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Comunicación

versión On-line ISSN 1659-3820versión impresa ISSN 0379-3974

Comunicación vol.34 no.1 Cartago ene./jun. 2025

http://dx.doi.org/10.18845/rc.v34i1.8083 

Articles

Condición humana e ingravidez: antropogénesis en la novela El hombre, la hembra, el hambre, de Daína Chaviano

René Camilo García Rivera1 
http://orcid.org/0000 0002 0238 1711

1Investigador independiente, Cuba

Resumen

El artículo estudia la novela El hombre, la hembra, el hambre (1998), de la escritora cubana Daína Chaviano (La Habana, 1957). El análisis literario pretende caracterizar el proceso antropogénico en la narración, es decir, la constitución en cuanto humano de los simulacros de persona que representan los personajes; en particular, se aspira a identificar los elementos del contexto sociohistórico que condicionan la hominización en el universo diegético de la ficción. En este sentido, el objetivo es describir el proceso de construcción de lo humano en el texto anterior; especialmente, detallar los elementos que configuran el devenir de Claudia/La Mora. Como punto de partida, se identifican los dos elementos que conducen el proceso de hominización de la protagonista: por un lado, la influencia del contexto sociohistórico −la crisis del Período Especial en Cuba, consecuencia del colapso soviético en el año 1990− como motivo catalizador en los cambios ontológicos apreciados; por el otro, una predisposición existencial definida por la falta de horizonte vital del individuo, situación que impulsa al personaje a ''flotar'' por las condiciones azarosas del contexto. El trabajo se apoya en las referencias teóricas de autores como Giorgio Agamben (Lo abierto: el hombre y el animal), Odette CasamayorCisneros (Soñando, cayendo y flotando: itinerarios ontológicos a través de la narrativa cubana postsoviética) y Friedrich Nietzsche (Ecce homo); así como en la lectura crítica de investigadoras como Ivonne Sánchez Becerril (Consideraciones teóricocríticas para el estudio de la narrativa cubana del periodo especial),Elizbeta Sklodowska (Invento, luego resisto: El Período Especial en Cuba como experiencia y metáfora (19902015)) y Nanne Timmer(Y los sueños sueños son: sujeto y representación en tres novelas cubanas de los noventa). En cuanto a las categorías, el artículo aborda los conceptos de apertura, influjo animalizante, instinto de salud y máquina antropológica.

Palabras clave: Antropogénesis; condición humana; hominización; literatura cubana; Período Especial en Cuba

Abstract

This article reviews the novel El hombre, la hembra, el hambre (The Man, the Female, the Hunger) (1998) by Cuban writer Daína Chaviano (Havana, 1957). The literary analysis aims to characterize the anthropogenic process in the narrative, that is, the constitution as human of the simulacra of the person represented by the characters; in particular, it aims to identify the elements of the sociohistorical context that condition hominization in the diegetic universe of fiction. Therefore, the object of this paper is to describe the process of construction of the human in the novel El hombre, la hembra, el hambre, by Daína Chaviano; especially, to detail the elements that configure the becoming of Claudia/ La Mora. As a starting point, the two elements leading the process of hominization of the protagonist are identified: on the one hand, the influence of the sociohistorical context -the crisis of the Special Period in Cuba, a consequence of the Soviet collapse in 1990- as a catalyst in the noticed ontological changes; on the other hand, an existential predisposition defined by the lack of vital horizon of the individual, a situation that drives the character to ''float'' by the random conditions of the context. The work is supported by the theoretical references of authors such as Giorgio Agamben (Lo abierto: el hombre y el animal) (The Open: Man and Animal), Odette CasamayorCisneros (Soñando, cayendo y flotando: itinerarios ontológicos a través de la narrativa cubana postsoviética) (Dreaming, Falling and Floating: Ontological Itineraries Through the Postsoviet Cuban Narrative) and, Friedrich Nietzsche (Ecce homo); and in the critical reading of researchers such as Ivonne Sánchez Becerril (Consideraciones teóricocríticas para el estudio de la narrativa cubana del periodo especial) (TheoreticalCritical Considerations for the Study of the Cuban Narrative of the Special Period), Elizbeta Sklodowska (Invento, luego resisto: El Período Especial en Cuba como experiencia y metáfora (19902015)) (I Invent, Then I Resist: The Special Period in Cuba as Experience and Metaphor) and, Nanne Timmer (Y los sueños sueños son: sujeto y representación en tres novelas cubanas de los noventa) (And Dreams Are Dreams: Subject and Representation in Three Cuban Novels of the 1990s). Regarding the categories, the article addresses the concepts of openness, animalizing influence, health instinct, and anthropological machine.

Keyword: Anthropogenesis; human condition; hominization; Cuban literature; Special Period in Cuba

Introducción

La crisis cubana de la década de 1990, conocida eufemísticamente como Período Especial, ha sido representada en incontables relatos, novelas, películas, ensayos y testimonios: célebres como La nada cotidiana (Zoé Valdés, 1996) y Trilogía sucia de La Habana (Pedro Juan Gutiérrez, 1998); extravagantes como Río Quibú y Las bestias (Rolando Menéndez, 2002 y 2006 respectivamente); reflexivos como Habana año cero (Karla Suárez, 2012); conmovedores al estilo de No hay que llorar (Arístides Vega Chapú, 2011); o irónicas como la reciente Nuestra hambre en La Habana (Enrique del Risco, 2022). A pesar de la profusa producción sobre el tema, la novela El hombre, la hembra, el hambre (Daína Chaviano, 1998) destaca por su lenguaje poético, la complejidad sicológica de los personajes y el anclaje a una tradición cultural que antecede incluso a la conquista de la isla por los españoles.

Nacida en La Habana en 1957, Chaviano recibe el Premio Azorín de Novela por esta obra. Previamente, gana reconocimiento como una de las mejores escritoras cubanas del género fantástico y de ciencia ficción, por libros como La abuela extraterrestre (1989) y El abrevadero de los dinosaurios (1989). En 1991, al comienzo del Período Especial, emigra hacia los Estados Unidos, donde desarrolla una exitosa carrera como autora. Desde entonces, ha publicado La isla de los amores infinitos (2006), Historia de hadas para adultos (2007), Los hijos de la Diosa Huracán (2019), Amoroso planeta (2019), entre otros.

