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Diálogos Revista Electrónica de Historia

On-line version ISSN 1409-469X

Diálogos rev. electr. hist vol.14 n.1 San Pedro Feb./Aug. 2013

 

La vida entorno al café: marginación social de pequeños productores en San Pedro Cafetitlán, Oaxaca, México

Living around coffe: social marginalization of small producers in San Pedro Cafetitlan, Oaxaca, Mexico

Israel Morales Becerra1*

*Dirección para correspondencia:

Resumen

Se presenta una descripción etnográfica del trabajo de campo realizado en San Pedro Cafetitlán, Oaxaca, México sobre la situación de marginación social derivada de la implementación del modelo económico neoliberal; se hace una interpretación del significado que tiene el cultivo del café en la vida de los pobladores. Destaca el hecho de que las generaciones mayores de 60 años aun valoran el recurso, tienen identidad con la tierra y esperanzas en su café; sin embargo, para las nuevas generaciones el café ha dejado de ser un recurso importante debido a que no es posible subsistir de dicho cultivo, por lo que muchos han preferido vender sus tierras y emigrar. La desintegración social causada por el fenómeno de la migración ha puesto en riesgo la conservación de costumbres y tradiciones culturales generadas a principios del siglo veinte en esta comunidad.

Palabras claves: Historia oral, etnografía, neoliberalismo, migración, baja producción.

Abstract

This article presents an ethnographic description of the field work carried out in San Pedro Cafetitlan, Oaxaca, Mexico on the social exclusion resulting from the implementation of the neoliberal economic model; an interpretation of the meaning that the cultivation of coffee has in the life of the villagers is given. Highlighted is the fact that generations older than 60 years still value the cultivation, and identity with the land and hold hope for their coffee; however, for the new generations the coffee has ceased to be an important resource because it is not possible to subsist on the crop, which is why many have chosen to sell their lands and migrate. Social disintegration caused by the migration has put at risk the conservation of cultural traditions and customs generated at the beginning of the twentieth century in this community.

Keywords: Oral History, ethnography, neoliberalism, migration, low production.


Introducción

Aunque se hace referencia obligada a indicadores cuantitativos, la metodología de esta  investigación es de índole cualitativa. Se utilizó la historia oral como método para preservar el conocimiento de los eventos históricos tal como fueron percibidos por sus participantes, considera a los individuos como los principales sujetos del tiempo presente y dueños de la memoria viva a través de la experiencia, dicha experiencia y su significado, es lo que buscaron las entrevistas (Camarena & Necoechea, 1994: 47) Se realizaron 44 entrevistas semiestructuradas durante 24 salidas de  trabajo de campo. El trabajo se complementó con observación participante, recopilando datos empíricos que permitieron realizar la interpretación social mediante el  método etnográfico que, de acuerdo con Geertz, permite realizar la descripción densa de los aspectos culturales en el estilo de vida de un grupo de personas (Velasco & Díaz de Rada: 2009: 43).

San Pedro Cafetitlán es una agencia municipal de San Pedro Pochutla enclavada en las montañas de la  Sierra Sur  del estado de Oaxaca, comunidad proveniente de la cultura zapoteca cuya actividad económica principal es el cultivo del café, ya que cuenta con un clima templado húmedo y condiciones de suelo propicios para la cafeticultura. Se entiende como  cafeticultura a la práctica humana de sembrar cafetales y cultivar sus granos, así como todas aquellas costumbres y tradiciones que han prevalecido a través del tiempo en las comunidades dedicadas a su cultivo y que han generado bailes, música y gastronomía con inspiración o sabor a café.

Cafetitlán surgió de un proceso de organización comunitaria a raíz del cultivo del café a principios del siglo XX, posteriormente con la implementación del modelo económico neoliberal, que originó la liberación de los precios del café, devino el empobrecimiento y la migración que han puesto en riesgo su integración social. Se trata de una zona con una vasta riqueza en recursos naturales y culturales, pero a su vez, con un alto grado de marginación como consecuencia de la crisis que vive la cafeticultura en Oaxaca. Se ubica a 56 kilómetros de la zona turística denominada Bahías de Huatulco, su localización geográfica se encuentra entre los paralelos de longitud oeste 96° 22’ 12.00” y latitud norte 15° 56’ 13” a 1219 msnm. Su temperatura oscila entre los 10° como mínima y 30° Celsius como máxima, limita al norte con el municipio de San Mateo Piñas y al sur con el municipio de Pluma Hidalgo, en el Distrito de Pochutla.

El presente artículo es resultado del proyecto de investigación “Historia oral: relaciones de  convivencia en torno al café, pequeños productores de San Pedro Cafetitlán, Pochutla, Oaxaca” que, entre sus propósitos, buscó documentar algunos de los antecedentes históricos de Cafetitlán, recuperó parte de la memoria colectiva a través de testimonios orales, mediante una perspectiva de la historia como ciencia social, que dé cuenta del pasado inmediato de la comunidad. Así se ofrece un diagnóstico de la situación socioeconómica en que se encuentra la población que se enfrenta a problemáticas como la baja producción de la tierra, dificultades para  comercializar sus productos por falta de recursos financieros, insuficiencia alimentaria, dependencia respecto a ingresos de subsidios gubernamentales y altos flujos migratorios.

