciones fueron res catados por académicos en publicaciones del 2008 y 2009. Ellos reconocieron la mediación entre la traductología y la cultura receptora de una obra lite raria, razón por la cual los traductores de sus textos tuvieron que adecuar normas gramaticales, léxico y aspectos lingüísticos, con el fin de lograr el acerca miento a la sociedad extranjera.
Cuatro académicos, Judit Tomcsányi, Javier García Albero, Pino Valero y Miguel Ángel Vega Cernuda, coincidieron en el factor contextual como elemento propiciador de las traducciones8 y reconocieron el valor del rediseño textual. Tomcsányi estudió dos as pectos preponderantes en la configuración del texto final: la perspectiva europea sobre Latinoamérica y la concepción internacionalista de la ideología socialis ta. Esto último primó para que la obra de Fallas pene trara en suelo extranjero: “no hay jerarquías entre los pueblos, culturas y lenguas, todos tienen los mismos derechos y libertades” (2009, p. 72).
Javier García Albero (2008) estudió la recepción de la novela Mamita Yunai en Italia y Francia, a partir de sus traductores y las casas editoriales que la di fundieron. Esto le permitió al articulista identificar el ámbito cultural en que se movió dicho texto, así como analizar las traducciones para determinar qué permaneció del patrimonio cultural en las versiones italiana y francesa.
Este abordaje de la traducción no solo enfoca su in terés en quienes tuvieron la tarea de dar a conocer el texto de Fallas, sino que García Albero también demostró cuántos detalles de la Costa Rica de la épo ca se mantuvieron en los textos traducidos. Para la versión italiana, el traductor fue un reconocido inte lectual y escritor de corte comunista, Attilio Dabini, quien tuvo acogida en la editorial Edizione di Cultura Sociale cercana al Partido Comunista.
Lo mismo sucede con la edición francesa. La casa editora Éditeurs Français Réunis tenía nexos con el Partido Comunista francés y estaba a cargo de Louis Aragon, quien también compartía esta ideología. En este caso, fueron varios los escritores costarricenses traducidos al francés. No obstante, la recepción de la novela Mamita Yunai no topó con mucha acogi da más allá de los sectores socialistas. García Albero rescata de la edición francesa de 1971 y las ilustra ciones del pintor francés Urbain Huchet, viajero por regiones latinoamericanas.
Por su parte, Miguel Ángel Vega Cernuda (2008) ape la a la dificultad de traducir, cuando se trata de litera turas identitarias, como en el caso de Mamita Yunai. El estudioso supone que quizás esta sea una razón por la cual tendrían escasa recepción universal.
En fin, lo puntual aquí es la estrategia de la interna cionalización de la obra literaria, paralela a su pro ceso de promoción, que va más allá de entender el argumento o trama per se, pues la obra literaria invita a conocer la cultura de un país y, a su vez, la pone a dialogar con el contexto específico donde se está moviendo. En el caso de Calufa, es muy puntual este proceso de internacionalización: es el mismo Fallas quien le otorga al poeta chileno, Pablo Neruda, el reconocimiento de presentar su trabajo literario en el contexto europeo. En suma, las traducciones y las publicaciones en torno a la obra literaria de Fallas pesan en este tipo de acercamientos internacionales, precisamente porque ya ocupaba un puesto impor tante en las letras nacionales en Costa Rica.
Los Paratextos En La Canonicidad De Fallas Sibaja
Gerard Genette, en su libro Umbrales, define el pa ratexto como:
Un acompañamiento (al texto) de un cierto nú mero de producciones, verbales o no, como el nombre, un título, un prefacio, ilustraciones (…) por darle presencia, por asegurar su existencia en el mundo, su recepción y su consumación, bajo la forma (…) de un libro. (2001, p. 7)
Se trata de umbrales, los cuales ofrecen esa posibili dad de entrar o no a leer ese libro. Son franjas de tex to que constituyen una zona de transición “siempre portadora de un comentario autoral o más o menos legitimado por el autor”.