El hombre, la hembra, el hambre aborda la realidad cubana de 1990 desde la perspectiva de Claudia, una historiadora del arte sumida en el colapso socioeconómico del país. La trama, que transcurre en los momentos más críticos de la década, construye el conflicto central mediante el planteamiento de un dilema ético: el ejercicio de la prostitución como vía de subsistencia, como estrategia para superar las adversas circunstancias donde habitan la mujer y su hijo. En comparación con otras obras de la autora, en las cuales predominan los elementos sobrenaturales y fantásticos, en este texto rige el vínculo con la realidad histórica. La crítica señala dicha característica como un rasgo representativo de la narrativa cubana de finales del siglo XX, que acuña el término de ''ficción del Período Especial'' (Withfield, 2008).

Como afirma la estudiosa mexicana Ivonne Sánchez Becerril, ''la revitalización que experimentó la literatura cubana (…)a partir de los noventa se relaciona estrechamente con el complejo contexto sociohistórico'' de la isla (2012, p. 84). Por su parte,Timmer (2004) señala cinco tendencias características de la narrativa de los Novísimos2 , la generación de escritores a la que se adscribe Chaviano: la escritura como tema, la deconstrucción y desmitificación de los valores del sistema socialista, la fragmentación caótica y la función lúdica del relato, el descentramiento y predominio de lo marginal, y el tratamiento de temas tabúes (p. 29).

En El hombre, la hembra, el hambre, como se verá en el análisis textual, se fusionan varias de las tendencias identificadas por Timmer. A nivel estructural, la novela plantea la fragmentación caótica en el relto a través de múltiples saltos temporales, flashbacks que retrotraen la acción al tiempo precolombino y a los primeros años de La Habana colonial; asimismo, la escisión de la protagonista en dos entidades paralelas (Claudia, la historiadora de arte/La Mora, la prostituta) refuerza la sensación de un universo diegético fragmentario y a veces contradictorio. En el plano temático, la novela desmitifica los presuntos valores del régimen castrista, pues describe el control político y económico del gobierno sobre los ciudadanos; de igual manera, al tratar el tema tabú de la prostitución, describe los escenarios marginales de la sociedad cubana de entonces, protagonizada por los actores del comercio sexual, del mercado negro, y la corrupción institucional de la policía y los directivos del museo donde trabaja Claudia.

Al analizar la novela, se percibe cómo las circunstancias sociales e históricas influyen sobre los personajes, en específico la protagonista, de una forma que supera los cambios de personalidad y conductas; el contexto del Período Especial incide de tal forma que induce cambios esenciales y transformaciones en el modo de ser de los personajes -es decir, en la propia condición humana y el proceso antropogénico-. En este sentido, el artículo propone describir el proceso de construcción de lo humano en la novela El hombre, la hembra, el hambre, de Daína Chaviano; especialmente, detallar los elementos que configuran el devenir de Claudia/La Mora.

Como hipótesis, se plantea que la antropogénesis en la obra escapa al dualismo humanización/animalización, pues la protagonista se abstrae del dispositivo binario constituido por la inhibición o desinhibición de los instintos del animal homo sapiens; en cambio, el personaje flota entre las circunstancias del contexto sociohistórico y las fuerzas de un estado de cosas sin razón que definen tanto su devenir como el desenlace narrativo.

Como marco teórico, el artículo asume las propuestas de Giorgio Agamben (2006) en cuanto a la condición humana y el proceso antropogénico. Por antropogénesis, el filósofo italiano alude a la paulatina hominización del animal homo sapiens (p. 145), un fenómeno con implicaciones históricas, biológicas, políticas y culturales. Agamben profundiza en el concepto a través de su teoría sobre la máquina antropológica, noción que se explica con detenimiento en el apartado siguiente.

En relación con el enfoque metodológico, se propone un análisis estructural de la novela. Además de la consideración de los ejes temáticos desarrollados (así como el vínculo con el contexto sociohistórico de la década de 1990 en Cuba), el análisis se focaliza en la categoría narrativa del personaje, en específico en la protagonista Claudia/La Mora; para ello, se contemplan sus acciones a través de la trama, los diálogos y los soliloquios donde reflexiona sobre su condición personal, la condición del país y sus conflictos.

Crisis, supervivencia e ingravidez: Respuestas antropogénicas al período social

Por Período Especial en Tiempos de Paz se conoce a la profunda crisis social, económica y moral que vivió Cuba durante la década de 1990. Tras el derribo del Muro de Berlín, la isla comprobó su dependencia del bloque socialista europeo y la Unión Soviética, de donde importaba el 63% de los alimentos, el 86% de las materias primas y maquinarias, el 70% de las manufacturas y el 98% del combustible (Silva León, 2008); entre 1989 y 1994, el Producto Interno Bruto de la nación cayó en un 35 %, con nefastas consecuencias para la calidad de vida de los ciudadanos.

Un dato revelador para la comprensión de la novela de Chaviano lo aporta la investigadora cubana Ángela Ferriol Muruaga, quien afirma que en esta etapa el aporte nutricional se redujo de 2845 a 1863 calorías diarias, cuando el mínimo recomendado para un cuerpo adulto ronda las 2200. En relación con las proteínas, de unos 145 gramos diarios que consumían en 1989, en 1994 el promedio fue de solo 75 gramos al día. Como resultado de la falta de nutrientes, cada cubano adulto perdió entre un 5 y un 25 por ciento de su masa corporal (1998: s/p

La correlación entre esta realidad y la literatura resulta inevitable. La revisión bibliográfica sobre la ficción del Período Especial3 evidencia dos arquetipos en el afrontamiento a la crisis: de un lado, el resistirse, una actitud caracterizada por el aferramiento a los propios humanos (elementos identificados en el mito de Prometeo como la razón, la técnica, el valor moral y la justicia); del otro, el arrojarse al influjo animalizante que atraviesa la sociedad, es decir, la desinhibición de los instintos que según Nietzsche caracteriza el instinto de salud del ser humano (2019, p. 5).

Dicho comportamiento responde al patrón de la máquina antropológica, un artificio que según Agamben se sostiene en la escisión del hombre en dos mitades opuestas: lo humano y lo animal (2006): ''un dispositivo irónico que verifica la ausencia para Homo de una naturaleza propia, manteniéndolo suspendido entre una naturaleza celeste y una terrena, entre lo animal y lo humano'' (p. 63). Según la sensibilidad de la época, el mecanismo gira en uno u otro sentido, lo cual significa el privilegio de una de las dimensiones y la consecuente exclusión de la otra: en la medida que el artefacto opera mediante la oposición humano/animal o humano/inhumano, ''la máquina funciona necesariamente mediante una exclusión (que es también y siempre ya una captura) y una inclusión (que es también y siempre ya una exclusión)''(p. 75).

