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Comunicación

versión On-line ISSN 1659-3820versión impresa ISSN 0379-3974

Comunicación vol.33 no.2 Cartago jul./dic. 2024

http://dx.doi.org/10.18845/rc.v34i2.7681 

Comunicación

Poesía selecta

Selected Poetry

Resumen

En esta sección se incluye una selección de 30 poemas representativos de las diferentes épocas del bardo Marco Aguilar, provenientes de sus poema rios Raigambres (Biblioteca Líneas Grises, 1961), Cantos para la semana (Biblioteca Líneas Grises, 1962), Emboscada del tiempo (Ediciones Zúñiga y Cabal, 1988), El tránsito del sol (Ediciones Zúñiga y Cabal, 1996), Obra reunida (EUNED, 2009) y Profecía de los trenes y los almendros muertos (Nueva York Poetry Press, 2020).

Palabras-clave: poesía costarricense; poesía turrialbeña; compilación; literatura costarricense; Marco Aguilar

Abstract

This section contains a selection of 30 poems representative of the diffe rent periods of the bard Marco Aguilar, from his collections of poems Rai gambres (Rooted) (Biblioteca Líneas Grises, 1961), Cantos para la sema na (Songs for the Week) (Biblioteca Líneas Grises, 1962), Emboscada del tiempo (Ambush of Time) (Ediciones Zúñiga y Cabal, 1988), El tránsito del sol (The Sun’s Transition), (Ediciones Zúñiga y Cabal, 1996), Obra reunida (Compiled Works) (EUNED, 2009) and, Profecía de los trenes y los almen dros muertos (Prophecy of the Trains and Dead Almond Trees) (New York Poetry Press, 2020.

Keyword: Costa Rican poetry; Turrialban poetry; compilation; Costa Rican literature; Marco Aguilar

Padre Nuestro

Padre nuestro, Jesús del desconsuelo, protégeme a esta hermana que ha empezado a levantar su corazón del suelo.

Tú que pusiste dulce en el pecado, Tú que entiendes los ojos de mi hermana, protégela, Señor, Tú que has llorado.

Hoy la he visto sonriendo en la ventana, como buscando un viento humedecido de amor y sumisión por la mañana.

Hoy la he visto en silencio y he temido que al agachar mañana la cabeza halle gotas de amor en su vestido.

Protege sus doce años, su pobreza, su joven corazón entumecido, Padre nuestro, Señor de la tristeza, Tú que pusiste sal en el gemido.

Raigambres (1961)

América

Esta tierra mordida del tigre que ha bramado en tres mil cataratas, con su hambrienta quijada feroz, y ha prendido en tres mil madrugadas con su antorcha un infierno de amor; esta tierra que trajo cargada desde lejos la espalda de Dios, ha pedido a sus hijos que traigan más bramido y más hambre en la voz.

Yo le he dado mi cara de enfermo pues no tengo otra cosa que dar. Ella ha dicho que encienda en su frente purgatorios, incendios, masacres. Yo le dije que queme la muerte como un tronco de horrible linaje.

Y la América enorme ha llorado, con tres mil cataratas de rabia, pues la muerte le quema la mano y ella no, que no puede quemarla.

Raigambres (1961)

Sonetos De La Mujer Ajena

Eres de los demás. Tu carne ajena siempre retoña blancas tentaciones. Y yo, caído, inválido en la arena, voy cargando sin fe mis intenciones.

Anoche caminaba por la acera que al frente de tu casa se entristece. Bajo el ala fatal de tu gotera me di cuenta que el alma se humedece

después de tanta lluvia de amargura. Tu novio iba saliendo y con dulzura templaste en despedida ante la puerta.

Si logro al fin tu corazón lejano, ya no cabrá mi amor entre tu mano y en medio de la noche estarás muerta.

En medio de la noche estarás muerta y el viento irá llorando, perseguido por la bruma, el infierno, la reyerta. Ya no habrá corazón en tu vestido.

A la luz de tu lámpara funesta tú regalas tu labio enamorado y tu dulce y feliz lengua de fiesta. Yo, escondiendo mi amor desconsolado,

rezo blasfemias entre la niebla. La noche se me finge una asesina, un quemado amuleto sin reverso.

