1. Shanhai jing (山海經)
El Shanhai Jing o Clásico de las montañas y los mares3 no es stricto sensu un bestiario, sino que contiene un bestiario. O, dicho de otro modo: el Shanhai jing no es solo un bestiario. Atlas geográfico, de carácter en gran medida mítico o fabuloso4, engloba una prolija variedad de temas: cosmografía, botánica, mineralogía, historia, mitología, magia, etnografía y, huelga decir, zoología. Su descriptio mundi registra (i) la geografía, la fauna y la flora del mundo conocido por los antiguos chinos, así como (ii) la terra incognita, a saber: la geografía, la fauna y la flora del mundo inexplorado5.
Aunque heteróclito, algo no del todo infrecuente en los libros de la Antigüedad y medievales de cualquier tipo, cultura y tradición, el Shanhai jing se aprecia mejor cohesionado que sus homólogos europeos. Mayor concisión descriptiva, un esquema de redacción definido y una ecúmene y anecúmene de base acordes con el antiguo imaginario chino, lo dotan, al menos prima facie, de rigor, coherencia y claridad.
De autor(es) desconocido(s), debió de compilarse entre las dinastías Zhou y Han (楊Yang, 2009); los dieciocho rollos que lo componen se ordenan según criterios geográficos6:
i. Montañas. Rollos 1 a 5.
ii. Mares exteriores. Rollos 6 a 9.
ii. Mares interiores. Rollos 10 a 13.
iv. Desiertos. Rollos 14 a 17.
v. Mares interiores. Rollo 187.
Cada uno de estos rollos concluye con instrucciones litúrgicas para llevar a cabo las oblaciones a la deidad (o a las deidades) del lugar: sacrificios de animales, libaciones y ofrendas de gemas y algún cereal, por lo común arroz.
El Shanhai jing se considera el gran clásico de la mitología china (魯Lu, 1998). No se conserva ningún otro texto que la compendie; obras como el Bowuzhi (博物志)8 o el Shuijing (水經)9 refieren mitos y descripciones de seres fuera de lo común o mitológicos, pero de manera dispersa o fragmentaria. En la tradición occidental, por el contrario, abundan los tratados de mitología, las enciclopedias teratológicas y los bestiarios: Liber monstrorum de diversus generibus (siglo VII), The Wonders of the East (siglo X), el Bestiario de Aberdeen (siglo XII), entre otros.
Wu Renchen (吳任臣), historiador de la dinastía Ming, clasificó los especímenes descritos en el Shanhai jing en (i) espíritus (靈祇 língqí ), (ii) seres extraños (異域 yìyù ), (iii) monstruos (獸族 shòuzú ), (iv) plumíferos (羽禽 yǔqín ) y (v) escamosos (鱗 lín ) (馬Ma, 2005). Tales descripciones se centran en el hábitat y el aspecto físico; rara vez hacen referencia a la etología y la dieta, salvo si esta incluye la carne humana. En el caso de las criaturas présagas, se especifica si son faustas, infaustas o nefastas.
又東五百里,曰鹿吳之山,上無草木,多金石。澤更之水出焉,而南流注于滂水。水有獸焉,名曰蠱雕,其狀如雕而有角,其音如嬰兒之音,是食人。 (楊Yang, 2009, p. 9)
A otros quinientos li hacia el este se halla el monte Luwu, yermo, pero rico en metales y rocas. Allí nace el río Zegeng, cuyas aguas fluyen hacia el sur hasta verterse en el río Pang. Nada en ellas el gudiao, de aspecto similar al águila, pero con astas, y una voz que recuerda a la de un bebé. Devora personas.