El primer caso, el de ''la exclusión que representa siempre una captura'', implica la animalización del hombre mediante el aislamiento de lo no humano en su interior; es decir, la presencia de una parte no humana (digamos animal) que conlleva la pérdida de la condición humana para el conjunto (el individuo). Como ejemplos históricos de este proceso de animalización, Agamben señala al homo alalus y al judío durante el Holocausto, esto es, ''el animal aislado en el cuerpo humano'' (2006, p. 75). En tanto, la segunda forma de la máquina antropológica, la ''inclusión que es también y siempre una exclusión'', el teórico italiano la explica como parte del proceso de ''humanización del animal'', la inclusión como humano de un ante que previamente no se consideraba como tal; entre los ejemplos históricos destacan el homo ferus, el enfant sauvage, pero sobre todo, ''el esclavo, el bárbaro, el extranjero como figuras de un animal con formas humanas'' (p. 76).

En la ficción del Período Especial, se manifiestan ambas versiones de la máquina antropológica. En la narrativa de autores como Pedro Juan Gutiérrez (Trilogía sucia de La Habana, Animal tropical, El rey de La Habana), Rolando Menéndez (sobre todo en Las bestias, pero también en Río Quibú) y en algunos personajes de Ena Lucía Portela (como Zeus, en Cien botellas en una pared) se evidencia el proceso de exclusión mediante la animalización de las personas representadas; por otro lado, la fórmula donde la exaltación de lo humano pretende excluir la dimensión animal inherente a los personajes prevalece en el tono de autores como Karla Suárez (Habana año cero), Zoé Valdés (La nada cotidiana, Te di la vida entera), Leonardo Padura (en la tetralogía de Las cuatro estaciones y demás novelas de Mario Conde) y Jesús Díaz (Siberiana, Las cuatro fugas de Manuel). Sin embargo, como avizora Agamben, algunos casos escapan a la lógica binaria de inclusión/exclusión, a la permanente oposición humano/animal: en el centro de la máquina antropológica puede instituirse una zona de indiferencia donde ocurre la articulación entre el hablante y el viviente (2006, p. 75).

Un ejemplo de esta última tendencia resulta la protagonista de El hombre, la hembra, el hambre. En Claudia/La Mora, la máquina antropogénica no se decanta por uno u otro sentido; el personaje carece de una estrategia de supervivencia definida: ni opta por aferrarse a los propios humanos y proteger así su condición, ni decide arrojarse al influjo animalizante de la desinhibición de los instintos. Más bien, la mujer fluye con el contexto y parece eludir el magnetismo de cada polo antropogénico; sin mostrar un propósito ni un telos vital, Claudia/La Mora se deja llevar por las circunstancias sin elegir un destino. Dicho universo fluido y caótico concuerda con la concepción de ingravidez propuesta por la académica cubana Odette Casamayor Cisneros (2013):

La ingravidez solo aparece cuando se siente indiferencia (…) ante la Historia. Cuando este sujeto incapacitado para organizar escatológicamente su existencia no puede producir (…) algo más que cúmulos de fragmentos, su creación cultural se convierte en una práctica azarosa de lo heterogéneo, lo fragmentario y lo aleatorio. (p. 24)

Aunque la ingravidez posee un carácter personal (solo el individuo resulta incapaz de organizar escatológicamente su existencia), las condiciones sociales propician o atenúan el fenómeno. El contexto cubano del Período Especial, donde la incertidumbre predomina en el ethos, fomenta dicho estado. ''Una isla a la deriva es la imagen que mejor describe a Cuba a partir de 1989'', asegura Casamayor (2010, p. 645). El rumbo incierto, el movimiento colectivo a la deriva, se reproduce como una fractal al interior de la sociedad; sus huellas se perciben tanto en el pasado como en el registro subjetivo de la época (incluida la literatura). La mencionada protagonista de la novela de Chaviano tipifica dicha conducta, pues flota ''solitaria y displicente por entre una miríada de estructuras, ideologías, posturas políticas y morales'' (CasamayorCisneros, 2013, p. 29); jamás encuentra un real acomodo en el cuerpo social ni su identidad se configura bajo un patrón predefinido.

Antropogénesis en Claudia/La Mora: Escapar del período especial

Implícitamente, la estructura de El hombre, la hembra, el hambre revela la contradicción interna de la protagonista, un dilema común en los cubanos que afrontan los cambios del Período Especial: la tensión entre la identidad personal y la adaptación a la nueva realidad social. En el caso de la novela de Chaviano, el conflicto se traduce en la pugna entre el arraigo a la tierra y el deseo de huir, entre la permanencia y la evasión del entorno opresivo. Lori Oxford (2022) identifica el empeño de permanecer en Cuba como un acto de resistencia, como un intento para reafirmar la identidad de la protagonista:''Havana (…) is a dystopian space that incites in Claudia (…) both an obsession with escape from her dreary existence and a simultaneous (if contradictory) yearning to never abandon the setting that has made her who and what she is'' (p. 75).

Al nivel del procedimiento narrativo, el efecto formal de dicho conflicto radica en la escisión del personaje en dos entidades inicialmente independientes: Claudia, la joven aplicada, licenciada en Historia del Arte y especialista en el Museo Nacional de Bellas Artes, y La Mora, una enigmática prostituta de la noche habanera. El lector, al margen del artificio narrativo, sigue la evolución paralela de las dos mujeres. El clímax de la trama, el momento cuando aflora la historia cifrada en el detalle oculto, ocurre al descubrir la identidad común de ambos personajes.

En el texto, la autora describe minuciosamente los efectos de la crisis del Período Especial sobre la vida cotidiana. A través del narrador en tercera persona, extradiegético y equisciente, la escritora construye un universo regido por las carencias materiales, el deterioro moral y la incertidumbre; un territorio donde la protagonista, desorientada, flota en un mundo sin respuestas:

Quizás sea muy difícil llegar al fondo de este enredo. Incluso para nosotros. No hay Dios ni cristiano que entienda qué carajos pasa aquí. A lo mejor estamos tan aislados que nos hemos convertido en otra especie. Somos bichos raros. Los cubanos somos los marcianos de la Tierra, y sólo un extraterrestre puede entender lo que le pasa a otro. (Chaviano, 1998, p. 21

La reflexión de Claudia, al menos tangencialmente, aborda el impacto del Período Especial sobre la antropogénesis. Como primer señalamiento, el personaje apunta el carácter caótico e incomprensible del proceso (lo describe como ''enredo''); Oxford considera esta incertidumbre como una de las causas principales del malestar del personaje: ''It is not merely the physical scarcities that make the crisis (…) so insufferable, though: the insecurity produced by a constant oscillation of whatisacceptable to whatisprohibited wears on Claudia, and she longs for a sense of stability, of permanence'' (2022, p. 81).