Los paratextos sirven para analizar los elementos pe riféricos de una obra y comprender cómo influyen en la interpretación que hace el lector del cuerpo principal de esta. Desde la perspectiva literaria, es tos recursos hacen posible que el texto sea visto, en su conjunto, como un libro dinámico, no estático, incapaz de circular en distintos contextos. De esta manera, referirnos a los paratextos implicará tener presente algunas herramientas del orden del discur so y de la imagen que permiten establecer, de forma mediatizada, contratos de lectura entre el lector y el autor, como los prólogos, las portadas y contra por tadas, por ejemplo. Los paratextos vienen a servir de marcos de referencia que introducen, ubican al texto y, por supuesto, condicionan su recepción, en caso de que el lector decida cruzar el umbral y penetrar en el contenido del texto.
Jesús Sánchez (2014), parafraseando a Saïd Sabia, alude a dos categorías paratextuales: el “paratexto autorial” y el “paratexto editorial”. En el primero le recae la responsabilidad al autor, quien tiene la potestad de decidir qué paratextos emplear para “so cializar” su producción artística, por ejemplo, el título. El segundo está a cargo de la editorial, que debe seguir las necesidades del mercado y ajustarse a las condiciones monetarias. Acá se encuentran las por tadas, prólogos, prefacios, tipografías; lo que Maite Alvarado (2010) llama periferias indispensables del texto impreso, cuya función es legitimar lo que ese texto quiere comunicar y qué lo hace válido dentro de una comunidad.
A efecto de este apartado, los paratextos se tomarán como motivadores de lectura, pues se sostiene la idea de que colaboraron en el proceso de posicionar tanto a Fallas como a su obra en el contexto nacional e internacional. La existencia de estos recursos con marca editorial, los diseños de imagen (para el caso de las portadas de los libros), las notas editoriales, las introducciones y los prólogos propiciaron no solo la venta de Mamita Yunai, sino que también favorecie ron el reconocimiento público de Fallas como escritor de ficción. Lo valioso es que los paratextos a los cuales aludiremos forman parte del conjunto de críti ca académica existente sobre Fallas y su producción literaria. Entre ellos mencionaremos los prólogos de algunas ediciones de sus obras y el epílogo de la edi ción de Mamita Yunai publicada en 1941 por la editorial Soley y Valverde. Estos paratextos sirven para comprender, además, la sociología del libro como producto de consumo.
En primer lugar, citaremos el prólogo de Mamita Yunai, publicado en la edición de 1966, año de la muerte de Fallas. En este, el filólogo Víctor Manuel Arroyo escribe un texto cuyo contenido representa el valor que para él tiene no solo la novela, sino el escritor: “Esta primera novela, tan plena de crudeza y de ternura a la vez (…) refleja con duros colores la realidad vivida dolorosamente por el autor” (p. 5). Este prólogo sirve para comprender no solo el nom bre que Fallas se construyó como escritor, sino el lugar que sus textos literarios ocupaban en ese mo mento. Es Arroyo quien rescata la sensibilidad, res peto y compromiso de Fallas por la clase obrera, el proletariado y los grupos sociales periféricos al Valle Central, representados en Mamita Yunai. Este es un recurso paratextual bien logrado, porque se mezcla la técnica escritural del prologuista y se presenta un mensaje cargado de sentimiento.
Con respecto al prólogo de Gentes y gentecillas, Arroyo es el encargado de redactarlo, esta vez para la edición de 1974 de la Editorial Iberoamericana, Centroamericana S. A. También escribió la nota del editor en la edición especial de este mismo libro pu blicada en 1984, a cargo de la Editorial Costa Rica, y él fue quien afirmó que Gentes y gentecillas ha sido una “gran obra, una de las mayores de nuestra lite ratura” (prólogo). Esta edición cuenta con una nota del director de la Editorial Costa Rica y un glosario elaborado por el autor. La edición de 1993, en cam bio, solo presenta el prólogo de Arroyo. No obstan te, interesa destacar en este caso la recurrencia de la misma persona en los paratextos de las diferentes ediciones de las novelas de Fallas. Es de suponer que Víctor Manuel Arroyo, militante comunista, no solo era una figura académica adecuada para escribir los prólogos de Mamita Yunai y Gentes y gentecillas, sino que al ser una figura cercana al autor se le concedió el honor de ser el encargado de promocionar la lec tura de las novelas, mediante estos recursos paratex tuales.
