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Revista Relaciones Internacionales

On-line version ISSN 2215-4582Print version ISSN 1018-0583

Relac. Int. vol.98 n.2 Heredia Jul./Dec. 2025  Epub Aug 20, 2025

http://dx.doi.org/10.15359/98-2.1 

Artículo

Milei, hiperoccidentalismo y quiebre de la política de equidistancia

Milei, hyper westernism and the breakdown of the policy of equidistance

1 Universidad Nacional de Rosario-CONICET. Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales. Doctora en Relaciones Internacionales. Investigadora asistente. Correo electrónico: ornela_fabani@hotmail.com https://orcid.org/0000-0002-6879-1908

Resumen

Este trabajo busca indagar en ¿cómo se explica el acercamiento de Argentina a Israel? y ¿cómo repercute este sobre la histórica política de equidistancia? El objetivo general del trabajo gira en torno a analizar la aproximación de Milei a Tel Aviv y sus repercusiones sobre la histórica posición argentina en materia de política exterior. En torno a la perspectiva metodológica escogida para desarrollarlo, se opta por un diseño cualitativo. Como correlato, la investigación se apoya tanto en fuentes primarias como secundarias.

Fruto de las indagaciones se concluye que el acercamiento de Argentina a Israel responde a una estrategia de inserción internacional y a componentes fuertemente ideológicos e, incluso, confesionales, el cual trae como correlato el quiebre de la política de equidistancia.

Palabras clave: alineamiento; Argentina; equidistancia; hiperoccidentalismo; Israel; Milei

Abstract

This study seeks to explore how Argentina’s rapprochement with Israel can be explained and how it impacts the country’s historic policy of equidistance. The general objective of the study is to analyze Milei’s approach to Tel Aviv and its repercussions on this long-standing policy.

Regarding the chosen methodological perspective, a qualitative research design was selected. Consequently, this research relies on both primary and secondary sources.

As a result of the investigation, it is concluded that Argentina’s rapprochement with Israel responds not only to an international insertion strategy but also to strongly ideological and even religious components. Furthermore, this rapprochement leads to the breakdown of the policy of equidistance.

Key words: alignment; Argentina; equidistance; hyperwesternism; Israel; Milei

1. Introducción

En diciembre de 2023, Javier Milei llegó al poder en la Argentina para encabezar el gobierno de La Libertad Avanza (LLA). A partir de entonces Buenos Aires protagonizó importantes cambios en su política exterior la cual, tal como se anunció durante la campaña, se ha caracterizado por un alineamiento con Occidente. En línea con esta posición la nueva administración solicitó su ingreso a la OCDE, rechazó la posibilidad incorporarse a los BRICS, impulsó el acuerdo Mercosur-UE, desdeñó a China, se alejó de la región y profundizó sus lazos con Israel.

Respecto al acercamiento con el último actor, resulta coherente con la búsqueda argentina de alinearse con Occidente y, en este marco, con la potencia que ocupa un rol protagónico dentro de este espacio, los Estados Unidos. Israel es el principal socio de Washington en Medio Oriente, y el país con el cual este último mantiene su relación más especial (Bard y Pipes, 1997). Asimismo, la referida coherencia también responde a que Israel es percibido por el presidente argentino como faro de la libertad y de los valores occidentales. La búsqueda de una relación más cercana se sustenta entonces en una estrategia de inserción internacional asociada a un contexto geopolítico, pero, asimismo, en componentes fuertemente ideológicos e, incluso, confesionales que no tiene precedente en la historia de las relaciones bilaterales (Romano, 2024).

En vistas de lo hasta aquí expuesto el trabajo se guía por los siguientes interrogantes: ¿cómo se explica el acercamiento de Argentina a Israel? y ¿cómo repercute este sobre la histórica política de equidistancia? En tanto, el objetivo general del trabajo gira en torno a analizar el acercamiento de Milei a Israel y las repercusiones sobre la histórica política de equidistancia.

En torno a la perspectiva metodológica escogida para desarrollarlo, se opta por un diseño cualitativo. Como correlato, la presente investigación se apoya tanto en fuentes primarias como secundarias. Entre las primeras se destacan comunicados de prensa de la Cancillería Argentina y de la oficina del presidente, discursos y declaraciones del primer mandatario y de funcionarios de su gobierno. En tanto, entre las segundas se encuentran libros y publicaciones pertenecientes a diversos centros de investigación nacionales e internacionales y artículos de prensa nacional.

La técnica de recolección de datos utilizados es la recopilación documental; para las técnicas de análisis que se aplican se recurre fundamentalmente al análisis de contenidos, el cual se basa en la lectura (textual o visual) como instrumento de recogida de información, lectura que a diferencia de la lectura común debe realizarse siguiendo el método científico (…) se trata de una técnica que combina intrínsecamente la observación y producción de los datos, y la interpretación o análisis de los datos (Andréu Abela, 2002, p. 2).

