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Cuadernos Inter.c.a.mbio sobre Centroamérica y el Caribe

On-line version ISSN 1659-4940Print version ISSN 1659-0139

Inter.c.a.mbio vol.16 n.1 San José Jan./Jun. 2019

http://dx.doi.org/10.15517/c.a..v16i1.36415 

Artículo

Memoria e identidad en el video documental, el caso de Milpa Alta, Ciudad de México

Memory and Identity in Documentary Video, The Case of Milpa Alta, Ciudad de México

Memória e identidade no documentário, o caso de Milpa Alta, Cidade do México

María del Carmen Díaz Vázquez1 

Jimena Curiel García2 

1Mexicana. Doctora en Historia por la Universidad de Costa Rica. Docente e investigadora de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM), México. Correo electrónico: carmen.diaz@uacm.edu.mx

2Mexicana. Pasante de la Licenciatura en Arte y Patrimonio de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM), México. Correo electrónico: jimenacuriel.g@gmail.com

Resumen

En este trabajo se destaca la función del video documental en la preservación, recuperación y difusión de la memoria individual y colectiva desde la voz de los actores comunitarios. La propuesta se inserta en el marco de un proyecto de investigación-acción en los pueblos de una zona urbano-rural de la Ciudad de México: Milpa Alta. A partir de la implementación de tres talleres, tradición oral, memoria y documental participativo, se establecen los ejes sobre los cuales se desarrollará la historia: trabajo comunitario, cuidado del bosque y preservación de la lengua náhuatl. De esta manera, el video documental se convierte en soporte para la transmisión y diálogo de saberes entre generaciones, fortaleciendo así el sentido de pertenencia de los habitantes de pueblos originarios, donde conviven la tradición y la modernidad.

Palabras clave Tradición; comunidad; documental; memoria histórica; técnicas audiovisuales

Abstract

This work highlights the role of the documentary video in the preservation, recovery and dissemination of individual and collective memory from the voice of community actors. The proposal is inserted within the framework of an action research project in the towns of an urban-rural area of Mexico City: Milpa Alta. From the implementation of three workshops, oral tradition, memory and participatory documentary, the axes on which the story will be developed are established: community work, forest care and preservation of the Nahuatl language. In this way, the documentary video becomes a support for the transmission and dialogue of knowledge between generations, thus strengthening the sense of belonging of the inhabitants of native peoples, where tradition and modernity coexist.

Keywords Tradition; community; documentary; historical memory; audiovisual techniques

Resumo

Este trabalho destaca o papel do documentário na preservação, recuperação e disseminação da memória individual e coletiva a partir da voz dos atores comunitários. A proposta está inserida no contexto de um projeto de pesquisa-ação nos povoados de uma área urbano-rural da Cidade do México: Milpa Alta. A partir da implementação de três oficinas, tradição oral, memória e documentário participativo, foram estabelecidos os eixos sobre os quais a história será desenvolvida: trabalho comunitário, cuidado da floresta e preservação da língua náhuatl. Desta forma, o documentário torna-se um suporte para a transmissão e o diálogo de saberes entre gerações, fortalecendo, assim, o sentido de pertencimento dos habitantes de povoados originários, onde a tradição e a modernidade coexistem.

Palavras-chave Tradição; comunidade; documentário; memória histórica; técnicas audiovisuais

Milpa Alta en la Ciudad de México y el proyecto de investigación

“Un país sin cine documental es como una familia sin álbum de fotografías”

(Guzmán, s. f.).

Rosita Silva, in memoriam.

Milpa Alta es una de las 16 alcaldías, antes delegaciones, que conforman a la Ciudad de México, recientemente convertida en otro estado de la República mexicana y, por lo tanto, con una constitución propia. Se caracteriza por lo que Bonilla denomina “un proceso de urbanización rural” (Bonilla, 2014, p. 201) debido a la persistencia de actividades económicas que le confieren ese carácter. Al respecto es notoria, por un lado, la dispersión de los pueblos, la escasa o nula presencia de grandes tiendas de autoservicios, centros comerciales, instituciones financieras, restaurantes, además de pocas vías de conexión, las cuales se han dinamizado un poco más a raíz de la apertura de la línea 12 del metro de la Ciudad de México en el 2012. Por otro lado, prevalecen los sembradíos de nopal, maíz y otros productos agropecuarios que son comercializados en la zona y en otros puntos de la ciudad (Véase Fotografía 1). La importancia de la agricultura en la zona se evidencia en el incremento del uso de suelo agrícola, el cual, contrario a lo que ocurre en otros puntos de la ciudad y del país, creció 22.8 % al pasar de 9 528 a 11 690 hectáreas, de 1994 al 2002-2005 (Bonilla, 2009, p. 267).

Fotografía: Jimena Curiel.