Parece que la muerte de una herida va derramándose entre mi comida, y entonces se me sale, amargo, el verso!

Entonces se me sale, amargo, el verso

tinta de maldición ennegrecida.

En medio de la niebla yo me esfuerzo

para construir mi roja despedida.

Pero es inútil, y al doblar la esquina

enfermo y desolado, me arrepiento.

Tú eres una dulce medicina

y sin embargo ajena como el viento.

Con alegría le abres la ventana

a la brisa y al polvo del verano.

Cuando un día se cierre tu persiana

tendré que comprender que estás remota

y como todo, al fin, ha sido en vano,

enterraré, gritando, mi derrota!

Enterraré, gritando, mi derrota en la roja neblina desolada. Y tu casa tendrá la puerta rota y temblará de soledad, mojada,

sin nada que cubrir con ese techo, sin tener que esconder ya tu pecado. Yo llevaré una cruz sobre mi pecho, pecho de soledad, abandonado.

Iré en la madrugada por la acera y buscaré tu familiar gotera siempre asediado por el aguacero.

Y al ver tu caserón abandonado, furioso agitaré el brazo mojado, brazo de soledad, sepulturero!

Raigambres (1961)

Cartago

“Padre nuestro que habitas en el cielo”. En Cartago la espuma es religiosa. Un aire limpio, una ciudad ventosa plantada de canciones desde el suelo.

Hay unos soles tibios, conventuales, de luz amiga, blanca y amorosa, y después una noche tan calmosa que humedece el olor a naranjales.

Me gusta esta ciudad organizada a la sombra de un cielo claro, abierto. Fresco como mujer recién bañada.

Cartago, he de partir con los relojes.

Allá viene la lluvia como un muerto.

Aquí está mi paraguas. No te mojes.

Cantos para la semana (1963)

Semillas Sobre Un Muerto

Hoy quisiera plantar semillas de concordia. Colocar la esperanza en el pecho del hombre como quien pone condecoraciones. Obsequiar unas frutas que derramen dulzura, algo que se parezca a la alegría.

Pero el sol ha quemado las últimas semillas y se mueren de hambre nuestros últimos dioses. Para el hombre no queda más que su propia herida que se lo come entero.

A todos, poco a poco, se nos arde la casa. A veces sólo somos nuestras propias cenizas. Ni una brasa por dentro, ni un recuerdo.

Sólo muerte por dentro y por fuera, como un órgano más, como un anatema inarrancable que trajera la especie más adentro del alma.

Cantos para la semana (1963)

Emboscada Del Tiempo

I

Primero fue un microbio solitario y nadie sabe dónde le cupo tanta soledad. Después vinieron otros más perfectos, tan perfectos que se abrazaron todos y por eso se volvieron eternos sin saberlo. Una mañana los despertó un volcán apocalíptico y ya no eran microbios sino peces completamente ciegos, a pesar de lo cual fueron felices pues no tenían manera de saberlo. Muchísimos de ellos no quisieron cambiar y se quedaron peces y ciegos para toda la vida. Pero algunos, inadvertidamente, se volvieron cada vez más reptiles y reptiles, hasta que alguno salió del agua sucia tambaleándose, milagroso animal predestinado que anduvo el primer paso en una playa que ya no existe porque no hace falta! Horrible el animal, torpes los pasos; pero tenía en la frente dos ojos como lunas solitarias. Los abrió de repente y quiso respirar el aire intacto. Pero el mundo era tan nuevo y era tan hermoso que se murió de miedo y alegría!

III

No hay nada más terrible que un segundo; de segundo en segundo nos movemos acumulando siglos y milenios. Porque el tiempo no existe y sin embargo sólo eso nos ha dado: unos años de lucha y esperanza, semanas de alegría y de trabajo, un minuto de amor posiblemente y un segundo final: el que nos mata! Por eso no se sabe cuánto tiempo habría de pasar para que un día apareciera el hombre finalmente. Inventor de palabras imposibles, observador de lo que no existía, vino a dormirse cuando quedaba aún mucho trabajo y a despertarse cuando quedaba tanto por soñar! ¡El hombre iluminó todo el planeta con el brillo y la luz de su locura!

