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Revista Innovaciones Educativas

versão On-line ISSN 2215-4132versão impressa ISSN 1022-9825

Innovaciones Educativas vol.27 no.43 San José Jul./Dez. 2025

http://dx.doi.org/10.22458/ie.v27i43.5534 

Artículos en formato de revisión bibliográfica

Hábitos de lectura de estudiantes en secundaria y educación media superior: una revisión sistemática de literatura (2014-2024)

Reading Habits of Students in Secondary and Upper Secondary Education: A Systematic Literature Review (2014-2024)

Hábitos de leitura de alunos do ensino médio e superior: uma revisão sistemática da literatura (2014-2024)

Moisés Kú Santana1 
http://orcid.org/0009-0008-4578-9400

Eloísa Alcocer Vázquez2 
http://orcid.org/0000-0003-3271-4465

1Universidad Autónoma de Yucatán https://ror.org/032p1n739 Yucatán, México a10003935@alumnos.uady.mx ORCID: https://orcid.org/0009-0008-4578-9400

2Universidad Autónoma de Yucatán https://ror.org/032p1n739 Yucatán, México eloisa.alcocer@correo.uady.mx ORCID: https://orcid.org/0000-0003-3271-4465

Resumen.

La práctica regular de la lectura, conocida como hábito lector, permite el progreso personal y profesional de las personas, ya que incide directamente en la capacidad de comunicación y participación social. El desarrollo de este hábito está asociado a factores como el entorno familiar y el académico, así como al descubrimiento del gozo que produce esta actividad. Por lo que este artículo presenta una revisión sistemática sobre los hábitos de lectura de personas estudiantes de secundaria y educación media superior, con el objetivo de analizar el estado de investigación en el tema en la última década y describir los hábitos de adolescentes para reconocer patrones y tendencias en este grupo etario que son significativos para el diseño de planes de acción e incidencia. Se siguió la metodología PRISMA 2020 para la revisión de 29 estudios empíricos provenientes de bases de datos abiertas como Redalyc y Scielo, así como de bases cerradas como Academic Search Ultimate y Eric, con el fin de ofrecer una visión integral y crítica sobre el tema. Los hallazgos revelan que las personas jóvenes se perciben con bajos índices de frecuencia y tiempo de lectura. La lectura por placer es poco frecuente y muchos adolescentes reservan la lectura únicamente con fines utilitarios o escolares. También se observó una marcada diferencia de género, ya que las mujeres leen más que los hombres y muestran una actitud más positiva hacia la lectura. Se concluye la necesidad de observar prácticas, plata- formas y formatos que motiven a las personas jóvenes a leer e incluirlas en el ámbito escolar.

Palabras claves: lectura; hábito de lectura; adolescencia; investigación sobre la lectura; promoción de la lectura

Abstract:

The regular practice of reading, known as reading habit, supports both personal and professional development, as it directly impacts individuals’ communication skills and social participation. The development of this habit is linked to factors such as family and academic environments, as well as the discovery of the intrinsic pleasure of reading. This article presents a systematic review of the reading habits of students in secondary and upper secondary education, aiming to analyze the state of research on the topic over the past decade and to describe adolescent reading practices in order to identify patterns and trends relevant for designing action and advocacy strategies. The PRISMA 2020 methodology was used to review 29 empirical studies sourced from open-access databases such as Redalyc and Scielo, as well as subscription-based databases like Academic Search Ultimate and ERIC, to provide a comprehensive and critical overview of the topic. The findings indicate that young people report low frequency and limited time dedicated to reading. Reading for pleasure is infrequent, and many adolescents read only for academic or utilitarian purposes. A significant gender difference was also observed: girls read more than boys and express more positive attitudes toward reading. The study concludes by highlighting the need to explore practices, platforms, and formats that can motivate young people to read and integrate them meaningfully into school contexts.

Keywords: reading; reading habit; adolescence; reading research; reading promotion

Resumo:

A prática regular da leitura, conhecida como hábito de leitura, possibilita o progresso pessoal e profissional dos indivíduos, pois afeta diretamente a capacidade de comunicação e a participação social. O desenvolvimento desse hábito está associado a fatores como o ambiente familiar e acadêmico, bem como a descoberta da alegria que essa atividade proporciona. Portanto, este artigo apresenta uma revisão sistemática dos hábitos de leitura dos alunos do ensino médio e secundário, com o objetivo de analisar o estado da pesquisa sobre o assunto na última década e descrever os hábitos dos adolescentes a fim de reconhecer padrões e tendências nessa faixa etária que são significativos para a elaboração de planos de ação e incidência. A metodologia PRISMA 2020 foi usada para analisar 29 estudos empíricos de bancos de dados abertos, como Redalyc e Scielo, bem como bancos de dados fechados, como Academic Search Ultimate e Eric, a fim de fornecer uma visão abrangente e crítica do tópico. Os resultados revelam que os jovens se percebem com baixos índices de frequência de leitura e de tempo gasto com leitura. A leitura por prazer é pouco frequente e muitos adolescentes reservam a leitura apenas para fins utilitários ou escolares. Também foi observada uma diferença acentuada entre os gêneros, com as mulheres lendo mais do que os homens e demonstrando uma atitude mais positiva em relação à leitura. A conclusão é que é necessário observar práticas, plataformas e formatos que motivem os jovens a ler e incluí-los no ambiente escolar.

Palavras-chave: leitura; hábitos de leitura; adolescência; pesquisa sobre leitura; promoção da leitura

INTRODUCCIÓN

La lectura es crucial para el aprendizaje y el progreso escolar, además de ser clave para la autoeducación y el aprendizaje continuo a lo largo de la vida (Babalola, 2020). La práctica regular y sistemática de la lectura, conocida como hábito lector, nutre la mente, moldea la personalidad y prepara a las personas para una participación efectiva en diversos aspectos sociales, culturales y políticos (Davidovitch y Gerkerova, 2023).

El hábito lector se define como una práctica sostenida y voluntaria que va más allá del ámbito escolar y se convierte en una herramienta fundamental para el desarrollo personal y la integración social (Cerillo et al., 2002, p. 34). No se limita exclusivamente a la capacidad de decodificar símbolos, sino que, además, permite adquirir competencias esenciales para comprender, analizar y seleccionar información en distintos contextos, incluyendo el entorno digital (p. 35). Dicho comportamiento se mantiene a lo largo de la vida profesional y funciona como una herramienta para la formación continua, es decir, como un medio para aprender, adquirir nuevos conocimientos y acceder a la cultura (Cardona- Puello et al., 2018; Dextre-Vilches et al., 2022).

De acuerdo con Muhyadini (2020), la formación de estos hábitos requiere que la persona lectora reconozca los beneficios, tanto directos como indirectos, de la lectura regular en relación con sus intereses, necesidades y expectativas. Solo cuando la acción de leer se convierte en una práctica habitual, autónoma y placentera, se puede afirmar que la persona ha desarrollado un verdadero hábito (Manso, 2020; Cardona-Puello et al., 2018). Este hábito no surge de manera espontánea ni es innato en el individuo, sino que se construye a partir de experiencias que fomentan el gusto por la lectura o, por el contrario, generan rechazo hacia ella (Cerillo et al., 2002, p. 36). Requiere esfuerzo, predisposición y una elección consciente para ser desarrollado, pues leer implica una actitud activa frente al texto, más allá de un simple acto mecánico o comunicativo (Cerillo et al., 2002, p. 39).