Fotografía 1.  Vista panorámica de Milpa Alta, desde San Lorenzo Tlacoyucan, Ciudad de México, 2017 

El tipo de asentamiento se relaciona con otra de las características de la zona, la preminencia de 12 pueblos tradicionales (Véase Figura 1), nueve de los cuales son denominados como pueblos originarios, cuyo pasado se remonta a tiempos previos a la llegada de los conquistadores españoles. Por esto, sus habitantes reivindican la toponimia náhuatl: Malacachtepec Momoxco, lugar rodeado de cerros, aunque el uso común sea Milpa Alta. Además, han construido una economía de sobrevivencia y una identidad cultural sustentada en el estrecho vínculo con la tierra y las tradiciones, donde la producción agrícola, en general, se relaciona con la memoria histórica, con el apego a la naturaleza y no con la explotación y acumulación. En Milpa Alta pervive la posesión comunal de la tierra además de la ejidal, la cual representa el 94.5 % de la superficie total, 28 464 hectáreas (Bonilla, 2014, p. 212). Las particularidades de este territorio localizado al sur de la Ciudad de México, como otros de Tláhuac, Xochimilco y Tlalpan, se pueden observar en los múltiples significados de ser pueblo en una de las ciudades más pobladas y extensas del mundo.

Fuente: Bonilla (2009, p. 257).

Figura 1.  Los pueblos de Milpa Alta 

Milpa Alta se caracteriza por ser un espacio donde convergen una serie de aspectos culturales (como la pervivencia de la lengua náhuatl) y naturales (la defensa y el cuidado de la tierra y el bosque) que conforman y estructuran una particular cosmovisión de sus habitantes. Tal situación tiene relación con los siguientes datos que proporciona el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI): de las 16 alcaldías de la Ciudad de México, en Milpa Alta se registra el mayor número de hablantes de alguna lengua indígena, 4.10 %, y de población que se adscribe como tal, 20.32 % (INEGI, 2015, p. 33). Las estadísticas ilustran las particularidades de la alcaldía: con el menor acceso a internet, pero con el porcentaje mayor de casa propia, donde prevalece la nopalera o la milpa sobre todo en los pueblos más rurales; con el más bajo nivel de escolaridad superior, 13.9 %, por debajo de Tláhuac y Xochimilco (INEGI, 2015, p. 33).

Sin embargo, en esta zona perviven los conocimientos tradicionales, de largo aliento, milenarios, que no han sido completamente valorados y visibilizados, o bien han quedado en desuso en un contexto donde los pueblos originarios de la Ciudad de México resisten al avasallamiento de lo que se considera la modernización y, como parte de esta, la urbanización. En este sentido, la región tiene una larga historia de lucha por la preservación de su cultura y sus recursos naturales (Milpa Alta, después de Tlalpan es la demarcación de la Ciudad de México con la mayor extensión de área natural protegida). Cabe aclarar que si bien los pueblos originarios de dicha demarcación forman parte de la Ciudad de México, para sus habitantes existe una separación entre estos y la ciudad; desde allá se observa la mancha urbana y la contaminación como una amenaza latente, contenida por la tradición de resistencia y defensa de los recursos.

En ese contexto, desde finales del 2016 se dio inicio al proyecto “Trabajo comunitario con medios audiovisuales: hacia la reactualización de los conocimientos tradicionales en Milpa Alta” 3 . La propuesta forma parte de los Proyectos de Investigación, Creación, Extensión y Vinculación Comunitaria en Milpa Alta y Magdalena Contreras impulsados por la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM). A través de la investigación e inserción en los pueblos de dichas demarcaciones y alcaldías colindantes, la institución pretende diseñar proyectos educativos que respondan a las demandas y necesidades comunitarias, sobre todo, de las zonas de la ciudad con mayor marginalidad (Milpa Alta es la alcandía con el mayor índice de pobreza y la segunda en pobreza extrema) 4 y donde la oferta educativa superior es escasa. Cabe señalar que en el diseño y ejecución de los proyectos participaron estudiantes, académicos y habitantes de los pueblos.

Dadas las características que hemos señalado, para el trabajo en Milpa Alta se formó un grupo de investigación interdisciplinario que, a través de la investigación acción, implementó técnicas comunicativas y audiovisuales para la recopilación, difusión y preservación de la memoria histórica y colectiva de la región.

Para dar inicio al trabajo de campo e inserción en la comunidad, se llevaron a cabo tres talleres (“Lengua y testimonio”, “Tradición oral” e “Introducción a los medios audiovisuales”) en el pueblo de San Antonio Tecómitl, uno de los pueblos más urbanos de la zona; en estos confluyeron actores de diversos poblados de Milpa Alta y así se inició un diagnóstico participativo que permitió identificar los diferentes problemas de sus entornos. Como resultado del diagnóstico, surgieron tres líneas orientadoras para el proyecto: la organización comunitaria, elemento característico de los pueblos de la demarcación y parteaguas en el proceso de visibilización de las voces locales; la pérdida del náhualt; y la defensa de los bosques y del entorno ecológico de la región.