IV

El fuego estaba allí mirando al hombre y un día le mandó un recado: un rayo que lo dejó temblando varias horas. El incendio después quemaba todo, purificaba todo y el hombre aprendió el sacramento de las lágrimas y se puso a llorar toda la noche. Estuvo allí sentado varios siglos meditando hasta que al fin, colérico y seguro, decidió que los rayos serían dioses y el fuego sería esclavo! Esa noche metió un leño encendido en su cueva mojada que brilló como un sol de brujería! Acudieron las fieras al milagro solemnes, asombradas y salieron huyendo los fantasmas a pasar la noche en las uñas heladas del lagarto y en los ojos proféticos del tigre!

VII

Cada semilla es un presentimiento, la promesa formal de la cosecha. Cada semilla es la herencia dormida del pasado, hermoso testamento de las frutas! Un día, en el principio de los tiempos, un hombre se dobló sobre la tierra a enterrar su semilla perfumada. Esto es tan importante que me siento feliz al repetirlo: ¡Un hombre, en el inicio de los tiempos, dobló la espalda y escarbó la tierra para sembrar su trigo y su esperanza! ¡Y todo el territorio se llenó de cosechas milagrosas en la huella del hombre que sembraba! Algunos se murieron del asombro y las tribus convirtieron entonces en graneros las casas de los muertos. Así se pudo acumular trabajo, guardar veranos porque los inviernos duran frecuentemente muchos años. Lo que nadie pensó fue que los bárbaros sabrían la noticia y acudirían millones con espadas a robarse el sudor acumulado, el sol acumulado, la alegría largamente acumulada! El cuento es muy antiguo pero nada ha cambiado todavía: al hombre que trabaja día a día le queman el granero y al que pide la paz para sembrar tranquilo su semilla lo anda buscando Atila desde entonces!

XIV

Algo venía en esas carabelas que no anotaron en el inventario. Era intangible, pero pesaba tanto que no entiendo cómo no las hundió cuando cruzaron el mar de los Sargazos! Los traían sin nada de cuidado, sin brillo lo traían, ni pulimento pero de todos modos era hermoso. Nunca sabremos cómo viajaría siendo mucho más grande que los barcos, pero sabemos que las maderas ásperas se habían suavizado al escucharlo. Nunca notaron que venía con ellos y tampoco supieron que no lo merecían. Viajó sin pasaporte a sembrar sus vocales florecidas y sus desesperadas consonantes, a nutrirse en los nuevos territorios! Yo lo conozco bien porque mi madre con esas sílabas me amamantaba. Esa era la manera en que yo pretendía decir las cosas en meses de estupor y balbuceo! Amo esos adverbios y esos adjetivos que cuando abrí los ojos cantaron la canción de bienvenida. ¡Por eso es que el idioma castellano me sabe a leche tibia!

XV

Es tan manso el maíz y tan humilde que lo eligieron dios y se apenaba. Prefería (y prefiere todavía) que se le considere un alimento. El Nuevo Mundo debería llamarse el Mundo del Maíz, porque todos los pueblos respiraban su vida en una milpa; y mazorca de más, maíz de menos decidían la opulencia o el hambre. El inca lo sembraba con las raíces púdicas al viento, entre las nubes y los peñascales por donde pasa el cóndor arreando su recua de neblinas. Los aztecas, en el barro caliente, en los lagos de verde maravilla y en el polvo salado de las costas. Los mayas en la absurda humedad de sus montañas, entre las piedras áridas y solas. En todas partes medraban numerosas las benditas mazorcas amarillas. A veces desataba sus átomos más tristes y coléricos en el sucio fermento de la chicha. No obstante, casi siempre ha preferido la alegría familiar de la tortilla. A su tiempo aprendió a alimentar al europeo, al africano, a todos. Ahora como siempre, con sus hojas filosas pone al viento a cantarle melodías de inédita ternura. Por eso me parece que es un dios aunque no se lo proponga, el más humilde dios del universo, el único que se siente feliz con ese aspecto de limpia dentadura!