2. Hiperoccidentalismo y acercamiento al Estado de Israel

Al partir de que la política exterior refiere a la forma en que un Estado lleva sus relaciones con otros, se proyecta hacia el exterior, formula, implementa y evalúa las opciones externas (Del Arenal, 1990), se sostiene que el diseño de la acción internacional de LLA cae dentro de la órbita de lo que Tokatlian (2024) refiere como hiperoccidentalismo, el cual debe entenderse como un tipo de política exterior que se enmarca en la lógica de la aquiescencia, para el caso con los Estados Unidos.

Al respecto, los países que se adhieren a esta gran estrategia, en términos de Russell y Tokatlian (2024), pueden optar por el acoplamiento, el acomodamiento o el engagement. En la primera opción, se vincula con el plegamiento a los intereses estratégicos de una superpotencia, en este caso Estados Unidos. La segunda, el acomodamiento, se funda en aceptar las preferencias o exigencias de la superpotencia para evitar enemistarse y con las vistas puestas en obtener futuras recompensas. Mientras el engagement supone el acompañamiento a la gran potencia, en acciones o políticas hacia terceros países.

Ahora bien, según Busso (2024), la particularidad del hiperoccidentalismo es que articula las tres posibilidades que presenta la aquiescencia de manera radicalizada, activa y asertiva. Todavía más, conforme con la autora, tanto la retórica como la práctica del gobierno argentino en sus primeros meses, exponen la búsqueda de superar la lógica de la aquiescencia, en tanto LLA no apuntó a lograr el apoyo de Estados Unidos para obtener dividendos materiales o simbólicos en contrapartida por la deferencia, sino que, por el contrario, aquello que se evidencia es una disposición a la concesión sin una contrapartida. En esta misma tónica, Busso (2024) señala que la política exterior de Javier Milei se basa en una súper-ideologización que se plasma en una postura ciento por ciento prooccidental.

En virtud de lo expuesto, la estrategia de inserción internacional del gobierno de LLA, entendida esta última como aquella que plasma la elección del esquema central de un conjunto de orientaciones y lineamientos de política exterior que un Estado decide poner en práctica a la hora de vincularse con otros (Lorenzini, 2011), se funda en “una mirada sobre la agenda geopolítica internacional alineada con Occidente” (Oficina del presidente, 2023).

De allí la selección de Israel como otro Estado que complementa la estrategia de alineamiento con Occidente, una selección que no solo responde a la alianza con Estados Unidos. De hecho, Milei ha argüido que es ante todo una defensa de los valores occidentales, entendiéndolo como “un bastión de la moral capitalista y de la civilización occidental” (Swissinfo, 2024a, párr. 5). Lo cual nos permite concluir que dicho acercamiento también responde al propio sistema de creencias del presidente.

Al respecto, Tokatlian (2015) señala que toda política pública, incluida la internacional, se sustenta en un determinado sistema de creencias o cosmovisiones respecto del orden interno deseable y del orden mundial preferible. En tal sentido, tal como plantea Bosoer (2024), la singularidad del gobierno de Milei es que estos vínculos preferenciales con Estados Unidos e Israel tienen, además de un fuerte componente geopolítico, componentes ideológicos y confesionales.

En el ámbito de lo confesional el presidente argentino ha dado claras muestras de su interés por la religión judía, lo que ha quedado expuesto en sus discursos y declaraciones en las que ha recurrido al empleo de citas bíblicas, comentarios rabínicos e ideas talmúdicas (Romano, 2024). Todavía más, Milei ha manifestado su voluntad de convertirse al judaísmo una vez culminada su gestión. En esta dirección, conforme a declaraciones vertidas por el propio presidente, él cuenta con un rabino de cabecera, estudia la Torá y solo le resta realizar el pacto de sangre para convertirse al judaísmo.

Tres semanas antes de su asunción Milei recibió la bendición de manos del rabino David Pinto Shlita y dos semanas antes de jurar como presidente de los argentinos visitó la tumba del rabino Menachem Mendel Schneerson, también conocido como “el rebe de Lubavitch”. En tanto, ya en el ejercicio de su cargo, participó de la celebración de Janucá e, inclusive, ha propuesto a la Argentina para la presidencia de la Alianza Internacional para la Memoria del Holocausto.

Mientras tanto, en términos ideológicos, la orientación del nuevo gobierno se inscribe en las nuevas extremas derechas latinoamericanas, que combinan posiciones neoliberales en materia de políticas económicas y sociales con posturas conservadoras en materia de derechos y libertades democráticas (Bonnet, 2024), siendo parte de la familia de la derecha global. No obstante, Bonnet (2024) señala que entre las particularidades de este gobierno se destacan que su defensa del neoliberalismo es aún más radical que la de otros exponentes de esta corriente en latinoamericana, en tanto ha llegado a proponer la dolarización y el cierre del Banco Central. Por otra parte, Milei parece no tener relaciones tan estrechas con las fuerzas armadas.

