Prólogo
Existen ficciones que surgen de otras que les anteceden. También hay textos narrativos que se articulan con pocas palabras. Decir más haría largo lo que pretende ser corto.
Homónimos
Óscar quiere actualizar el derrotero de su homónimo ficticio, pero Julien’s ya no está y la casa de Amón quizás no existe. Quedan, sí, los barrios, parques y avenidas y sus nombres. De algo está seguro: esta ciudad, susceptible de permanecer múltiple, ha sido recorrida por innumerables pies somáticos e imaginativos. Deja los circunloquios que detienen su paso y se va al garete como el otro Óscar acostumbraba. Camina por rutas de letras y calles curiosas que entran y salen de sus libros.
A través de Otoya
Largas cañas de bambú ondean. Graznidos de zanates noctámbulos impregnan los nervios. Simón avanza bordeando el parque Bolívar, alcanza las gastadas gradas de concreto y sube. La luz está encendida. Supera los rieles y voltea: ahora ve ruinas que no estaban y un hombre que abraza el vacío. Rápidamente comprende lo que sucede; él cree en aparecidos.
Iniciación
Nada podía prepararlo para lo que encontraría. Guiado por una recomendación autorizadísima, tocó y entró. Profirió un nombre y sus neuronas resplandecieron con la primera línea: diáfano sánscrito. Una luciérnaga de luz roja señalaba intermitentemente la entrada, adentro la luz ceremonialmente se escondía. Del aposento de Basileo, Fausto sale bruñido.
Periplo
1873, 2001, 2024. Los pliegos de un manuscrito aumentan. Escribir tres historias entrelazadas es agotador. Salgo y ahí estás. Regreso remozado y sucede de nuevo: complejas confluencias de espejos develan una tela en el fondo, tejido de mentes, que se extiende. La visión termina. Reúno los pliegos. Quedo exhausto otra vez. Salgo y ahí estás. Letras tiernas, a la vez herederas y donantes, cobran consistencia, me dices sibilino. Excitado descubro que no soy el único autor de lo que escribo.
Atisbo
Un fantasma reposa sobre un lago. Es ajeno a los vientos, ignora los rayos. Un reflejo de nimbo ondula en la superficie. Más allá, sumergidos, unos huesos prolongan su ensimismamiento.
La gata
El templo es el mismo templo. El aire y el frío son de otra noche. Eunice se despoja de artefactos, declama. Nos distancian años. Desde la banqueta la veo con los ojos cerrados.
Epílogo
Una obra que se cierra forja el inicio de otra y la forja se reanuda al abrirla de nuevo.













