Introducción
Desde el ámbito de la literatura infantil y juvenil se ha definido el álbum esencialmente por la tensión entre palabra e imagen y por su condición de obra artística unitaria en la que todo es significativo -cubiertas, guardas, formato…- (Bader, 1976; Sipe, 2001; Tabernero Sala, 2005; van der Linden, 2015). Como emblema de lo posmoderno (Tabernero Sala, 2005), el álbum ha adquirido formas experimentales complejas (Sipe y Pantaleo, 2012) entre las que se sitúa el álbum sin palabras.
El concepto de álbum sin palabras no está generalizado, y son varios los términos que se utilizan en español para hacer referencia a este tipo de obras, como “libros silentes”, “libros mudos”, “libros de imágenes” o “libros sin palabras”. En su tesis doctoral, Bosch Andreu (2015) trató de clarificar esta cuestión destacando el carácter narrativo del álbum sin palabras frente a otros libros no narrativos, como los imagiarios o libros juego. Sin embargo, los límites no están claramente delimitados y es frecuente encontrar estudios que utilizan estos términos como sinónimos. En este trabajo se ha optado en principio por la expresión “álbum sin palabras” en tanto se trata de obras que suelen compartir con el álbum posmoderno la subversión de convenciones y tradiciones literarias (Sipe y Pantaleo, 2012). No obstante, en la revisión teórica que se expondrá a continuación también se utiliza la expresión más genérica “libro sin palabras”, puesto que algunos estudios citados incluyen libros que no son álbumes en el sentido aportado por Bosch Andreu (2015).
Desde una concepción posmoderna, según Lewis (2001), el álbum sin palabras surgió hacia 1970 y ha prosperado en la medida en que los autores han descubierto sus posibilidades. Para Nikolajeva y Scott (2006), este tipo de álbumes se alojaría en el extremo de la categoría visual, una narración de imágenes secuenciadas en la que el texto es subyacente (Bosch Andreu, 2015); es decir, una obra sin palabras puede incluir textos -título, textos editoriales, textos insertos en las ilustraciones…- pero su discurso principal se construye “en la articulación imagen-soporte y en el enlace entre imagen e imagen” (van der Linden, 2015, p. 70). El carácter multimodal (Serafini, 2014) del álbum sin palabras brinda a sus autores y autoras fórmulas de expresión ilimitadas, pero también exige a las personas receptoras un papel singularmente activo o de coautoría (Arizpe, 2013; Ducrot, 2014), cuestión por la que ha captado el interés de la investigación educativa.
Desde los años 70, los estudios sobre la recepción de los álbumes sin palabras han coincidido en mostrar su adecuación en contextos educativos y han instado a su integración en los planes de estudio. Los primeros trabajos, localizados básicamente en Estados Unidos (EEUU), se centraron en los beneficios de su lectura para niños y niñas prelectores. Posteriormente, la evolución de las obras derivó en investigaciones sobre su inclusión en cursos más avanzados. Actualmente, las instituciones, áreas, disciplinas y líneas de investigación que exploran el álbum sin palabras son cada vez más extensas y diversas.
Objetivo del análisis
Ante la heterogeneidad de investigaciones vinculadas con el álbum sin palabras, este trabajo tiene como objetivo presentar una revisión bibliográfica holística, que organice y clarifique el actual estado de la cuestión. El análisis de la pluralidad de los resultados conllevará una concepción transversal del álbum sin palabras como recurso educativo. Se comparte aquí la revisión realizada por Velásquez Sarria (2009) del término “transversalidad”: se entiende como un enfoque permeable que atraviesa el currículo desde diferentes perspectivas -objetivos, contenidos, disciplinas, competencias o valores- y tiene la capacidad de engarzar o enhebrar estos componentes en favor de una educación integral.
En cuanto al desarrollo del estado de la cuestión, se ha optado por un criterio cronológico y se diferencian dos etapas. En la primera etapa, se expondrá una síntesis de los resultados obtenidos por la investigación educativa hasta finales del siglo XX. En la segunda etapa, se plantearán las principales líneas de investigación desarrolladas en el siglo XXI y se organizarán y analizarán estudios representativos con atención a trabajos actuales.