Un lector habitual no solo accede a la información, sino que la discrimina, la contrasta y la evalúa críticamente. En una sociedad donde la lectura está presente en múltiples formatos, esta práctica permite interpretar textos en distintos medios y desarrollar juicios propios, evitando la dependencia de estrategias pasajeras que no garantizan una comprensión profunda (Cerillo et al., 2002, p. 35). Para consolidarlo, es primordial que la lectura sea una actividad cotidiana, placentera y diversificada, donde la autonomía, la independencia y la reflexión sean sus pilares fundamentales. Como lo advierten Lluch y Sánchez-García (2017), es necesario que las prácticas de promoción lectora cuenten con diseños evaluables y metodológicamente rigurosos, ya que, de lo contrario, su impacto en la formación de lectores comprometidos resulta limitado.

Por el contrario, la carencia de hábitos de lectura en las personas tiene como consecuencias una menor capacidad para expresar ideas y emociones, debido a que no desarrolla el acervo lingüístico necesario para esta tarea (Dylman et al., 2020). Los individuos que no cultivan la lectura presentan dificultades en el uso de técnicas de comunicación complejas tanto en el habla como en la escritura (Muhyadini, 2020). Camargo-Rojas (2024) destaca que promover la lectura por placer puede incidir directamente en el desarrollo del pensamiento crítico, la creatividad y el bienestar subjetivo de las personas jóvenes lectoras, dimensiones que han sido poco reconocidas por el enfoque académico tradicional.

La falta de esta práctica contribuye a una mayor ansiedad al leer en público (Tonka y Bakır, 2020) y limita la capacidad de leer de forma crítica, por lo que son incapaces de discernir información relevante en un texto (Can y Biçer, 2021; Ulu, 2019). Con respecto al ámbito académico, las personas estudiantes sin hábitos de lectura desarrollados no pueden planear, monitorear y evaluar sus procesos de conocimiento (Ulu, 2019), lo que se traduce en un rendimiento académico y desempeño escolar inferiores (Montoya et al., 2019).

De acuerdo con los resultados de la prueba PISA 2022 en lectura, las personas estudiantes evaluadas presentaron una disminución de desempeño en dicha área de 10 puntos de acuerdo con el promedio general en comparación con los resultados del 2018 (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos OCDE 2023, p. 27). Según el informe, existe un 26% de personas estudiantes a nivel global que alcanzaron el nivel 2 o uno inferior en lectura, lo que implica que los jóvenes evaluados son incapaces de comprender o analizar textos complejos, especialmente cuando faltan pistas claras o cuando deben integrar información de diferentes partes del texto; tampoco pueden realizar inferencias, encontrar información específica entre datos no destacados o reflexionar sobre los puntos de vista de diferentes autores. En conclusión, las personas estudiantes no son capaces de manejar tareas que requieren comparar o categorizar información cuando está implícita o expresada de forma contraria a lo esperado (OCDE, 2023, p. 102).

Solamente el 1.7% de las personas participantes consiguieron posicionarse entre los niveles 5 y 6. De acuerdo con el informe, si el porcentaje de personas estudiantes en los niveles más altos es demasiado bajo, el país evaluado tendrá dificultades para formar un número suficiente de especialistas de alto nivel en diversas disciplinas y áreas laborales, a menos que se tomen medidas para abordar el problema (OCDE, 2023). Por lo tanto, contribuir al fortalecimiento del área de lenguaje y hábitos lectores es una demanda global que posibilitará la participación más equitativa entre los individuos en la toma de decisiones.

El propósito de este trabajo es realizar una revisión sistemática que permita observar los hábitos lectores de personas estudiantes del nivel de secundaria y educación media superior que reportan las investigaciones realizadas durante la última década (2014-2024), con la finalidad de identificar patrones y prácticas de lectura características de esta población que pueda guiar el diseño de estrategias efectivas que fortalezcan estos hábitos y con ello, el rendimiento académico e inserción social, cultural y laboral de la juventud. Existen tres revisiones sistemáticas anteriores en el tema que dan pie para la discusión de este trabajo: a) el estudio de Salazar-Fierro et al. (2023), el cual se enfoca en los hábitos lectores de estudiantes universitarios; b) Abdul y Warraich y (2019) tienen como objetivo explorar las diferencias en hábitos de lectura entre niños y niñas bajo una perspectiva de género y, por último, c) Vogrinčič Čepič et al. (2024) realizan una revisión sobre la lectura por placer, donde abordan las tendencias claves sobre este tema en estudios publicados entre 2014 y 2022.

Salazar-Fierro et al. (2023) concluye que los hábitos de lectura estimulan los sentimientos e impactan de manera positiva en la creación de nuevas ideas y métodos de pensamiento en las personas jóvenes. Además, las personas estudiantes universitarias con hábitos de lectura desarrollados tienden a hacer mejores trabajos y tareas académicas, así mismo, dichos hábitos mejoran la fluidez y el vocabulario de los universitarios. Las personas participantes con una actitud positiva hacia la lectura presentan hábitos de lectura más elaborados y las tecnologías de la comunicación influyen en la forma en que los lectores consumen y se relacionan con la lectura.

El estudio de Abdul y Warraich (2019) encontró que existen ocho indicadores predominantes en el estudio de hábitos de lectura, que son: elección de lectura, frecuencia de lectura, motivación para leer, influencia de lectura, tiempo de lectura, valor de la lectura y uso de la biblioteca. De acuerdo con dichos indicadores, se encontró que las niñas leen más tiempo y con mayor frecuencia que los niños, y que estas poseen una motivación para leer ligeramente más positiva que los varones; usan la biblioteca de forma más regular y acceden a los materiales de lectura con más frecuencia. Las personas con hábitos de lectura negativos prefieren la lectura tradicional a la lectura digital y las niñas poseen una actitud más positiva para leer en medios digitales. Por último, no hubo diferencia de género en la influencia de lectura, pues los hábitos de lectura tanto de niños como de niñas se vieron influenciados por sus compañeros, amigos, padres y madres.

Por último, los hallazgos a los que llegan Vogrinčič Čepič et al. (2024) muestran que la definición de lectura por placer varía considerablemente entre los estudios y se pudieron detectar dos enfoques dominantes: el primero es descriptivo e instrumental, que enfatiza la libertad de elección y el contexto recreativo de la lectura; y el segundo es analítico, pues examina las dimensiones del placer lector, incluyendo factores ambientales, mate- riales y la digitalización. La revisión sistemática detectó que la lectura por placer ha ampliado su alcance, ya que la mitad de los estudios analizados incluyen definiciones que van más allá de los libros tradicionales, incorporando cómics, sitios web y otros formatos poco convencionales de lectura. Del mismo modo, fue posible encontrar dos dimensiones relevantes en el estudio del tema: la dimensión digital, presente en gran parte de los estudios, y la dimensión social, que enfatiza la lectura como una práctica compartida que puede fomentar la motivación y el disfrute lector.