Ahora bien, cabe agregar que una singularidad de su ideario es la defensa del anarcocapitalismo, que debe ser concebido como una filosofía extrema dentro del liberalismo, que se propone alcanzar una sociedad capitalista sin Estado. Conforme con Asiain (2023) a diferencia de otras vertientes liberales, los anarcocapitalistas llevan la idea de provisión privada de bienes y servicios en niveles extremos, eliminando la acción estatal Estado en la provisión de salud, educación, seguridad y todas las esferas de la gestión pública. En tanto se entiende que dichos servicios básicos comunes deberían ser provistos por empresas privadas que se contrarían en forma voluntaria.

Dicho esto, el ya referido hiperoccidentalismo argentino y la visión de mundo que abraza el presidente, que gira en torno a la existencia de una civilización occidental -cuyos valores fundamentales son la libertad económica y la propiedad privada- que se encuentra amenazada por la expansión del socialismo y el comunismo (Frenkel, 2024), se hicieron patentes al anunciarse la llamada “nueva doctrina de política exterior” ante la comandante del US Southern Command, Laura Richardson.

Ahora bien, en una instancia en la que se habla de una nueva etapa de la política exterior argentina, el hiperoccidentalismo ha supuesto un cambio profundo de esta, entendiéndose como el abandono o reemplazo de una o más de las orientaciones de dicha política y a las variaciones en los contenidos o formas de efectuarla (Russell, 1991), a un realineamiento de la política exterior (Van Klaveren, 1992).

Lo cierto es que, como se verá a continuación, estos cambios que sufre la política exterior argentina se hacen palpables en lo referente al posicionamiento frente al conflicto palestino-israelí. En efecto, en virtud del alineamiento de con Israel, en torno al cual se avanzó ya en los primeros días de gobierno de la nueva administración, se dejó atrás la histórica política de equidistancia, que se funda en la preocupación por compensar cualquier gesto o acción que pudiera ser interpretado como un desnivel en el trato igualitario hacia los protagonistas de la controversia en Medio Oriente (Méndez, 2008).

3. Orígenes y evolución de la política de equidistancia

Al partir de que la equidistancia ha caracterizado el posicionamiento argentino frente al conflicto palestino-israelí, es importante recordar que esta política es inaugurada por la Argentina en 1947. Entonces un Comité Especial de Naciones Unidas designado para evaluar la mejor forma de resolver la llamada “cuestión palestina”, propuso la partición del territorio en tres entidades, una quedaría bajo control árabe, otra bajo control judío y una tercera, que se reducía a la ciudad de Jerusalén, pasaría a manos de un régimen internacional.

Dicha propuesta quedó plasmada en la resolución 181/11 de la Asamblea general de Naciones Unidas, que se aprobó con 33 votos a favor, 13 votos en contra y 10 abstenciones. En dicha oportunidad, Argentina, entonces gobernada por Juan D. Perón, fue uno de los países miembros de la organización que se abstuvo, dando por inaugurada la ya referida política que, como se verá a lo largo del presente trabajo, llega a su fin a partir de la asunción de Javier Milei.

Tal como sostiene Rein (2007), uno de los factores que explica el posicionamiento argentino en aquella instancia es la voluntad de Buenos Aires de mostrar cierto grado de independencia en su política externa frente a los Estados Unidos, en un momento en el que la Argentina abrazaba la tercera posición. Más aún, atendiendo a que la cuestión Palestina no detentaba un rol central en la agenda de externa de dicho actor, al ser que este último no tenía intereses en juego en la disputa. Asimismo, la voluntad de preservar el vínculo con Gran Bretaña, por décadas el principal socio comercial del país sudamericano y potencia mandataria en Palestina, así como también con los países árabes, sumado a la presencia de importantes comunidades árabes y judías en Argentina, ayudan a comprender más cabalmente dicho posicionamiento.

En este sentido, es importante destacar que la búsqueda de preservar los lazos con los actores involucrados, tanto directa como indirectamente con el conflicto, así como también con la comunidad árabe −tercera colectividad en relevancia en el país, luego de la italiana y la española (Dalmazzo y Francisco, 2001) − y con la comunidad judía -la más importante en América Latina (Sivak, 2023) − han sido, por décadas, factores centrales para explicar el posicionamiento argentino frente a la diputa. De allí que, pese a las características del gobierno de turno, la Argentina se haya inclinado por mantener el equilibrio, al punto que la referida política, con el correr del tiempo, se transformó en lo que se conoció como el patrón de equidistancia argentino frente al conflicto.

De esta forma, aunque es cierto que la política exterior argentina en relación con la disputa ha tenido sus matices, en tanto los distintos gobiernos que se han sucedido en el poder han protagonizado ajustes, estos siempre se han producido dentro de un marco general de equidistancia. En tal sentido, en líneas generales se puede sostener que las administraciones que a través del tiempo han mantenido una política más cercana a los Estados Unidos han tendido a adoptar posiciones más próximas a Israel, mientras que aquellas que han optado por una de cariz más autónomo, han protagonizado gestos favorables al pueblo palestino.