Emboscada del tiempo (1988)

El Tránsito Del Sol

En el valle amanece de repente. No es igual que en el mar o en la llanura donde el sol, tan despacio y sin premura incinera las rutas del oriente.

Llega toda la luz rápidamente para sorpresa de la noche oscura. La mañana de aquí nace madura y el cielo es como de agua transparente.

Los colores están en demasía: anaranjado sobre naranjales y amarillo el color del nuevo día.

El sol vino a curar todos los males y a despertarnos con la algarabía de los desconcertados animales.

Ni la noche es mejor ni la mañana: el medio día es lo mejor del día. Alguien cuelga a secar una sotana y se duerme en la plaza el policía.

El tránsito del sol, esa porfía nos explica la hora meridiana, ahuyenta a la serpiente y a la iguana hacia la sombra y la hojarasca fría.

Separa al pecador del inocente, separa la verdad de las patrañas parado entre el oriente y occidente.

Dan ganas de almorzar cosas extrañas en el más luminoso recipiente mientras huyen del sol las alimañas.

Nos parece que el sol cayó en un pozo salpicando de oro el firmamento. Y la noche, la hora del reposo, hace del valle tibio su aposento.

Es el anochecer tan presuroso que en la falta de luz se enreda el viento. Luna, estrellas, luciérnagas. ¡Qué hermoso el cielo recargado de ornamento!

Se cumple el rito de cerrar la puerta porque de noche el hombre es tan pequeño como una mínima paloma muerta.

Ni alacrán ni serpiente tienen dueño; todo animal nocturno se despierta y el diablo tienta a la mujer sin sueño.

El tránsito del sol (1996)

Si Aplastamos La Araña

Si quitamos la uña queda el gato, si quebramos el techo habrá ventana, si muere abuela resucita hermana, si perdemos un pie sobra el zapato.

Si no hay abecedario hay garabato, si no hay siglo, tal vez haya semana, si tapamos rendija habrá persiana, si el notario se ahogó queda el contrato.

Si incendiamos el tren habrá vagones, si se fue el algodón vino la seda, si dije abrigo entiendan pantalones.

Si talamos el pino habrá alameda, si aplastamos la araña habrá escorpiones, si quitamos el canto nada queda.

El tránsito del sol (1996)

Rompemos Lo Más Amado

El mar y yo, sentados frente a frente, como viejos amigos entrañables, hablamos de futuro y del presente, soñamos calendarios insondables.

Me cuenta que está lleno de amargura, que los barcos le saben a podrido. Se siente basurero, sepultura y le da por llorar, enternecido.

Lo calmo hablándole de la manera de ser la especie humana: su pecado, su vieja práctica sepulturera,

su tendencia a romper lo más amado; de cómo es que al final, aunque no quiera, va con el corazón contaminado.

El tránsito del sol (1996)

En El Fondo Del Sueño

Para Jorge Debravo, que terminó cuando empezaba

Cuando Jorge dormía no dormía porque, en el fondo de su sueño, él era el que en invierno mantenía la hoguera y vigilaba el pan de cada día.

No quería dormir porque temía que alguno de la fila se muriera, tal vez el albañil o la niñera que condujo dormida contra vía.

Si cerraba los ojos, él soñaba en la puerta final de su destino, en el momento de bajar la aldaba.

Y ese momento de repente vino, cuatro de agosto y nadie sospechaba lo fácil de quedarse en el camino.

El tránsito del sol (1996)

¡Mate!

La cosa es soportar la vida jugar este ajedrez en desventaja. Si pudiera perder, yo perdería este estúpido juego, esta baraja.

La ley, el reglamento, la teoría; la pieza que murió se fue a la caja. Muevo mi torre, pues. ¡Qué tontería! Nada está en su lugar y nada encaja.

Todo es falso: las fichas, la apertura. Sólo el error parece verdadero y el peón muere sin luto ni amargura.

El juego acabará, según espero, con la muerte del rey cabeza dura en los cuadros helados del tablero.

El tránsito del sol (1996)

Hablar De Magdalena

¡Cómo sabe a mujer la ortografía si me pongo a escribir de Magdalena! Es que hasta el barco y hasta la sirena se llenan de mujer y de alegría.