En relación con el aislamiento, la reflexión del personaje encierra múltiples significados; en primer lugar, refiere tanto a la condición insular del país-''la maldita circunstancia del agua por todas partes'', según sentenciara Virgilio Piñera- como a la estricta política migratoria4 impuesta por la revolución (en la práctica, un instrumento de control político sobre el cuerpo social). Segundo, el razonamiento de la protagonista desliza la primera pista del influjo deshumanizante que atraviesa a la novela: nos hemos convertido en otra especie, somos bichos raros, marcianos, asegura.

En el universo de El hombre, la hembra, el hambre, la expansión del influjo animalizante ocurre a través de la involución rizomática de los personajes. El proceso, caracterizado por la sustracción de dimensiones del estrato diegético (o de la vida cotidiana, según el caso), conlleva al deterioro paulatino del paradigma civilizatorio, el colapso del proyecto humanista de la revolución y el fracaso del modelo utópico del hombre nuevo.

El texto de Chaviano aborda las pugnas entre las distintas dimensiones de la condición humana. La prevalencia de las necesidades del cuerpo decanta el giro de la máquina antropológica hacia la animalización, toda vez que las necesidades básicas de subsistencia no aparecen aseguradas. En el siguiente fragmento, se ejemplifican las implicaciones cotidianas del conflicto entre el ''alma'' y el ''cuerpo'':

Nada importaba más que sobrevivir. Parecía el regreso de la colonia. Por eso el gobierno se encabronó tanto cuando la gente empezó a hablar de ''la casa de Hernán Cortés'', porque allí cambiaban el oro por baratijas como hacían los españoles con los indios… El nombrete se lo puso la propia gente que llevaba sus tesoros allí. ¿Qué otra opción les quedaba sino burlarse de su propia miseria? Era el único modo de aliviar el trauma. Desprenderse de aquellos objetos significaba renunciar al legado de la sangre, porque esos objetos eran más que objetos: eran trozos de espíritu que se vendían para que la carne pudiera seguir viviendo: ayer fue una prenda de la bisabuela; hoy, un cuadro; mañana, un culto o lo que quede de un pasado que debió de ser espléndido, a juzgar por lo que ha sobrevivido… Mi abuela casi se muere de tristeza cuando tuvo que renunciar a una cucharita de plata, el primer regalo que le hizo a mi madre cuando la supo embarazada: la primera cuchara que usé. (Chaviano, 1998, pp. 2425). El testimonio de Claudia, enunciado desde una cuidada estética discursiva, propone fragmentos codificados que atraviesan territorios políticos, históricos, ontológicos y antropogénicos. Al analizar cada eslabón de la cadena de significantes, descubrimos alusiones a la regresión histórica del país (la época ''colonial''), a la involución civilizatoria (iguala a los cubanos con los ''indios'', es decir, los aborígenes autóctonos de la época precolombina), el rechazo al poder revolucionario (equipara al gobierno de Fidel Castro con Hernán Cortés, símbolo de la opresión para la sensibilidad americana) y enfatiza el conflicto de la oposición alma/ cuerpo impuesta por la crisis económica del Período Especial. En el fragmento, una frase señala la magnitud del dilema: ''esos objetos eran más que objetos: eran trozos de espíritu que se vendían para que la carne pudiera seguir viviendo

La confesión revela la autofagia del sujeto enfrascado en la supervivencia; acorde al paradigma binario del humanismo, Claudia describe el sacrificio de una dimensión esencial del hombre (el espíritu) a favor de la otra (la carne). El desgarramiento de la escisión puede comprenderse como un mecanismo de defensa, como la autotomía5 (capacidad de algunas especies para desprenderse de una parte del cuerpo) ante el peligro inminente. En lagartijas y salamandras, la autotomía involucra a la cola, extremidad usualmente regenerada; en el relato de Claudia, la pérdida atañe a una condición central del ser humano (el espíritu) cuya regeneración conduce la trama de la obra.

En términos biológicos, la regeneración significa recuperar la estructura y función del órgano dañado (Poss, 2010). Como el espíritu constituye una parte intangible del hombre, dicho proceso adquiere un carácter metafórico en la novela: supone la restauración de un eje de la máquina antropológica, del pivote asociado a la generación de los propios humanos. La restitución depende, en gran medida, de la capacidad de los personajes para solventar el motivo del declive: la necesidad del sacrificio para que ''la carne pudiera seguir viviendo''. El primer impulso del movimiento autoinmune apunta entonces a la obtención de alimentos, requisito indispensable para conservar la vida biológica y comenzar la regeneración del espíritu. En este sentido, la novela plantea los obstáculos de la mujer para cumplir dicha función en la sociedad patriarcal, pues establece sucesivos lazos de dependencia con un hombre proveedor: ''primero, Claudia es alimentada por el gobierno, después por Rubén (padre de su hijo) y, por último, por ella misma, aunque para lograr su independencia debe prostituirse'' (Buendía y Ramírez Vargas, 2019, p. 45). Como parte de esta dinámica, la protagonista establece el vínculo sexo afectivo con Gilberto, un economista devenido ''carnicero''.

En el contexto del Período Especial, la posesión y consumo de carne suponen un estatus de poder y solvencia para el individuo. Así lo asegura Gilberto, quien describe la causa de su contrato en la carnicería del barrio:

Te digo que estaba a punto de cortarme las venas el día que me encontré con Toño en Los Dos Hermanos. Entré al bar para olvidarme del mundo. Allí fue que el socio me iluminó. Le hacía falta un ayudante, alguien que se ocupara del trabajo más pesado: cortar la carne, ponerla en los ganchos… Así tendría más tiempo para sus mujeres. El tipo andaba con tres distintas; dos de ellas, casadas. Se las da de supermacho, del que las liga fácil; pero yo sé que se acuestan con él porque les aumenta la cuota de carne… (Chaviano, 1998, p. 38

En la narrativa cubana de los noventa, abunda la relación entre la carne y el sexo; mientras la una resulta una mercancía vital, escasa y deseada, el otro constituye el único recurso abundante a disposición del humano. Como asegura Sklodowska (2016), el carnicero de la obra ''disfruta de un micropoder extraordinario debido a su acceso al suministro de carne'' (p. 266); gracias al privilegio -sustentado en la corrupción-, disfruta los favores sexuales de las mujeres de la comunidad (como veremos, la entrada de Claudia a la prostitución ocurre mediante dicho mecanismo). Dado el asimétrico acceso al producto, dominado mayoritariamente por hombres, la carne se erige como símbolo del poder masculino; en tal sentido, Sklodowska señala la continuidad en el imaginario popular entre los conceptos de ''cárnico'', ''carnal'' y ''carnívoro'' (p. 266).