De este modo, esta revisión sistemática se suma a los esfuerzos anteriores por delinear características de la población lectora con un enfoque centrado en la población adolescente en educación básica en los niveles educativos de secundaria y media superior, entre las edades de 12 y 18 años, con el fin de conocer las características particulares de lectura de esta población, así como las coincidencia y diferencias con los otros grupos etarios antes estudiados. La revisión responde a la pregunta: ¿cuáles son los hábitos lectores de estudiantes en los niveles educativos de secundaria y educación media superior que se reportan en las investigaciones educativas entre los años del 2014 y el 2024?

Este estudio tiene el propósito de realizar una revisión exhaustiva de estudios empíricos de la última década para describir los hábitos lectores de las personas estudiantes en los niveles educativos de secundaria y educación media superior, con el fin de identificar las tendencias, metodologías y hallazgos relacionados con estos hábitos. A partir de esto, se enuncian los siguientes objetivos: a) identificar las principales tendencias en los paradigmas, diseños de estudio, metodologías en la investigación existente sobre hábitos de lectura en las personas jóvenes estudiantes y b) describir los hábitos lectores reportados en la literatura académica para entender mejor los patrones y prácticas de lectura en estos niveles educativos.

LITERATURA SOBRE EL TEMA

Un lector es alguien que disfruta de la lectura de cualquier tipo de texto o tema, lee de manera autónoma por iniciativa propia, en cualquier formato y de manera habitual (Cardona-Puello et al., 2018). Por su parte, un hábito es algo a lo que uno se acostumbra involucrando aspectos como temperamento, capacidad y familiaridad (Elkatmiş y Yiğit, 2022). En este contexto, los hábitos lectores se definen como la acción de leer de forma autónoma y periódica por diversas razones, entre ellas, el entretenimiento y uso del tiempo de ocio, el acceso a la cultura, así como la adquisición de conocimiento (Cardona-Puello et al., 2018).

Yılmaz (2004) describe el hábito de lectura como un comportamiento constante, estable y regular necesario para el aprendizaje. Este se manifiesta como un patrón de comportamiento automático en situaciones específicas, sin necesidad de una decisión consciente (Dextre-Vilchez et al., 2022) y refleja las preferencias individuales en cuanto a materiales y géneros de lectura (Baba y Rostam, 2020). Diversos factores como son los intereses y preferencias personales influyen en el desarrollo de este hábito permitiendo que la lectura cumpla tanto funciones académicas como recreativas. El hábito lector se relaciona directamente con el concepto de actitud hacia la lectura, el cual refiere a un conjunto continuo de sentimientos positivos o negativos que influyen en la inclinación a participar en actividades relacionadas con la lectura (Dextre-Vilchez et al., 2022). Una actitud positiva hacia la lectura estimula y motiva las prácticas lectoras, mientras que una actitud negativa tiene el efecto opuesto, incluso en personas que son lectoras competentes (Baba y Rostam, 2020).

La investigación educativa identifica varios indicadores con la finalidad de evaluar la continuidad y regularidad del hábito de lectura. Muhyadini (2020) propone cuatro indicadores principales: la actitud hacia la lectura, la frecuencia de lectura, el número de libros leídos en los últimos tres meses y el tiempo dedicado a la lectura académica. Por su parte, Jiménez-Pérez et al. (2020) sugiere que las variables esenciales para determinar los hábitos de lectura en las personas estudiantes incluyen la cantidad de lectura, el número de libros leídos en un período específico, el tiempo de lectura por placer en una unidad temporal determinada, la frecuencia de visitas a la biblioteca y la actitud hacia la lectura. Por último, Davidovitch y Gerkerova (2023) subraya que los hábitos de lectura dependen del número de materiales leídos, la frecuencia de lectura y el tiempo promedio dedicado a esta actividad.

El Centro de Estudios para la Promoción de la Lectura y Literatura Infantil (CEPLI) de la Universidad de Castilla-La Mancha destaca por haber desarrollado una metodología para evaluar los hábitos lectores en diversas poblaciones. En dichas investigaciones, el CEPLI ha establecido una escala de medición del hábito lector que permite clasificar a las personas lectoras en diferentes categorías según la frecuencia y la intensidad de su lectura, distinguiendo entre lectores habituales, ocasionales, no lectores y falsos lectores (Yubero Jiménez y Larrañaga Rubio, 2015).

La categorización de la práctica lectora permite identificar distintos perfiles y analizar las diferencias en la conducta de los individuos frente a los textos. Siguiendo esta línea, Larrañaga Rubio y Yubero Jiménez (2005) señalan que los falsos lectores, solo por citar un ejemplo, pueden reportar una actividad lectora mayor a la real debido a la presión social, la autopercepción del hábito lector u otros factores externos que influyen en sus respuestas. También acentúa el cruce de variables como el tiempo de lectura y la cantidad de libros leídos, pues permite afinar la clasificación y comprender mejor las dinámicas de lectura y sus contextos.

Como se puede observar, los hábitos de lectura se han estudiado a través de ciertos indicadores tradicionales en los que destacan el tiempo, la frecuencia y la cantidad de materiales consumidos. No obstante, el fenómeno de lectura es un hecho cambiante que se ha transformado con el paso del tiempo a partir de la introducción de los dispositivos electrónicos y la masificación de los medios de comunicación (Lluch, 2010). En los últimos años, los aparatos tecnológicos como las computadoras, los teléfonos inteligentes, las tabletas, así como la normalización del internet han desplazado al libro tradicional como única forma de acceso al texto literario. Este tipo de lectura se basa en la digitalización y distribución de textos a través de dispositivos de pantalla (Gutiérrez-Valencia, 2006) y, actualmente, es considerada una práctica legítima de lectura que junto a la lectura tradicional conforman el perfil lector del sujeto contemporáneo (Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe, CERLALC, 2014).

Este cambio de paradigma en la lectura, impulsado por la digitalización y el acceso ilimitado a contenidos en línea, ha llevado a una reconfiguración de los estudios sobre hábitos lectores. La segunda edición de la Metodología para explorar y medir el comportamiento lector publicada en 2014 reflejó esta transformación al incluir nuevos fenómenos asociados a ambientes digitales que influyen en la disposición del lector, sobre todo en el público juvenil (CERLALC, 2014). Esta metodología consideró la autopercepción del individuo de acuerdo con los nuevos contextos y soportes, alineándose con estudios de literacidad contemporáneos que acentúan la influencia de internet y las tecnologías de la información en el público lector. Por ese motivo, las investigaciones sobre hábitos lectores de este siglo deben reconocer la relevancia de la lectura digital y los escenarios transmedia e incorporarlos como elementos relevantes en la comprensión del comportamiento lector moderno (Lluch, 2010).

MÉTODO

De acuerdo con Bettany-Saltikov (2012), una revisión sistemática es un enfoque metódico, cuyo diseño pretende recopilar, evaluar y sintetizar la evidencia de estudios de investigación primarios, para así responder a una pregunta de investigación específica. Dicho proceso se construye de tal forma que permite presentar de manera objetiva los estudios más relevantes, la evaluación crítica de estos y la síntesis de sus hallazgos (Hemmingway y Brereton, 2009, citados en Bettany-Saltikov, 2012).