La edición de Mamita Yunai de la Editorial Lehmann de 1977 cuenta con el prólogo de Arroyo de 1966, la autobiografía de Fallas de 1957, una nota editorial, la dedicatoria de Fallas a los linieros, una portada -que incorpora una ilustración representativa del trabaja dor bananero de la zona atlántica- y el glosario que el mismo autor proporcionó en esta novela, cuyo fin fue esclarecer los términos populares y regionales empleados en el texto. Se trató de una edición con un importante grupo de paratextos que facilitarían el consumo de la obra, por tanto, la “lectura” de la novela. A esto habría que sumarle el año de publi cación, justamente cuando se le concede a Fallas el benemeritazgo de las letras patrias.
Otro ejemplo interesante de resaltar obedece a la edición del 2002 de Marcos Ramírez de la Editorial Costa Rica, la cual contiene el prólogo de León Pa checo escrito en 1970. Este ensayista ubica a Fallas como un narrador de aventuras y al texto como una crónica infantil. La edición nos presenta, una vez más, la autobiografía de Fallas de 1957 y dos epís epís tolas, tituladas “Las congojas de Marcos Ramírez en Polonia”.
La edición de Mi Madrina de 1993 presenta una dedicatoria firmada por J.R.A. (Juan Ramón Artavia, personaje de la novela misma) y la autobiografía de Fallas como una antesala a la lectura de la obra. Con respecto a la dedicatoria, los personajes de ficción pueden, mediante la estrategia de la metalepsis, sal tar al mundo histórico para simular la escritura de una dedicatoria. Por su parte, la autobiografía permi te inferir que es el propio Fallas quien introduce los textos y prepara al lector para su lectura, estrategia cuyo fin es contextualizar y comprender los motivos coyunturales que lo motivaron a escribir.
La edición de Barreteros y otros cuentos de 1990 no tiene ni un prólogo ni la autobiografía de Fallas, pero sí una contraportada, en la cual se rescata la impor tancia de leer a Calufa como un escritor consolidado tanto a nivel nacional como internacional. Asimismo, se presenta un comentario del reconocido escritor y militante comunista Adolfo Herrera García, quien se encarga de sostener la calidad escritural del autor.
Con respecto al epílogo de la edición de 1941 de Mamita Yunai, Fallas se refiere a su participación en el concurso por la mejor novela latinoamerica na, convocado en 1940, cuyo jurado costarricense la excluyó al no considerarla ficción, lo cual causó polémica en el medio literario. El epílogo, estratégi camente ubicado al final del libro, compromete al lector a juzgar por sí mismo si lo que leyó se trata de una novela o no.
Existen otras ediciones especiales sobre el material de Fallas: entre ellas, el prólogo al texto Un mes en la China roja de 1977, a cargo de Eduardo Saxe Fernández. En este, Saxe presenta someramente el contenido del texto y alude a la presentación de este material en 1957, el cual se hizo en 36 entregas en el periódico Adelante.
Por su parte, Manuel Picado Gómez escribió el pró logo a la edición de la Narrativa de Carlos LuisFallas, publicada en 1984. Ahí profundiza en el contexto, la biografía, los méritos literarios nacionales e internacionales, y reconoce en el fenómeno post mortem un mayor reconocimiento a la literatura de Carlos Luis Fallas Sibaja. Además de referirse a cada una de sus novelas y cuentos, deja abierta la posibilidad de abordar los textos de Fallas y el material de crítica literaria construido en torno a su figura.
Flora Ovares y Margarita Rojas elaboraron, por su parte, el prólogo a la edición especial del 2009: Car los Luis Fallas. Obra Narrativa. Tomo I. Ellas destacan el tema del enclave, la biografía del escritor y propo nen un análisis literario para cada producción de Fa llas. Finalmente, Iván Molina elaboró la introducción al relato Cuenta Braña: un mecánico comunista en la Europa Nazi. El historiador construye una cronolo gía de los avatares del PCCR, además, ubica al lector con respecto a quién es Braña.