A modo de ejemplo, durante los gobiernos del Frente Para la Victoria (2003-2015), mientras la Argentina se percibió como un país en desarrollo que debía insertarse en un orden internacional multipolar, Buenos Aires apostó por profundizar las relaciones con los países del Sur. En este marco se acercó a Palestina, lo que se plasmó en su participación en la conferencia de donantes que tomó lugar en 2007 y en la apertura de la Oficina de Representación Diplomática en Ramallah en 2008. Asimismo, tras la Operación Plomo Fundido, Buenos Aires envío Cascos Blancos a la Franja Gaza, para luego participar de una conferencia que tenía por fin impulsar acciones para la reconstrucción de dichos territorios.

Todavía más, durante el primer gobierno de Fernández, en 2010, Buenos Aires reconoció al Estado Palestino. Si bien se efectuó “dentro de las fronteras existentes en 1967 y de acuerdo con lo que las partes determinen en el transcurso del proceso de negociación” (Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto, 2010, párr. 1), empleando una fórmula que buscó dejar la puerta abierta a las demandas israelíes sobre ciertas porciones de dichos territorios, en el marco de una apuesta por alcanzar el equilibrio en lo referente al vínculo con los protagonistas de la disputa.

Como contrapartida, durante el gobierno del Frente Cambiemos (2015-2019), el país apostó por recuperar su identidad “occidental”, mientras se privilegiaban los vínculos con los actores centrales, y entre ellos particularmente con los Estados Unidos; en este marco se introdujeron cambios en los lineamientos de política exterior (Fabani, 2021). De hecho, con el objetivo de acercarse a Washington, la Argentina efectuó una serie de guiños hacia Israel.

Durante esta etapa se produjo la llegada al país del primer ministro israelí por primera vez en la historia y se reconoció a Hezbollah como organización terrorista. Todavía más, en el marco de Naciones Unidas, Argentina se abstuvo al momento de votar una resolución que rechazó la decisión de Estados Unidos de reconocer a Jerusalén como capital de Israel. Ello a pesar de que, durante este período, se mantuvo la condena a los asentamientos judíos en territorio palestino. Estos matices, como ya se señaló, se tradujeron en ajustes mas no en un cambio de la política de equidistancia. En tanto, el quiebre de dicha posición histórica recién se produce con la llegada al poder de Javier Milei.

Al respecto, durante el gobierno de LLA la región de Medio Oriente adquiere una inusitada relevancia dentro de la agenda externa argentina, ello en una fase particularmente virulenta en términos de la conflictividad latente en la región. Ahora bien, el incremento en términos de relevancia de este espacio se explica en virtud del alineamiento con el Estado de Israel, que como ya se ha expresado, responde a una lectura sobre el mundo, pero también a factores ideológicos y confesionales, el que ha llevado a la Argentina a tomar partido por una de las partes en la disputa dejando atrás la histórica búsqueda del equilibrio.

Bajo el gobierno de LLA lejos de la apuesta por preservar cierto margen de acción autónoma, Buenos Aires plasma en acciones aquello que ha definido como un compromiso inclaudicable con el Estado de Israel. Aún más, lo hace asumiendo una política exterior que puede ser referida como poco constructiva en tanto, los propios funcionarios del actual gobierno han expresado que la política argentina no solo no se asienta sobre la neutralidad, sino que tampoco busca la paz, por el contrario, se encuentra plenamente alineada con Israel.

De esta forma, LLA se distancia incluso de la política adoptada por el gobierno de Carlos Menem en los noventa, un presidente que pese a ser descendiente de sirios realizó importantes gestos políticos en favor del Estado de Israel. Cabe recordar que durante su gobierno se escogió a este país como primer destino de la gira por Medio Oriente e, incluso, Argentina cambió su perfil de voto en Naciones Unidas. Si bien es menester aclarar que en ningún momento Buenos Aires pasó a votar en contra de resoluciones sobre temas vinculados a la disputa que previamente habían recibido un voto a favor, o viceversa, como ocurre en el marco de la actual gestión (Fabani, 2013).

Además, durante los noventa, el gobierno de Menem ofreció sus buenos oficios para mediar entre las partes, llegando incluso a proponer a Buenos Aires como sede de una conferencia que abordase la conflictividad latente en Medio Oriente (Fabani, 2013). Mientras la actual administración, como se expresó en el párrafo precedente, lejos está de presentar interés por trabajar en dicha dirección, particularmente cuando parece no diferenciar entre Hamas y el pueblo palestino, incluso desconociendo a este último; no existen referencias en los discursos del primer mandatario y se ha negado incluso a participar de un evento donde se encontraba el representante palestino en la Argentina (Struminger, 2024).

