Se estima que cada año 1.3 millones de mujeres en los Estados Unidos alcanzan la menopausia y se calcula que un 20% de estas mujeres sufrirán de depresión en algún momento de la menopausia1. La edad promedio para el inicio de la menopausia es de 47.5 años, que es definida como el cese permanente de la menstruación por doce ciclos consecutivos menstruales 2.
La depresión es aproximadamente el doble en mujeres que en hombres (21% vs 12.7%) y los episodios de depresión son más recurrentes, prolongados y peores en mujeres que en hombres 3-4.
Durante la menopausia, la reducción en los niveles de estrógeno puede asociarse a resequedad vaginal, periodos de sangrados irregulares, sudoraciones y alteraciones en el sueño2, que afectan el estado anímico propiciando desordenes de depresión, ansiedad, pobre concentración y lapsos mentales4- 5. Las mujeres con antecedentes personales o familiares de depresión, depresión post partum y/o trastorno disfórico premenstrual parecen ser particularmente vulnerables a la depresión durante la etapa menopáusica 4-5.
El estrógeno aumenta el efecto de la serotonina y la norepinefrina además de disminuir la actividad de monoamina oxidasa (MAO) y las fluctuaciones de estos neurotransmisores ante el declive o ausencia de estrógeno contribuyen a las causas fisiológicas de la depresión6. Los altos niveles de testosterona en la etapa transicional de la menopausia conducen a mayores síntomas depresivos7. Estudios observacionales sugieren que la depresión esta significativamente ligada a los cambios hormonales a través del tiempo en la mujer4-7.
La disparidad en la proporción de depresión entre mujeres y hombres se comienza a observar desde la pubertad, en la mujer estos cambios hormonales contribuyen al desorden disfórico premenstrual, depresión post partum y depresión perimenopausia4-7. El riesgo de depresión parece ser mayor en la perimenopausia, cuando los niveles hormonales están fluctuando que durante la post menopausia cuando los niveles hormonales están bajos pero estables8.
Los cambios hormonales traen consigo cambios físicos y psicológicos, trastornos del sueño, irritabilidad, cansancio, sofocos y sudoraciones causando en la mujer frustración y aislamiento1-3. Los estresores del diario vivir, las altas expectativas y exigencias hacia las mujeres y sus roles sociales contribuyen al alto grado de depresión durante la perimenopausia, transición y menopausia4. La falta de apoyo, desempleo, bajo nivel socioeconómico y educativo, pobre cuidado médico, percepción y actitud negativa hacia la menopausia, su autoestima y entorno familiar además de la responsabilidad del cuidado de padres envejecientes, familiares y el síndrome de nido vacío son algunos de los estresores sociales y psicológicos que conducen y aumentan el riesgo de depresión menopaúsica9.
La mortalidad y morbilidad secundaria a la depresión menopaúsica no ha sido estudiada sin embargo se reconoce como un problema de salud significativo en las mujeres8,9.
TRATAMIENTO
Las opciones de tratamientos incluyen psicoterapia, antidepresivos y remplazo hormonal según sea la severidad de los síntomas, grado de deterioro funcional y preferencia del paciente, junto con el análisis sobre la seguridad y eficacia del tratamiento 3,4. La menopausia es un proceso de transformación transitorio físico y psicológico en la mujer y no todas lo afrontan de la misma manera puesto que las irregularidades psicológicas estarán determinadas por los desajustes hormonales, por la edad en que esta etapa se presenta, la cultura y el estatus social al cual pertenece2. El objetivo de una evaluación psicológica y/o psiquiátrica es evitar que la menopausia sea un proceso tortuoso y difícil de enfrentar a nivel emocional tanto para quien la padece, como para su entorno social y familiar4. Las alternativas no farmacológicas como la psicoterapia conductual, psicoterapia cognitiva y psicoterapia de apoyo son herramientas terapéuticas para combatir los efectos emocionales negativos generados por los estereotipos, ideas irracionales y prejuicios que se originan durante la menopausia 3,4.
Los antidepresivos son la primera línea de tratamiento en depresión mayor; los inhibidores selectivos de recaptación de serotonina (ISRS) son comúnmente utilizados para la depresión premenopáusica; su tiempo de acción y respuesta al tratamiento toma entre 4-6 semanas3,4. El uso de antidepresivos (ISRS) también está indicado para el manejo de síntomas vasomotores3,4,11,12.
Aunque no está aprobado para esta indicación, la terapia hormonal para la menopausia puede mejorar síntomas depresivos en mujeres perimenopáusicas pero no posmenopáusicas, especialmente en aquellas con síntomas vasomotores 13. Los datos sobre estrógeno más progestina son escasos y no concluyentes 13. El remplazo hormonal no previene ni reduce los eventos cardiovasculares y por el contrario podría aumentar los mismos en la población de alto riesgo que incluye mujeres con enfermedad cardiaca, cerebrovascular, vascular periférica, tromboembólica y donde el cálculo de evento aterosclerótico a 10 años es mayor del 10%3,4,8,11,12.
La terapia hormonal con estrógeno para el tratamiento de la depresión en aquellas de bajo riesgo, que son aquellas que recién comienzan la menopausia, con peso y presión arterial normal, activas físicamente y con un riesgo de evento aterosclerótico a 10 años menor del 5%13. Por tanto, en esta población el remplazo hormonal podría ser seguro e indicado en mujeres menores de 60 años y con menos de 10 años de menopausia 13.
Las alternativas terapéuticas van encaminadas a mitigar los síntomas de la depresión que redundan en una mejor calidad de vida y mayor motivación para el control de los factores de riesgo cardiovascular (y otros), con lo que se obtiene un beneficio indirecto en reducir el riesgo cardiovascular que conlleva la menopausia3,4,8 10-13. Es esencial que las mujeres aprendan a reconocer los síntomas de la depresión durante el proceso de transición de la menopausia, validar su estado de ánimo y buscar ayuda médica porque la depresión es tratable 3,4,8 10-13.













