La Pérdida De Marco
Deploramos la muerte del distinguido poeta Mar co Aguilar. Para la familia y para sus amigos, es una pérdida irreparable. No obstante, si, como costarri censes o, preferiblemente, como turrialbeños, anali zamos su vida y nos acercamos a su obra, sentiremos consuelo al darnos cuenta de que él sigue presente, porque nos ha dejado palabras que escribió pensan do en nosotros.
Gran cantidad de poemas incomparables quedan en publicaciones diversas, y en nuestra biblioteca guardamos unos cinco libros suyos. En ellos está ese valioso mensaje que él fue preparando para nosotros durante más de 60 años de meditación y escritura cuidadosa.
Marco se inicia como poeta en el inolvidable Círcu lo de Poetas de Turrialba, un fenómeno que impactó la poesía nacional en los años 60 del pasado siglo, cuyas réplicas se siguen sintiendo en la actualidad de nuestra literatura. Un grupo de estudiantes de se cundaria, bajo la guía del recordado profesor Omar Salazar Obando, en 1958 reúnen sus inquietudes li terarias, y fundan un taller para compartir y apoyarse.
Recordamos, además de Marco, a Jorge Debravo, Laureano Albán, Carlos Enrique Rivera, Manuel Calderón y Edith Fernández, integrantes de ese grupo de entusiastas que, como escribió el señor Salazar, “rompieron el silencio y sacudieron la lírica nacio nal”. Por otra parte, el poeta Francisco Zúñiga señala que, entre estos pioneros, sobresalieron Debravo y Albán, quienes muy pronto se trasladaron a San José para asociarse a poetas de esa ciudad, y consolidar con ellos el Círculo de Poetas Costarricenses, con lo cual pronto se convirtieron en influyentes autores na cionales. Los otros poetas, como Marco, Rivera, Cal derón y Fernández, no se van a incorporar a aquel círculo josefino y continúan en sus actividades per sonales, sin mostrar mayor actividad literaria en los años inmediatos.
En el caso de Marco puede verse que, después de su segundo libro (1963), se sumerge por 25 años en su vida privada, hasta su tercer libro (1988). Es una época en la cual sigue bien establecido en la ciudad de Turrialba, atesorando sus experiencias, leyendo de diversas disciplinas y, evidentemente, madurando su técnica poética.
Cuando el autor publica su cuarto libro (1996), em pezamos a notar que le gusta rumiar largamente sus observaciones y reflexiones, que no es proclive al ac tivismo literario y que se encuentra muy plácido en su ciudad natal, en cuyos específicos dramas y tipos humanos encuentra su inspiración.
El profesor Isaac Felipe Azofeifa, al prologar dicho li bro, que fue El tránsito del sol, señala:
Marco Aguilar (expresa) un sentimiento que yo diría de ternura hacia las penas de la clase me dia pobre (…). Yo creo que ahora que andamos muchos en busca de la identidad de nuestro ser costarricense, la lectura de esta poesía sirve al lector para saborear en lenguaje lírico rasgos de esa identidad…
Al estudiar la biografía de Marco, leer su poesía y escuchar consideraciones como las que expresa Azofeifa, podemos decir que él, si bien no pierde la perspectiva universal, prefiere ver el mundo a través de la perspectiva regional, la de su patria chica.
La Obra De Marco
Raigambres (1961)
Es un conjunto de 15 poemas, rimados y de medi da definida, entre los cuales se encuentran algunos sonetos, composición que luego practicará con am plitud. El hablante se refiere a su entorno inmediato: territorio, comunidad, familia y costumbres, con un lenguaje de gran sencillez, pero lleno de imágenes. El término raigambres, como conjunto de raíces, es por sí muy significativo.
Cantos para la semana (1963)
Es, como el anterior, un libro breve, en el cual em piezan a sentirse las preocupaciones sociales del poeta: la pobreza, la guerra, la opresión. Las quejas amorosas del hablante (soledad, incomprensión, abandono) se entremezclan en el poema con el do lor por el sufrimiento de las personas. Se sigue usan do el soneto y otras formas estróficas, pero también hay algunos poemas libres. El nombre Cantos para la semana sugiere que son lecturas simples, de fácil interpretación; al respecto, Jorge Debravo (editor) se ñala que se trata de “Poesía sin pretensiones (…) por que la poesía debe ser liviana, fresca, acariciadora”.