Posteriormente, se desarrolló el taller “Introducción al video documental participativo”, en mayo del 2017, en la Fábrica de Artes y Oficios (FARO) Milpa Alta, sede Miacatlán. Este taller permitió conocer a otro sector poblacional, básicamente jóvenes provenientes de los pueblos circunvecinos que confluyen en las actividades realizadas en el FARO (entre estos pueblos se encuentran San Lorenzo Tlacoyucan, San Juan Tepenáhuac, San Antonio Tecómitl, además, algunos de Xochimilco y Chalco). Como producto final del taller, se presentaron dos cortos que contribuyeron a identificar intereses y preocupaciones de los habitantes de los pueblos de Milpa Alta y delegaciones vecinas, Xochimilco y Tláhuac, además de actores clave para la elaboración del documental.

De esta manera, los talleres posibilitaron no solo establecer el diálogo de saberes con la población de Milpa Alta, sino también delimitar los ejes temáticos del documental, como se señaló anteriormente. La línea argumentativa que se planteó en la realización audiovisual está relacionada con el trabajo que llevan a cabo los actores sociales en beneficio de sus comunidades.

La comunidad y el documental

Si bien existen diversas acepciones en torno a la comunidad y lo comunitario, en el caso de los pueblos de Milpa Alta es indudable que estas nociones cobran significado. De acuerdo con Floriberto Díaz (2007, p. 38), lo que caracteriza a una comunidad, específicamente en el caso de los pueblos indígenas, es lo siguiente: un espacio territorial, una historia en común, “que circula de boca en boca”, una variante de la lengua del pueblo y una organización que define lo político, cultural social, civil económico y religioso, además de un sistema de procuración de justicia, donde las formas de organización corresponden a la vida en un entorno rural donde la reciprocidad es fundamental y envuelve a la vida social. Las palabras de Alberto Castro Cruz, uno de los personajes del documental, expresan con claridad esta idea al recordar lo que los abuelos le comunicaban: “La gente tiende a trabajar en conjunto, como los maíces de una mazorca... así debe ser nuestra vida en la familia y la comunidad… trabajar para el bien de todos” (Alberto Castro Cruz, comunicación personal, 16 de junio de 2017). Así, la vida en la comunidad implica una serie de relaciones entre los habitantes y el espacio y entre las personas que la habitan, estas se sujetan a determinadas reglas definidas con “las experiencias de las generaciones” (Díaz, 2007, p. 367).

Para Floriberto Díaz, intelectual y líder ayuujk (mixe de Oaxaca), lo que mejor define las formas organizativas de los pueblos indígenas es justamente la idea de comunidad, término que se relaciona con el de comunalidad, esta última se expresa en el modo de vida de los habitantes de los pueblos originarios, es decir cómo se vive y cómo se organizan. Entonces, la comunalidad está constituida por tres elementos: “una estructura, una forma de organización social y una mentalidad” (Maldonado, 2015, p. 152), estos se observan en la consideración de la tierra como madre y territorio, la asamblea y el consenso para la toma de decisiones, el servicio gratuito, el trabajo colectivo, los ritos y ceremonias (Díaz, 2007, p. 366).

En este contexto, centrar la mirada en personajes representativos o simbólicos de los poblados de Milpa Alta posibilita recuperar la voz de sus habitantes y así la historia contada surge desde la comunidad, porque toda memoria individual también es colectiva. Si bien hay muchas historias por contar, cada una de ellas engarza con la memoria colectiva que reproduce y renueva continuamente un legado que se transmite de generación en generación. Como señala Maurice Halbwachs:

[…] la historia no es todo lo que queda del pasado. O si se quiere, junto a una historia escrita, se encuentra una historia viva que se perpetúa o renueva a través del tiempo y donde es posible encontrar un gran número de esas corrientes antiguas que sólo aparentemente habían desaparecido (Halbwachs, 1995, p. 209).

La elección de dos personajes relacionados con el trabajo comunitario posibilita reducir la escala de la investigación a lo micro, lo cual permite acercarnos a lo cotidiano, a lo más cercano del vivir y sentir de las personas, es decir, cómo habitan y viven en el espacio. Además, permite prestar atención a otras voces y así evitar la predominancia de la visión externa del investigador; en este sentido, la investigación social apoyada en los medios audiovisuales, específicamente, el uso de la cámara y la realización documental brinda múltiples posibilidades, entre estas la cercanía con la oralidad, característica primordial de los pueblos originarios.