4. Alineamiento con Israel y fin de la política de equidistancia

Los ataques perpetrados por Hamas el 7 de octubre de 2023 no solo generaron un fuerte impacto en términos políticos y sociales en Israel, sino que, asimismo, barrieron con la apuesta por la estabilidad regional en la cual los actores de la región venían trabajando en los últimos años, plasmada en el fin del bloqueo a Qatar, la firma de los Acuerdos Abraham, la reincorporación de Siria a la Liga y el restablecimiento de relaciones entre Arabia Saudita e Irán. En esta línea, los ataques abrieron un nuevo capítulo de la disputa histórica entre palestinos e israelíes, con graves repercusiones, tales como el incremento de las tensiones e, inclusive, el enfrentamiento directo y sin precedentes entre Israel y la República Islámica de Irán.

En un primer momento el entonces presidente Alberto Fernández condenó los ataques desde la Franja de Gaza contra el sur de Israel y reconoció el derecho de este último a su legítima defensa (Página 12, 2023). Sin embargo, con el correr de los días, retomó la histórica senda de la búsqueda del equilibrio.

En este sentido, pese a que el gobierno de Fernández repudió los ataques, reconoció el derecho de Israel a la legítima defensa y reclamó la liberación de los rehenes; también solicitó garantizar el acceso de ayuda humanitaria a la Franja de Gaza (Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto, 2023a), condenó el ataque al hospital al Ahli Arab (Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto, 2023b), así como también contra el campo de refugiados de Jabaila, para concluir que nada justificaba la violación del derecho internacional humanitario y la obligación de proteger a la población civil en los conflictos armados (Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto, 2023c). Todavía más, en dos oportunidades la Argentina volvió a enviar ayuda a territorio gazatí (Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto, 2023d).

Mientras tanto, el entonces candidato en campaña Javier Milei sentaba su posición al criticar el accionar de la Cancillería Argentina como “demasiado blando para la situación aberrante que está pasando” (Infobae, 2023. párr. 11) el cual, según su parecer, dejaba la puerta abierta a los terroristas (Infobae, 2023).

Tras haber obtenido una victoria en las elecciones de noviembre de 2023 y a tan solo días de haber asumido su cargo como presidente de los argentinos, el gobierno de Milei optó por abstenerse cuando el 12 de diciembre la Asamblea General de Naciones Unidas aprobó una resolución que instaba a una tregua humanitaria (Gasparini, 2023). De esta forma, la nueva administración se desmarcaba de la gestión precedente, que a finales del mes de octubre había votado a favor de la resolución A/ES-10/L.25 (2023), aprobada en el X Periodo de Sesiones de Emergencia de la Asamblea General, que instaba a una tregua y exigía que todas las partes respetasen el derecho internacional humanitario y que se brindasen suministros y servicios esenciales a la Franja de Gaza, dando un primer paso en pos del quiebre de la política de equidistancia. (Asamblea General de las Naciones Unidas, 2023).

Asimismo, en línea con sus promesas de campaña, en el mes de febrero Milei visitó el Estado de Israel, en lo que se convertiría en la primera visita de un presidente latinoamericano tras los ataques del 7 de octubre, así como también en la primera de un mandatario argentino a un país en guerra tras el retorno a la democracia.

Apenas arribado a Israel el presidente argentino manifestó: “vengo a apoyar a Israel contra los terroristas de Hamás” (Smink, 2024. párr. 4) y adelantó su plan de mudar la embajada argentina a Jerusalén Occidental (Smink, 2024), propuesta que reiteró al ser recibido por el presidente y el primer ministro de Israel, en un claro símbolo de diplomacia presidencialista.

En torno a este tema cabe recordar que Jerusalén es una ciudad sagrada para las tres religiones monoteístas; alberga espacios de relevancia religiosa para las comunidades cristiana, judía y musulmana. De allí que, cuando el United Nations Special Comitee on Palestine (UNSCOP) propuso la partición del territorio de Palestina en 1947, decisión que como ya se mencionó se plasmó en la resolución 181/11 de la Asamblea General, se dispusiese que esta ciudad quedase sujeta a un régimen internacional. A pesar de ello, y desconociendo lo estipulado por el organismo internacional, tras la primera guerra árabe-israelí el Estado de Israel se hizo del control de Jerusalén Occidental, mientras que, luego de la guerra de los seis días, hizo lo mismo con la parte oriental. Años después, en 1980, aprobó la ley “Jerusalén capital de Israel”, declarando a la ciudad capital indivisible y eterna del Estado de Israel.

Bajo la gestión de Donald Trump, Estados Unidos reconoció a Jerusalén como capital de Israel y luego procedió a la mudanza de su embajada. Esta decisión, por esos días, fue secundada por Guatemala, un país que no solo tiene importantes vínculos con Washington, sino también relaciones históricas con Tel Aviv.

1

Como respuesta al accionar norteamericano, la Asamblea General de Naciones Unidas (2017) aprobó, en una reunión de emergencia, la resolución ES-10/L.22, que reafirma que el estatus final de Jerusalén debe ser acordado a través de negociaciones, a lo que se agrega que todas las decisiones que pretendan modificar el estatuto o la composición demográfica no tienen efecto jurídico alguno.