Son evidentes las condiciones de marginación en esta población que se ha visto afectada por los estragos del modelo económico neoliberal, implementado en México en la década de los ochenta y que no ha podido revertir la situación en la que se encuentra la mayoría de su población, misma que no encuentra cabida en la lógica del capitalismo global. Mediante los testimonios orales y la información proporcionada por las fuentes documentales, se esbozan los procesos de cambio en su estructura productiva antes y después de la implementación del modelo económico prevaleciente.

Con la finalidad de preservar en la memoria histórica parte de sus costumbres y tradiciones culturales, se hace una descripción del proceso de socialización que se da en la fiesta patronal que pretende hacer una revalorización de su cultura en las generaciones que han perdido vínculos e identidad con la comunidad. Se hace un comparativo entre el imaginario colectivo de generaciones jóvenes, con el de generaciones mayores de 60 años interpretando el significado del café en sus vidas y su identidad con la tierra.

A partir de las reflexiones emanadas del trabajo, el artículo concluye con la  recomendación de un desarrollo local endógeno como posible medida que le permita a la  comunidad construir una forma de vida y de trabajo alternativo al proceso de desarrollo capitalista.

Marco Histórico

El café se introdujo en México en la última década del siglo XVIII proveniente de la isla de Cuba. Al parecer los primeros cafetales se plantaron en Acayucan y Amatlán por la zona de  Córdoba. El primer registro del grano en aduanas para su exportación data de 1802. En 1809 los cafetales ya se habían propagado en la región de Xalapa de donde se irán extendiendo a otras zonas en el territorio de lo que hoy es Veracruz (Rojas, 1964: 13-15). Según las notas de exploración del viajero francés Mathieu de Fossey, a finales de los años 30 del siglo XIX ya había pequeños plantíos de cafetos en la zona de Oaxaca (Bartra & Cobo & Paz, 2011:
67). Basilio Rojas indica que en 1854 se inició su cultivo en Oaxaca, José María Cortés quien era cura en San Agustín Loxicha, plantó las primeras matas de café y posteriormente se trasplantaron al Cerro de la Pluma por un grupo de empresarios de Miahuatlán desanimados del declive en la producción de grana cochinilla. Ahí fundaron la primera finca de café con el nombre de “La providencia” en 1874, que posteriormente daría origen a la fundación del Municipio de Pluma Hidalgo el 1 de diciembre de 1880. Este municipio aledaño a la comunidad de Cafetitlán, era un lugar ideal para el cultivo del grano, no sólo por las condiciones climatológicas, sino por su cercanía con la costa que permitió sacar la producción por Puerto Ángel.

Entre 1873 y 1893 México comenzó a exportar café hacia los Estados Unidos llegando a representar entre el 4 y 6% de las exportaciones totales del país (Rodríguez, 1996: 740), período en el que creció la demanda internacional de grano de café y por consiguiente es una época en que se cotizó a precios altos.

Matías Romero, embajador plenipotenciario y ministro de Hacienda durante los gobiernos de Benito Juárez y Porfirio Díaz, fue el arquitecto del proyecto para el fomento del cultivo de café durante el gobierno de Díaz, sus esfuerzos fueron reflejados en el tratado de reciprocidad comercial firmado en 1883 donde el café ya entraba a Estados Unidos en condiciones preferenciales libre de derechos de importación, sin embargo, dicho tratado nunca se ratificó porque no fue aprobado por el congreso estadounidense, pero es antecedente del esfuerzo de Matías Romero para impulsar la industria cafetalera (Rodríguez, 1996: 754).

Los antecedentes de la fundación del pueblo de Cafetitlán datan de principios del siglo XX cuando un grupo de diez a quince familias de origen zapoteco lideradas por Don Desiderio  Martínez, emigraron de los Valles Centrales a las montañas de la Sierra Sur para asentarse en el Cerro San Pedro y dedicarse a la actividad cafetalera.

Con base en actas del Poder Legislativo del Estado de Oaxaca, el historiador y cronista del pueblo, don Teódulo Silva, mencionó que la comunidad alcanzó su primera categoría política de Agencia de Policía Rural en el año de 1915. A partir de esa fecha los habitantes dejaron de  prestar su servicio de topil, que estaban obligados a presentar en la cabecera municipal de San Mateo Piñas. Cafetitlán obtuvo el rango de Agencia Municipal el 12 de Mayo de 1944. Desde su fundación y hasta 1984 la comunidad se reconocía oficialmente con el nombre de San Pedro Piñas y pertenecía al municipio de San Mateo Piñas pero derivado de las diferencias y la falta de diálogo con las autoridades municipales, a partir del 22 de marzo de 1984, por petición de la propia comunidad, su adscripción pasó al municipio de San Pedro Pochutla y cambió su nombre de San Pedro Piñas por el de San Pedro Cafetitlán (Silva, 2002: 6).