Una vez planteada la línea argumentativa del documental y haber fijado la mirada en ciertos actores dispuestos a colaborar para conformar un equipo, donde ellos tienen la palabra y son guías del proceso de investigación que permite construir la historia, se trabajó en la carpeta de producción que consideraba la propuesta narrativa, la propuesta fotográfica, las locaciones, el guión, entre otros elementos. En relación con este último, hay que señalar que se escribió o ajustó varias veces, como señala el documentalista Patricio Guzmán (1997): en la idea previa, cuando se eligieron los personajes, después de las entrevistas y un conocimiento mayor de ellos y su entorno, posteriormente, cuando se terminaron las grabaciones y, por último, al momento del montaje y la edición.

La línea argumentativa elegida está basada en el llamado cine alternativo que propone:

herramientas para la observación, descripción, investigación y análisis de la realidad humana por medio de la imagen y el sonido. El principio fundamental es que las personas dejen de ser objetos de estudio y se transformen en sujetos protagonistas de su propia historia, que expresen o reflejen su realidad desde sus miradas y prioridades (Gutiérrez, 2012, p. 37).

Este tipo de cine, vinculado con el documental participativo o comunitario, ha posibilitado la producción de diversos documentales desde la comunidad, donde los habitantes se han capacitado y han tomado la cámara, ya sea para recuperar la memoria de su pueblo o para denunciar los problemas que los aquejan.

El auge de los medios audiovisuales en México y otros países de América Latina, como Bolivia o Colombia, se relaciona con la proliferación del uso de las tecnologías de la comunicación a finales del siglo XX, así como con la profundización de la discriminación y explotación de los recursos naturales de los pueblos originarios como consecuencia de la imposición del neoliberalismo en un contexto globalizado.

Lo anterior ha propiciado que sean cada vez más las comunidades organizadas las que toman la cámara y documentan su realidad. Actualmente, en América Latina, existen alrededor de 12 000 organizaciones sociales que se dedican a la producción audiovisual con perspectiva comunitaria, es decir, son los miembros de las comunidades quienes utilizan las herramientas tecnológicas para visibilizar los principales problemas o situaciones relevantes de su entorno (Quintar, González y Barnes, 2014, pp. 372-373).

La producción audiovisual comunitaria resulta importante ya que implica más que un producto final. En dichas experiencias es relevante todo el proceso porque quienes participan no solo adquieren los conocimientos tecnológicos necesarios para la sistematización y preservación de sus saberes, testimonios y/o relatos, además, generan una dinámica alterna que tiene que ver con la creación o reforzamiento de lazos comunitarios y afectivos, y de un espacio idóneo para la participación y toma de decisiones.

La creación audiovisual con perspectiva comunitaria también es un puente para que realizadores propicien otro tipo de diálogo visual y de contenido de carácter crítico, con un público que, a través de este tipo de videos documentales o cápsulas, puede acceder a información o contenido que difícilmente se aborda en el llamado cine comercial. También permite la ampliación de espacios para la proyección, dado que el objetivo primordial es la difusión y no la comercialización, por ejemplo, en casas de cultura, centros comunitarios, bibliotecas, en plazas públicas, espacios universitarios, solo algunos llegarán a salas comerciales 5 . Así, como señala el investigador Juan Carlos A. Sandoval Rivera:

un componente clave del proceso de creación de un documental participativo es el ámbito educativo. A través de éste, se pueden capitalizar y potenciar los aprendizajes que se generan durante todas las fases del proyecto. Este componente educativo, desde mi punto de vista [es] imprescindible para este tipo de procesos (Sandoval, 2015, p. 109).

La producción audiovisual referida a los pueblos de la delegación Milpa Alta es limitada, sin embargo, existen trabajos interesantes enfocados a la difusión, divulgación, intervención, rescate y preservación de los conocimientos tradicionales en materia de organización comunitaria, cuidado de los recursos y cultivos tradicionales. Mencionemos, por ejemplo, los trabajos realizados por Juan Carlos Loza Jurado, documentales o cápsulas, y las numerosas cápsulas de la Comisión de Medios de la Representación General de Bienes Comunales de Milpa Alta (RGBCMAPA), entre otros.

En nuestro caso, como mencionamos líneas arriba, la producción estuvo a cargo del equipo de investigación; sin embargo, sin el apoyo fundamental de los personajes del documental, Rosa María Silva y Alberto Castro Cruz, sus familias y otros miembros de la comunidad, no hubiera sido posible concretar el proyecto. Así, enfocamos nuestro interés en la organización comunitaria, como forma de uso y apropiación del espacio en acciones realizadas, pasadas y recientes, y sus efectos tangibles en la comunidad, por ejemplo en San Antonio Tecómitl, pueblo que funge como punto de conexión con las otras comunidades de Milpa Alta y de las alcaldías vecinas.