En línea con la resolución de la Asamblea General, durante el gobierno de Macri la Cancillería Argentina emitió un comunicado de prensa que rezaba:

Al igual que la mayor parte de la comunidad internacional, la Argentina apoya el régimen internacional especial de Jerusalén, conforme lo establece la Resolución 181 (1947) de la AGNU, así como el libre acceso, visita y tránsito sin restricción a los lugares santos para los fieles de las tres religiones monoteístas (judaísmo, cristianismo e Islam), por lo que Argentina lamenta medidas unilaterales que pudieran modificar este estatuto especial” (Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto, 2017. párr. 3).

Lo cierto es que, con el comportamiento que asume el actual gobierno, la Argentina toma distancia de la posición que históricamente se ha abrazado en torno al estatus de la ciudad sagrada. Ahora bien, cabe aclarar que Buenos Aires aprobó el establecimiento de relaciones diplomáticas y consulares con Israel, realizado por medio de las notas reversales firmadas el día 31 de mayo de 1949, mediante la Ley 14 025 de 1951. Conforme con el Artículo 2 de dicha norma, la legación de la República Argentina en el Estado de Israel tendría por sede Tel Aviv. (Congreso de la Nación, 1951). De allí que, en caso de querer mudar la embajada, esta decisión tendría que pasar por el congreso.

Al respecto, si bien el traslado de la embajada al momento no se ha concretado, por primera vez, un embajador argentino en Israel se instaló en Jerusalén y no en Tel Aviv, donde está emplazada la sede diplomática (Frente a Cano, 2024). En virtud de ello se acuerda con quienes señalan que se está violando la resolución 478 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, la cual establece que Israel se encuentra en situación de infracción al establecer su capital en Jerusalén.

Este que es un territorio definido por la propia Corte Internacional de Justicia como ocupado, en contravención al derecho internacional (Frente a Cano, 2024). Todavía más, no es posible pasar por alto que quien ha sido investido con el cargo de embajador en Israel es Axel Wahnish, un rabino ortodoxo sefardí, señalado por el propio presidente como su rabino de cabecera y guía espiritual.

Lo expuesto puede ser juzgado como otro claro gesto político hacia el Estado de Israel.

En esta misma dirección, el alineamiento también se hizo palpable tras el ataque sufrido a manos de la República Islámica de Irán en el mes de abril de 2024; el presidente Milei decidió regresar de una gira internacional para encabezar lo que definió como un comité de crisis, en otro claro guiño hacia su nuevo aliado. De este modo, en lo que puede ser juzgado como una sobreactuación del primer mandatario, interrumpió su gira por Europa, que tenía previsto finalizar con una visita a Dinamarca, para regresar al país.

En un comunicado de prensa de la Oficina del presidente sostuvo:

La República Argentina reconoce el derecho de los Estados-Nación a defenderse, y respalda enfáticamente al Estado de Israel en la defensa de su soberanía, en especial contra regímenes que promocionan el terror y buscan la destrucción de la civilización occidental. (Presidencia de la Nación, 2004a, párr. 2).

Como correlato del incremento de tensiones que tomó lugar por aquellos días, el gobierno nacional ordenó el cierre de cuatro embajadas argentinas en Medio Oriente. Asimismo, se elevaron los niveles de alerta y el Ministerio de Seguridad reforzó la seguridad en distintos puntos estratégicos incluyendo aeropuertos, fronteras, embajadas e instituciones de la comunidad judía (La Nueva Mañana, 2024). Esto se juzgó necesario considerando que la Argentina sufrió en dos oportunidades los embates del terrorismo internacional, en 1992 con el ataque a la Embajada de Israel y en 1994 con el atentado a la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA).

En una entrevista que brindó a un canal de televisión la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, dejó en claro que la neutralidad y el llamamiento a la paz no serían la posición argentina, sino que, por el contrario, defendió que el país respaldaría a Israel y los Estados Unidos por convicción (República de Corrientes, 2024); explicitando que se tomaba distancia de la histórica política de equidistancia que por décadas había caracterizado el posicionamiento del país frente al conflicto y dando muestras, asimismo, de que se dejaba atrás una tradición política que se basaba en la neutralidad frente a los conflictos internacionales y en la búsqueda de impulsar la paz.

Al considerar el voto en Naciones Unidas como otro de los indicadores que exponen el alineamiento del gobierno argentino con el Estado de Israel, en el mes de mayo de 2024 Buenos Aires votó en contra de un proyecto de resolución de la Asamblea General con el que se buscó dar respaldo político a las aspiraciones de Palestina de convertirse en Estado miembro de pleno derecho del citado organismo internacional (Chaves, 2024). Esta se produjo luego de que, en el mes de abril, el Consejo de Seguridad frenase el ingreso de Palestina por medio del voto en contra de uno de los cinco miembros permanentes del citado órgano, Estados Unidos. Respecto al proyecto de resolución de la Asamblea General este establece que el Estado palestino está calificado para ser miembro de Naciones Unidas a la vez que solicita al Consejo de Seguridad que reconsidere favorablemente su ingreso.