Costumbres y Tradiciones de San Pedro Cafetitlán

Cada 18 de enero -día en que el santo patrono llegó al pueblo se realiza la fiesta patronal en honor a San Pedro con actividades religiosas, culturales y deportivas. Un día antes del máximo festejo a luz de día, se realiza el paseo de las flores donde las mujeres del pueblo acuden vestidas con su traje típico, llevan en la cabeza una canasta de flores elaborada por ellas mismas y que al final del día se presentan en un concurso. Posteriormente, ya entrando la noche, se lleva a cabo la calenda, una procesión tradicional en Oaxaca que anuncia la llegada de la fiesta del santo patrono introducida por los religiosos franciscanos durante la colonia (Bradomin, 1972: 261). Con el repique de las campanas se invita a la gente a reunirse en el patio de la iglesia, la banda de viento empieza a tocar sones regionales y los habitantes comienzan a llegar y a bailar, es un festejo, un tributo de agradecimiento por la cosecha del café, durante el recorrido por las calles, las casas ofrendan dulces y algunos utensilios domésticos, por último se ofrece una modesta cena para todo el pueblo, los padrinos lo hacen por el “sólo gusto de dar al pueblo algo, de retribuirle al pueblo”, dicen en la entrevista. Gran parte de las aportaciones para realizar la fiesta provienen de los migrantes cafetitlenses que, mediante los familiares radicados en la comunidad, hacen llegar su cooperación, ya que la fiesta implica un derroche económico muy alto considerando los pocos ingresos con los que cuenta la comunidad.

En la calenda participan hombres disfrazados de mujeres, todos son jóvenes de entre 15 y 25 años, según testimonios, desde el año 2000 comenzaron a vestirse, derivado de un concurso de disfraces, y ahora se ha vuelto toda una tradición, los disfrazados van al frente de la comparsa bailando con algunos hombres de la comunidad al ritmo de la banda amenizando la calenda.

La comunidad se rige por su sistema electoral propio, bajo el cual el agente municipal y  regidores son elegidos en asamblea, deben servir al pueblo por un año sin contar con sueldo alguno porque se trata de un servicio a la comunidad. El  tequio  es  visible  en  la  organización  político-social  para  realizar  las  obras públicas, así como en construcciones particulares y en las festividades religiosas.

La organización social se basa en el principio de cargos gratuitos y obligatorios que reproducen los patrones de vida de la comunidad. (Ramos, 2008: 98).

Los adultos mayores de 60 años agradecen porque aun tienen esperanzas en su café, en su  imaginario colectivo el café es “una diversión… de ahí venimos creciendo toda la vida…, con eso vivimos, de ahí tenemos el sustento de las familias…, en verdad es el único que nos ha sacado de la pobreza…, tenemos ahí para medio comer…, lo máximo porque el café ha sido sostén de mi familia…, sufriendo y piscando…., de ahí venimos creciendo… de ahí es donde vivimos; es nuestro pan de cada día… pobres empezamos y pobres vamos a terminar porque ya no queda otra” (Entrevistas: 2011)1; sin embargo, para las nuevas generaciones menores a 30 años el café ha dejado de ser importante, significa “un empleo, el café es el origen de aquí de Cafetitlán, para mí la verdad no significa nada” no hay una identidad con este fruto, tampoco con la tierra heredada, muchos han preferido venderla e irse. La sabiduría del viejo alcanza para comprender al joven donde no ve en el grano un futuro para ellos porque “el café ya no da, se van a estudiar y olvidan el campo, la mayoría de gente ya lo dejó porque ya no se da nada… si el gobierno no apoya al productor yo no le veo futuro ni a nuestros hijos”, según manifiestan.

La tierra es su principal patrimonio, su sentido de pertenencia, es de dónde ha subsistido generación por generación desde la fundación de la comunidad. Históricamente, el campesino se ha aferrado a ella y la ha defendido, pero ante las circunstancias, el joven se está despojando de ella.

La organización social que generó el cultivo del café formó una comunidad de principios firmes y arraigados, noble, honesta, que se organiza por sí misma y se siente orgullosa de sus costumbres. Las y los pobladores de Cafetitlán son hospitalarios y comparten lo poco que tienen con el foráneo. Es una comunidad que ha quedado al margen de los procesos de  desarrollo  económicos y que contrario a fortalecer el desarrollo local con la implementación de políticas liberales, ha marginado despiadadamente a la comunidad.

Situación actual de la cafeticultura en Oaxaca

En el estado de Oaxaca, gran parte de la producción de café la realizan pequeños productores de comunidades indígenas. Su cultivo creció considerablemente en la década de los años cincuenta del siglo pasado debido a que se incrementó la demanda de este producto a escala internacional, lo que aumentó su precio transformándolo en un cultivo atractivo. En esta década el gobierno mexicano comenzó a intervenir en su producción y comercialización aumentando la superficie de plantíos cultivada por pequeños propietarios, ya para la década de los sesenta, el café ocupó el tercer lugar entre los productos agrícolas de mayor exportación, después del algodón y del tomate.

La regulación del café en México estuvo a cargo del Instituto Mexicano del Café (INMECAFÉ), organismo dependiente del gobierno federal fundado en 1960 con el fin de regular desde el cultivo hasta la exportación, de ofrecer variedades de café mejoradas que resistiesen las condiciones climatológicas y las plagas. Otro de sus propósitos fue establecer un convenio internacional para estabilizar su precio en el mercado, convenio que se firmó en 1962. La regulación del café comprendió de 1960 a 1988, siendo la mejor época de la cafeticultura mexicana. No obstante, el INMECAFÉ quedó desincorporado a partir de 1989 cuando ya no se consiguió un consenso en el mercado internacional entre los Institutos del Café de los países productores. Así, la cafeticultura perdió el apoyo e impulso económico que dicho organismo les brindaba a los pequeños productores. En el periodo de 1989 a 1991 surgió el programa de  financiamiento del café proporcionado por el Programa Nacional de Solidaridad (PRONASOL), pero cuando desapareció, este programa lo ofreció hasta 1996 la Secretaría de Desarrollo Social (Salinas, 2000: 191-192).