Si bien en un inicio se pretendió, a través de los talleres, capacitar a miembros de la comunidad interesados en el uso de los medios audiovisuales para que ellos tomaran la cámara y realizaran las entrevistas, aparecieron algunas dificultades relacionadas con la distancia y el tiempo invertido en el traslado, dado que Milpa Alta se encuentra a dos horas del centro de la Ciudad de México, además, el proceso de acercamiento e inserción en la comunidad requirió más tiempo del que se tenía contemplado (desde la inserción en la comunidad hasta la edición final de documental transcurrieron aproximadamente dos años). Entonces, se optó por una estrategia que incluyó, por un lado, que los asistentes al taller de video documental participativo realizaran un corto de cinco minutos sobre la temática de su interés, y por el otro, el equipo de investigación se enfocó en la realización del documental Xinachtli ipan yollotl (Semilla en el corazón) (Díaz, 2018).

El documental narra la historia de Rosita Silva 6 y Alberto Castro, habitantes de Milpa Alta, quienes se empeñan en conservar el patrimonio heredado por generaciones. Los mueve una fuerza interior que abre corazones. La semilla que germinará está en el corazón de sus hijos y sale convertida en palabras, en flores, en árboles, en trabajo comunitario.

Es importante destacar que en el documental, las imágenes y los sonidos fueron construidos desde los testimonios aportados por miembros de la comunidad a partir de entrevistas informales y entrevistas a profundidad, así se enfatizó la voz comunitaria. Agreguemos, para que esta voz se pueda comunicar de manera eficiente, el sentido de pertenencia que desempeña un papel relevante, tal como lo observamos en Alberto Castro y en Rosita Silva. El hecho de habitar una comunidad no implica que se haya desarrollado la identificación profunda con el entorno, puede que una persona lleve toda una vida viviendo en un pueblo, comunidad o barrio, sin sentirlo suyo o expresar algún tipo de arraigo. También se puede observar el caso de quien no es originario del lugar, pero ha desarrollado una significación considerable por el espacio, la gente y sus costumbres. Este sentido de pertenencia genera en el individuo un compromiso personal y colectivo que, junto con otros elementos, puede ser el motor para la preservación y transmisión de aquellos saberes y experiencias que consideran relevantes (Giménez, 2009, pp. 30-34). Por lo tanto, buscará no solo que aquellos conocimientos se difundan, sino que lo hagan de la mejor manera posible y que expresen de una forma más cercana la realidad a la cual pertenecen. En este sentido, Gilberto Giménez considera que la pertenencia social:

[...] Implica la inclusión de la personalidad individual en una colectividad hacia la cual se experimenta un sentimiento de lealtad. Esta inclusión se realiza generalmente mediante la asunción de algún rol dentro de la colectividad considerada [...]; pero sobre todo mediante la apropiación e interiorización al menos parcial del complejo simbólico-cultural que funge como emblema de la colectividad en cuestión [...]. De donde se sigue que el status de pertenencia tiene que ver fundamentalmente con la dimensión simbólico-cultural de las relaciones e interacciones sociales (Giménez, 2009, p. 31).

Como se podrá notar más adelante, en el caso de los personajes del documental, este sentido de pertenencia social se encuentra altamente desarrollado; por eso, con los espacios donde desarrollan su vida cotidiana establecen “un diálogo simbólico” (González, Ortíz y Barajas, 2015, p. 11) que expresa emociones y vínculos afectivos, por lo cual reivindican su permanencia.

Xinachtli ipan yollotl (semilla en el corazón)

En ese andar por la demarcación, árido en un principio, nos encontramos con Rosa María Silva Medina (Véase Fotografía 2), siempre dispuesta a colaborar y quien compartió sus experiencias en torno al trabajo comunitario, impulsado junto con otras personas, para el bienestar de su pueblo. Entre sus gestiones se destacan la instauración de la Casa de Cultura “Olla de Piedra”, la colocación del reloj de la Plaza principal de Tecómitl, el desarrollo del sistema de drenaje de la zona, así como una iniciativa de recuperación de tradiciones y raíces originarias mediante un proyecto dirigido a niños y niñas, donde, a través de talleres, se buscaba el fortalecimiento de la identidad local, del sentido de pertenencia, y el reconocimiento de una riqueza cultural milenaria.

Fotografía: Jimena Curiel.

Fotografía 2.  Rosa María Silva, en la Troje, San Antonio Tecómitl, 2017. 

Por su parte, el profesor Alberto Castro Cruz comparte el trabajo de recuperación y fortalecimiento de la lengua náhuatl que realiza a partir de una serie de talleres y actividades que imparte en las dos sedes de la Fábrica de Artes y Oficios en Milpa Alta. En estos, muestra cómo mediante el uso de las artes plásticas, el acercamiento a la cultura popular y la charla cotidiana, niños y niñas aprenden el uso de la lengua, de la tradición oral y de la historia de sus comunidades. Como en el caso de Rosita Silva, Alberto Castro recorre, incansable, los diferentes poblados de Milpa Alta, realizando múltiples actividades como profesor y como cuidador del bosque.