Y siempre que camino por la arena evaporándome en el mediodía, mujer es el sabor de la sandía, mujer el caracol, la luna llena.

Magdalena es el golfo y la bahía, es el juicio, el perdón y la condena. Voy del amor a la melancolía,

voy de la libertad a la cadena. Y todavía no sé qué pasaría si llegara a saberlo Magdalena.

La miel de cada día (Sin fecha)

Desde Las Tres

Desde las tres inauguré la espera; y a pesar de la lluvia repentina espero todavía sobre la acera que tu vestido azul doble la esquina.

Ya son las cuatro y sigue el aguacero. Corre una limpia brisa tan helada que cuando llegas casi ya no quiero la cuchara con miel de tu llegada.

Yo deseo tomar café caliente. Tú pides dos refrescos, aburrida. Me cuentas una historia intrascendente

que parece durar toda la vida y al fin me das, con gesto indiferente, el cántaro con sal de tu partida.

La miel de cada día (Sin fecha)

Hamacas Y Cañones

los de la casa podían decirle Juan, quiero decir sus padres y unos pocos parientes. Nosotros no pudimos, sencillamente porque no nos salía. Viéndolo por la calle, viéndolo detrás de un mostrador o inclusive detrás del escritorio de la Presidencia, para nosotros era siempre Juanito, no tanto por su mínimo tamaño sino por el cariño que todos le teníamos. Le tenemos. No podemos negar que era bajito, tal vez de la estatura de Bolívar. Todos supimos siempre de sus cosas, su ser ligeramente deshonesto en cosas de negocios, esa mala costumbre de favorecer en algo a sus parientes como era lo habitual en esos tiempos. Pero pasó algo extraño con Juanito: que comenzó a crecer siendo ya adulto. ¡Qué curioso! Todos nos sorprendimos al mirarlo unos cuantos centímetros más alto el formidable día de la Proclama, y se mantuvo así hasta la hora en que echó a caminar con sus soldados en el seco verano de ese año, ese viaje impensable para otros. De inmediato vimos que había crecido nuevamente y estuvimos hablando del asunto. Pero hubo muchos que se quedaron cómodos sorteando en sus hamacas los calores y soñando en la muerte de Juanito. Siempre han estado allí, siempre a la sombra pero de vez en cuando se levantan de sus sueños malditos viendo cómo lo ensucian, ellos, los que nunca supieron defender con un rifle las fronteras amadas que cuidan de sus hijos, haciendas y mujeres. Los que no merecían ni merecen tener hijos, esposas, mucho menos que los sepulten en esta misma tierra. Y todavía se levantan de nuevo después de tantos años los mismos descastados, los mentirosos llenos de lagañas, los que nunca pudieron ni pueden ni podrán reducir un milímetro la altura de Juanito ni borrarle ese brillo de los ojos. Porque nadie, nadie puede negar que fue valiente. ¡Ah, cómo soñaría William Walker acertarle aunque fuera un balazo, un único balazo, un solitario balazo en la cabeza y observar su cerebro destrozado, su sangre irreprochable en media calle! Pero ese no era el destino de Juanito y por cada balazo que lo erraba crecía por lo menos dos milímetros. Parecía indestructible: no se ahogaba, no caía del caballo ni lo mataba el cólera. ¡Era enorme! Pero él y sus soldados derrotaron a un enemigo sólido, tangible, y más tarde perdieron la batalla frente a alguien tan pequeño que no pudieron ver jamás pero que los mataba: una bacteria. Y sin saberlo, le traían la peste a sus familias como un regalo trágico del viaje. Nunca hubo en la historia de los pueblos desfile victorioso más lleno de tristeza, con las carretas llenas de cadáveres, patrióticos cadáveres que nunca más levantarían un rifle, sostendrían un arado, cosecharían los frutos de la tierra. Con todos ellos se devolvió Juanito y por todos lloraba. Al poco tiempo tuvo que exiliarse, cuando sus enemigos se fortalecieron; pero no soportaba vivir lejos y pronto regresó, creyéndoles a los traidores, a los mentirosos. Muy tarde comprendió lo que pasaba y entonces fue más alto que ninguno: no suplicó, no se puso a temblar cuando escribió las cartas, no maldijo. Lo fusilaron y él aceptó su muerte como aceptó su vida: de pie frente a las balas. Por desgracia esas balas sí acertaron. Todas, todas. Ni una sola falló. Pero como eran nuestras, las recibió con gusto.