Resultados. Estado de la cuestión
La investigación educativa en las décadas 70, 80 y 90
Las primeras investigaciones que utilizaron los álbumes sin palabras con objetivos educativos se presentan asociadas a su auge editorial a partir de los años 60 y 70. La guía de libros ilustrados sin palabras o casi sin palabras publicada por Richey y Puckett (1992) confirma este crecimiento editorial (ver Figura 1).

Nota: Elaboración propia a partir de los datos obtenidos en Richey y Puckett (1992
Figura 1: Libros ilustrados sin palabras o casi sin palabras publicados en inglés entre 1960 y 1990
Durante los años 70, 80 y 90 surgieron estudios que utilizaron álbumes sin palabras con el propósito de indagar sobre sus beneficios para los lectores y lectoras infantiles. Como se muestra en la Figura 2, estos trabajos aparecieron fundamentalmente en EEUU donde estos libros contaban con gran éxito editorial.

Nota: Elaboración propia con datos obtenidos en SCOPUS (Elsevier, 2020), consulta 20/08/2020
Figura 2: Bibliografía académica entre 1970 y 1999
La tesis de Jett-Simpson (1976) es un ejemplo significativo de estos comienzos. La autora utilizó el libro Frog Goes to Dinner de Mercer Mayer para estimular respuestas orales en alumnado de Educación Infantil y Primaria. El objetivo era analizar las inferencias formuladas a partir de la interpretación de imágenes narrativas; es decir, interesaba conocer la destreza de este alumnado para pensar o imaginar más allá de los hechos concretos expresados en las imágenes. Durante los siguientes años, los objetivos de la investigación se centraron fundamentalmente en la educación lingüística y literaria. Los trabajos de Dowhower (1997), Jalongo et al. (2002) y Lindauer (1988) revisaron la bibliografía de estas décadas en tres momentos clave y presentaron sus avances.
En primer lugar, Lindauer (1988) señaló los beneficios de la lectura de álbumes sin palabras para la niñez preescolar. La autora advertía que, aunque se trataba de libros escasamente conocidos o utilizados por el personal docente, sus características y las investigaciones efectuadas hasta el momento indicaban su capacidad para iniciar el gusto por la literatura y desarrollar habilidades de prelectura, como la observación, el pensamiento narrativo y secuencial, la estimulación de inferencias y las habilidades específicas de la alfabetización visual (Soto-Grant, 2018).
Casi una década después, el trabajo de Dowhower (1997) incidía en el álbum sin palabras como un género consolidado, puesto que se habían publicado cerca de 1.000 títulos en inglés desde los años 60. Su análisis mostraba una evolución hacia la diversidad de formatos, el tratamiento de los temas y el grado de complejidad visual del álbum posmoderno, de modo que muchos de estos libros ya no tenían como público lector implícito a la primera infancia, sino que parecían más adecuados para jóvenes y personas adultas. Dowhower (1997) revisó además los resultados de las investigaciones descriptivas, de intervención y evaluación realizadas desde los años 70 en las que se alentaba a docentes y bibliotecarios a utilizarlos, es decir, se había observado que eran una herramienta productiva, aunque infravalorada en el entorno educativo. Los resultados de estas investigaciones destacaban su condición de recurso integrador que posibilita la consecución de objetivos propios de la didáctica de la lengua y la literatura. Así, se presentaron datos que parecían demostrar el potencial de los libros sin palabras para desarrollar habilidades orales y la adquisición de vocabulario, favorecer estrategias de comprensión lectora -como la predicción, la inferencia o la extracción de conclusiones-, activar el pensamiento narrativo, estimular la escritura y la dramatización, promover la alfabetización visual, evaluar competencias lingüísticas y motivar hacia la lectura y el aprendizaje. No obstante, Dowhower (1997) cuestiona algunos resultados al considerarlos poco concluyentes y finaliza su estudio preguntándose si realmente puede asegurarse que estos libros fomenten el lenguaje oral y si es posible la transferencia de las habilidades de comprensión de un libro de imágenes a la lectura de un texto escrito.