Él considera que su apego a la comunidad, a la lengua náhuatl y al trabajo en el campo le fue heredado por los abuelos, esto lo ha interiorizado y relacionado con su formación académica en la UACM. De igual forma, se ha capacitado y ha aprendido de manera autodidacta, y esos conocimientos los pone en práctica en los talleres de artes plásticas y de náhuatl que imparte a niños en los FAROS de San Antonio Tecómitl y San Jerónimo Miacatlán (Véase Fotografía 3).

Fotografía: Jimena Curiel.

Fotografía 3.  Alberto Castro Cruz, en el FARO Milpa Alta, Sede San Jerónimo Miacatlán, 2017. 

La formación interdisciplinaria de Alberto Castro le ha posibilitado promover el uso y rescate de la lengua náhuatl a través de las artes plásticas y la educación no formal. Cabe resaltar que si bien él realiza un trabajo importante dentro de su comunidad, también lo hace fuera de esta a través de actividades diversas: traduce documentos oficiales al náhuatl, funge como representante de los hablantes de esa lengua ante las autoridades de la Ciudad de México, además, participa en eventos culturales como recitales de poesía y conferencias. Su caso es un ejemplo de lo que otros intelectuales indígenas han realizado en México y otros países de América Latina, quienes, además de los conocimientos adquiridos en la comunidad, continúan con estudios formales que les permiten explicar y difundir el pensamiento de sus pueblos. Tal es el caso de Floriberto Díaz (Díaz, 2007, pp. 352-353), quien estudió en la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH) y después se dedicó al estudio y reivindicación de su cultura en la región mixe de Oaxaca, así, las herramientas teóricas lo apoyarían, desde una manera vivencial, a atender las necesidades de su lugar de origen (Nava, 2013, pp. 58-59).

A partir de las visitas y el tiempo compartido con el profesor, se estableció contacto con la brigada 7 que resguarda el bosque cercano a San Lorenzo Tlacoyucan, su lugar de origen; ellos también son actores que de manera continua han dedicado gran parte de su vida a la preservación de dichas áreas naturales. De esta manera, fue posible acercarse a la labor que desempeña este grupo, formado principalmente por jóvenes, así como a las motivaciones y emociones que les produce realizar este tipo de acciones en beneficio de su comunidad. El acercamiento a la historia del profesor Alberto Castro ha permitido explicar una parte de la historia de Milpa Alta, sobre todo la importancia que tiene el bosque, el cual está en constante riesgo de desaparecer y es un elemento fundamental para comprender la identidad de los pobladores de dicha zona de la Ciudad de México.

Es interesante observar cómo estos dos actores sociales, doña Rosita y Alberto, empeñan su energía y entusiasmo para conservar el patrimonio heredado por generaciones. El hilo conductor del video documental no solamente se relaciona con el trabajo comunitario que realizan los actores clave, también se establece un vínculo con la trasmisión directa de dichas prácticas y conocimientos a los hijos, a través de las experiencias vividas y el continuo ejemplo. La relevancia del diálogo de saberes entre familiares se relaciona con el hecho de que “las familias acumulan conocimientos, generosamente transmitidos de generación en generación, con el fin supremo de cuidar el patrimonio tangible e intangible de la comunidad, y al mismo tiempo, mantener incólume su férrea voluntad de nunca dejar de ser lo que son” (Díaz Vásquez, 2014, p. 9).

De esta manera, los hijos de Rosa y Alberto, el joven Daniel y la niña Yollotl, se convierten en acompañantes, receptores y transmisores de dichos conocimientos y prácticas en beneficio de sus comunidades. Esto adquiere relevancia si lo relacionamos con lo que señala Halbwachs cuando refiere a la memoria colectiva: “la historia vivida se distingue de la historia escrita: tiene todo lo necesario para constituir un marco vivo y natural en el que un pensamiento puede apoyarse para conservar y encontrar la imagen de su pasado” (Halbwachs, 1995, p. 210).

En este sentido, la trasmisión del legado entre generaciones es lo que, según se ha observado, permite que se reactualicen y permanezcan los conocimientos tradicionales, además de que se desarrolle un sentimiento de compromiso, cuidado y empatía por el entorno, así como la permanencia de estos en el tiempo, en la memoria colectiva y en la vida cotidiana de las personas que residen en Milpa Alta, originarias o no (puesto que existe un número considerable de migrantes en la zona, los cuales han desarrollado un sentido de pertenencia e identificación con el pueblo donde habitan).