Emboscada del tiempo (1988)
Este es el libro más unitario de Marco: un solo tema, una sola forma. Parece el proyecto de una historia natural del ser humano y de su cultura. Está formado de 20 cantos sobre tópicos diversos del desarrollo de la humanidad: su origen biológico, los grandes hi tos de la cultura, su distribución por el globo terrá queo, el desarrollo de la agricultura, el desarrollo de la ciencia, la aparición de la guerra, la evolución de las civilizaciones europeas y asiáticas, el desenvol vimiento de las culturas americanas, la colonia y la independencia hispanoamericanas, el milagro de la aviación, el genocidio, la búsqueda de la paz.
Marco publicó este libro 27 años después del prime ro. Pareciera ser el único que no parte de su vivencia específica en Turrialba, aunque bien sabemos que toda universalidad parte de nuestra concepción de lo que somos. Resulta evidente la amplia cultura del poeta y también la madurez de su técnica: poesía libre con buen ritmo interno y notable capacidad de encontrar imagen para conceptos abstractos. Los úl timos versos del canto final del poema dicen: “Todos juntos lo haremos algún día, / quebraremos unidos / hueso con hueso, arteria con arteria, / a patadas el cántaro del odio!”.
El tránsito del sol (1996)
Está formado por 44 sonetos clásicos (14 versos de once sílabas, dos cuartetos, dos tercetos, acento en 4ª o 6ª sílabas y síntesis del asunto en el último verso). En el prólogo de su única edición, el ya citado profe sor Azofeifa se admira de su técnica y dice: “Marco maneja con talento inspirado la ironía, la gracia y el humor, y empapa sus imágenes en la fina percepción de la luz, la lluvia, el sol, las noches, las nubes, el mar… hasta lograr esa cuidadosa transparencia de sus versos”.
Desde su primer libro, el autor mostraba su afición al soneto y su especial aptitud para expresarse en ese formato. Este libro, por su pulimento y por la consu mada afición del autor a dicha técnica, podría haber se generado a lo largo de muchos años, de manera que recoge múltiples reflexiones sobre sus experien cias en su tierra y entre sus gentes.
Por ejemplo, en el soneto Cantar sin Mario, dedica do al poeta Mario Picado Umaña (1928-1988), dice: “Nadie traiga verano, nadie pena, / nadie queme un soneto en esta arena, / nadie intente ponerse su som brero”. Este reconocimiento de Marco a Picado en relación con su condición de sonetista nos da una pista de las influencias que lo han alimentado. En otras palabras, la tradición del soneto -que acompa ñará a Marco toda su vida- tiene raíces en la poesía modernista, que en aquellos años aún resonaba.
Mi voz nace de piedra y Otra poesía reunida (Com pilación de Erick Gil Salas):
En una breve antología no publicada formalmente y en periódicos nacionales, aparecen unos 20 poemas de Marco, fechados entre 1961 y 2007. La mayoría se publicaron en 1966.
Estos poemas dispersos están en verso libre y reflejan la preocupación social del poeta: la pobreza, la gue rra, la desolación del ser humano, la muerte… En la mayoría de las composiciones, el hablante se mues tra amargado, nostálgico, tal vez desconsolado, pero le queda energía para alentar a los pueblos para que den las luchas necesarias para su reivindicación. Nos dejó dicho: “Pero es que yo he nacido / con una voz que es látigo y caricia, / y que a veces se vuelve solo látigo / desde la media noche de mi pena!”.
Profecía de los trenes y los almendros muertos (2020)
Veinticuatro años después de su anterior libro, Marco nos entrega este otro. Se trata de su publicación más extensa: 99 poemas. Desde poemas breves, casi tele gráficos, hasta poemas de compleja estructura.
Aparece ya totalmente consolidada la poesía libre; ha quedado atrás el soneto que había dominado su obra. Sentimos un hablante que, paseando por la ciudad amada, discurre sabiamente, en forma fluida y conversacional, sobre su experiencia de vida. En su paseo, alude a sus antiguos amores, a las calles, las fiestas, los vecinos, los patios, los árboles, todo lo que se debilita y amenaza con desaparecer, especialmen te el tren, que, ya desaparecido, es una presencia fan tasmal que lo atormenta.