Esta revisión sistemática sigue la metodología Preferred Reporting Items for Systematic Reviews and Meta-Analyses (PRISMA, 2020), cuyo objetivo es esclarecer, evidenciar y transparentar el proceso de investigación con la finalidad de facilitar su comprensión y difusión. Asimismo, se busca esclarecer las etapas de investigación para garantizar la confiabilidad y replicabilidad de este estudio. De acuerdo con lo expuesto por Pollock y Berge (2018), este proceso incluyó las siguientes fases: identificación, selección, evaluación y análisis de los estudios que cumplieron con los criterios de elegibilidad.

La estrategia de búsqueda se diseñó para asegurar la exhaustividad y la precisión en la identificación de estudios relevantes para el tema de estudio. Se seleccionaron bases de datos que ofrecen una cobertura integral y son reconocidas por su relevancia académica en el campo de la educación y las ciencias sociales. Además, se optó por utilizar bases de datos abiertas como Redalyc y Scielo; y en cerradas como Academic Search Ultimate, Eric, Education Source vía Ebsco Host, así como en motores de búsqueda académica como Google Schoolar; debido a su enfoque especializado en estos campos y su capacidad para ofrecer acceso a una amplia gama de investigaciones actuales y de alta calidad. Estas bases de datos se destacan por incluir revistas académicas que son importantes para explorar enfoques educativos desde diversas perspectivas.

Una vez seleccionadas las bases de datos, se procedió a definir términos clave y cadenas de búsqueda tanto en español como en inglés. Las cadenas base utilizadas fueron las siguientes:

  1. (“hábitos de lectura”) AND (“Educación Secundaria” OR “Educación Media” OR “bachillerato”)

  2. (“reading habits”) AND (“high school students” OR “secondary students” OR “middle school students”)

Es importante destacar que la estrategia de búsqueda se implementó durante el primer semestre del 2024, con el objetivo de recopilar la información actualizada disponible en las bases de datos seleccionadas. Además, se establecieron criterios de inclusión y exclusión para seleccionar los estudios.

Tabla 1 Criterios de inclusión y exclusión 

Criterio de inclusión Descripción
Artículos empíricos Se incluyeron estudios empíricos, excluyendo otros tipos de géneros académicos, tales como revisión sistemática, ensayo argumentativo, tesis, reseñas críticas, artículos de divulgación y otros estudios sin el componente de resultados empíricos o que no hayan sido revisados por pares.
Año de publicación Se seleccionaron estudios publicados entre 2014 y 2024 para asegurar la actualidad de los hallazgos.
Relación con tema Se incluyeron estudios directamente relacionados con resultados sobre “Hábitos de lectura” específicamente con participantes en los niveles educativos de secundaria y educación media superior, excluyendo aquellos enfocados en otras poblaciones como niños, niñas, personas estudiantes universitarias y adultas; así como otros contextos y enfoques de investigación ajenos al ámbito educativo.
Ámbito disciplinario Se incluyeron únicamente estudios enmarcados dentro del campo educativo, excluyendo investigaciones provenientes de otras áreas como ciencia de la información-bibliotecología, estudios literarios, psicológicos, mercadológicos y de comunicación. La justificación de esta exclusión radica en que el objetivo del estudio es analizar los hábitos lectores desde un enfoque exclusivamente educativo, comprendiendo su desarrollo en contextos formales de enseñanza y aprendizaje.
Contexto de estudio Se excluyeron estudios centrados en contextos ajenos al sistema educativo formal, como tiendas de libros, bibliotecas públicas, entornos digitales y el hogar, debido a que el interés del estudio es evaluar los hábitos lectores en escenarios estructurados por programas educativos y prácticas escolares.

Nota. Elaboración propia.

Una vez establecidos los criterios de inclusión y exclusión, se procedió a identificar, seleccionar y evaluar los estudios relevantes relacionados con los hábitos de lectura en estudiantes de secundaria y educación media superior. El proceso, dividido en varias etapas, se llevó a cabo con el objetivo de garantizar que solo los estudios más pertinentes y de alta calidad fueran considerados en el análisis y sistematización de resultados.

Identificación. Se inició con la identificación de estudios relevantes utilizando las cadenas de búsqueda previa- mente descritas en las bases de datos seleccionadas. Durante esta etapa, se recuperaron un total de 181 artículos tras el primer filtro.

Selección. En la segunda etapa, se revisaron manualmente los resultados para eliminar aquellos estudios que no cumplían con los criterios de inclusión y para excluir los textos duplicados. Esto redujo el número de artículos a

81. Se excluyeron 52 artículos por las siguientes razones:

  1. No están enmarcados en el ámbito educativo, sino en disciplinas como mercadotecnia, bibliotecología, estudios literarios, comunicación o psicología.

  2. No se centran en estudiantes de secundaria o educación media superior.

  3. Analizan hábitos de lectura en contextos ajenos al sistema educativo formal, como tiendas de libros, biblio- tecas públicas o entornos digitales fuera de programas escolares.

  4. No presentan resultados empíricos o revisión por pares. Tras esta fase, quedaron 29 estudios elegibles.

Elegibilidad. En la tercera etapa, se examinaron los artículos a profundidad evaluando la consistencia metodológica, así como la calidad de los resultados, de los 81 artículos restantes, excluyéndose 52, se eligieron 29 estudios.

Inclusión. Finalmente, los 29 estudios elegibles fueron sometidos nuevamente a otra revisión a profundidad del texto completo, durante la cual se descartaron 6 textos adicionales según los criterios de exclusión y calidad de los estudios. El corpus final, después de aplicar todos los filtros, consistió en 23 artículos, que fueron sometidos a la etapa de análisis y sistematización de resultados.

Cabe mencionar que, tras la evaluación de pares académicos y con el fin de ampliar la exhaustividad de la revisión y cubrir aspectos poco representados en la búsqueda inicial, se amplió la estrategia de búsqueda para incorporar términos complementarios como “lectura por placer”, “lectura recreativa” y “lectura por ocio”. Como resultado, se integraron 6 artículos adicionales que cumplían con los criterios establecidos, lo que llevó a un total de 29 estudios incluidos para el análisis final.

Nota. Elaboración propia

Figura 1 Diagrama de flujo 

DISCUSIÓN DE RESULTADOS

Análisis bibliométrico

El análisis del corpus dio como resultado que los años con mayor concentración de estudios relacionados a los hábitos de lectura en estudiantes de secundaria y educación media superior se encuentran entre los años 2019 y 2023, con un 66% (n=19) de las investigaciones producidas en ese periodo. A partir del 2019, la producción de textos centrados en este tema fue en aumento en comparación con años anteriores.

Nota. Elaboración propia

Figura 2 Número de artículos por año 

En cuanto a la lengua, se determinó que el 41% (n=12) de las investigaciones analizadas están escritas en inglés, mientras que el 59% (n=17) del corpus se encuentra en español. España es el país que más estudios aporta al corpus, pues el 34.5% (n=10) de los textos analizados han sido producidos en la península ibérica. Otros países que aparecen más de una vez son México, Colombia e India, con dos investigaciones cada uno, así como Ecuador y Turquía, con tres. Finalmente, países como Chile, Pakistán, Nigeria, Australia, Costa Rica, Indonesia y Estados Unidos contribuyen con un artículo cada uno. De acuerdo con estos resultados, Europa se posiciona como la región líder en investigaciones sobre hábitos de lectura, representando el 34.5% del total de textos (n=10). Le sigue América Latina con un 31% (n=9) y Asia con un 20.7% (n=6). Por su parte, África, Oceanía y Norteamérica contribuyeron cada una con un artículo, equivalentes al 3.4% respectivamente.