2. Los bestiarios europeos medievales
Si bien espigan de fuentes muy heterogéneas: historiadores (Arriano), geógrafos (Heródoto), viajeros (Estrabón)10, alquimistas (Bolos de Mendes11), enciclopedias como la Suda, libros de maravillas zoológicas12, etcétera, los bestiarios medievales surgidos en distintas partes de Europa entre los siglos XI y XIII13 se fundamentan sobre todo en tres obras clásicas:
Historia naturalis (siglo I), escrito en latín por Plinio el Viejo, de carácter enciclopédico, recopila el saber de la época. La parte dedicada a la zoología, con base en Aristóteles, abarca los libros VIII (animales terrestres), IX (animales marinos), X (aves) y XI (insectos). Piedra angular sobre la que se cimientan las dos obras siguientes: el Fisiólogo y las Etimologías
Physiologus (siglo II)14, en griego y de autor desconocido. A lo largo de sus cuarenta y nueve capítulos, en cuya mayoría se describen animales tanto reales cuanto fantásticos, sincretiza historia natural y cristianismo. A tal efecto, intercala anécdotas bíblicas o cargadas de simbolismo cristiano: el ave fénix renaciendo de sus cenizas; el unicornio, al que solamente una doncella puede acercarse. Su autoría se ha atribuido a los gnósticos, a Taciano el Sirio y a padres de la Iglesia como Juan Crisóstomo, Ambrosio o Jerónimo de Estridón (Malaxecheverría, 1987).
Etymologiarum (siglo VII), enciclopedia lexicográfica y pseudoetimológica15 en la que Isidoro de Sevilla epitoma la ciencia de su tiempo. Consta de veinte capítulos y aborda numerosas materias: gramática, métrica, matemáticas, música, zoología (capítulo duodécimo), botánica, astronomía, etcétera. Al igual que el Fisiólogo, que Isidoro de Sevilla cita y extracta a menudo, diluye lo pagano con moral cristiana, infundiendo atributos humanos a los animales: vicios (la lascivia de la liebre) tanto como virtudes (la prudencia de la serpiente)16; o moldeando con fines didácticos y aleccionadores pasajes consabidos de la Biblia: «Fue Adán el primero que impuso nombre a todos los seres animados, dándoles a cada uno su denominación de acuerdo con su aspecto externo y en consonancia con las condiciones naturales de que estaban dotados» (Isidoro de Sevilla, trad. en 2004, p. 889).
Otras fuentes reseñables de los bestiarios medievales fueron De sollertia animalium y Bruta animalia ratione uti de Plutarco (siglo I), De natura animalium de Claudio Eliano (siglo II) y De mirabilibus mundi de Julio Solino (siglo III); y también, aunque ya con menor incidencia, De chorographia de Pomponio Mela (siglo I), el poema Cinegética de Opiano de Siria (siglo II), parábolas y apólogos griegos, egipcios, árabes e indostánicos sobre animales, y textos místicos y ocultistas como los de Hermes Trismegisto.
Considerados en su época libros de ciencia e historia naturales, los bestiarios europeos catalogan, comúnmente, cuatro géneros de animales: (i) bestias domésticas (ovejas, bueyes, gansos), (ii) bestias salvajes (osos, lobos, águilas), (iii) bestias exóticas (dromedarios, jirafas, tigres) y (iv) bestias fantásticas (grifos, dragones, mantícoras)17. El símil, excusa decir, interviene en la descripción de criaturas de los órdenes (iii) y (iv):
El monoceros es un monstruo horrible con el cuerpo semejante al de un caballo, pies como los de un elefante y cola como la de un ciervo. Del centro de su frente brota un cuerno de asombroso esplendor, hasta de cuatro pies de largo, tan afilado que perfora fácilmente todo aquello contra lo que carga. (Bestiario latino de Cambridge; Malaxecheverría, 1987, p. 147)18
El Shanhai jing, por su parte, con independencia de las clasificaciones propuestas a posteriori por exégetas como Wu Renchen, divide los animales en 獸 shòu ‘bestias’, 鳥 niǎo ‘aves’ y 魚 yú ‘peces’, todos ellos sin excepción extraordinarios. También se mencionan en el texto animales ordinarios en Asia (yaks, tigres, camellos), pero no se describen (陳Chen y 孫Sun, 2016).