A través de los ojos de Gilberto, el lector reconoce las condiciones de trabajo en la realidad cubana de los noventa. El personaje, cuya estrategia ante la crisis responde al dejarse llevar (su mejoría proviene de la propuesta fortuita de Toño), describe el cronotopo de la carnicería. La dinámica del establecimiento expone los modos de producción en la economía socialista, encargada de revertir la crisis y generar prosperidad. En cierto modo, la experiencia particular plantea una figura de carácter fractal, un esbozo donde se proyecta el funcionamiento de las empresas cubanas bajo control del Estado. Gilberto relata el desafío diario para abrir el mercado:

Todo debía estar listo para cuando llegara el camión de la carne y comenzara a amontonarse la multitud desesperada por recibir la minúscula porción que le correspondía; pero primero era necesario asegurarse de que los frigoríficos estuvieran limpios, si es que puede llamársele limpieza a lanzar cubos de agua por doquier, ayudándose de una manguera, mientras se intentan borrar los restos de sangre coagulada con una escoba casi pelona. (Chaviano, 1998, p. 39)

El lenguaje del fragmento revela la crítica situación del país. Los sintagmas ''multitud desesperada'' y ''minúscula porción (de carne)'' aluden al hambre -uno de los ejes estructuradores de la novela- y a la tensa situación social en la Cuba de los noventa. El modo deficiente de limpieza, ''lanzar cubos de agua'' contra la sangre coagulada, evidencia la incapacidad del trabajo estatal para cumplir el elemental requisito de la higiene. El pináculo de degradación lo representa un objeto mudo del paisaje, la ''escoba casi pelona'': aunque el ente ha perdido el motivo de su razón de ser (el cepillo), permanece a disposición del humano; de igual manera, el ''hombre nuevo'' que la empuña ha extraviado su destino (el futuro comunista) y aun así resulta funcional al socialismo: reparte la ''minúscula porción'' de carne que apacigua a ''la multitud desesperada''.

El paralelismo entre la escoba pelona y Gilberto enfatiza el deterioro de la condición humana. Tanto el individuo como la cosa padecen el proceso involutivo del Período Especial; sin embargo, soportan el embate y preservan la funcionalidad (la cosa al servicio del hombre, el hombre al servicio del Estado). Como parte de la estrategia de afrontamiento, los entes manifiestan resiliencia ante la crisis; el fenómeno se aprecia en las alternativas halladas para conseguir las metas. En el caso de Gilberto, el esfuerzo por sostener la ilusión de limpieza:

Es difícil mantener la higiene en un sitio donde el detergente brilla por su ausencia. Sin embargo, Gilberto se las ingeniaba para improvisar soluciones en su batalla semanal contra la pestilencia. Como siempre, puso a hervir una enorme cubeta con agua sobre un improvisado horno de ladrillos frente a la carnicería, después lanzó manguerazos a las paredes y al interior de las neveras, y dejó para el final el agua que bullía en el recipiente ahumado. Las paredes exudaron vapor al ser bañadas con puñados del hirviente líquido que él recogía de los cubos con un jarro destartalado y después arrojaba a las neveras, al suelo y sobre el mostrador. (Chaviano, 1998, p. 39)

La actividad de Gilberto, el modo de limpiar la carnicería refiere el declive del sistema socialista en la vida cotidiana. La afirmación se codifica mediante el reparto de lo visible en la escena, específicamente, a través de los objetos mudos. El paisaje contrasta con la promesa modernizadora del proyecto revolucionario: mientras la Modernidad se caracteriza por la higienización del espacio humano y el avance de la técnica, la representación de la realidad cubana evidencia la hediondez de la ciudad, la ineficiencia del sistema productivo y el atraso tecnológico del país. Más aún: los elementos marginados del relato, así como los no nombrados, aluden al estado de carencia generalizada: no aparecen ni el ''detergente que brilla por su ausencia'', ni el cloro, los guantes, el cubo ni los demás productos de limpieza indispensables en una carnicería (o en cualquier lugar comercial).

Inmersos en la resolución de problemas cotidianos, los personajes abandonan sus viejos valores, ahora son un estorbo para afrontar la crisis y salir adelante. En palabras de Odette Casamayor (2013), ''durante la era postsoviética, la moral tradicional cubana y la moral socialista ceden terreno ante los imperativos de la actualidad, signada por el individualismo y la necesidad de echar mano a todo tipo de recursos para conseguir el sustento'' (p. 48). Claudia/La Mora resulta el ejemplo arquetípico de dicho proceder.

Antes del Período Especial, la heroína integra el cuerpo social de la revolución. Desde el puesto de investigadora en el Museo de Bellas Artes, tributa a las aspiraciones culturales del país. Aunque no comparte el ideario socialista, el personaje acata la conducta del poder. El desvío comienza por las azarosas circunstancias externas -típico del influjo antropogénico del dejarse llevar-: la debacle del muro de Berlín, el inicio de la recesión económica, la injusta expulsión del centro de trabajo, el inicio del romance con Rubén (el artesano de la Plaza de la Catedral), el embarazo y el inesperado encarcelamiento del amante. En pocos meses, la situación de Claudia cambia drásticamente; se encuentra en una isla hundida, sola, desempleada, con un hijo y sin visos de mejoría:

Pobre cazadora de alimentos -describe la narradora-(…) que estuvo a punto de ser devorada por su propio hijo cuando éste se revolvía en su vientre porque apenas podía hacerle llegar un poco de alimento. Pobre hijo que también ha heredado el hambre que su madre le legó; la misma que ella, a su vez, recibiera de la suya. Herencia que se acumula de generación en generación. Ahora soy más pobre que antes. Sólo tengo para vivir mi hambre y la de mi hijo (Chaviano, 1998, p. 45)

La ''cazadora de alimentos'', como se define el personaje, afronta un propósito mayúsculo en la Cuba de los noventa: saciar el hambre hereditaria de su hijo y la suya propia. La incapacidad para cumplir el objetivo, impuesta por las condiciones socioeconómicas, allana el camino de Claudia para el abandono de la moral socialista; solo precisa un pequeño empujón. En su caso, el impulso proviene de Sissi, la ''mariposa que bate las alas'' y provoca el huracán. Como ejes temáticos de El hombre, la hembra, el hambre, la narración establece dos conceptos esenciales: el hambre (abordado desde comienzo de la obra) y el sexo. El punto de cruce de ambas dimensiones constituye la prostitución, de ahí la relevancia de Sissi para la evolución de la trama. La mujer, amiga y colega de la protagonista, emula al mítico Virgilio: introduce a Claudia en la ''selva negra'' del comercio carnal; la guía y acompaña en la bohemia habanera hacia los clientes y moteles.