En relación con los enfoques metodológicos, se determinó que el 46.1% (n=12) del corpus corresponde a estudios cuantitativos, mientras que el 26.9% (n=7) se identifica como cualitativo. Por último, el 17% (n=4) de los estudios sobre hábitos de lectura se clasificaron como estudios mixtos. Los instrumentos de recolección de datos más utilizados fueron el cuestionario cerrado (n=17), la entrevista semiestructurada (n=11), el cuestionario mixto (n=7), el test de evaluación (n=3), las prueba post test (n=2) y la observación participante (n=2). De acuerdo con su diseño, se pudieron clasificar en descriptivos (n=10), correlacionales (n=4), relacionales (n=1), comparativos (n=1) y experimentales (n=2), mientras que los estudios cualitativos se agruparon en estudios de caso (n=5) e investigación-acción (n=2).

Análisis de contenido

Con el objetivo de describir los hábitos lectores reportados en el corpus de artículos empíricos y comprender mejor los patrones y prácticas de lectura en personas estudiantes de secundaria y EMS, este análisis se estructura en tres categorías principales de acuerdo con lo reportado en los textos. Primeramente, se abordan las características del hábito lector, considerando la frecuencia, motivaciones y factores que influyen en él. Luego, se examinan los lugares y contextos donde ocurren estas prácticas y, por último, se analizan los agentes que promueven la lectura en este grupo etario. A continuación, se presenta un desglose detallado de estos aspectos con base en la revisión de literatura.

Definición del término de hábitos de lectura. La literatura revisada ofrece diversas definiciones sobre los hábitos de lectura, sin embargo, la mayoría de los autores parte de la relación entre hábito y la repetición de una acción. De acuerdo con Baki (2017) y Elkatmiş y Yiğit (2022), un hábito se define como la repetición de un comportamiento con cierta frecuencia y que se mantiene continuo por un período de tiempo, siendo los hábitos de lectura una actividad estable y regular necesaria para el conocimiento y aprendizaje. Por su parte, Scales y Rhee (2001, citados en Ramasamy y Padma, 2020) identifican los hábitos de lectura de acuerdo con la frecuencia, cantidad y tipo de lectura que los individuos practican con regularidad. Mahasari et al. (2019) apuntan que el hábito se consolida cuando la lectura por placer, en el tiempo libre, se vuelve parte de la rutina, idealmente desde etapas tempranas. Un grupo significativo de investigadores sostiene que la repetición por sí sola no es suficiente; es necesaria la disciplina, que implica una elección consciente y sistemática en la rutina del sujeto. Esta disciplina permite que el hábito se convierta en una necesidad básica para toda la vida (Yılmaz, 2004; Özdemir, 1983, en Elkatmiş y Yiğit, 2022; Baki, 2017).

Por su parte, Palma-Morán y Vera-García (2022) señalan que esta acción repetida en el tiempo debe llevar al desarrollo de habilidades y destrezas relacionadas con la lectura, lo que implica que debe existir una correlación entre el hábito de lectura y su uso para mejorar el rendimiento en ciertos contextos. Asimismo, Ramasamy y Padma (2020) retoman la definición de Sangkaeo (1999), que describe a quienes poseen un hábito de lectura como individuos capaces de expresar afinidades por diferentes tipos de lectura y preferencias lectoras. Para abordar el estudio de los hábitos de lectura como constructo, los investigadores han recurrido a diferentes indicadores para identificar, recopilar y evaluarlos, los más utilizados en el corpus para el estudio de dichos hábitos fueron: la frecuencia de lectura (n=15), seguido de las preferencias lectoras (n= 14), la percepción lectora (n=8), la actitud hacia la lectura (n=8), y el formato de lectura (n=9).

Tabla 3 Indicadores más comunes en los estudios de hábitos de lectura 

Indicadores Artículos
Frecuencia de lectura Soto-Vázquez et al. (2021); Vega (2022); González-Ramírez et al. (2022); Jiménez (2019); Jiménez- Pérez et al. (2020); Sivasubramanian y Gomathi, (2019); Oyewusi y Ayanlola (2014); Fraguela- Vale et al. (2016); Rodríguez (2023); Elkatmiş y Yiğit (2022); Khiangte y Ngurtinkhuma (2023); Gómez-Rodríguez (2021); Maharsi et al. (2019); Whitten et al. (2016); Deniz y Çeçen (2019).
Percepción lectora Vega (2022); Jiménez et al. (2019); Jiménez-Pérez et al. (2020); Sivasubramanian y Gomathi (2019); Baki (2017); Rodríguez-Camacho (2016); Galindo-Oceguera (2021); Álvarez-Mosqueda (2023); Maharsi et al. (2019).
Preferencias lectoras Soto-Vázquez et al. (2021); Riverado-Jurado y Romero-Oliva (2020); Vega (2022); González- Ramírez (2022); Lánchez-Pérez et al. (2019); Elkatmiş y Yiğit (2022); Rodríguez-Camacho et al. (2016); Palma-Morán y Vera-García (2022); Khiangte y Ngurtinkhuma (2023); Puente- Cadena (2024); Vicuña Suárez (2023); Whitten et al. (2016); Deniz y Çeçen (2019).
Formatos de lectura González-Ramírez et al. (2022); Sivasubramanian y Gomathi (2019); Rodríguez (2023); Álvarez-Mosqueda et al. (2023); Elkatmiş y Yiğit (2022); Palma-Morán (2022); Merga y Moon (2016); Puente-Cadena (2024); Vicuña Suárez (2023).
Actitud hacia la lectura Vega (2022); Jiménez et al. (2019); Baki (2017); Gómez-Rodríguez (2021); Rodríguez (2023); Álvarez-Mosqueda et al. (2023); Merga y Moon (2016); Muñita y León (2023).

Nota. Elaboración propia.

Se observa una tendencia marcada hacia la investigación de la frecuencia de lectura como el indicador más comúnmente analizado (n=15). Esto sugiere que los investigadores han considerado la frecuencia con la que las personas estudiantes leen como un indicador central, debido al potencial cuantificador de la experiencia dedicada al hábito de lectura en formato de horas, días de la semana, entre otros. Aunque la percepción lectora (n=8) y la actitud hacia la lectura (n=8) fueron los indicadores menos frecuentes, su presencia en los estudios revisados aporta una dimensión cualitativa relevante al análisis, ya que permiten explorar cómo se siente, interpreta o valora la práctica lectora desde la perspectiva de la propia persona lectora. Esta línea resulta relevante para complementar los datos cuantificables como la frecuencia, pues ofrece información sobre el vínculo emocional y motivacional que los adolescentes establecen con la lectura.