Con la desaparición de estos institutos se dejó desprotegidos a los productores, ya que se retiró el apoyo del sector público y no hubo forma de financiar los períodos de cosecha, también representó el fin de la asesoría técnica que se ofrecía, afectando inmediatamente a la producción e importancia de la cafeticultura en los años siguientes.

A partir de principios de los ochenta, el café se convirtió en el primer producto agrícola de exportación, solo superado como generador de divisas para el país, por la exportación petrolera y la actividad turística. La producción nacional se mantuvo en crecimiento hasta 1990, a partir de este año cae excesivamente el precio internacional generando una crisis profunda en los productores, gran parte de los cafetales fueron abandonados por ser incosteables, situación que perdura hasta el momento. En 1994, México exportaba entre el 80 y 90% de su producción nacional. El 90% de la exportación se componía de café oro verde, es decir, sin procesar industrialmente. Estados Unidos acaparaba entre el 70% y 85% de la exportación mexicana, el país  producía entre el 4% y el 5% del café consumido mundialmente, ocupaba el cuarto lugar de los principales países exportadores de café después de Brasil, Colombia, e Indonesia (Piñón & Hernández-Díaz, 1998: 12).

En el  2011  había  caído  cuatro  posiciones  después  de  Brasil,  Vietnam, Colombia, Indonesia, India, Honduras y Perú ocupando la posición número ocho y la mayor parte de su  producción continúa siendo exportada hacia los Estados Unidos (OIC, 2012: 7).

Los pequeños productores

En Oaxaca existen dos tipos de productores con grandes contrastes: los grandes finqueros y los pequeños productores. En este segundo grupo se encuentran los campesinos de Cafetitlán, donde no hay grandes fincas y todas son pequeñas parcelas de no  más de diez   hectáreas. Coexisten en esta actividad dos grandes grupos, el de productores  especializados y altamente tecnificados que tienen a la cafeticultura como actividad  empresarial  exclusiva, con el control global del proceso productivo, beneficio y exportación; y un segundo grupo mayoritario de pequeños productores marginales sin posibilidad de implementar tecnología industrial que les permita procesar el grano.

El promedio nacional es de dos hectáreas por productor, que representan una superficie muy pequeña si se toma en cuenta los bajos niveles de productividad. En 1988, el 71% de los productores poseía dos o menos hectáreas de café, equivalente al 37% de la superficie total cultivada. Los grandes finqueros tienen propiedades de más de 50 hectáreas, que representan el 0.4% de los productores que controlan el 17% de las plantaciones cafetaleras y contribuyen con alrededor del 27% de la producción nacional (Piñón & Hernández-Díaz, 1998:  13), lo que indica que la mayor producción de café depende de pequeños productores.

Los pequeños productores de Cafetitlán están a expensas de los acaparadores locales que, a  falta de financiamiento formal, les otorgan préstamos que deben pagar en especie, el acaparador fija la cuota a conveniencia independientemente del precio al que esté el café al momento de su cosecha.  Desde finales del siglo XIX, Oaxaca se ha dedicado a producir café a pesar de la crisis que vive la industria cafetalera actualmente. Esta actividad representa el sostén de muchas familias oaxaqueñas. En el año 2000 la cafeticultura ocupaba el segundo lugar como generadora de divisas en la balanza agrícola; 200 mil productores involucraban a un millón de personas (Salinas, 2000: 185).

La implementación del modelo económico neoliberal

En la década de los ochenta, México optó por implementar políticas económicas neoliberales de moda en Europa y Estados Unidos impuestas por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional para respaldar la debilitada economía nacional que pretendía salir del endeudamiento de la década de los años setenta. El presidente Miguel de la Madrid (1982-1988) inició la transición hacia este modelo que prevalece hoy día, con el neoliberalismo se buscó disminuir las barreras arancelarias proteccionistas, se propuso reemplazar al Estado obeso para sustituirlo por uno fuerte y eficiente al reducir el gasto público, combatiendo la inflación. También, se buscó el fortalecimiento del ahorro interno mediante la privatización de la industria paraestatal al desaparecer institutos como el INMECAFE; así se sentaron las bases para una radical apertura comercial para lograr la integración de México a la economía global donde el gobierno mantendría priorizados sus intereses con las grandes empresas y no con pequeños productores.

El crecimiento de la economía mexicana a partir de la implementación del neoliberalismo ha sido desigual e inferior al crecimiento logrado en décadas anteriores. En el  periodo 1950-1980 la inversión creció 8.5% anual, de 1980-2000 apenas 1.5% y entre 1990 y 2000 el crecimiento promedio anual es de apenas 2%. (Ibarra, 2005). México es uno de los  países  con mayor desigualdad distributiva y con un mediocre crecimiento que no es suficiente para mejorar las condiciones de vida del grueso de su población, mucho menos las de las comunidades rurales aisladas de los polos de desarrollo.