El documento se aprobó con 143 votos a favor, 25 abstenciones y 9 en contra, entre los cuales se encuentra el de la Argentina (Chaves, 2024), que ya había reconocido al Estado Palestino en diciembre de 2010 y en 2011, el gobierno de Fernández también había respaldado su ingreso a Naciones Unidas con plenos derechos.

Otra de las acciones que exponen el alineamiento argentino con el Estado Israel es la decisión que adoptó Argentina en el mes de julio de incluir a Hamas dentro del Registro Público de Personas y Entidades Vinculadas a Actos de Terrorismo y su Financiamiento (REPET). Mientras tanto, tras el ataque de Hezbollah contra el norte de Israel, que por aquellos días ocasionó la muerte de una decena de niños en el área de Majdal Sham, Argentina expresó nuevamente su solidaridad con el pueblo de Israel. Entonces, un comunicado de la Oficina del presidente condenó los hechos, y sostuvo:

Argentina comparte con Israel los valores occidentales y el respeto a la vida y a la libertad. Solo existen el bien y el mal, y son estos actos de crueldad los que demuestran quienes están sin ningún atisbo de duda del lado del mal (Presidencia de la Nación, 2024b. párr. 4).

En este sentido, previamente se hizo referencia a la sobreactuación del ejecutivo con respecto a las problemáticas que atañen al Estado de Israel, lo cierto es que se juzga que uno de los elementos que permite visualizar el inusitado interés del Ejecutivo argentino específicamente en relación con la disputa es precisamente la reiterada emisión de comunicados de prensa por parte de la Oficina del presidente cuando tradicionalmente, ha sido la Cancillería Argentina la encargada de sentar posición frente a ellos.

En otro orden, cuando en el marco de la Asamblea General de Naciones Unidas (2023) se solicitó que Israel pusiese fin a su presencia ilegal en el Territorio Palestino Ocupado, en un plazo no mayor a 12 meses, la Argentina se convirtió en uno de los 14 Estados que votaron en contra. No obstante, la resolución finalmente fue aprobada con 124 votos a favor y 43 abstenciones.

En este sentido, pese a que en su primer discurso ante la Asamblea General el presidente argentino señaló: “tenemos derechos inalienables otorgados por el Creador, entre los que se encuentran el derecho a la vida” (Milei, 2024, párr. 16) este derecho parece no aplicar para los palestinos. Esta posición se inscribe en el marco de un discurso binario donde se postula la lucha entre las fuerzas del bien y del mal, en el cual el pueblo palestino parece claramente estar del lado oscuro, aunque Hamas no represente a la totalidad de estos.

Otro indicador que expone el alineamiento con el Estado de Israel es el rechazo argentino de la decisión de la Corte Penal Internacional (CPI) de emitir órdenes de detención contra el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, y su exministro de Defensa Yoav Gallant, señalados como responsables de la comisión de crímenes de guerra y lesa humanidad en la Franja de Gaza al menos desde el 8 de octubre de 2023.

Al respecto, el gobierno de LLA, una vez más a través de un comunicado de Prensa de la Oficina del presidente, manifestó:

Israel enfrenta una agresión brutal, una toma de rehenes inhumana, y el lanzamiento indiscriminado de ataques contra su población. Criminalizar la defensa legítima de una nación mientras se omiten estas atrocidades es un acto que distorsiona el espíritu de la justicia internacional. (Presidencia de la Nación, 2024c. párr. 4).

Esta postura se encuentra en línea con las declaraciones vertidas por el presidente Milei que, en una entrevista que brindó al periodista Andrés Oppenheimer, señaló

Israel recibió un ataque brutal y este tipo de cosas requieren respuestas ejemplificadoras y, de hecho, Israel todo lo que está haciendo lo está haciendo dentro de las reglas del juego. Israel no está cometiendo ni un solo exceso pese a los excesos cometidos por los terroristas de Hamás (Swissinfo, 2024b).

Dicho que claramente resulta debatible si se atiende a los miles de muertos en Gaza, un territorio que por otra parte se ha encontrado al borde de la hambruna a raíz del bloqueo y el impedimento al ingreso de ayuda humanitaria. En definitiva, si bien resulta innegable que los ataques de Hamas han provocado muerte y desolación en Israel, abriendo incluso la puerta a la problemática de los rehenes, no hay empatía alguna con sufrimiento del pueblo palestino, que ha debido hacer frente a una incursión armada israelí por meses.

En virtud de lo hasta aquí expuesto se evidencia que lejos de existir una voluntad del gobierno argentino de compensar los gestos y acciones emprendidas hacia una de las partes en la disputa, idea fuerza que subyace en la política de equidistancia, lejos de cualquier interés de aportar a una solución del conflicto, durante su primer año de gobierno se ha inclinado por profundizar sus vínculos con Israel.