De todas estas ediciones, valdría la pena estudiar cómo fue el proceso de recepción de Mamita Yunai y si hubo otro manejo adicional de paratextos, en este caso los epitextos, por ejemplo, anuncios publicita rios, entrevistas, reseñas o crítica en particular que haya convocado cada edición en sí de esta novela.
En fin, el recurso paratextual, principalmente el pró logo, favoreció la canonización literaria de Fallas; la escogencia de quienes escribieron sobre él no fue fortuita, sino una selección razonada con una estrate gia promocional meditada. Asimismo, la función de los paratextos en la canonicidad de Fallas simbolizó un ejemplo de reconocimiento post mortem a su la bor literaria y política, así como a lo que sus obras literarias guardan, en tanto legado cultural, para la literatura costarricense. Entre dedicatorias, detalles históricos, categorizaciones teórico-literarias y la autobiografía que el mismo Fallas escribió para los lectores, se teje el discurso paratextual, el cual, visto en su conjunto, es un homenaje previo a la apertura del telón de la lectura. El contexto nacional en que se desenvolvió Fallas fue el escenario de sus novelas: los linieros, los cortadores, los zanjeros y los cargadores de la zona atlántica, y esos retratos -según Pacheco- corresponden a imágenes poéticas, propias de un escritor literario.
También, en el futuro se podrían resolver preguntas como las siguientes: ¿qué tipo de lector se inclinó más por estos textos y por qué? ¿Cómo se promo cionó la obra literaria?, ¿a través de qué medios? Además, (re) pensando en los propios paratextos aportados por el autor, podemos preguntarnos por el impacto que han dejado los títulos, como referentes literarios de las novelas de Fallas en este proceso de canonización del autor. En otras palabras, se podría profundizar, desde diferentes grupos sociales, el lu gar que ocupan las producciones artísticas de Fallas.
Por último, partimos del hecho de que quienes con tribuyeron en la escritura paratextual lo hicieron porque creyeron en la calidad artística del autor, y sentían afinidad literaria, política y hasta admiración por el trabajo de Fallas. Del mismo modo, las casas editoriales confiaron en estos paratextos como una forma de lograr un mayor acercamiento con el lector o “consumidor”. Dentro de todo lo que se ha dicho sobre Fallas, en diferentes espacios sociales y cul turales, los paratextos tuvieron que colaborar en la consolidación de su figura como modelo de escritor nacional, es decir, en su canonización nacional.
Conclusión
De acuerdo con Ana Luengo (2004), el pasado está modificado por las condiciones del presente. Si se toma como presente el periodo de estudio de este ar tículo (1966-2011), el archivo de la memoria permite concluir que la faceta literaria de Fallas hizo posible su canonización nacional. Este material de crítica deja a este autor como un referente literario, más que como un político o un actor social.
Podemos decir que la canonización se dio no solo por sus publicaciones en prensa y distintas revistas académicas, sino que textos como su autobiografía, contar con números especiales en revistas, “el poder de las traducciones” de sus obras y la cantidad de pa ratextos en las diferentes ediciones hicieron de Fallas un escritor referencial de la literatura costarricense y un escritor canónico, al cual ha costado despla zar de las listas de lectura obligatorias y opcionales, por ejemplo, del Ministerio de Educación Pública. Sus producciones literarias: Mi madrina, Marcos Ra mírez, Mamita Yunai y Gentes y gentecillas se han ubicado, en distintos momentos, dentro del canon pedagógico de la educación secundaria pública, en Costa Rica.
A pesar de que hubo asociaciones de su nombre con puestos públicos, participaciones sindicales y acontecimientos históricos, las mismas instancias políticas, como el Partido Vanguardia Popular (PVP), e incluso el mismo Fallas impulsaron su canonización literaria. Aunque en un inicio no fue considerado parte de los círculos de intelectuales de la literatura de la época, se terminó por instaurar una “normalidad social” de lectura sobre él que hasta la fecha se ha mantenido. De esta manera, ha primado como un referente de las letras patrias, en primera instancia, y un político y luchador social, en segunda.