En tercer lugar, el estudio de Jalongo et al. (2002) confía en las investigaciones de campo, y considera los libros sin palabras como un medio excelente para desarrollar la alfabetización temprana. Sin embargo, este trabajo vuelve a hacerse eco del desconocimiento docente y de las dificultades para implementar en las aulas el álbum sin palabras. En consecuencia, su propuesta incluye criterios de selección, pautas didácticas y modelos para facilitar la comunicación con las familias, al entender que estos libros pueden ayudar a establecer vínculos con aquellas familias que tienen un dominio limitado del inglés. Además, el estudio también propone su adecuación en la atención a necesidades educativas especiales, en la enseñanza del inglés y en la integración curricular de diferentes disciplinas, líneas de investigación que se desarrollarán en los próximos años y que ya descubren la percepción del álbum sin palabras como recurso educativo transversal.
Principales líneas de investigación
En el siglo XXI, la publicación de álbumes sin palabras es creciente. Así se constata en la guía internacional de Martin (2015), en la que selecciona, comenta y clasifica 500 obras -libros ilustrados y novelas gráficas sin palabras- de autores de una veintena de países; otro ejemplo es la tesis de Bosch Andreu (2015): un estudio riguroso sobre el álbum sin palabras en el que cita más de 750 títulos también de diferentes procedencias. En paralelo a este desarrollo editorial, se potencian las investigaciones que utilizan álbumes y libros sin palabras (ver Figura 3).
Estos estudios siguen surgiendo en su mayoría en EEUU, aunque comienzan a emerger en otros países o por colaboración entre países (Figura 4).

Nota: Elaboración propia con datos obtenidos en SCOPUS (Elsevier, 2020), consulta 20/08/2020
Figura 4: Bibliografía académica por países entre 2000 y 2020
En cuanto a las líneas de investigación de esta etapa, la bibliografía académica se expande hacia una diversidad de temas e intereses. Según la modalidad del trabajo, pueden agruparse en tres bloques: estudios de carácter teórico, investigaciones de intervención educativa y estudios psicológicos y clínicos (ver Tabla 1).
Aunque en este trabajo interesan principalmente los estudios de intervención educativa, se comentan brevemente los de carácter teórico y los psicológicos y clínicos, con el propósito de aportar una mirada global de la investigación actual y observar el carácter transversal que ha adquirido el álbum sin palabras.
Estudios de carácter teórico
En su mayoría, los estudios teóricos se fundamentan en el análisis literario y visual de los álbumes sin palabras. Su interés educativo reside esencialmente en que sus aportaciones contribuyen a la formación del personal docente y mediador de lectura. Puesto que las investigaciones apuntan a que se trata de libros poco conocidos en el ámbito educativo y que, por tanto, pueden generar desconfianza, estos trabajos posibilitan el conocimiento de los álbumes sin palabras, la comprensión de sus claves de construcción, la formación de criterios de selección y su interpretación.
En este sentido, son destacables los monográficos de Lartitegui (2014) y van der Linden (2008), los ensayos de Beckett (2012), Terrusi (2017), las tesis doctorales de Bosch Andreu (2015) y Pozzobon Spengler (2017), los análisis integrados en ensayos, como los de Bajour (2016), Nikolajeva y Scott (2006) o Serafini (2014), y artículos, como el de Gonçalves-Pereira de Araujo (2018) o el de Costa y Ramos (2021). Estos trabajos profundizan en las características del álbum sin palabras desde el análisis de un variado corpus de obras; asimismo, plantean temas de interés como el cuestionamiento de la tradicional vinculación de estos libros con la primera infancia y la necesidad de superar esta idea a tenor de la evolución y complejidad de las obras. Se trata de estudios consolidados que se han convertido en un referente para la definición y comprensión del género.
En esta línea de investigación también se hallan publicaciones dedicadas al análisis de un libro o de una selección delimitada de obras de valor artístico, temático o conceptual, trabajos que suelen aludir a la experiencia de lectura que proyectan los álbumes y a su lector y lectora implícitos. Entre ellos se encuentran los estudios de Bosch y Durán (2009), Ducrot (2014), Mociño-González (2018), Nières-Chevrel (2010), Postema (2014), Ramos y Ramos (2011), Ramos y Rodrigues (2018), Sánchez Marcos (2010), Tabernero (2019) y los análisis críticos, desde una perspectiva ideológica, de Colón Castillo (2021), Duckels y Jaques (2019), Pesonen (2020) y Pozzobon Spengler y Dias-Debus (2019).