Al comparar los diferentes indicadores, la frecuencia de lectura emerge como el aspecto más tangible y directa- mente observable, como se ya se ha comentado, lo que contrasta con la percepción lectora y la actitud hacia la lectura, que son elementos más subjetivos y dependen en gran medida de las autoevaluaciones de las personas estudiantes. La diferencia en la naturaleza de estos componentes se deriva a que los estudios sobre frecuencia ofrecen datos cuantitativos y directos, mientras que los estudios sobre percepción y actitud proporcionan un entendimiento más cualitativo y profundo de la experiencia lectora de las personas estudiantes. Por lo tanto, son estudios complementarios del entendimiento del fenómeno.

Caracterización de los hábitos de lectura. Los resultados de las investigaciones que conforman el corpus arrojaron información valiosa con respecto a los hábitos de lectura: estudios en adolescentes españoles determinaron que estos poseen bajos índices de frecuencia y tiempo de lectura (Fraguela-Vale et al., 2016), y que en general existe un considerable sector de las personas participantes que se autodefine como “no lectores” (Soto- Vázquez et al., 2021). Esto también se encontró en los estudios emprendidos por Elkatmiş y Yiğit (2022), quienes determinaron que las personas estudiantes de secundaria turcas poseen bajos índices de lectura mensual, y en los de Sivasubramanian y Gomathi, (2019) donde más de la mitad de las personas participantes indias leen menos de una hora al día. Por su parte, Whitten et al. (2016) encontraron que un amplio porcentaje de personas estudiantes estadounidenses no leen por placer y más de la mitad lee dos libros o menos al año y Vicuña-Suárez (2023) determinó que dos terceras partes del alumnado ecuatoriano no concluye los libros que comienza, lo que reafirma la baja frecuencia lectora como una constante a nivel internacional.

Otra tendencia observable es que una mayoría de las personas participantes reserva la práctica lectora única- mente para fines utilitarios como estudiar para un examen (Sivasubramanian y Gomathi, 2019), mejorar su calificación final (Vega, 2022), o bien, ante situaciones académicas en general (Gómez-Rodríguez, 2021). Eso coincide con Álvarez-Mosqueda et al. (2023) y Oyeswusi (2014), quienes sugieren que las personas estudiantes no leen por iniciativa propia y consideran la lectura una imposición por parte de la escuela y no una práctica lúdica cotidiana. Puente-Cadena (2024) señala que muchos adolescentes perciben la lectura como un simple recurso escolar, mientras que el estudio de Maharsi et al. (2019) arrojó que una tercera parte de los participantes no lee nunca, a pesar tener acceso a libros.

De acuerdo con Vega (2022), el principal impedimento de las personas jóvenes españolas para leer con más frecuencia obras de su elección es la falta de tiempo libre. Dicho resultado coincide con los estudios de González- Ramírez et al. (2022) en Europa y América, pues se encontró que los adolescentes practican más lectura por ocio en tiempos de vacaciones. Resultados similares se presentan en el texto de Ramírez (2023), quien indica que la mayoría de las personas jóvenes españolas aseguran que leerían más si tuvieran más tiempo a su disposición.

Los estudios de hábitos de lectura arrojaron que existe una constante y muy marcada diferencia de resultados entre participantes del sexo masculino y femenino. Soto-Vázquez et al. (2021) determinaron que las mujeres leen más que los hombres y asisten más a las bibliotecas, coincidiendo con Fraguela-Vale et al. (2016), quienes exponen que las mujeres presentaron más altos niveles de frecuencia y tiempo de lectura contrario a los varones. Esto también se repitió en las investigaciones con jóvenes australianos de Merga y Moon (2016), donde las adolescentes leyeron más libros y con más regularidad, así como en la investigación de Deniz y Çeçen (2019), quienes determinaron que las alumnas turcas leen más libros al año que sus compañeros varones. Las participantes del sexo femenino en general demostraron un mayor gusto por la lectura (Vega, 2022), mejores resultados en evaluación de comprensión lectura y habilidades lectoras (Jiménez-Pérez et al., 2020), además de una actitud hacia la lectura (Merga y Moon, 2016) y una motivación por leer más favorable y positiva que los hombres.

Lugares y contextos. Con respecto a los formatos de lectura, Sivasubramanian y Gomathi (2019) determinaron que una amplia mayoría de personas estudiantes indias prefieren la lectura en papel por sobre otros medios alternos como la lectura digital, mientras que Rodríguez (2023) presentó resultados muy similares con personas estudiantes españolas. González-Ramírez et al. (2022) también encontraron esta misma tendencia de preferencia por la lectura tradicional en jóvenes chilenos y polacos. Por su parte, Elkatmiş y Yiğit (2022) demostraron que no solo existe la predilección por el papel, sino que la cantidad y frecuencia de la lectura digital en adolescentes turcos es muy escasa. Merga y Moon (2016) agregan que, aunque las personas adolescentes australianas están familiarizadas con la lectura digital, aún consideran la lectura tradicional más atractiva debido a la naturaleza y el diseño de los libros. De manera similar, Puente-Cadena (2024) confirma que los estudiantes, aunque están habituados al entorno digital, siguen prefiriendo el formato impreso para literatura, cómics y libros académicos.

Se reconoce el aporte de estas tecnologías al fomento de la lectura, pues acercan a las personas adolescentes a nuevos materiales de lectura y géneros literarios más novedosos a los que, de otro modo, sería difícil acceder, además de fomentar el intercambio de ideas (Sivasubramanian y Gomathi, 2019). Puente-Cadena (2024) señala que el teléfono inteligente es el dispositivo más utilizado para acceder a lecturas digitales, muy por encima de tablets o e-books. No obstante, existe una gran preocupación por el uso excesivo de dispositivos móviles en las aulas (Ahmad et al., 2021) y por las consecuencias que las pantallas electrónicas pueden tener en la salud ocular de las personas jóvenes (Elkatmiş y Yiğit, 2022). Otros autores agregan el potencial de los dispositivos móviles para desplazar el hábito lector (Álvarez-Mosqueda et al., 2023) debido a la cantidad de distractores de dichos aparatos y el potencial de acaparar la atención y el tiempo de los individuos (Khiangte y Ngurtinkhuma (2023).

Palma-Morán y Vera-García (2022) determinaron que las personas docentes consideran la biblioteca escolar como un espacio indispensable para el fomento de la lectura; sin embargo, no es raro encontrar casos en los que los programas destinados a dichas bibliotecas no logran presentar resultados positivos (Soto-Vázquez et al., 2021), o bien, enfrentan obstáculos relacionados con los espacios de lectura y el personal de servicio (Dantas et al., 2017). Los hallazgos de Vega (2022) sugieren que alrededor de la mitad de los adolescentes españoles participantes no frecuenta la biblioteca de su escuela. Los estudios de Sivasubramanian y Gomathi (2019) arrojaron que una amplia mayoría de los adolescentes indios prefiere practicar la lectura en casa que la biblioteca de su escuela. Este panorama se ve reforzado por Deniz y Çeçen (2019), quienes encontraron que un 45% del estudiantado nunca hace uso de la biblioteca. Por su parte, Ahmad et al. (2021) señalan que la ausencia de bibliotecas es considerada uno de los principales impedimentos para fomentar el hábito de lectura en estudiantes pakistaníes. No obstante, se observó que no es suficiente contar con la infraestructura de la biblioteca para lograr de manera automática su uso a fin de fomentar el hábito de lectura.