Escrito para Héroes del 56, mártires del 60, suplemento conmemorativo de la Revista Comunicación (2010)

Partituras Del Ángel

El ángel vino lleno de pentagramas e instrumentos de música para enseñarle al pájaro a cantar. Aquello fue un fracaso pero en la noche se fue para la casa silbando las canciones que aprendió con el pájaro.

Profecía de los trenes y los almendros muertos (2020)

El Poeta Habla Solo Por Las Calles

Muchas veces parece que el poeta camina hablando solo por las calles. Pero es que nadie ve ni se imagina la cantidad de gente que camina a su lado, la cantidad de voces que contiene el alma del poeta. Algunas de estas voces me susurran blasfemias, versos envenenados y furiosos. Pero hay otras que me traen a la memoria amores parcialmente olvida dos, el perfume de alcobas prohibidas donde casi me ma tan, o las rondas que cantaba de niño. Y son voces endógenas, de modo que taparse los oídos no soluciona nada. Algunas veces me siento acorralado, les agradezco pero las enfren to, les grito, las maldigo, quisiera vomitar ciertas palabras (no todas, por favor). Recordemos que duermen con nosotros, conocen los secretos más penosos, los sueños con serpientes y el lagarto que acecha en nuestras madrugadas. Voces violentas, voces apacibles, luminosas, oscuras, estúpidas, geniales, homicidas, sencillamente porque la poesía es una hermosa forma de esquizofrenia.

Profecía de los trenes y los almendros muertos (2020)

Vengo Huyendo Del Siglo

Vengo un poco aturdido: me golpeó la sombra de un arcángel que patrullaba el cielo con una sola ala, un ojo so lamente, una única pierna; o sea, casi, casi la mitad de un arcángel. Yo soy de tiempos y climas diferentes y no entiendo cómo puedo estar vivo todavía. Vengo huyendo pero no de la muerte, como podría pensarse; huyendo de la vida es lo que vengo pues no deseo contaminarme ahora, como el viento irreprensible del domingo que al pasar por el pueblo se llena de hojas como cadáveres y de papeles sucios. No quiero ser fruta podrida de los mariposarios, bajar a los infiernos con el Señor Obispo. Vengo enfermo del siglo, enojado del hambre, tal vez un poco triste y furioso de guerras. O sea que vengo con mis esdrújulas muriendo.

Profecía de los trenes y los almendros muertos (2020)

Lo Último Que Nos Faltaba

Para Laureano Albán

Los primeros poemas eran como arrastrarse por las piedras. Nos abrazábamos pero luego, en la casa, nos curábamos secretamente las rodillas sangrantes. Poco a poco aprendimos a evadirnos de las cadenas; ya podíamos gritar malas palabras, pintar barbaridades en las piedras. Leíamos el Cantar de los Cantares y a Neruda pero también a Whitman para ser orgullosos y altaneros. Finalmente aprendimos a callar. Sólo eso nos faltaba y de repente nos encontramos todos levitando.

Profecía de los trenes y los almendros muertos (2020)

Caliente, Por Favor

La tarde en que Dios hizo el café llovía y hacía frío. Lo hizo, para alentar al triste, despertar al dormido, apaciguar la ira del colérico. Por eso es que el café se sirve en los bautismos igual que en los velorios. Siempre nos acompaña en momentos de amor o soledades, con las palabras y la filosofía. Mi propia vida es una larga travesía por el café, trabajando debajo de la lluvia o en un avión (el peor café de todos). Ha estado en una mesa con todos mis hermanos y la gente que amo, amigos, muchísimos amigos y poetas, poetas y poetas. Está asociado al olor de los libros y de los periódicos, que he sostenido siempre con la mano izquierda mientras en la derecha la taza más fragante lee conmigo. El café es la primera noticia en la mañana, cuando mi paladar le dice al cuerpo que es la hora bendita de la vida. Compañero de lunas y soles, primo hermano del pan y de la leche, pregonero del día que comienza tanto para ladrones y asesinos como para predicadores y profetas. Pero tiene sus reglas el café: a mí me gusta fuerte, muy caliente, siempre recién colado porque su aroma se escapa o se lo roban las narices ajenas y un café sin aroma es como una colmena sin abejas. La tarde en que Dios hizo el café sobresale entre todas las tardes; jamás hubo otra igual.