Estudios psicológicos y clínicos
En este bloque se agrupan estudios que abarcan varias líneas de investigación sobre pensamiento y lenguaje, desarrollo cognitivo, desarrollo emocional y patologías que afectan a estas cuestiones, como el trastorno del espectro autista (Coderre, 2020), el síndrome de Down (Channell, 2020), las afasias (Kim et al., 2019), las disfemias (Choi et al., 2020), la discapacidad auditiva (Boonen et al., 2020) o el déficit de atención (Zenaro et al., 2019). Los resultados de estos estudios tienen trascendencia educativa puesto que sus líneas de investigación están ligadas con la psicología educativa, la educación especial, la educación inclusiva y las especialidades de pedagogía terapéutica y audición y lenguaje.
En estas investigaciones se suelen emplear uno o varios álbumes sin palabras para inducir respuestas determinadas en la población participante en función de los objetivos de cada estudio. Los libros sin palabras se utilizan, entonces, como herramientas que motivan producciones orales o escritas de los sujetos; por tanto, interesan por su facultad para provocar situaciones comunicativas, a menudo en contextos familiares (Chan et al., 2020). Se espera que estas situaciones generen datos susceptibles de ser analizados y aporten resultados relevantes para el objeto de estudio. Según los datos que figuran en Scopus (Elsevier, 2020), esta modalidad de trabajo resulta actualmente muy productiva (ver Figura 5).
Investigaciones de intervención educativa
Entre las investigaciones de carácter empírico e intervención educativa se encuentran las que indagan sobre la recepción de los álbumes sin palabras y sus beneficios para los lectores y lectoras infantiles (Arizpe et al., 2015; Colón y Tabernero-Sala, 2018; Crawford y Hade, 2000; Domiciano, 2008; Iordanaki, 2017; Lysaker, 2019; Mourão, 2015; Pantaleo, 2007; Silva-Díaz y Bellorín, 2010). Suelen ser investigaciones de enfoque cualitativo y etnográfico en las que interesa la construcción de sentido que realizan las personas participantes y su experiencia de lectura, por lo que se recogen y analizan sus respuestas ante el álbum sin palabras. Los ejemplos que se exponen a continuación han sido seleccionados por ser un referente en estudios posteriores o bien por tratarse de estudios más recientes que aportan nuevas formas de intervención y resultados.
Uno de los estudios más referenciados es el de Crawford y Hade (2000). La investigación se realizó con dos niños de cuatro y cinco años y una niña de ocho años en dos sesiones individuales en su hogar. Los niños y la niña ojeaban una selección de libros, elegían uno y lo leían y comentaban en voz alta. Los resultados señalan que los individuos participantes se involucran activamente y utilizan sus experiencias previas sobre la literatura y el mundo para dotar de sentido a las narrativas visuales. Crawford y Hade (2000) consideran además que con sus hallazgos desafían la creencia de que los libros sin texto son más sencillos y de que su público lector implícito son las niñas y niños pequeños, puesto que sus participantes pusieron en evidencia la complejidad de los álbumes.
La investigación de Pantaleo (2007) se llevó a cabo en una escuela de Canadá con 32 niños y 26 niñas de quinto curso de primaria. Las personas participantes escribieron predicciones tras contemplar las cubiertas de dos álbumes seleccionados. Durante y después de la lectura individual, escribieron también respuestas personales sobre lo que pensaban, se preguntaban, cuestionaban o imaginaban. El análisis de las respuestas evidencia el nivel de conciencia que la muestra de participantes poseía de la complejidad de los álbumes seleccionados, de sus características artísticas y de los elementos de construcción utilizados por el autor.
La tesis de Iordanaki (2017) se desarrolló con alumnado de sexto curso en Inglaterra y Grecia con el objetivo de comparar resultados y valorar posibles variables derivadas de las diferencias culturales. Se realizaron sesiones con grupos de cuatro alumnos y se leyeron cuatro obras. Los niños y niñas comentaban libremente los libros y después respondían a algunas preguntas para asegurar la comprensión de sus ideas. La tesis desvela que el proceso de construcción de sentido de álbumes sin palabras contiene cuatro componentes básicos: decodificación visual, refuerzo o desafío de expectativas narrativas y culturales, expresión de las emociones y repercusión del contexto sociocultural y de las relaciones intergrupales.