Es interesante apuntar que en los estudios no se encontraron resultados sobre otros espacios que fomenten los hábitos lectores. La biblioteca se ubica como un espacio tradicional para observar en el análisis del tema, no obstante, se considera un vacío de conocimiento no tomar en cuenta lugares diversos que no sean la biblioteca pública o escolar, y afines a las juventudes.

Agentes que promueven la lectura. Los hábitos de lectura de las personas adolescentes están fuertemente influenciados por varios actores, siendo los padres y madres de familia los más destacados. Cuando muestran interés por la lectura, los padres y madres se convierten en los principales influyentes en las actitudes lectoras de las personas jóvenes (Merga y Moon, 2016; Fraguela-Vale et al., 2016). Maharsi et al. (2019) destacan que los modelos de lectura en el hogar, como padres que leen con regularidad, generan un fuerte impacto en el gusto lector de adolescentes. Fraguela-Vale et al. (2016) han identificado una correlación entre los hábitos de lectura de las personas jóvenes y el nivel educativo de sus padres, así como una posible relación entre la frecuencia de lectura y el rendimiento académico.

En línea con estos hallazgos, Jiménez-Pérez et al. (2020) encontraron que los adolescentes con madres que tienen hábitos de lectura consolidados obtienen mejores resultados en comprensión lectora e inteligencia emocional. El estudio de Deniz y Çeçen (2019) encontró que, aunque los padres siguen siendo una figura de influencia importante, los compañeros representan la influencia significativa en los hábitos lectores, especial- mente entre las participantes femeninas, mientras que la familia influye más en los varones. Los anteriores resultados destacan que los hábitos de lectura en las personas jóvenes no se encuentran únicamente condicionados por el entorno escolar, sino que dependen en gran medida del ejemplo y el apoyo que pueda recibir en el hogar y de las personas adultas que le rodean.

DISCUSIÓN

Esta revisión sistemática ofrece una visión detallada sobre los hábitos de lectura en personas estudiantes de secundaria y EMS, revelando que, entre 2021 y 2023, se produjo el 52% de los estudios analizados, con un aumento notable desde el año 2020. La mayoría de las investigaciones están en español (61%), siendo España el país con mayor contribución (39%). Predominan los estudios cuantitativos (52%) y los instrumentos de recolección más comunes son los cuestionarios cerrados y las entrevistas semiestructuradas.

Los indicadores más frecuentes utilizados por las personas investigadoras para determinar los hábitos de lectura en personas estudiantes en estos niveles fueron: frecuencia y tiempo de lectura, preferencias lectoras, percepción lectora, actitud hacia la lectura y formatos de lectura, resultados que coinciden en su mayoría con los ocho indicadores clave encontrados en la revisión sistemática de Abdul y Warraich (2019), con excepción de influencia de lectura y uso de bibliotecas. La coincidencia de la mayoría de los indicadores sugiere que estos criterios son ampliamente aceptados y considerados fundamentales en la evaluación de los hábitos de lectura. Esto refleja un consenso en la comunidad académica sobre cuáles son las variables más recurrentes para comprender y medir los hábitos de lectura en las personas estudiantes.

La ausencia de “influencia de lectura” y “uso de bibliotecas” en los indicadores seleccionados en los estudios revisados señala una limitación en el análisis de los hábitos de lectura. Estas omisiones implican que ciertos aspectos clave del entorno lector, como el rol de los espacios de lectura y las influencias externas, no están siendo suficientemente considerados. Si bien, autores como Vega (2022) y Sivasubramanian y Gomathi (2019) involucran la biblioteca escolar en sus estudios, existe una oportunidad evidente de investigar otros espacios que desempeñan un papel significativo en la promoción de la lectura entre adolescentes, por ejemplo, los clubes de lectura, tanto presenciales como virtuales, así como espacios comunitarios, centros juveniles, cafés, e incluso parques, que aunque proporcionan contextos menos estructurados, ofrecen información valiosa sobre las prácticas lectoras.

Los resultados de las investigaciones de hábitos lectores en personas estudiantes de secundaria y EMS revelan una tendencia generalizada hacia bajos niveles de frecuencia y tiempo de lectura entre adolescentes, independientemente del contexto geográfico (Fraguela-Vale et al., 2016; Elkatmiş y Yiğit, 2022). Esto se manifiesta en la prevalente proporción de personas estudiantes que no se denominan lectoras, que reservan sus esfuerzos a lecturas obligatorias y que no consideran la lectura entre sus actividades recreacionales cotidianas (Sivasubramanian y Gomathi, 2019; Vega, 2022; Gómez-Rodríguez, 2021).

Dichos resultados coinciden con la investigación de Dantas et al. (2017), los cuales demuestran que la escuela es el primer acercamiento de los niños y niñas con la lectura y que esta tiene como finalidad la adquisición de competencias de lectoescritura, entre otros factores, lo anterior origina una percepción de obligatoriedad por parte del alumnado que, a la larga, puede resultar en una valoración comprometida sobre el acto de leer.

Si bien la literatura revisada describe patrones generales sobre la baja frecuencia y el tiempo dedicado a la lectura en adolescentes, no se identifican estudios que establezcan una clasificación extenuante de los perfiles lectores en esta población. A diferencia de las categorizaciones propuestas por el CEPLI, que distinguen entre lectores habituales, ocasionales, no lectores y falsos lectores (Yubero Jiménez y Larrañaga Rubio, 2015), los trabajos analizados no desarrollan una tipología específica ni detallada basada en hábitos de lectura. Si bien es posible que existan distintos perfiles lectores entre adolescentes de secundaria y EMS, la evidencia analizada no profundiza en su caracterización.

Gómez-Rodríguez (2021) explica que el interés por la lectura por ocio disminuye considerablemente a partir de los 13 años, y que en parte está relacionado con la visión de lectura por obligación reforzada en el contexto escolar, lo que favorece su abandono con el pasar de los ciclos escolares. Esta percepción, además, es compartida por personas docentes e investigadores centrados en la lectoescritura (González-Ramírez et al., 2022), quienes apuntan que, en general, las personas adolescentes poseen bajos niveles de hábitos de lectura a nivel global y una percepción de la lectura utilitaria muy probablemente orientada por las instituciones educativas y los profesores.

En este contexto de ausencia de hábitos lectores, se encontró una disparidad acentuada en los resultados de hábitos de lectura entre hombres y mujeres. Una amplia gama de evidencia demuestra que las mujeres leen por más tiempo y con más frecuencia, que presentan una mejor disposición, percepción y actitud hacia la lectura y que, en general, consumen más libros y mayor variedad de géneros literarios (Soto-Vázquez et al., 2021; Fraguela- Vale, 2022; Merga y Moon, 2016; Vega, 2022; Maharsi et al., 2019). Este hallazgo es consistente con resultados de estudios sistemáticos previos que han reportado diferencias de género en los hábitos de lectura en adolescentes: las mujeres, en particular, tienden a leer con mayor frecuencia, a visitar las bibliotecas con más regularidad y a consumir una mayor diversidad de materiales de lectura en comparación con los varones (Abdul y Warraich, 2019).