En este sentido, merece la pena señalar que ni durante el gobierno de Menem, en una instancia en la que llegó a hablarse de un alineamiento automático con los Estados Unidos, de una inserción excluyente, se llevó tan lejos el vínculo con Tel Aviv. De hecho, por aquel entonces, el gobierno argentino continuó manifestando su apoyo a la conformación de un Estado palestino, que pudiese convivir con Israel que, asimismo, debería poder desarrollarse en condiciones de seguridad.

Desde mediados de los noventa, y tras la firma de los Acuerdos de Oslo, la Autoridad Nacional Palestina (ANP) recibió una serie de concesiones de parte del gobierno nacional, a modo de ejemplo, la autorización para abrir una oficina en el país, la cesión de un edificio para la apertura de su sede diplomática, incluso la intercesión del gobierno de Menem a favor de trabajadores palestinos que encontraban dificultades para ingresar a Israel en virtud de un cierre de las fronteras (Fabani, 2013).

Todavía más, con su respaldo irrestricto a Israel frente al conflicto que lo enfrenta a Hamas, Argentina toma distancia de la gran mayoría de los países latinoamericanos, que han adoptado una política más dura contra dicho actor. Sin ir más lejos, Chile, México y Colombia se sumaron a la demanda que Sudáfrica presentó contra Israel ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ) por la presunta comisión del crimen de genocidio en la Franja de Gaza. Ellos sin mencionar que Colombia y Bolivia rompieron relaciones diplomáticas con Tel Aviv mientras Honduras y Brasil retiraron sus embajadores.

5. Conclusiones

A partir de la llegada al poder del gobierno de Javier Milei la política exterior argentina ha sufrido grandes cambios. En este sentido, los vínculos con la región de Medio Oriente no resultan una excepción si se tiene en cuenta que, desde el arribo de la nueva gestión, Buenos Aires ha protagonizado un alineamiento que no tiene precedentes con el Estado de Israel.

Este último responde a una estrategia internacional asociada a un contexto geopolítico, pero, asimismo, a componentes ideológicos e, incluso, confesionales.

Al respecto, no puede pasarse por alto la búsqueda argentina de alinearse con Occidente y, en este marco, con el actor que ocupa un rol protagónico dentro de este espacio, los Estados Unidos. Tal es así que define su vínculo con Washington como una alianza estratégica. Si bien, cabe puntualizar que, si se entiende estas como aquellas que se basan en una “relación bilateral profunda y densa” (Lorenzini, 2010, p. 6), “y que requieren que las partes diseñen políticas conjuntamente, compartiendo recursos, actividades e información con una visión a largo plazo” (Lorenzini, 2019, p. 94), sería necesario continuar indagando respecto a si esta relación puede ser definida o no como tal o, al menos, en torno a si Washington concibe a este vínculo efectivamente como una alianza estratégica.

Hecha esta aclaración, en el ámbito de lo confesional, el presidente argentino ha dado claras muestras de su interés por la religión judía, al participar de diversas celebraciones vinculadas a la comunidad, utilizar citas bíblicas e, incluso, proponer a su rabino de cabecera como embajador en Israel. Todavía más, Milei ha hecho expresa su voluntad de convertirse al judaísmo una vez culminada su gestión.

Ahora bien, el acercamiento a Israel, que va de la mano con el de los Estados Unidos, pero que también responde al sistema de creencias del presidente, ha tenido como correlato un cambio de la política exterior argentina en lo referente al conflicto palestino israelí en un momento particularmente álgido de la disputa. En efecto, este cambio se hace palpable a partir de que la Argentina ha dejado atrás la búsqueda del equilibrio entre las partes, lo que ha derivado en un quiebre de la política de equidistancia.

Ello se plasma en distintas alocuciones y discursos del presidente, comunicados de prensa de la oficina del primer mandatario, modificaciones en el perfil de voto argentino en Naciones Unidas. Asimismo, las visitas oficiales a Israel y el rechazo de Milei a participar de un encuentro en el que estaba presente el representante palestino también exponen la mirada de la nueva administración frente al caso.

Para concluir, la posición recientemente adoptada frente a la disputa palestinoisraelí no encuentra precedente histórico y va en contra de lineamientos tradicionales de la política exterior argentina como son la defensa de los derechos humanos, el derecho internacional y la solución pacífica de las controversias.

A su vez esta postura ha suscitado fuertes críticas y ha puesto a Buenos Aires en la vereda de enfrente con respecto a la posición asumida frente al caso por la mayoría de los países de la región. De allí que el alineamiento a ultranza con el Estado de Israel y el respaldo acrítico de su accionar se juzgue poco productivo en una instancia en la que la comunidad internacional se encuentra en vilo por la escalada en la región y aún no ve una salida clara a esta nueva fase del conflicto

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Notas

1A la fecha siguen siendo unos pocos países que han trasladado su embajada de Tel Aviv a Jerusalén: Estados Unidos, Guatemala, Honduras, Papúa Nueva Guinea y Kosovo.

Recibido: 26 de Febrero de 2025; Aprobado: 13 de Junio de 2025; : 29 de Julio de 2025

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