En el Bestiario medieval de Ignacio Malaxecheverría se registran 55 especies de animales, 28 de las cuales fueron catalogables como exóticas19, fantásticas o monstruosas, y, a su vez, clasificadas en (i) bestias telúricas, (ii) bestias acuáticas, (iii) bestias aéreas, (iv) bestias ígneas y (v) monstruos e híbridos. Contando únicamente las especies fuera de lo común, el Shanhai jing supera con creces esta cifra: 248.
Un matiz remarcable diferencia no solo los bestiarios, sino también el Fisiólogo y las Etimologías, de la obra de Plinio el Viejo, así como (excusa decir) del Shanhai jing: la clave alegórica cristiana que prepondera en la mayoría de bestiarios, en Isidoro de Sevilla y en el Fisiólogo (García Arrauz, 1997): «El cetus es el demonio, la mar es este mundo y las arenas son las riquezas terrenas» (Bestiario de Philippe de Thaün; Malaxecheverría, 1987, p. 48); del chivo, al que tacha de «lascivo, impúdico, y ansioso siempre de copular», Isidoro de Sevilla refiere con execración que «su miembro fálico es tan ardiente, que su sola sangre es capaz de disolver el diamante» (Isidoro de Sevilla, trad. en 2004, p. 891).
Tanto en los bestiarios medievales como en el Shanhai jing se describen seres monstruosos. Tales monstruos servían de advertencia contra lo desconocido y sus peligros. En los bestiarios europeos, los monstruos cumplían la función de intimidar e inculcar la preceptiva cristiana; los del Shanhai jing, si bien atemorizan igual que sus semejantes de Occidente, carecen de dimensión alegórica.
El Shanhai jing no adoctrina ni sermonea. El didactismo chino es de índole práctica y no se alía con la religión. Instruye en los sacrificios a los dioses, ciertamente, pero lo hace con un tono burocrático, sin concesiones al delectare et prodesse, y exento de cualquier intención moralizante. Así, informa en muy pocas líneas de que la oblación a las deidades paseriformes de los diez montes Qüe debe realizarse con pelo de animal, jade y arroz; de que la aparición de un 當康 dāngkāng vaticina prosperidad; o, como en el ejemplo siguiente, de que la carne del 類 lèi es un antídoto contra los celos:
又東四百里,曰亶爰之山,多水,無草木,不可以上。有獸焉,其狀如狸而有髦,其名曰類,自為牝牡,食者不妬。(楊Yang, 2009, p. 2)
A otros cuatrocientos li hacia el este, se estriba la montaña Danyuan, rica en acuíferos, pero sin ninguna vegetación. No es posible escalarla. Mora en ella el lei, una bestia hermafrodita, peluda, parecida al tanuki. Comer su carne cura los celos.
Dos factores explican este laconismo y, por extensión, las diferencias estilísticas entre el Shanhai jing y los bestiarios medievales: (i) la tradición retórica y (ii) la tipología de las lenguas en que tales obras se redactaron. En relación con lo segundo, debe tenerse en cuenta la singular morfología, no solo léxica sino también gráfica, de la lengua china, gracias a la cual muchos zoónimos chinos proporcionan datos significativos acerca de sus referentes. Tanto es así que, consignado el zoónimo en sinogramas, resulta redundante, por ejemplo, especificar el hábitat o el género del animal:
i. 樹鳥 shùniǎo : literalmente, árbol (樹) pájaro (鳥). El zoónimo informa del taxón y del hábitat del animal. Se colige de la palabra una especie de ave arborícola.
ii. 䱻 huá :. La clave semántica 魚 yú ‘pez’, formante del sinograma 䱻, adscribe el referente a la categoría pez. Es decir: el propio el zoónimo contiene el taxón del animal.
Asimismo, cabe señalar que el texto del Shanhai jing, escrito sobre una plantilla configurada en torno a cinco ítems -hábitat, taxón, descripción, prodigio y zoónimo (陳Chen, 2012)- es mucho más fácil de seguir y de analizar que el de los bestiarios medievales europeos, tal como se muestra en la Tabla 1.