No obstante, no se encontró evidencia suficiente en los estudios analizados para explicar las razones o las implicaciones de estos resultados, por lo tanto, no se puede afirmar si esto constituye una actividad de empodera- miento de las mujeres en los contextos culturales y educativos; o bien, se sigue conservando la idea tradicional en tanto la división de roles de género donde las mujeres son más afines a las actividades literarias (Hernández- Quintana, 2018). Sin duda, lo anterior representa un vacío importante por investigar y profundizar.

En el corpus analizado, se reafirma que los padres y madres representan una de las principales influencias para desarrollar los hábitos lectores en los adolescentes (Merga y Moon, 2016; Fraguela-Vale et al., 2016; Maharsi et al., 2019; Deniz y Çeçen, 2019). Estos hallazgos coinciden con lo expuesto en Álvarez-Mosqueda et al. (2023), pues se ha comprobado que las personas estudiantes tienden a desarrollar un mayor y más significativo hábito de lectura cuando sus padres son lectores activos y promueven la lectura en el hogar. Esto se debe a que los hijos e hijas suelen imitar lo que ven en su entorno familiar, lo que les ayuda a desarrollar sus propios hábitos de lectura a través del ejemplo. Dichas investigaciones indican que las personas adolescentes que disfrutan de la lectura en compañía de sus familiares y que discuten sus lecturas en casa tienden a poseer un hábito lector más robusto (Álvarez-Mosqueda et al., 2023) y que, en general, los padres y madres representan el primer contacto material y simbólico con el hábito lector en las primeras etapas de la vida (Merga y Moon, 2016; Fraguela-Vale et al., 2016). Los resultados coinciden en el papel crucial de los padres en la configuración de los hábitos de lectura, señalando que el ambiente familiar constituye un punto de partida importante donde se promueve esta actividad (Dantas et al., 2017).

En cuanto al ámbito digital contemporáneo, los resultados de la revisión sistemática indican que las personas estudiantes prefieren la lectura en papel sobre la lectura digital en diversas regiones del mundo, como España, Chile, Polonia y Australia (Sivasubramanian y Gomathi, 2019; Rodríguez, 2022; González-Ramírez et al., 2022), incluso en áreas donde ya están familiarizados con la lectura digital (Merga y Moon, 2016). Los resultados evidencian que, aun cuando la lectura digital se ha popularizado debido a la masificación de dispositivos como celu- lares, tabletas y laptops, en el caso de secundaria y EMS no ha desplazado a la lectura tradicional. Únicamente se encontró en el estudio de Elkatmiş y Yiğit (2022), realizado en el contexto de estudiantes de secundaria de Turquía, que las personas adolescentes son capaces de diferenciar entre la lectura digital y la tradicional, y que la elección del medio de lectura depende de su propósito, lo que ha llevado a que la lectura digital se convierta en una opción conveniente para los nativos digitales, al reducir costos, tiempos de espera y permitir el acceso sin restricciones de lugar o tiempo.

En relación con la lectura digital, Khiangte y Ngurtinkhuma (2023) sugieren que las redes sociales, internet y el uso de teléfonos móviles influyen de forma positiva en los hábitos de lectura debido a su amplia oferta de contenido y disponibilidad; además, agregan que, actualmente, la lectura digital se ha convertido en un ejercicio complementario a la lectura tradicional e igual de válido. Esta perspectiva se refleja en investigaciones como las de Puente-Cadena (2024), González-Ramírez et al. (2022), Sivasubramanian y Gomathi (2019), Rodríguez (2023), Álvarez-Mosqueda et al. (2023), Elkatmiş y Yiğit (2022), Palma-Morán y Vera-García (2022) y Merga y Moon (2016), donde la lectura digital emerge como un punto de interés a investigar. Esta tendencia también coincide con lo expuesto por Lluch (2010), quien sostiene que la lectura y escritura en medios alternativos al libro convencional ya se han convertido en prácticas tan aceptadas y validadas socialmente como la lectura tradicional.

CONCLUSIONES

El análisis bibliométrico permitió identificar tendencias clave en la investigación sobre hábitos lectores en adolescentes. Se observó un incremento en la producción de estudios a partir del 2020, con una mayor concentración entre 2021 y 2023. España destacó como el país con más aportes, seguido de México, Colombia, India y Turquía. A nivel regional, Europa lideró en publicaciones, seguida de América Latina y Asia. Metodológicamente, la mayoría de los estudios utilizaron enfoques cuantitativos y descriptivos, con el cuestionario cerrado como instrumento predominante. Estos hallazgos reflejan un interés creciente en la medición y caracterización de los hábitos lectores mediante metodologías estructuradas, lo que sugiere la necesidad de ampliar los enfoques cualitativos y mixtos para una comprensión más profunda del fenómeno.

Los resultados obtenidos evidencian que las personas jóvenes leen con baja frecuencia y que su relación con la lectura se encuentra mayormente vinculada a la obligatoriedad académica, más que al disfrute personal o al ocio. No se encontró una conexión significativa entre la lectura y actividades extracurriculares, lo que refuerza la percepción de la lectura como una tarea escolar. A pesar del avance de la digitalización, el estudiantado aún muestra una leve preferencia por la lectura en formato impreso. Sin embargo, las investigaciones revisadas presentan vacíos importantes, especialmente en lo referente a la influencia de la lectura digital y de internet en los hábitos lectores juveniles. Así mismo, la falta de estudios sobre el impacto de plataformas digitales, redes sociales y formatos alternativos de lectura, como el webcómic o el manga, deja abiertas preguntas importantes sobre cómo estos medios pueden contribuir a la formación de hábitos lectores en la actualidad y sobre todo entre los adolescentes.

Por otro lado, las diferencias de género en los hábitos lectores son una constante en los estudios analizados, con una mayor frecuencia y disposición hacia la lectura por parte de las mujeres. No obstante, sigue sin abordarse en profundidad el significado de estas diferencias y el papel que desempeñan las lectoras en el contexto contemporáneo. Explorar este aspecto desde un enfoque cualitativo permitiría comprender si esta brecha responde a construcciones socioculturales o si existen otros factores que influyen en la relación diferenciada entre género y lectura.

Finalmente, los estudios coinciden en que es necesario fortalecer la relación entre las personas adolescentes y la lectura, promoviendo su acceso más allá de los objetivos académicos. Fomentar el acercamiento a la lectura desde el ocio y la recreación podría transformar su percepción de una tarea obligatoria a una actividad placen- tera. Para ello, es esencial generar espacios que permitan a las personas estudiantes explorar lecturas alineadas con sus intereses personales y no solo con las exigencias curriculares. Esta integración de la lectura en la vida cotidiana contribuiría a formar personas lectoras más autónomas y comprometidas, con una conexión genuina y duradera con la práctica lectora.

CONTRIBUCIÓN DE LAS PERSONAS AUTORAS

Moisés Kú Santana: conceptualización, curación de datos, análisis formal, captación de fondos, investigación, metodología, software, validación, visualización, redacción - borrador original.

Eloísa Alcocer Vázquez: conceptualización, análisis formal, captación de fondos, investigación, metodología, administración del proyecto, recursos, software, supervisión, redacción - revisión y edición final.

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Recibido: 29 de Enero de 2025; Revisado: 06 de Marzo de 2025; Aprobado: 13 de Mayo de 2025

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