Cuando ambos personajes deciden qué testimonios compartir, los relatos que eligen se convierten en conocimientos que invitan no solo a la remembranza sino a la reactualización de la memoria colectiva. Las herramientas digitales, en este caso la cámara de video y la grabadora, son instrumentos que permiten la fijación y preservación de los saberes tradicionales, garantizando en lo posible la permanencia del legado. Por lo tanto, como señala Pierre Nora, la valoración y configuración de lo recordado tendrá relación con la naturaleza afectiva de las evocaciones de los personajes, las cuales estarán abiertas a transformaciones y “bruscos despertares” (Carrodini, 2006). Así, el encuentro con la memoria implica un ejercicio catártico que permite al individuo ordenar, cuestionar e incluso, replantear y valorar su existencia.

De esta manera, el documental Xinachtli ipan yollotl, Semilla en el Corazón se inserta en parte de los principios de la comunalidad 8 en el sentido de que los testimonios y saberes aportados ofrecen otra manera de mirar el territorio de Milpa Alta, complejo, múltiple y contradictorio, con elementos que unifican y también separan a los distintos pueblos. Los dos personajes nos guían por su andar en el tiempo presente y en el pasado. Desde su cotidianidad, nos muestran otras caras y formas de vivir el territorio, aquello que siempre ha estado ahí y que, de alguna manera, no se ha podido mirar o se ha vuelto tan cotidiano que se encuentra en proceso de olvido. A través de sus voces, es posible conocer otro tipo de experiencias y saberes a los que, desde la mirada urbana, no se está acostumbrado.

Este tipo de voces, testimonios y relatos, cuando salen del núcleo primario de la comunidad y se comparten con el resto, se adentran en una dinámica de resistencia al olvido. Así, las experiencias y los relatos que se transmiten a través de un soporte audiovisual permiten su reproducción y reactualización continúa en la comunidad y en otros espacios, resultando la oralidad tan importante como la imagen.

En una de las entrevistas a Alberto Castro, se le preguntó cuál era su palabra favorita en náhuatl, él respondió: “tlazohtli, que significa amor que viene desde muy dentro de uno y sale por la boca” (Alberto Castro, comunicación personal, 16 de junio de 2017). Esta imagen nos permitió responder a la pregunta que nos hicimos al conocer su trabajo y el de Rosita Silva: ¿cómo podemos explicar esa fuerza para trabajar, sin más interés, que por el bien común?, entonces relacionamos el sueño de doña Rosita “que no es un sueño de la mente, sino del corazón” (Rosa María Silva, comunicación personal, 12 de noviembre 2017), con la fuerza que radica en el corazón, y la semilla que germina en los hijos (la hija de Alberto se llama Yollotl, que significa corazón en náhuatl), así nació el título del documental: Xinachtli ipan yollotl (semilla en el corazón).

A partir de esa idea, la estructura narrativa del documental, establece el diálogo entre los personajes y privilegia las posibilidades que ofrece el trabajo comunitario para la resolución de problemas en un entorno no carente de conflictos y violencia, porque consideramos que es necesario plantear alternativas que unifiquen y planteen una opción optimista en un contexto local y nacional altamente fracturado. Así, como cada libro que se escribe, cada documental se centra en una esfera específica de la realidad, es una representación de esta y, por lo tanto, no ofrece una interpretación cerrada y acabada, más bien establece un diálogo con otras propuestas.

En Semilla en el corazón, Rosita Silva y Alberto Castro visibilizan algunos de los problemas que enfrenta dicha demarcación (pérdida de la lengua náhuatl y el riesgo en que se encuentran los recursos naturales), así como los efectos benéficos tangibles que otorga la organización comunitaria. Cuando hablamos de la reapropiación de los conocimientos tradicionales en Milpa Alta, nos referimos al hecho de propiciar un espacio donde los habitantes de dicha localidad sean quienes decidan qué parte de su legado personal y colectivo, de acuerdo con sus respectivas subjetividades, quieren difundir o transmitir.

Los personajes que aparecen en el documental tienen características en común aunque pertenecen a generaciones distintas, pareciera que desde tiempos y espacios compartidos, sin saberlo, han trabajado por un fin común. De esta forma, el documental cruza dos historias que dialogan con sus particularidades socioeconómicas y culturales. Sus testimonios evidencian una labor continua de muchos años, la cual ha generado frutos en sus comunidades, siguiendo una trayectoria de largo aliento, donde mujeres y hombres de los diversos pueblos han defendido sus recursos (ante la invasión de su territorio, la tala del bosque, los incendios provocados) y han resuelto problemas que han afectado a las comunidades (la falta de drenaje, la escasa oferta cultural y educativa). Si bien los personajes no pretenden un tipo de legitimación o reconocimiento ante los otros, es importante destacar que sus acciones están motivadas por la identificación y pertenencia con su entorno, con su cultura. Al respecto, Rosita Silva señala que su trabajo en la difusión de la historia y la tradición de su pueblo es “para que esto no se pierda” y las nuevas generaciones se apropien de ellas.