Tabla 1 Pauta descriptiva del Shanhaijing
| 又東三十里,曰鮮山,其木多楢杻苴,其草多𧄸冬,其陽多金,其陰多鐵 | 有獸焉 | 其狀如膜大,赤喙、赤目、白尾 | 見則其邑有火 | 名曰𤝻即 |
| Localización | Clase | Descripción | Prodigio | Zoónimo |
| A otros treinta li hacia el este se eleva el monte Xian, poblado de alcornoques, rico en robles, encinas, membrillos y esparragueras. La ladera meridional abunda en metales; la septentrional, en el hierro. | Hay allí una bestia. | Semejante al perro lobo salvaje, pero con el hocico y los ojos rojos, y la cola blanca. | Donde se lo ve ocurren incendios. | Se llama yiji (yíjí). |
Fuente: (楊Yang (2009, p. 161)
Distando el estilo del Shanhai jing, no literario pese a su contenido en gran medida ficcional, del de los bestiarios medievales europeos, casi indistinguibles del relato literario y muy apegados al delectare et prodesse horaciano, las descripciones de animales extraordinarios en uno y otros presentan, no obstante, un claro denominador común: el uso sistemático del símil. En el ejemplo anterior, el yiji se asimila al perro lobo salvaje; la serra, en el siguiente, al león, las aves y los peces:
La serra es una bestia marina que tiene alas para volar, cabeza de león y cola de pez. Cuando ve una nave en alta mar, alza sus alas en alto y causa gran perjuicio a la nave, pues avanza ante el viento, reteniéndolo, de forma que ella no recibe nada, y la nave mientras tanto no puede avanzar en absoluto. (Bestiario de Philippe de Thaün; Malaxecheverría, 1987, p. 68).
3. La metáfora y el símil
Lakoff y Johnson (1980) agrupan bajo el lema de metáfora numerosos procesos figurativos, e incluyen, dentro de la definición de metáfora, el símil, la metonimia, la sinestesia, la antonomasia, la onomatopeya y la ironía20. A efectos operativos, con base en la metaforología cognitiva, se reduce aquí la noción de metáfora a la idea esencial de transferencia de cualidades desde un dominio origen o selector hasta un dominio meta o base.
La palabra «agujero negro», verbigracia, es una metáfora: un dominio origen concebible (agujero negro) nombra un dominio meta de difícil comprensión (región finita y masiva del espacio de cuyo campo gravitacional -en teoría- ni siquiera la luz puede escapar). Esta metáfora sintetiza una comparación tácita fundada en la homoiosis (ὁμοίωσις) entre dos elementos (Lamarti, 2016): tal región susodicha del espacio se asemeja a un agujero negro. La semejanza de base puede ser conceptual o visual, o conceptual y visual a un tiempo.
La retórica tradicional, asimismo, tipificó dos clases de metáfora según el rasgo de (± presencia) de los dominios cognitivos: (i) metáfora in praesentia o explícita, con ambos dominios expresos; (ii) metáfora in absentia o implícita, uno de cuyos dominios se elide. En este sentido, la teoría de la intersección sémica de Ricoeur (2001), contraponiendo (i) a (ii), define la metáfora in praesentia en términos de símil o de comparación21. Esta distinción entre metáfora in praesentia y metáfora in absentia, empero, opera solo en el plano de la lengua. La expresión metafórica «agujero negro», obsérvese, admite la estructuración sintáctica del símil tanto como la de la metáfora lingüística:
Los enunciados a y b verbalizan de dos maneras distintas un mismo proceso metafórico22: metáfora en a y símil en b. La única diferencia entre ambas expresiones lingüísticas (diferencia inexistente en el plano conceptual) reside en que a identifica el dominio origen (agujero negro) con el dominio meta (región espacial), mientras que b los iguala.