En la nota de contraportada, la artista musical tu rrialbeña Susan Campos Fonseca lo expresa en las siguientes palabras: “La poesía de Marco Aguilar es un testimonio de nuestro desmoronamiento. Este desmoronamiento habita en la profecía del poeta, testigo vivo de pueblos que agonizan, se transmutan y olvidan”.
La Profecía De Marco
Como recién se vio, el último libro de Marco lleva el nombre de Profecía; esto es, de palabra esclarecida e inspirada, que no tiene por qué ser religiosa ni al tisonante.
En realidad, toda la obra del autor -sus poemas ri sueños sobre la ciudad y sus gentes, su clamor por los problemas sociales, su visión histórica del ser hu mano, su reporte de un mundo en decadencia- tiene de profético el ojo escrutador, la devoción del ser hu mano sensible que observa con controlada angustia, que nos advierte de lo que se está perdiendo, de lo que muere en nuestra presencia.
La vida se llevó por sus múltiples senderos a los mu chos poetas que ha tenido Turrialba, y les ha confia do misiones en diversos campos y latitudes, adonde han llevado su mensaje y donde han tenido grandes éxitos. Es decir, no han sido profetas en su tierra.
No obstante, esa misma vida, tan llena de paradojas, dejó aquí, en el cantón, en esta ciudad y en la campi ña que la envuelve, a este pródigo hijo que no quiso marcharse y que, por tanto, no ha tenido que volver. Él lo expresa así: “Tengo un apego brutal con esta tie rra, / sus frutas, su volcán, sus ríos neuróticos / y año ro el paso de los trenes, / amados, torpes, espantosos trenes / que aún cruzan los túneles de mi memoria”.
En este Valle Sagrado, como él lo denominó, vivió Marco toda su pródiga vida, y aquí trabajó siempre en los entrañables oficios de técnico en radioelectró nica y de poeta. En los campos se llenó de sensación de vida y de conciencia social, y en la ciudad de curiosidad y nostalgia. De todo tomó nota y elaboró, en lenguaje simple y económico, reportes delicados y hermosísimos que con frecuencia se guardó por décadas.
La poesía no puede resumirse, porque no está for mada de simples ideas, sino que tiene impresa la pa sión del poeta y su particular forma de expresión. Sin embargo, en breve, podemos explicitar grosso modo algunas de las enseñanzas de su último libro.
1. La vida es un proceso que vamos construyendo día a día. Tomamos una misión, sabiendo que so mos perecederos y que nos estamos consumiendo. No obstante, podremos resucitar por el amor.

Luko Hilje
La tumba de Marco (en primer plano, a la izquierda) con una parte del Valle Sagrado al fondo
2. Una de las formas del amor es la poesía. La poesía la hacemos todos. Es abrir una puerta, un modo de darle una guía a la humanidad. La definimos como una hermosa locura que puede resultar un proceso doloroso para el poeta, pero vale la pena.
3. El mundo es paradójico, hermosamente absurdo. Especialmente por la muerte. Lo más sencillo es lo más hermoso. Inclusive la sombra es bella. Dios nos ama, pero juega con nuestro universo.
4. Somos responsables de la naturaleza y debemos protegerla. No solo destruimos la naturaleza, sino un sistema al cual estamos conectados. No obstan te, constantemente la agredimos. Debemos poner le atención, porque ella nos habla.
5. El tiempo resulta evidente por lo que perdemos. El recuerdo es nuestro medio de oponernos al tiem po. Olvidar es morir.
6. El amor es la solución del mundo. No es solo el amor de pareja, la cópula, sino que debemos reco nocer en la gente su magia. El amor implica la paz en todos los sentidos y la oración.
Colofón
No podemos imaginar qué más pudo habernos di cho Marco Aguilar. Su testimonio quedó no solo en sus libros, sino en su forma límpida e irrepetible de vivir. Nos enseñó que la poesía es una forma de amor que puede derrotar al odio y la guerra. Nos reveló que la naturaleza es nuestro legado y que debemos defenderla cada día. Nos demostró que luchamos contra el tiempo y que la memoria es nuestra única defensa. En su palabra y en su ejemplo quedó escrita y anunciada una profecía de amor