De esta manera, las acciones de los actores comunitarios contribuyen a la construcción de una imagen determinada de su comunidad lo que, eventualmente, propicia que cada pueblo milpaltense tenga un carácter propio aunque compartan el territorio. Al mismo tiempo, los poblados de esta región del sur de la Ciudad de México adquieren rasgos específicos que los distinguen de otros, por ejemplo, sus valores, tradiciones, formas y costumbres. Al ponerlas en práctica cotidianamente y transmitirlas se alimenta la identidad colectiva de la región, de ahí la importancia de la labor que realizan las personas por su comunidad, en la organización y la suma de esfuerzos para lograr que una comunidad se reproduzca y su legado permanezca.

Gilberto Giménez se refiere a las identidades colectivas como un grupo de identidades que se relacionan entre sí y mantienen procesos específicos y propios de la colectividad, la cual se alimenta del sentido de pertenencia y lealtad que cada individuo tiene para el grupo. Todo esto no implica que cada uno tenga voz y voto (Giménez, 2009, pp. 37-38), es decir “[...] un individuo determinado puede interactuar con otros en nombre propio, sobre bases idiosincrásicas, o también en cuanto miembro o representante de uno de sus grupos de pertenencia” (Giménez, 2009, p. 38).

En este sentido, el video documental, por el alcance de difusión que tiene, es una herramienta útil para la investigación social puesto que permite visibilizar iniciativas surgidas en localidades específicas, desde grupos de personas organizadas que, con el paso del tiempo, logran resolver determinados problemas. Por lo tanto, lo que interesa es la posibilidad de reflexión colectiva, de comunicación pública más allá de la comunidad. Así, el documental, sobre todo el participativo “es una gran manera de unir a la gente para explorar temas, preocupaciones” (11). Desde esta perspectiva, el proceso seguido para la producción del documental Semilla en el corazón corresponde a una creación colectiva que “permite realizar una actividad creativa y alcanzar un objetivo común entre varias personas que comparten motivaciones y experiencias” (11).

De igual manera, el video como herramienta de investigación permite un mayor acercamiento a las múltiples realidades de un entorno o comunidad. La imagen, combinada con el sonido, propicia que las emociones y sentimientos de los protagonistas puedan ser transmitidas y generen identificación y empatía con el público, mujeres y hombres, niños, jóvenes y adultos. Entonces, el video documental también aporta una representación visual y oral que puede otorgar nuevos sentidos a la investigación y reflexión teórica/escrita, debido a que se sitúa en un contexto vivencial y cotidiano, donde el presente y el pasado dialogan.

En términos audiovisuales, los pueblos de Milpa Alta son territorios donde queda mucho por explorar, si bien, como mencionamos anteriormente, existen trabajos audiovisuales importantes aún falta mucho por hacer, sobre todo, desde la comunidad. El uso y experimentación con medios audiovisuales en el trabajo comunitario, con un previo trabajo de inserción en la comunidad y creación de lazos de confianza, otorga la oportunidad para crear un espacio donde los miembros de la comunidad reflexionen sobre ellos y su entorno, compartan información interna y profunda a la que difícilmente, desde fuera, el equipo de investigación puede accesar. La documentación audiovisual funge como estrategia de preservación y visibilización de historias, de personajes, como mecanismo de permanencia de la memoria y su legado, es decir, como soporte para la trasmisión de saberes entre generaciones.

Referencias

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3Además de quienes escriben, formaron parte del equipo de investigación (talleres y documental) Israel García Castillo, Luis Enrique Herrera Hernández y Miguel Ángel Tejeda Castellanos.

4Según datos del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL, 2015).

5En relación con la proyección y difusión del documental que hemos realizado, aún falta analizar el impacto en la comunidad milpaltense y fuera de ella, hasta el momento solo se proyectó a las familias de los personajes clave, Rosita y Alberto.

6Lamentablemente, Rosita Silva falleció (el 18 de enero de 2019) antes de que fuera publicado este trabajo.

7En Milpa Alta existen 19 brigadas, 15 organizadas por los pueblos y barrios y cuatro más denominadas Acces que pertenecen al Área Comunitaria de Conservación Ecológica (ACCE). Estas brigadas, conformadas por alrededor de 400 personas, mujeres y hombres, combaten incendios, cuidan los pozos de agua, ahuyentan a cazadores y talamontes (Bellinghausen, 6 de agosto de 2017, p. 2).

8Para Floriberto Díaz, la comunalidad “[...] expresa principios y verdades universales en lo que respecta a la sociedad indígena, la que habrá de entenderse de entrada no como algo opuesto, sino como diferente de la sociedad occidental. Para entender cada uno de sus elementos hay que tener en cuenta ciertas nociones: lo comunal, lo colectivo, la complementariedad y la integralidad. Sin tener presente el sentido comunal e integral de cada parte que pretendamos comprender y explicar, nuestro conocimiento estará siempre limitado” (2007, p. 40).

Recibido: 17 de Septiembre de 2018; Aprobado: 29 de Enero de 2019

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