La investigación de Colón y Tabernero-Sala (2018) se realizó en una biblioteca rural en España. En el estudio participaron 24 niñas y 17 niños de tres a once años durante un curso escolar en el que leyeron unos 25 álbumes sin palabras. En pequeños grupos, los niños y niñas leían, interpretaban y conversaban sobre los libros. Los resultados revelan que cada participante utilizó estrategias y habilidades en la construcción de sentido similares a las que se necesitan para la comprensión de un texto escrito. Los álbumes sin palabras favorecieron además la lectura oral y compartida, la búsqueda de sentido conjunto y el contraste de hipótesis e interpretaciones, lo que conllevó la construcción de una comunidad lectora inclusiva, puesto que los álbumes facilitaban la participación con independencia de la edad, origen o nivel educativo. Asimismo, las actitudes de las personas adultas hacia los álbumes sin palabras, los hábitos de lectura de niños y niñas, las relaciones sociales dentro de los grupos y el uso de la biblioteca se vieron reforzados.
En suma, la diversidad de líneas de investigación educativas refleja la transversalidad del álbum sin palabras. Por ejemplo, Gamba (2006) dirige su estudio hacia la adquisición del lenguaje escrito desde una perspectiva socioconstructivista; Ortega Alcántara (2007) centra su trabajo en el análisis de las referencias anafóricas utilizadas por niños y niñas en edad escolar cuando construyen una narración oral; Mantei y Kervin (2015) inciden en la importancia de la conversación y de la mediación adulta para desarrollar lecturas críticas y superar las interpretaciones superficiales a las que se puede prestar una lectura individual de una narración en imágenes; la intervención de Chaparro-Moreno et al. (2017) en Colombia y la de Mulatsih et al. (2018) en Indonesia analizan las producciones orales de los docentes y las docentes cuando relatan una historia sin palabras y observan su efecto en el alumnado; la investigación de Flint y Adams (2018) manifiesta la vinculación entre los libros sin palabras, la dramatización y el juego; Fitriana y Windiarti (2018) indagan sobre la mejora de la inteligencia emocional cuando se utilizan álbumes sin palabras; Lysaker (2019) explora su potencial en la alfabetización temprana del alumnado de preescolar; el trabajo de Arias-Ferrer et al. (2019) y el de Wooten et al. (2019) adoptan una perspectiva interdisciplinar al relacionar los libros sin palabras con la materia de Historia. Finalmente, el estudio comparativo de Grolig et al. (2020) examina si la lectura dialógica de álbumes sin palabras es eficaz en la promoción de inferencias, la comprensión narrativa y la adquisición de vocabulario.
Desde la investigación sobre la enseñanza de segundas lenguas en contextos bilingües también se han utilizado los álbumes sin palabras como instrumento didáctico (Hu et al., 2018; Schick, 2015). Entre estos estudios se encuentran los que valoran su eficacia para la enseñanza de lenguas (Louie y Sierschynski, 2015) y aquellos que los utilizan como un medio para obtener datos (Halpin y Melzi, 2021). La revisión de estudios empíricos realizada por Arizpe y Ryan (2018) concluye que los álbumes sin palabras son valiosos en el aprendizaje de idiomas porque permiten desarrollar estrategias metacognitivas y un pensamiento metalingüístico. Las autoras sugieren además la necesidad de investigar la vinculación del álbum sin palabras con la adquisición del lenguaje y el aprendizaje intercultural. De hecho, la perspectiva intercultural (Garita Pulido, 2014) se ha adoptado en estudios de adquisición lingüística y en otras líneas de investigación sobre el álbum sin palabras, y constituye otro ejemplo de su transversalidad de especial repercusión en la última década.