La baja producción de la tierra

Otro aspecto que ha perjudicado gravemente a la comunidad de San Pedro Cafetitlán es la baja productividad de los cafetos, en las entrevistas realizadas los productores manifiestan que en 1990 había un rendimiento promedio de 10 quintales por hectárea, mientras que en el año 2010 solo se cosecharon en promedio 1,05 quintales por hectárea. Los adultos mayores de 60 años coinciden con que el poco  rendimiento está relacionado con la afectación que provocó el paso del huracán Paulina en 1997 que dejó contaminada la tierra, “hace 20 años estaba la producción buena, 30, 35 bultos, a partir de Paulina ya no da, hace 10 años en una hectárea se producían 20, 22 quintales de 46 kg ahora en una hectárea se da un quintal…, cuando estaba el Instituto Mexicano del Café, cuando el gobierno puso un alto a los acaparadores porque antes nosotros teníamos a los acaparadores que acaparan y desgraciadamente nos daban una miseria, nos fregaba pues…, hace 20 años que bajó el café”.

Para identificar factores contaminantes en el suelo el Dr. Eustacio Ramírez -Investigador de la Universidad del Mar realizó un estudio de suelo obteniendo entre sus resultados que los tipos de suelo de Cafetitlán corresponden a los conocidos científicamente  como Feozem háplico y Regosol éutrico, la investigación demuestra que presenta buenas características: pH (potencial de hidrógeno), capacidad de retención de agua (CRA), buen contenido de materia orgánica (MO) y el tipo de textura (franco-arenoso), por lo cual es apto para los cafetales. Por lo anterior, se puede afirmar que la baja producción  de los cafetales no se debe a las condiciones de fertilidad del suelo; es necesario un análisis de todos los factores que intervienen en la producción del café para poder diagnosticar el problema y plantear su posible solución. (Ramírez, 2012: 4-5). Existen otros factores a estudiarse para explicar por qué ha disminuido la capacidad de producción de las plantaciones como son: la edad avanzada de los cafetos -hay algunos que ya tienen más de 100 años-, la falta de recursos económicos para limpiar y abonar las plantaciones durante el año, la suspensión de las prácticas de fertilización, las variaciones en los ciclos de lluvia, entre otros, han causado un deterioro paulatino en los cafetales.

Desmotivados por el bajo precio, muchos cafetales ya no se trabajan igual que antes, un pequeño productor mencionó que el cafetal “si se abandona, se remonta, se siente y ya no produce”. México tiene una de las productividades más bajas del mundo; en las décadas de 1980 y 1990, fue en promedio de 10 quintales por hectárea, contrastando con la productividad en Costa Rica que era de 34 Qt/ha, la más alta del mundo. Si se considera a los cuatro estados con mayor producción y el período que va de 1984 a 1989, Puebla obtuvo una productividad de 22.5 quintales por hectárea, Veracruz de 19, Chiapas de 14.1 y Oaxaca tan sólo de 8.3 (datos del Consejo Mexicano del Café citados por Piñón & Hernández-Díaz, 1998: 14). Esta enorme variación estriba en gran parte en las condiciones naturales de cada estado, así como en las técnicas utilizadas para el  cultivo por los diferentes tipos de productores. La baja producción ha disminuido los ingresos de los hogares, reflejo de ello una dieta familiar insuficiente, una diversificación de actividades agrícolas cultivando plátano y guanábana con la finalidad de obtener más ingresos y, a falta de no poder implementar la ganadería debido a la orografía del terreno y a que no se puede mantener a  los animales porque no existen sobras suficientes de desechos orgánicos ni un cultivo considerable de maíz que permita alimentarlos, solo se observaron pollos, guajolotes, perros, y gatos, además de los burros, estos últimos que son animales de carga que se utilizan para sacar los costales de café al centro de la comunidad.

Condiciones de marginación

Los ingresos económicos de las familias cafetitlenses han disminuido aceleradamente a causa de la caída de los precios del café desde finales de los ochenta, consecuencia de la liberación del mercado internacional, situación que ha empobrecido considerablemente a las familias. Según los resultados sobre medición de la pobreza 2008 del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), organismo desconcentrado de la Secretaría de Desarrollo Social: solo 18% de los mexicanos -19.5 millonesposeían ingresos suficientes para vivir y tenían cubiertos todos los satisfactores, 37.5% es vulnerable por carencias sociales y por ingreso, es decir, en cualquier momento pueden caer en pobreza, además de que 43.5% ya vive en esa condición de acuerdo con la Medición Multidimensional de la Pobreza (La medición multidimensional considera el bienestar -ingreso-, la cohesión social y la carencia de derechos sociales -educación, acceso a servicios de salud y a la seguridad social, calidad, espacios de vivienda y servicios básicos en el hogar y alimentación-). Según esta metodología, una persona está en pobreza cuando sus ingresos son insuficientes para adquirir los bienes y  servicios que requiere para satisfacer sus necesidades y presenta la carencia de al menos uno de los seis indicadores. Se puede afirmar que toda la comunidad vive con alguna condición de pobreza.2

De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) y haciendo referencia a qué porcentaje del total de la población cuenta con bienes y servicios en el censo de población y vivienda 2010, se determina que en Cafetitlán los ingresos son insuficientes para satisfacer necesidades básicas como una alimentación balanceada y suficiente, el servicio médico está limitado a un centro de salud con falta de medicamentos, la mayoría de los habitantes está  afiliado al Seguro Popular 62.8%, un 34.5% no es derechohabiente de servicios médicos y solo el 2.7% de los pobladores son derechohabientes del IMSS e ISSSTE.