La transformación de La Mora comienza mediante un evento fortuito: Sissi, una amiga, la invita alcabaret. ''Si acepté acompañarla fue sólo para ver de cerca lo que podía ser esa vida, pero no quiero volver a intentarlo. No sé cómo puede acostarse con un tipo al que desprecia, porque eso me ha dicho'' (Chaviano, 1998, p. 45). En la ocasión relatada, la mujer se apega al plan inicial; mantiene la distancia con Gilberto, el carnicero, quien será su cita de ocasión. El encuentro insinúa el destino inminente de Claudia. Los hechos, narrados desde la perspectiva del hombre, revelan un detalle de larga resonancia en el relato: ''En un momento dado, (…) observó de reojo que su pareja deslizaba dos o tres emparedados en su bolso. Aquello terminó por deprimirlo. ¿Para qué diablos había venido esa mujer a un cabaret, si ni siquiera quería bailar?'' (p. 43).

La escena sienta la pauta para hechos posteriores. Deslizar ''dos o tres emparedados en su bolso'', en cierto modo, anticipa la entrada de Claudia a la prostitución. De alguna manera, quizás a nivel subconsciente, el personaje asimila el nuevo modo para cumplir su objetivo (cazar los alimentos del hijo). Aunque en la cita con Gilberto elude dicho método, el deterioro de las condiciones sociales durante el Período Especial -en particular el agravamiento de la crisis alimentaria- pondrá sus convicciones a prueba.

A lo largo de la trama, la sombra del hambre sobrevuela la vida de los personajes. Como una fuerza omnipresente, condiciona las relaciones de los individuos y sus acciones diarias. El tema, que atraviesa transversalmente la novela, aflora con frecuencia al interior de los diálogos: ''Tengo un hambre…'', confiesa Claudia a su amiga Nubia, mientras organiza los víveres de la cartilla normada (Chaviano, 1998, p. 55). En la misma secuencia, la protagonista enuncia el listado de alimentos: ''Arroz, sólo me dieron la mitad de la cuota del mes pasado, porque la de éste todavía no ha venido. Aquí está el tuyo. También traje café, aceite y huevos'' (p. 56). Cuando Nubia reclama la exigua cantidad de huevos y aceite, Claudia riposta que ''tiene que alcanzar para todo el mes'' (p. 56).

Las carencias en la Cuba de los noventa, común a la realidad y al universo diegético de la novela, impone la planificación familiar en el consumo de alimentos. Dicha estrategia inmunitaria, forzada por el fracaso productivo del socialismo, explica los asiduos inventarios de Claudia; para el racionamiento efectivo, la mujer contabiliza al detalle los insumos:

Ahora tenía bastante mercancía; toda la que se había acumulado en casi un mes: cinco libras de azúcar, media libra de sal, siete huevos, seis libras de arroz, diez onzas de chícharos, diez onzas de frijoles negros, un jabón y una libra de aceite. En la carnicería la esperaba su cuota de carne correspondiente a las dos últimas novenas: tres cuartos de libra de picadillo extendido y media libra de fricandel. Además, le quedaba una libra del pollo de población, correspondiente a la novena anterior. (Chaviano, 1998, p. 152)

El recuento revela el minucioso control impuesto a la comida. El listado refiere, en primer lugar, el suministro de la libreta de abastecimiento (''la novena'', en referencia a los días de los ciclos de venta). La libreta, como señala Sklodowska, constituye un dispositivo encubierto del poder del Estado -único proveedor autorizado-, que determina el ritmo de la vida cotidiana mediante su ''caprichoso calendario'' de llegadas (2016, p. 190). El resumen de los productos, además, connota la insuficiencia cualitativa y cuantitativa de la dieta cubana: para las cuatro semanas del mes, dispone de seis libras de cereal, y kilo y medio de legumbres; de ''carne'', apenas cuenta con una libra de pollo, el picadillo (aunque no lo explicita, presumiblemente mezclado con soja) y un invento de la industria nacional denominado ''fricandel''6. Por último, el tono del fragmento encierra también un valor enunciativo; la ironía, planteada a través del sintagma ''bastante mercancía'' (cuando luego describe lo contrario), trasluce dos sentidos potenciales: de un lado, manifiesta inconformidad y expresa una protesta implícita contra el estado de cosas; del otro, supone una crítica aún más severa a la calidad de vida bajo el régimen castrista: en caso de asumir la expresión de manera literal, considerar como ''bastante'' la minúscula reserva de alimentos dimensiona el aspecto habitual de las alacenas cubanas.

Durante un tiempo, la estrategia de racionamiento mantiene a flote a Claudia y a su hijo. Sin embargo, el avance hacia los años más duros de la debacle (1993 y 1994) demuestra la insuficiencia del método. La amenaza permanente del hambre, la influencia de Sissi y el influjo antropogénico de la protagonista (el dejarse llevar) la inducen paulatinamente hacia el nuevo camino. Como en la escena del cabaret con Gilberto, la narración insinúa por segunda vez el destino inevitable del personaje: ''La Mora se acercó a la cama donde su hijo se afanaba por mordisquear una funda y le puso el biberón en la boca. Viéndolo mamar del chupete, se consideró afortunada'' (Chaviano, 1998, p. 127). El alivio proviene de un hecho específico, la corta edad del infante: queda lejos la ''barrera'' de los siete años, el momento cuando los niños en Cuba pierden derecho a la leche racionada. En esas anda Paula, una vecina cuyos gemelos traspasaron la semana pasada dicha edad: ''anda como loca. Ayer me confesó que estaba pensando en acostarse con el administrador de una diplo7, a ver si el tipo le regalaba dos o tres litros semanales'' (p. 127).