Profecía de los trenes y los almendros muertos (2020)

Black Is Beautiful

¡Apagad esas luces! ¡Atrancad los portones, las puertas, las ventanas! ¡Cerrad, cerrad los ojos con todas vuestras fuerzas! Pero ni aún así sabréis cómo era el negro negro de mi niñez. Con una sola vela se alumbraba mi casa. ¡Lo demás era negro, pero negro! Pasaba el viento negro y las palabras que decíamos eran como de barro: pesaban tanto que nadie las oía sino tiempo después. Sentado en una piedra, mi observatorio, yo me enredaba en mi propia astronomía, miraba las estrellas y callaba. Casi ni los insectos se atrevían a moverse; pocos, muy pocos fosforescían: únicamente los que llevan la luz en la cabeza y van dotados de finos instrumentos. Ahora que en las noches todo brilla y alumbra, jamás, jamás sabréis lo espeso y lo profundo que era el negro en mi infancia.

Profecía de los trenes y los almendros muertos (2020)

Petroglifo

Hermano, hermano mío, te imagino desnudo en esta piedra hace mil años sosteniendo en las manos la obsidiana más dura de este mundo. Querías marcar para la eternidad o sea para nosotros, tus dioses y tus fechas más queridas. Yo comprendo lo que te habrá costado herir la piedra durante tanto tiempo, trazando tenazmente líneas curvas que se buscan y huyen de sí mismas perdiéndose y hallándose. Pero hermano, no entiendo qué quisiste decir con la serpiente. ¿Tal vez te desvelaba el atavismo, cuatro colmillos largos, la muerte y el veneno? ¿O es que acaso soñabas con serpientes como nosotros cuando dormimos solos? Comprendo lo del tigre: yo mismo lo he envidiado por su ferocidad y su belleza (no su piel ya vacía en los abrigos sino sus ojos vivos capaces de leer el pensamiento). Comprendo que los monos también te sorprendieran, irresponsables y libidinosos lo mismo que nosotros. Y el cocodrilo muerto en el río caliente que de repente vive, mandíbulas, espasmo, sangre en el agua limpia. Y luego de nuevo ese animal como una piedra, cataléptico, calentando en el sol sus vísceras heladas. Y la espiral, ¿tiene un significado filosófico o simplemente es que te complacía trazarla y la tribu completa admiraba lo bien que te quedaba? Me parece que entiendo lo del sol, el dibujo infantil como de broma, aunque también podrías sorprenderme escondiendo en un trazo tan sencillo algún significado poderoso. ¡Ay, hermano, vecino, compatriota! ¿Qué querías informarme con todo esto? Veo la piedra enorme, la escucho atentamente acercando la oreja a su contorno frío, a ver si así comprendo. Pero no estás aquí, no puedes enseñarme los códigos secretos de este hermoso zoológico tan viejo. No tenemos una costilla ni una calavera de toda tu familia y perdimos las claves para entender el cielo que veías, la fecha de la siembra o la derrota de tus enemigos. Todo es olvido ahora. Pero yo te prometo que más tarde vendremos centenares de nosotros y entre todos tal vez te entenderemos, pregonero desnudo, profeta de la piedra, compañero en las sílabas sagradas y nunca volveremos a olvidarte.