La transversalidad del álbum sin palabras: El enfoque intercultural
Entre los estudios socioeducativos, resaltan dos iniciativas internacionales que han acentuado el conocimiento y difusión de los álbumes sin palabras. Se trata del proyecto Visual Journeys - Understanding immigrant children’s responses to the visual image in contemporary picturebooks y de la biblioteca IBBY (International Board on Books for Young People) de Lampedusa.
El proyecto Visual Journeys (2008-2011), dirigido por Evelyn Arizpe (Arizpe et al., 2015), fue desarrollado en contextos multilingües de Escocia, Arizona, España (Colomer y Fittipaldi, 2012; Silva-Díaz y Bellorín, 2010) e Italia (Grilli y Terrusi, 2014). La investigación pretendía inspeccionar las respuestas de alumnos y alumnas migrantes y comprender cómo construyen sentido ante imágenes narrativas y cómo su interpretación les ayuda a reflexionar sobre sus propias experiencias. Se eligieron álbumes sin palabras debido a que la ausencia de texto parecía eliminar dificultades de comunicación. El corpus lo conformaron Emigrantes de Shaun Tan y Flotante de David Wiesner, obras seleccionadas por su valor estético y por invitar a la narración sobre temas complejos relacionados con los viajes y la inmigración. En esencia, los resultados declaran que la lectura de álbumes sin palabras proporciona un espacio seguro, acogedor e inclusivo, en el que niños y niñas de diferentes procedencias y niveles educativos otorgan significados a la secuencia visual narrativa y la vinculan con la interpretación de su propia realidad.
La segunda iniciativa fue promovida en 2012 por IBBY Italia con la creación de una biblioteca en Lampedusa para niñas y niños refugiados y locales (Zizioli, 2017). La biblioteca se dotó de una selección de álbumes sin palabras por considerarlos un género transversal que supera las barreras lingüísticas. Actualmente, el proyecto ha ampliado sus objetivos y realiza las siguientes acciones (IBBY Italia, 2020):
Recopilación de un fondo de álbumes sin palabras disponible para investigadores, colección que ya ha impulsado estudios sobre su recepción.
Creación de listas de honor por un jurado internacional a partir de la selección de las mejores publicaciones sin palabras.
Realización de cursos de formación sobre el uso de los álbumes sin palabras.
Difusión del proyecto y de los álbumes sin palabras mediante exposiciones itinerantes por todo el mundo para concienciar sobre las consecuencias de las guerras y la situación de las personas refugiadas (McGillicuddy, 2018).
En resumen, ambos proyectos han contribuido a despertar la atención editorial, académica y pedagógica hacia los álbumes sin palabras y han coincidido en aportar una perspectiva intercultural a su didáctica.
Esta perspectiva permanece en otras investigaciones. Por ejemplo, los resultados de Louie y Sierschynski (2015) y Schick (2015) indican la idoneidad de los álbumes sin palabras para la enseñanza del inglés a estudiantes de origen migrante o de contextos bilingües. El aprendizaje se produce en situaciones en las que el personal docente ofrece a su alumnado la ocasión de implicarse y tomar la palabra a través de la lectura e interpretación de estos libros.
Los estudios de Zadra (2017) en Italia y de Haese et al. (2018) en Sudáfrica investigan la lectura de álbumes sin palabras en familias migrantes o que hablan lenguas locales frente a la lengua oficial de la escuela. Sus resultados evidencian que la lectura compartida en familia fomenta las relaciones afectivas y su implicación en la escuela. Los padres y las madres participantes valoraron el carácter no prescriptivo de estas obras y la oportunidad de emplear sus lenguas maternas para realizar actividades vinculadas con la lectura, de manera que mejoró su autoestima y la capacidad de intervención en el aprendizaje de sus hijos e hijas. Haese et al. (2018) concluyen así que estos libros favorecen una cultura de lectura en el hogar entre aquellas familias que no tenían hábitos de lectura previos.
