Pocos días después de su fallecimiento, convoqué a un grupo de personas cercanas y a su familia para rendirle un merecido homenaje a Marco Aguilar, el poeta y amigo, en el anfiteatro de la Reserva Bioló gica Espino Blanco, situada en Verbena, distrito de Santa Rosa de Turrialba. Sentí en mi alma la necesi dad de rendirle dicho tributo, porque a Marco real mente siempre le guardé una entrañable admiración y un respeto profundo.
Había leído su obra y me impresionaba su calidad, así como la congruencia y la honestidad del ser hu mano íntegro que él guardaba en su interior. Marco era una persona de una sola pieza, firme y sincero en sus convicciones, que lograba bordar sus reflexiones y sentimientos en el tejido maestro de la palabra.
A Marco lo conocí muchísimos años atrás, cuando su padre don Antonio Aguilar y su madre Chepita te nían asiento en Santa Rosa de Turrialba, junto con sus tíos Max, Luis, Celso y Fernando, todos de gratos recuerdos. Luego, don Antonio y su familia se fueron a vivir al centro de Turrialba, al frente de la plaza pú blica. Igualmente, conocí a todos sus hermanos.
Recuerdo claramente a la familia Aguilar Sanabria y de ella rescato una característica que me llamaba la atención: todos eran muy pausados al hablar, pero muy conversadores e inteligentes. Así también era Marco y así murió.
Muchos fines de semana lo encontraba en la feria del agricultor, donde se nos olvidaba que íbamos a comprar las frutas y las verduras, y nos quedábamos conversando sobre temas tanto nacionales como locales. Era un placer intercambiar informaciones y reflexiones sobre eventos que sucedían en el mundo y en el país.
En otras oportunidades, nuestros encuentros se hicie ron en el restaurante La Feria, un sitio cultural al que concurrían muchos escritores y artistas del cantón. Ahí Marco se lució muchas veces leyendo su poesía, ahí también fue docente de la palabra, ahí ejerció de maestro de numerosos escritores jóvenes y ahí fue amigo de sus amigos. Muchos íbamos a La Fe ria no solo por los famosos y originales tacos de la familia Barahona, sino por encontramos con Marco, y disfrutar de sus conversaciones y anécdotas sobre muchos eventos dibujados en la historia del cantón.
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También tuve el honor de tener a Marco en varias ac tividades realizadas en el anfiteatro de Espino Blan co, donde participó en encuentros con escritores de Turrialba y de otras latitudes. Ahí leyó su poesía, ahí compartió sus historias y sus convicciones. Marco nos deleitó con sus sonetos, y nos hizo disfrutar siem pre de su amistad y compañía.
Espino Blanco es un templo espiritual donde la na turaleza habla con su alma, donde los sonidos de la fauna se confunden con el viento pausado y armo nioso de la vida que respira. Es un espacio mágico y a la vez místico. Es un regazo de paz y de sentimien tos que se esconden detrás de las palabras, razón por la cual existe la Calzada de los Poetas, donde -en ró tulos rústicos confeccionados en madera- se recogen fragmentos de poemas de los escritores turrialbeños.
En ese sitio hay poemas de varios otros autores, pero con énfasis en Jorge Debravo, Laureano Albán y Marco Aguilar, los tres poetas más reconocidos, que pusieron en el mapa nacional e internacional a Turrialba como semillero de orfebres de la palabra. Justamente, Marco estuvo con nosotros el día en que en dicha calzada se develaron algunos poemas de su autoría.
Además, en la calzada hay árboles expresamente de dicados y nominados para recordar y homenajear a esos poetas. Al respecto, un hermoso y corpulento árbol de espino blanco (Macrohosseltia macrote rantha) porta la placa de Debravo y uno de fosforillo (Dendropanax arboreus) la de Albán, fallecidos en 1967 y 2022, respectivamente.

Walter Coto
Calzada de los poetas. En el primer rótulo hay un fragmento del poema El salmo entre la lluvia, de Marco
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Con motivo del fallecimiento de Marco, el 3 de ene ro de 2023, quisimos testimoniarle nuestro recono cimiento imperecedero, mediante la colocación de una placa de madera en un inmenso y hermosísimo árbol de fosforillo, no muy distante de los de sus dos amigos; de hecho, los tres árboles están en un inter valo de unos quince metros. Es decir, dentro de la calzada por donde, a paso lento, él -que tanto ama ba la naturaleza- caminó más de una vez y vivió la experiencia de ver fragmentos de su poesía en me dio de la montaña. Ese conmovedor homenaje lo tributamos la bella tarde del sábado 21 de enero, en presencia de medio centenar de familiares y amigos, después del convivio que hubo en el anfiteatro men cionado.
Marco sigue estando con nosotros, ahora en este nuevo hábitat. Lo seguimos sintiendo en nuestra flo ra, lo vemos erguido regando versos en el bosque y lo recordamos porque ahí está, porque es nuestro amigo y nuestro gran poeta, Marco por siempre, has ta la eternidad.
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Cañaveral, en Atirro. Foto: Luko Hilje.
Piedras expuestas, en el río Turrialba. Foto: Luko Hilje.



