La comunidad presenta una tasa de analfabetismo de 17.70%, los indicadores de educación muestran  porcentajes favorables en la matrícula de educación básica, del total de la población en  edad de recibir educación básica -jardín de niños a secundaria  87.2% está matriculada; sin  embargo, en educación media superior solamente se encuentra estudiando prácticamente la mitad de la población 52% , en la educación superior solo se encuentra una matrícula de 11.1%, es decir que de cada diez jóvenes en edad universitaria, solo uno ingresa al nivel de educación superior.

Respecto a los servicios básicos destaca que  solo el 39% de las viviendas cuenta con los servicios de luz eléctrica, agua entubada de la red pública y drenaje, en promedio hay 3.45 habitantes por vivienda enfrentando el problema de que el 79.3% de las viviendas cuenta con un solo cuarto y el 31.4% de las viviendas aun tienen piso de tierra. Solo un 28.9% de los hogares tiene refrigerador, el 9.09% posee una lavadora en casa y el 4.13% es dueño de un automóvil o camioneta.

El acceso a los medios de información y comunicación es muy limitado, 8.26% de los hogares tiene telefonía celular, 2.47% cuentan con computadora, pero nadie tiene acceso a Internet. La cobertura de radio y televisión es más amplia, 76% de los hogares dispone de radio y 61.15% tienen un televisor.

Una mirada hacia una familia de la comunidad

Este es el caso de una familia que se conforma de seis miembros, dos son adultos mayores que reciben 1620 pesos por mes del programa “70 y Más” que proporciona la Secretaría de Desarrollo Social (SEDESOL) del gobierno federal mexicano, estos son destinados para la alimentación y para medicamentos, ya que manifiestan que en la clínica casi nunca tienen. Una de las mujeres es madre de dos hijos que se encuentran estudiando el bachillerato y que se ven beneficiados por el programa “Oportunidades”, no hubiese sido posible que continuaran estudiando si no se otorgara este apoyo que está condicionado a asistir regularmente a los servicios de salud y estar inscrito en la escuela.  La mujer vende dos veces por semana chiles en vinagre o tamales que ella misma prepara, esta actividad comercial le permite obtener un ingreso de 100 pesos por semana para solventar los gastos de alimentación de sus hijos.

Del programa “Oportunidades”, también ofrecido por la SEDESOL, los hijos reciben en  conjunto un promedio de 1800 pesos mensuales como incentivo de manutención, de esta cantidad destinan 640 pesos de transporte mensual por pago de pasaje para ir a Pluma Hidalgo que es el municipio más cercano, (seis kilómetros de distancia) y es donde se encuentra el bachillerato, 400 pesos para los desayunos escolares de todo el mes que consta de cuatro tacos de guisado y un bote de agua de sabor, otros 400 pesos son para gastos de papelería, acceso a Internet e impresiones porque se llevan diez pesos diarios a la escuela, quedándoles 360 pesos libres que se utilizan en la elaboración de la comida familiar.

Los ingresos por café del año pasado fueron de 12000 pesos, ya que se cosecharon 6 quintales y por cada uno le pagaron 2000 pesos al jefe de familia, de esta cantidad hay que descontar 2000 pesos que se pagan por la limpia del cafetal y 4000 pesos de la pizca por concepto de mano de obra, o sea que los ingresos reales por café son de tan sólo 6000 pesos.

Cuando se suman todos los ingresos de la familia da un total de 3,510 pesos mensuales de los cuales 2,610 pesos provienen de los programas de gobierno y solo 900 pesos son ingresos propios, por lo que cada miembro de la familia vive con un promedio de 19 pesos con 50 centavos diarios para gastos de vivienda, alimentación, transporte y medicamentos. Respecto a la alimentación, el desayuno consta de una taza de café y un tamal de elote, la comida son frijoles cocidos y tortillas de maíz, la cena es una taza de atole de maíz con agua y una pieza de pan.

En relación a los gastos del hogar, las tortillas se elaboran en casa, un kilo de maíz  costaba en ese entonces (2011) tres pesos con cincuenta centavos y le cobraban un peso por la molida del nixtamal, por lo que elaborar un kilogramo de tortillas les costaba cuatro pesos con cincuenta centavos y es conveniente, ya que un kilogramo de tortilla hecha se vendía en esta zona a trece pesos. No hay autosuficiencia alimentaria, se compra maíz, jitomate, cebolla, chile y huevo. Se destinan 240 pesos al año por gasto de agua y 420 por servicio de luz; no utilizan gas, puesto que todo se cocina con leña. El hogar no cuenta con refrigerador que permita conservar los alimentos prolongadamente.