Profecía de los trenes y los almendros muertos (2020)

Ritual De Nietos

A la hora en que mi madre se levanta la casa huele a nieto todavía. Hay un juguete por allí perdido, una media olvidada en algún lado y un polvillo taimado en los rincones, donde - ella sabe. Ella conoce el olor apropiado de los cuartos, el momento preciso de que empiecen a sonar aluminios invisibles con el olor ritual del desayuno. Mi madre recorre solitarios aposentos donde ha quedado algo del ayer guardado. Ella trae el recado del día nuevo, tiene la llave que abre todas las puertas del bullicio. Sin ella jamás serían las siete en el duro reloj de cada día.

Profecía de los trenes y los almendros muertos (2020)

Primero Es Lo Primero

Alguien se equivocó de número. No atiendas el teléfono. Alguien vocea tu nombre por la calle, pero tú no respondas: ciertamente buscan a otra persona. Aunque llegaran a golpear la puerta de tu casa con un palo, mira que te lo digo: de ninguna manera atiendas a esa puerta si estabas en la hora de la cópula.

Profecía de los trenes y los almendros muertos (2020)

Profecía De Los Trenes Y Los Almendros Muertos

En mis diez años eran las ocho en punto de la noche. Quiero decir que todavía son las ocho en mis recuerdos. Una locomotora negra que no existe, una fabricada de herrumbre enteramente y llevada por ancianos iracundos sin ojos, acelera con todo el corazón sabiendo que la espera la gradiente del cementerio. Y todo el pueblo queda estremecido por la sirena lánguida y profunda que profetiza en el paisaje amado. Los almendros aspiran el humo de los trenes, las palmeras vigilan en lo alto, y solemnes abuelos se quedan silenciosos para escuchar el tren, ese largo fantasma con su mercadería de sombras, el mismo tren de siempre que alumbra desde nunca con su lámpara ciega los rieles que no están y los puentes podridos. Un día amanecimos sin almendros: se aprovecharon de que estábamos dormidos o viendo a las muchachas de setiembre para aserrar los árboles, atribulados árboles fabricantes de nueces. Y ahora ya pusieron el hacha en la misma raíz de las palme ras, lo más real del sueño, la única verdad, lo único que queda. Pero todo esto existe, vive, se repite. Es como cuando a alguien le amputan una pierna gangrenada y veinte años después, o treinta años, alguna noche gélida de luna le duele nuevamente la pierna que no tiene. Llorar por los almendros masacrados no sirve para nada, nadie puede explicarle a los zanates, nadie puede exigirle a los pericos que busquen otro sitio donde poner sus nidos, donde hacer su clamor, su emocionado escándalo que mantiene despiertos a los hijos en sus huevos minúsculos. Ni tampoco a esos pájaros extraños que ni siquiera hablan el idioma, los fatigados pájaros que vienen de tan lejos, pájaros extranjeros pintados de colores distintos, insólitos turistas que cantan otras lenguas pero habían escuchado hablar de todo esto, y aprovechaban para poner aquí sus huevos mági cos. Lo que pasa es que vienen las aves nuevamente y ya no hay lo que había, ya no está lo que estaba, y tendrán que hospedarse en los almendros que no existen, hasta que entiendan y se desvanezcan en la niebla terrible de los tiempos junto con los vagones y maquinistas muertos

Profecía de los trenes y los almendros muertos (2020)

Floreceré

Yo sé que un día, un año, enamorado, floreceré en la noche por sorpresa, y cuando se levanten mis hermanos van a llorar al verme florecido. Llegarán compañeros a buscarme, obreros de anchas manos que conservan por más que se las lave, el olor mineral de la herramienta. Llegarán campesinos agobiados de profunda ternura dejando al caminar una fragancia de naranjas y orquídeas. Y llegarán también los carpinteros, esos que cuando besan a la novia lo hacen como si demolieran edificios. Y cuando más amigos se me acerquen más amor sentiré, hasta que no me quepa ya en la casa y en el barrio ya no quede lugar ni para tanto amor ni para tanta gente.

Profecía de los trenes y los almendros muertos (2020)

Luko Hilje

Un día en la ciudad, con las montañas de Talamanca al fondo 

Luko Hilje

Sector céntrico de la ciudad, cerca del taller donde laboraba Marco 

: Luko Hilje

El parque de Turrialba 

Luko Hilje

Antiguo puente del tren, sobre el río Turrialba 

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