4. El símil para la descripción de lo insólito
La sintaxis del símil presenta en español (al igual que en chino y en la mayoría de lenguas) poca variabilidad estructural: verbos copulativos y pseudocopulativos, locuciones con los adjetivos igual, mismo, idéntico, similar y semejante, frases comparativas de igualdad con la conjunción como y (con menor asiduidad) el adverbio cual23, la fórmula tener A (o parte de A) apariencia (aspecto, forma, etcétera) de B (o parte de B). Esta sintaxis recurrente es la que se observa en las descripciones de animales fabulosos del Shanhai jing y de los bestiarios medievales europeos:
i. 又北三百二十里,曰灌題之山,其上多樗柘,其下多流沙,多砥。有獸焉,其狀如牛而白尾,其音如訆,名曰那父。(楊Yang 2009, p. 60)
A otros trescientos veinte li hacia el norte se encuentra el monte Guanti, con cumbres pródigas en ailantos y macluras, y cuya parte baja es abundosa en piedra de amolar y arenas movedizas. Mora allí una bestia llamada nafu, semejante al buey, de cola blanca y cuya voz suena como el grito de una persona.
ii. El fénix es un ave muy gentil y hermosa; se encuentra en Arabia, y tiene el aspecto de un cisne. Ningún hombre por mucho que sepa buscar, puede hallar más de uno en tierra, pues está solo en el mundo, y es de color totalmente púrpura. (Bestiario de Philippe de Thaün; Malaxecheverría, 1987, p. 120)
Las realidades con las que se asimilan los seres tanto exóticos cuanto monstruosos de estas descripciones se importan principalmente de dos áreas de conocimiento: (i) la anatomía humana y (ii) la anatomía de animales familiares. Esto es coherente con el primer nivel de la escala de abstracción metafórica (Heine et al. 1991), el de mayor concreción, a saber: cuerpos humano y animal. En todo proceso de metaforización, una realidad A (+ concreta) se desplaza por esta escala de abstracción hasta otra realidad B (- concreta). Así, en la metáfora conceptual la cabeza es la sede de la inteligencia y de la razón, conceptuación que en el plano lingüístico produce expresiones metafóricas como tener cabeza o perder la cabeza, el dominio cabeza (+ concreto) transita hacia los dominios inteligencia y razón (- concretos). Es lógico, por ende, que en el Shanhai jing y en los bestiarios, los animales fuera de lo común o alguna(s) de sus partes se describan con rasgos antropomórficos o de animales cotidianos. Así sucede con los cinocéfalos de Aristóteles:
Los cinocéfalos tienen la misma forma que los monos, salvo que son más grandes y más fuertes y su cara se parece a la del perro; por otra parte, son de costumbres más salvajes y sus dientes son semejantes a los del perro y más fuertes. (Aristóteles, trad. en 1992, p. 101).
Ante la dificultad de expresar lo abstracto, raro o desconocido, los descriptores se valen del esquema A es (como, una especie de) B y variantes. No rara vez, además, se acaba designando a B con el nombre de A mediante catacresis o extensión metafórica del significado24: (León + Águila)B → Grifo A .
Epicteto (siglo I) prestigia este método en el Enquiridión, escrito por Flavio Arriano, discípulo suyo, en el siglo II: denotar lo ajeno per comparationem con lo anejo. Aplicado tal principio a la descripción de los animales exóticos de los bestiarios, se identifica entre la criatura fuera de lo común y una criatura de sobra común el tertium comparationis: el grifo = el león + el águila. También Aulo Gelio (siglo II) pondera la utilidad de parangonar las percepciones incomprensibles con realidades próximas, inmediatas o familiares. La visión (relato, descripción) de un animal insólito (los cinocéfalos del ejemplo anterior) redunda en una percepción incomprensible capaz de causar phantasiai o acatalepsia25. El símil (el zorro en el ejemplo siguiente) deshace este efecto o lo atenúa:
有(在龍魚北)乘黃,其狀如狐,其背上有角,乘之壽二千歲。(楊Yang, 2009, p. 185)
Se encuentra (al norte de la región de los peces dragón) el chenghuang, semejante al zorro, pero con cuernos en la espalda. Quien logra montar en uno alcanza a vivir dos mil años.