Respecto a las actividades domésticas, el jefe de familia se encarga del cuidado del cafetal junto con un hijo, se van al monte por la pastura para el burro, dan de comer al burro. La jefa de familia hace actividades domésticas junto con la hija, lavan los trastes, van al molino, preparan el desayuno, hacen las tortillas, prácticamente todo su trabajo está en la cocina.

Migración

Uno de los principales problemas que enfrenta la comunidad es la migración, situación que ha cambiado la estructura social de Cafetitlán. En 1990 tenía 790 habitantes y para 1995 tenía solamente 464. En el año 2000 su población disminuyó a 455 habitantes y en el conteo de población y vivienda 2005 había disminuido a 400. Para el censo de población y vivienda 2010 tenía solo 418 habitantes (INEGI: 2010). De acuerdo con estos datos,  casi la mitad de la población -47% se ha ido. Muchos jóvenes han emigrado a las ciudades de Oaxaca y México, ciudades del norte del país y a los Estados Unidos. La población se encuentra conformada principalmente por mujeres, niños y adultos mayores de sesenta años. Históricamente Oaxaca ha presentado elevados índices de migración pero esta se ha incrementado en las últimas dos décadas.

Desarrollo local endógeno

Es preciso entender que las comunidades rurales tienen procesos de desarrollo diferentes a los planteados por la teoría económica neoliberal, ya que existe una falta de interés por parte del capital privado para invertir en la localidad, y con la urgente necesidad de disminuir la dependencia que tienen sus habitantes de los subsidios gubernamentales, el desarrollo económico de la comunidad dependerá de la capacidad que tenga de organizarse para generar sus propios proyectos mediante las características intrínsecas que identifican a sus habitantes con iniciativa, ellos son los protagonistas del cambio en su localidad y en este sentido Jaime Izquierdo (2005: 71), dice que el desarrollo local es un método que busca la evolución del territorio por medio de un proceso de movilización de los recursos endógenos, es decir, los que pertenecen a un territorio y a una cultura con características propias y que están al servicio de la promoción social y personal de la comunidad local.

Para Garófoli (1995:117), el desarrollo endógeno significa la capacidad para transformar el sistema socioeconómico con la finalidad de reaccionar a los desafíos externos  (globales) mediante la promoción del aprendizaje social y la habilidad para introducir formas específicas de regulación social a nivel local que favorezcan al desarrollo comunitario. Se ha identificado que, mediante una capacitación adecuada, en Cafetitlán existe la posibilidad de potencializar la participación comunitaria orientándola hacia el fortalecimiento de la comunidad basado en una visión propia de sus necesidades, prioridades y deseos, siendo el desarrollo local endógeno un modelo alternativo al neoliberal.

Conclusiones y recomendaciones

Es importante que las y los cafetitlenses reflexionen sobre sus prioridades y deseos para el futuro, y cómo  revertir las condiciones de marginalidad en que se encuentra su comunidad. Los proyectos deben basarse en su propia visión y metas como colectividad,  estos  pueden  incluir  asesoría  agrícola  comercial,  sistemas viables de financiamiento, y fuentes locales de empleo. Lo más importante es que sean escuchados por las dependencias  gubernamentales para ser integrados en la elaboración de proyectos y acciones dirigidas a ellos.

Algunas recomendaciones para alcanzar un   desarrollo endógeno comunitario están orientadas hacia la diversificación de sus actividades a base del cultivo de  café -que es la génesis histórica de la comunidad-para obtener el beneficio completo del mismo mediante una  procesadora comunitaria que evite la necesidad de vender su café a los acaparadores y sea esta la que comercialice el café en distintos puntos de venta. También, se pueden generar proyectos para producir otros productos orgánicos derivados del grano, como shampoo, jabones, miel, artesanías decorativas y joyería.

Además, es  urgente  contemplar  la  posibilidad  de  realizar  acciones  que permitan  obtener recursos de actividades alternativas a la venta del café, aprovechando un clima propicio para la implementación de nuevos cultivos, además del plátano y la guanábana, como por ejemplo, distintas variedades de chiles que pueden venderse secos o en conservas de vinagre.

Ante la falta de asesoría agrícola y comercial para los pequeños productores, una posible alternativa es  incrementar los niveles de educación profesional en las nuevas generaciones, ya que son los líderes natos de las iniciativas de desarrollo local que permitirían lograr la satisfacción de las necesidades de la población y frenar paulatinamente la emigración de sus habitantes, particularmente, mediante la diversificación de actividades económicas que integren a un mayor número de personas en el trabajo del campo.

Se identifica el potencial de la mujer como factor de cambio en la organización social de la comunidad, pues las tres únicas personas que se encontraban estudiando una profesión en el año 2010, son mujeres. Ellas podrán jugar un papel protagónico favorable mediante sus  actividades comerciales aportando así al sostén del hogar.

La capacidad de organización que tiene la comunidad es también de suma relevancia pues les da la posibilidad de formar sociedades cooperativas o empresas comunitarias financiadas a través de recursos gubernamentales o de organizaciones de la sociedad civil que están disponibles  y se puede acceder a ellos mediante cooperativas formadas por pequeños productores.