El recuerdo es un refuerzo del vínculo social. Me diante la crítica académica, el nombre y la produc ción de Fallas Sibaja han atravesado la historia costa rricense. La estrategia de consolidar más la faceta li teraria, frente a la política, estuvo asociada a políticas culturales de los grupos hegemónicos de la época, las cuales desembocaron en la creación de entidades que buscaban institucionalizar la cultura del país. Por ejemplo, el Ministerio de Cultura, Juventud y Depor tes, fundado en 1970, respondió a un proyecto del Partido Liberación Nacional (PLN), canonizó a cier tos escritores, y propugnó una concepción de lite ratura y cultura mediante la figura simbólica de los premios nacionales. Más aún, el nombre de Fallas, a pesar de pertenecer a un escritor comunista, ha sido condecorado con la incorporación de sus obras a la lista oficial y canónica de la literatura costarricense.
Durante su vida (1909-1966), Fallas construyó un nombre público que condujo, incluso, a su reconocimiento internacional. Tras su muerte, su nombre fue canonizado a través de diferentes mecanismos. En particular, la academia colaboró en este ejercicio de institucionalización literaria. Asimismo, la auto biografía de 1957, las traducciones de las novelas y los paratextos facilitaron el camino, a la vez que propiciaron tal proceso de consolidación del autor.
Al ser tan abundante el material de la crítica, es va lioso concentrar este estudio en un pequeño grupo de fuentes, con el fin de rescatar algunos detalles puntuales, tal cual se hizo en los homenajes acadé micos concedidos en las revistas Káñina y Comuni cación. En este sentido, como vehículo del recuerdo, la academia ha servido de soporte institucional para respaldar la producción que sobre este escritor se ha divulgado.
Con respecto a lo anterior, existen diversos artículos que no se contemplaron en este trabajo, las cuales confirman, una vez más, las múltiples lecturas y abordajes que se pueden hacer con las produccio nes literarias de Fallas Sibaja. El primero se titula Re presentaciones de la pobreza y la desigualdad social en la narrativa costarricense de la generación del 40, de la filóloga Ruth Cubillo Paniagua, publicado en el 2016; el segundo, es del comunicador y crítico lite rario Néfer Muñoz, publicado en el 2018, cuyo título es La lucha (de clases) de la cocina: los alimentos y la dialéctica de la apetencia en la novela Mamita Yunai de Carlos Luis Fallas; el tercero corresponde a los profesores Dorde Cuvardic García y Rubén Mar tínez Barbáchano, titulado Biopolítica y escasez ali mentaria en las plantaciones bananeras: el caso de Mamita Yunai, de Carlos Luis Fallas, Bananos de Emi lio Quintana y Prisión Verde de Ramón Amaya, cuya publicación fue en el 2020; y el cuarto, al historiador Iván Molina Jiménez, intitulado Carlos Luis Fallas en el mapa literario de América y que se publicó en el 2021. Estas producciones académicas constituyen valiosos aportes para la historiografía literaria y para el proceso de configuración de la memoria sobre Fa llas, el cual se encuentra en constante diálogo con diferentes voces del ámbito cultural costarricense.
Por último, es importante indicar las tres reseñas pu blicadas sobre el libro citado más arriba, Príncipes de las remotidades, del académico y estudioso de la obra de Fallas: Iván Molina Jiménez. La primera de ellas se publicó en el 2017 por Larissa Castillo Ro dríguez, la segunda procede de Verónica Ríos Que sada, filóloga e investigadora de la Universidad de Costa Rica, mientras que la tercera fue publicada en el 2018 por el reconocido historiador y académico costarricense David Díaz Arias. Con estos tres apor tes que acompañan el estudio de Molina, queda pen sar que Carlos Luis Fallas Sibaja sigue presente en el recuerdo de quienes valoran su calidad escritural y el contenido de sus novelas