La referencia a la situación de Paula relaciona por segunda vez los dos ejes temáticos de la novela: el hambre y el sexo. Incluso, en esta ocasión, el texto resulta explícito: vincula de manera directa la motivación principal de la protagonista (conseguir alimentos para el hijo) y el comercio carnal. El agravamiento de la crisis del Período Especial, que en la trama evoluciona paralela a los personajes, aproxima más aun ambos pilares: el colapso de la estrategia de racionamiento, inevitable ante la contracción económica del país, detona la entrada de Claudia a la prostitución.

Si al comienzo de los noventa la mujer contaba al menos con las reliquias familiares -aquellos trozos de espíritu que se vendían para que la carne pudiera seguir viviendo-, ahora apenas dispone de su cuerpo, sus artes amatorias y el instinto de salud intrínseco a la condición humana. Las circunstancias arrastran a Claudia hacia el torrente desinhibitorio del influjo antropogénico. La heroína del relato penetra en el incierto territorio de la prostitución. El personaje describe el devenir de la siguiente manera: ''He deambulado a la caza de alimento, como una fiera: mujer loba que sale de noche en busca de víctimas mientras intenta redescubrir su espíritu, o al menos sus recovecos'' (Chaviano, 1998, p. 408).

La antropogénesis de la protagonista, según la descripción del fragmento, prosigue un itinerario trazado por la tensión entre los polos dicotómicos de la concepción humanista: de un lado, la prevalencia de la naturaleza animal, el impulso desinhibitorio sobre el cuerpo (en específico para la actividad sexual) y el instinto predador del lobo; del otro, la resistencia cultural de la ética judeocristiana, el apego a la noción de ''espíritu'' -incluida la carga teológica del término, en particular, el sentido del pecado y el origen divino de lo humano

Aunque en la balanza antropogénica predomina el influjo animalizante, los valores del humanismo permanecen a nivel subcutáneo. Las contradicciones entre ambas dimensiones (los mandatos del cuerpo y los imperativos del alma) producen en Claudia un costo emocional; al redescubrir los ''recovecos de su espíritu'', experimenta la disonancia cognitiva. Aunque acepta la necesidad de prostituirse, única manera de alimentar al hijo, el personaje rechaza su nueva condición social: ''Dios, qué mal (me) sentía. Cada vez peor'', confiesa (Chaviano, 1998, p. 310). El lamento deriva de la paulatina disolución de la identidad; su proceso involutivo, signado por la sustracción de las dimensiones asociadas a los propios humanos (en su caso, el trabajo profesional, la sensibilidad artística y la riqueza espiritual), implica la cosificación de la persona. En la diégesis, la mujer funciona como un objeto de satisfacción sexual para los turistas, como un ser limitado por las necesidades biológicas y la pobreza. ''No podía dejar de pensar que había quedado reducida al papel de mujercita que inspiraba una simpatía condescendiente. Ya no era Claudia, la licenciada en historia del arte, sino la Mora, una puta que se acostaba por jabones y libros'' (p. 310).

Aunque la heroína padece la degradación de la condición humana -al menos desde la óptica del humanismo, paradigma moral de la novela-, la narración reserva un resquicio para su salvación y redención de lo salvo: La Mora no se acuesta solo por jabones (representación de las necesidades básicas, de lo pedestre), sino también por libros, símbolo de la cultura y lo elevado del ser humano. El trasfondo del detalle recae sobre un artificio del pensamiento humanista, el presupuesto de rescatar al hombre de la barbarie -la domesticación- a través de la lectura (Sloterdijk, 1999, p. 4). A pesar del espejismo, del amago de reivindicación, Claudia permanece cuesta abajo en su proceso involutivo. Los altruistas valores del humanismo sucumben al imperio de la realidad:

En eso nos hemos convertido las cubanas: en las geishas del hemisferio occidental. ¿De qué nos sirvieron los tratados sobre arte, las discusiones sobre las escuelas filosóficas en tiempos de Pericles, las lecturas sobre los orígenes hegelianos del marxismo, las disquisiciones sobre el neoclásico, los paseos por La Habana Vieja para estudiar los edificios ante los cuales pasamos tantas veces sin darnos cuenta de que eran los más bellos ejemplares del barroco caribeño? ¿Para terminar en la cama con un tipo a cambio de comida? (Chaviano, 1998, pp. 5152)

La connotación antropogénica del fragmento resulta reveladora. De acuerdo con Claudia, la condición humana de la mujer queda reducida a las funciones fisiológicas: la comida, en primer lugar, para ella y sus crías. La insuficiencia para vivir de las dimensiones asociadas a los propios humanos evidencia la preeminencia de la dimensión animal sobre la humana en el contexto de la crisis cubana de los noventa; en última instancia, dicha realidad revela la involución de la existencia humana durante el Período Especial.

La pulsión autodeíctica de Claudia, la inclinación a reflexionar sobre sí misma y el resto de la manada, produce un efecto paradójico sobre la antropogénesis. Al enriquecer su conocimiento del mundo, el personaje acentúa lo que Heidegger -y luego Agamben (2006)- denomina apertura (el rasgo distintivo del humano sobre los animales). Dicho conocimiento, sin embargo, fluye en el sentido opuesto de la máquina antropológica: según la experiencia de Claudia, la preponderancia de la animalidad (en su caso a través del cuerpo, en específico el sexo) constituye la estrategia de salvamento viable ante el retroceso civilizatorio de la sociedad cubana. Tal contradicción genera una carga psicológica en la mujer, un malestar que impulsa la resolución de la trama y el final de la novela.

La protagonista de la obra ''flota'' entre dos fuerzas opuestas del influjo antropogénico: la animalización de la condición humana y la tradición de los valores humanistas. Dicha posición le produce disonancia cognitiva, angustia que Claudia pretende reducir infructuosamente: ni consigue transformar su sistema de creencias y valores (cogniciones), ni encuentra alternativa a su conducta (la prostitución como actividad económica para el sostén biológico propio y el de su hijo). Buendía y RamírezVargas (2019) señalan la imaginación como una solución temporal al conflicto, pues a través de sus pensamientos el personaje

Evade la realidad, sueña otra vida fuera de la barrera que la limita. (…)Puede estar atrapada, sentirse vigilada, percibir el hambre milenaria que invade a su pueblo, e incluso ve cómo se vende su cultura, pero nadie tiene el control sobre su mente. (p. 50).