Es posible tomar como referencia otras experiencias exitosas del estado de Oaxaca. La comunidad podría  establecer convenios con organizaciones que han tenido éxito y con quienes  tienen afinidad cultural, como es el caso de la Unión de Comunidades Indígenas de la Región del Istmo (UCIRI), organización que busca un precio justo por el café en el mercado internacional, así como ofrecer a sus agremiados capacitación agrícola; apoyo para la comercialización de sus productos en el exterior; y un fondo de ahorro para crédito. La UCIRI es una organización abierta a establecer convenios de colaboración y compartir experiencias3.

Es notorio que existe una falta de interés por parte del sector privado para invertir en proyectos de desarrollo comunitario, pero el Estado mexicano no debe desentenderse de sus compromisos con la sociedad. Su responsabilidad es elaborar políticas públicas que reviertan la tendencia de la crisis socioeconómica del campo mexicano; sin embargo, solo  se concentra en los intereses de empresas trasnacionales, ofreciendo una de las economías más abiertas pero más injustas del mundo. Ha evadido la solución de sus déficits históricos: marginación, desigualdad social, corrupción, altos índices delictivos que dan como resultado inseguridad pública, educación de baja calidad, y carencia de servicios de salud, por mencionar algunos.

Si históricamente el crecimiento de la economía mexicana había sido insuficiente y no garantizaba condiciones de vida apropiadas para la gran mayoría de su población, la situación se ha agudizado aun más con la implementación de políticas económicas liberales, y para la clase gobernante pareciera que no hay muchas alternativas. Al respecto el Dr. Francisco Vanderhoff  invita a no olvidar que el neoliberalismo es el sistema económico realmente existente y que no tiene contrapeso de ningún otro sistema fuerte y diferente, lo único que contrarrestará sus efectos negativos son las propias comunidades bien organizadas, defensoras de su principal patrimonio, la madre tierra, porque este modelo, contrario a fortalecer una adecuada organización social y económica nacional, está desintegrando a comunidades enteras que se  encuentran excluidas y sin posibilidades de poder hacer realidad sus deseos y necesidades obligándose a abandonar sus tierras de cultivo y emigrar a las grandes ciudades.

Solamente las comunidades rurales oaxaqueñas saben cuán complicado ha sido lidiar con dicho modelo, es de admirarse la capacidad que tienen para sobrevivir y buscar soluciones a sus problemáticas ante condiciones tan adversas. Es así que San Pedro Cafetitlán ha podido subsistir al margen del desarrollo global, y así será cómo definirá sus propias vías de desarrollo para alcanzar bajo una visión propia, y no ajena, el anhelo de vivir dignamente del café.

Agradecimientos

Agradezco todo el apoyo brindado por los habitantes de San Pedro Cafetitlán que me abrieron las puertas de su casa para realizar este trabajo. Mi total gratitud a mis colegas y amigos que dedicaron su valioso tiempo para darme sus observaciones siempre atinadas en el desarrollo de este texto: Dra. Parastoo Anita Mesri, Mtra. Leticia Sánchez, Lic. Manuel Tenorio y a la Mtra Verónica Gómez.

Notas

1.  Durante el año 2011 se realizaron 44 entrevistas semiestructuradas a personas de la comunidad con  la finalidad de recuperar testimonios orales sobre historias de vida de sus pobladores y su relación con el cultivo del café. Las entrevistas se interpretaron posteriormente con el propósito de recuperar parte del imaginario colectivo que respecto al significado del café tienen los pobladores. A petición de los entrevistados, los nombres se mantienen anónimos.

2. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) dice que el ingreso medio del 10 % de los hogares mexicanos con mayores ingresos en 2008 era de 228 mil 900 pesos, 25 veces por encima del 10 % con menores ingresos, que tenían una percepción media de 8 mil 700 pesos por año, es decir 725 pesos mensuales. El 33% de los mexicanos -36 millones-vive con un promedio de mil 262 pesos mensuales, el 10.5% -11.2 millones-vive con un promedio de 723 pesos mensuales (Coneval, 2008).

3. Para un concepto más amplio sobre la UCIRI y el comercio justo, se recomienda leer dos textos básicos del Dr. Francisco Van der Hoff   Boersma, Excluidos hoy, protagonistas mañana. México, (UCIRI], 2005 y Manifiesto de los pobres: las soluciones vienen desde abajo.  México, (UCIRI], 2011.

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*Correspondencia:
Israel Morales Becerra: Es maestro en Historia y Etnohistoria por la Escuela Nacional de Antropología e Historia del INAH. Desde el año 2002 se ha desempeñado como docente en el área de ciencias sociales en el INEA, en el ITESM Campus Santa Fe, del 2009 a la fecha se ha desempeñado como profesor-investigador de la UMAR Campus Huatulco. Ha impartido once ponencias, una conferencia y publicado tres artículos sobre historia social de México en el siglo XX.
1.  Es maestro en Historia y Etnohistoria por la Escuela Nacional de Antropología e Historia del INAH. Desde el año 2002 se ha desempeñado como docente en el área de ciencias sociales en el INEA, en el ITESM Campus Santa Fe, del 2009 a la fecha se ha desempeñado como profesor-investigador de la UMAR Campus Huatulco. Ha impartido once ponencias, una conferencia y publicado tres artículos sobre historia social de México en el siglo XX.

Fecha de recepción: 29 de noviembre, 2012 - Fecha de aceptación: 12 de febrero, 2013

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