En los estudios de carácter teórico se aprecia también un interés por examinar la imagen que se vierte de la multiculturalidad en los álbumes sin palabras. Así, Pozzobon Splenger y Dias Debus (2019) estudiaron la figura de los personajes negros en los libros sin palabras que el Programa Nacional de Bibliotecas Escolares de Brasil había difundido en escuelas infantiles entre 2008 y 2014. Los resultados llevan a las autoras a la reflexión sobre estos libros como un género ficcional pertinente para presentar al alumnado un mundo real, pero también un mundo por reinventarse; y desde aquí su posible contribución a prácticas antirracistas en el ámbito educativo. Por su parte, Duckels y Jaques (2019) y Pesonen (2020) analizan la representación que transmiten los álbumes sin palabras de las personas refugiadas. Duckels y Jaques (2019) seleccionan un corpus de obras en el que detectan dos categorías contrapuestas: una visión simplificada constantemente trágica de sujetos inseguros frente a discursos más complejos e identitarios. Pesonen (2020) parte de un planteamiento formativo de la literatura y se pregunta sobre las posibilidades pedagógicas que proporcionan los álbumes sin palabras a la hora de relatar las experiencias de las personas refugiadas. La autora considera que la ausencia de texto otorga libertad al lector y a la lectora para reflexionar y generar distintos puntos de vista, aunque también, en su interpretación, esa misma ausencia puede distorsionar las ilustraciones y fortalecer los estereotipos comunes, ya que incluso las obras que tratan de trasladar una mirada positiva no quedan exentas de los discursos circundantes. En definitiva, tal y como se desprende de los resultados de estos estudios, cuando se trata de álbumes sin palabras, el papel del personal docente resulta fundamental y necesario para alentar una lectura crítica en las aulas.
Discusión y conclusiones
Según Beckett (2012), la mayoría de los libros sin palabras publicados antes de 1970 partía de una intención instructiva y su lector o lectora implícito eran los niños y niñas prelectores. De igual forma, la asociación entre carencia de texto y alfabetización temprana ha estado siempre presente en la investigación educativa (Gamba, 2006; Lindauer, 1988; Lysaker, 2019). Sin embargo, las características artísticas del álbum posmoderno, su auge editorial, el compromiso que exige a sus lectores y lectoras y su capacidad para activar la construcción de sentido y superar limitaciones lingüísticas han favorecido nuevas líneas de investigación que se han ampliado notablemente en la última década.
La revisión bibliográfica actual muestra así una aproximación interdisciplinar desde diferentes áreas, como las artes visuales, la literatura, la didáctica de la primera lengua, la adquisición de segundas lenguas, la pedagogía terapéutica o la psicología educativa.
En primer lugar, los estudios de carácter teórico han contribuido a fundamentar un marco conceptual consolidado, aunque la variabilidad del género requiere su permanente actualización. Se advierte así que los elementos de análisis de los álbumes sin palabras se desplazan desde una reivindicación de la naturaleza visual del álbum sin palabras (Bosch Andreu, 2015; Lartitegui, 2014) a la puesta en relieve de la experiencia de lectura y de su carácter literario (Bajour, 2016; Ducrot, 2014; Costa y Ramos, 2021). Por tanto, se estiman necesarias unas claves que entiendan el álbum sin palabras como una obra artística multimodal (Serafini, 2014) y unitaria, cuya intención comunicativa provoca una experiencia de recepción particular. En cuanto a su evolución, se observa que la actual apuesta editorial por obras de no ficción (Tabernero Sala, 2022) o libros de conocimiento también ha propiciado recientes publicaciones sin palabras de especial interés educativo, una línea de investigación apenas explorada (Colón Castillo, 2021) que merece atención.
Por su parte, los estudios psicológicos y clínicos utilizan generalmente los álbumes sin palabras como un medio para estimular situaciones comunicativas que proporcionen datos de interés para su objeto de estudio. Sus resultados hacen prever las posibilidades del álbum sin palabras para desarrollar procesos cognitivos y emocionales, así como para atender necesidades educativas especiales. Sin embargo, tal y como advierte Arizpe (2013), la excesiva especialización e instrumentalización en el enfoque de algunos estudios parece reducir el álbum sin palabras a un recurso simplificado y fragmentado, carente de valor artístico, que pierde su entidad de obra unitaria compleja. De este modo, se resta importancia a los procesos de construcción de significado. Además, si este planteamiento se trasladase a las aulas, despojaría al álbum sin palabras de su esencia artística y privaría al alumnado de la experiencia estética (Gonçalves Pereira de Araujo, 2018). Por tanto, dado que en este tipo de estudios no se suelen apreciar las características de las obras ni su incidencia en los resultados, se valora la necesidad de realizar estudios empíricos que tengan en cuenta la experiencia de recepción de las obras desde los significados que el lector y la lectora le atribuyen a la singularidad artística de cada álbum.