Obsérvese que algunas de estas descripciones per comparationem dan lugar a la quimerización del animal. En el siguiente fragmento, el camaleón se describe como una quimera de lagarto, tortuga y cocodrilo:
El camaleón es una bestia que nace en Asia, y allí abunda. Su cabeza es parecida a la del lagarto, pero tiene las patas rectas y largas, y las garras duras y afiladas, y la cola grande y enroscada. Camina tan despacio como una tortuga, y tiene la piel dura, como de cocodrilo. (Libros del tesoro de Brunetto Latini; Malaxecheverría, 1987, p. 114)
Por lo general, esto sucede cuando en el orden familiar no existe ningún animal que permita per se el parangón. Atomizado el animal para su óptima descripción, cada una de sus partes (dominio meta) se compara con sus equivalentes en animales de mayor familiaridad (dominio origen). Tanto en los bestiarios europeos como en el Shanhai jing abundan estos híbridos:
有(又北三百里,曰北囂之山)獸焉,其狀如虎,而白身犬首,馬尾彘鬣,名曰獨𤞞。(楊Yang, 2009, p. 69)
Allí (a otros trescientos li hacia el norte, en la montaña Beixiao) mora el dugu, una bestia de color blanco, parecida al tigre, pero con cabeza de perro, cola de caballo y pelambre cerdosa.
A todas estas descripciones de animales insólitos subyace el mismo proceso, observado anteriormente en agujero negro, y observable en cualquier otra metáfora: proyección metafórica y transferencia de rasgos entre dominios cognitivos. Cabe insistir en que la diferencia entre la descripción del nafu y la palabra compuesta agujero negro no radica en el plano conceptual, sino en el lingüístico.
Mientras que agujero negro, desplazando el dominio cognitivo meta (región espacial), implica (i) extensión metafórica del significado y (ii) catacresis, la descripción del nafu, asentada en el símil, explicita ambos dominios cognitivos.
5. Conclusiones
El símil une los puntos entre la realidad que describir y la realidad con la que el público oyente o lector está familiarizado. Se salva de esta forma la distancia entre lo insólito (terreno de lo inconcebible o de lo difícilmente concebible) y lo conocido. Tal estrategia, tanto en el Shanhai jing cuanto en los bestiarios medievales europeos, consiste en escoger una realidad familiar (un animal dentro del orden común de esa cultura: caballo) para parangonarla con la realidad extraña (un animal fuera del orden común de esa cultura: taotu (騊駼)) que quiere describirse.
La conceptuación metafórica delimita lo abstracto, perfila y compacta lo difuso, establece límites concretos y asumibles. Esto, patente en los bestiarios, pero también en otros géneros literarios como el de los libros de viajes, es universal, ya que refleja la humana propensión de despejar oscuridad, es decir, conocimiento por vía de metáforas:
Los mangos son como manzanas, pero con hueso; cuando están maduros, son muy dulces y se comen como fruta, pero antes de madurar son agrios como limones y los encurten. (Ibn Battuta, trad. en 2019, p. 368)
De manera análoga a Ibn Battuta y a los autores del Shanhai jing y de los bestiarios medievales, nótese, proceden los hablantes de todas las lenguas, en general, cuando tratan de describir algo con lo que su interlocutor no está familiarizado, y así: el tofu es como el queso, o el puma es una especie de león de montaña (en chino 山獅 ‘puma’, literalmente: león de montaña).
Aclarar con símiles y metáforas zonas oscuras de la realidad, ignotas e innominadas, permite al ser humano, en efecto, ir gradualmente desde lo desconocido hacia lo conocido, situarse (u oscilar) entre lo uno y lo otro, hacerse idea y una imagen de lo observado.
