A pesar de sus reiterados e ingeniosos esfuerzos, Claudia permanece atascada en un conflicto donde no puede ''regenerar los trozos de espíritu que se vendían para que la carne pudiera seguir viviendo'' (Chaviano, 1998, p. 24); llegado a tal punto, el destino de la protagonista traza la trayectoria de una línea de fuga. La solución, característica en los personajes de su tipología antropogénica (el dejarse llevar), emana de un hecho fortuito proveniente del contexto: la crisis de los balseros de agosto de 1994.

Por su lado pasan familias enteras que remolcan animales, carromatos inverosímiles, botellas de agua… La fuga es general, allegro vivace, bachiana. Y de nuevo la sombra de Hamlet: ''¿Qué hago? ¿Me voy pa’l carajo o me quedo?'' Sabe que algo semejante no ha ocurrido en años, desde hace más de una década, cuando la embajada del Perú. ¿Volverá a repetirse algún día? ''Es ahora o nunca'', piensa como en el guión de una mala película. Alea jacta est. Corre media cuadra y vuela escaleras arriba en busca de David (su hijo). El corazón le late tan aprisa que siente un tropelaje de tambores en su pecho, en los intestinos, en la silla turca de su cabeza. Salir, salir. Escaparse. Dejar atrás la prisión. Olvidar la angustia. Poder gritar o callar o decidir. No tiene idea de qué puede esperarle más allá de ese horizonte que nunca ha traspasado, pero no es momento de pensar en eso. Ahora lo importante es irse. (Chaviano, 1998, p. 426)

La escena supone la rotura de la máquina antropogénica en el universo diegético. El punto de quiebre radica en la incapacidad del mecanismo para asegurar la vida biológica de los personajes, pues el texto sugiere el fallecimiento de Claudia y su hijo: ''ella no es un personaje de telenovela y por tanto no es seguro que al final aparezca algún hado inesperado -un Deus ex machina- que altere su destino'' (Chaviano, 1998, p. 341). El final del texto, quizás sin proponérselo, dialoga con el imaginario político del discurso oficial. Irónicamente, el desenlace de la obra reafirma el mantra revolucionario acuñado bajo el lema ''Socialismo o Muerte''. En conclusión, desde el punto de vista de la antropogénesis, la protagonista no adopta una estrategia inmunitaria prefijada por la máquina antropogénica de Agamben (es decir, la inclusión o la exclusión de lo animal); en cambio, flota en la ingravidez existencial y se deja llevar por las circunstancias sociohistóricas del Período Especial reflejadas en el universo diegético.

El agenciamiento entre el personaje y el contexto plantea la involución paralela de ambos; la disolución de la realidad cubana conlleva así la disolución de la personalidad de Claudia, vacío ocupado por La Mora, prostituta y alter ego de la heroína; a la vez que dicha metamorfosis retrata la desintegración del ideal antropogénico del socialismo cubano, revela el impacto de la crisis como catalizador de la transformación ontológica de la condición humana. La novela muestra la transformación del yo como resultado de las pugnas entre la razón humanista y los instintos animales del ser humano; plantea un dilema donde ambas se entrelazan en una danza trágica, en un laberinto que conlleva la muerte física del personaje.

En contraste, la novela también permite una lectura más optimista: a pesar de la degradación material y moral de la sociedad, defiende la tesis de la persistencia del ser humano por la búsqueda de la virtud y la belleza, reivindica la importancia de la imaginación y la memoria como estrategias de resiliencia, y pondera el valor del amor maternal frente a la adversidad. Finalmente, el texto no solo constituye un testimonio sobre la realidad histórica cubana del Período Especial, pues, además de exponer los hechos cotidianos de la década de 1990, aúna las aspiraciones estéticas de la narración con la reflexión ontológica sobre la condición humana

Referencias Bibliográficas

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Notas

1 René Camilo García Rivera (La Habana, 1992). Graduado de Periodismo por la Universidad de La Habana (2016) y del Doctorado en Literatura Latinoamericana en la Universidad de Concepción (Chile, 2021). Desde 2023, realiza la investigación postdoctoral ''La condición humana: antropogénesis en la narrativa hispanoamericana postsoviética'' en la Universidad Complutense de Madrid. Autor del libro ''Naufragios de fin de siglo. Relatos, crónicas y entrevistas sobre el Período Especial en Cuba''.

2 Los Novísimos constituye una generación de autores de la literatura cubana; se caracterizan por haber nacido en torno al triunfo de la revolución de 1959, haber comenzado a publicar en los primeros años del Período Especial, y por la construcción de poéticas propias y usualmente contestatarias al modelo castrista.

3 En esta revisión se incluyen obras como Animal tropical, Trilogía sucia de La Habana, El Rey de La Habana, Viejo loco y Diálogos con mi sombra, de Pedro Juan Gutiérrez; Cien botellas en una pared y La sombra del caminante, de Ena Lucía Portela; Las bestias y Río Quibú, de Ronaldo Menéndez; Habana año cero, de Karla Suárez; El hombre, la hembra, el hambre, de Daína Chaviano; la tetralogía Las cuatro estaciones, de Leonardo Padura; así como Mañana hablarán de nosotros.Antología del cuentocubano, deMichel García Cruz.

4 Desde el comienzo de la revolución en 1959, el Estado cubano impuso numerosas barreras para el libre flujo migratorio. Una de las primeras medidas resulta la ley del 5 de diciembre de 1961, que disponía ''la nacionalización mediante confiscación (…) de los bienes, derechos y acciones de los que se ausenten con carácter definitivo del país'' (Sánchez, 16 de octubre de 2012).

5 El vocablo autonomía proviene del griego αὐτο (a sí mismo) y τομία (cortar). Es decir, cortarse o amputarse a sí mismo

6 Entre las creaciones de la gastronomía cubana del Período Especial resalta el fricandel, una especie de embutido elaborado con los desechos cárnicos. Junto al fricandel encontramos las recetas del ''bistec de cáscara de toronja'', el ''bistec de frazada (bayeta de piso)'', el ''picadillo de cáscara de plátano'' y la ''pasta de oca'', todas referenciadas en la novela de Chaviano.

7 La palabra ''diplo'' constituye la contracción de ''diplotienda'', vocablo del argot popular cubano. Las diplotiendaseran establecimientos comerciales reservados exclusivamente para el personal diplomático acreditado en Cuba, así como a los escasos extranjeros que visitaban la isla antes del boom turístico de los noventa.

Recibido: 04 de Mayo de 2024; Aprobado: 12 de Mayo de 2025

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