En lo que respecta a las investigaciones educativas, en este caso sí que destacan los estudios sobre la experiencia receptiva (Iordanaki, 2017; Mourao, 2015; Pantaleo, 2007; Silva-Díaz y Bellorín, 2010). Los niños y las niñas se apropian del libro y asumen el protagonismo durante el proceso de construcción de sentido (Colón y Tabernero-Sala, 2018). Las estrategias empleadas pueden ser coincidentes entre diferentes estudios, aunque la experiencia sea variable en función del corpus seleccionado; es decir, el álbum sin palabras se concibe como un objeto artístico de interés por sus características intrínsecas y por la singular experiencia estética que propone.
No obstante, mientras los estudios de carácter teórico insisten en la evolución y complejidad de las obras y tratan de desligar la tradicional asociación entre libros sin palabras y un sujeto implícito prelector (Arizpe y Ryan, 2018; Beckett, 2012; van der Linden, 2008), puede observarse cómo esta asociación sigue estando presente en la investigación de intervención educativa, de manera que una buena parte de los trabajos revisados se focaliza en las primeras edades y son escasos los trabajos con edades avanzadas. La relación entre narrativa visual sin texto y alfabetización temprana se encuentra, por tanto, arraigada; de hecho, en ocasiones puede sorprender la selección de las obras que en estos estudios se propone al alumnado preescolar, en contraste con el perfil de las personas a las que parecen dirigirse y el intertexto lector que exigen. En este sentido, se infieren ciertos desajustes entre los resultados de los análisis teóricos que inciden en la complejidad de estos álbumes y los diseños de algunas investigaciones de intervención educativa de los que se deprende una concepción más sencilla del discurso visual.
Desde la consideración de la imagen como un recurso que traspasa las barreras lingüísticas, la investigación educativa también ha profundizado sobre diversos aspectos vinculados con la adquisición de segundas lenguas, la enseñanza en contextos bilingües y la educación intercultural, eje transversal curricular. La perspectiva intercultural ha sido adoptada por buena parte de las publicaciones de la última década. Desde este enfoque, el álbum sin palabras se percibe como un objeto artístico que trasciende limitaciones, permite dar voz a niños y niñas de colectivos minoritarios y facilita su acogida cuando el personal docente conoce sus posibilidades.
En síntesis, el análisis bibliográfico pone de manifiesto la versatilidad del álbum sin palabras y su potencial transversalidad; es decir, tanto los estudios que asumen una concepción unitaria del álbum sin palabras como los que se centran en alguno de los aspectos de su recepción permiten vislumbrarlo como un recurso educativo oportuno en favor de la transversalidad curricular expuesta por Velásquez Sarria (2009). El actual estado de la cuestión presenta el álbum sin palabras como un recurso educativo adecuado para integrar contenidos curriculares propios de la didáctica de la lengua y la literatura y entrelazar contenidos de varias disciplinas, favorecer habilidades y competencias transversales comunicativas, cognitivas, emocionales y sociales, atender necesidades educativas especiales desde una perspectiva inclusiva o desarrollar ejes transversales como la educación intercultural.
Tal y como muestra la variedad de objetivos y propósitos de las investigaciones comentadas en el estado de la cuestión, se advierte que las posibilidades educativas del álbum sin palabras son múltiples. Parece así que la carencia de texto amplifica la polisemia e invita a hacer del álbum sin palabras lo que las personas adultas que median en su lectura interpretan que es un álbum sin palabras; y en esta interpretación se encuentran prácticas educativas que merecen especial consideración, como se muestra en la exposición de los resultados.
Sin embargo, mientras la investigación considera el álbum sin palabras como un “objeto útil” (Arizpe, 2013), no son libros que se suelan utilizar en la práctica en cursos avanzados porque se mantiene la creencia de que se dirigen a la primera infancia (Arizpe y Ryan, 2018; van der Linden, 2008). El álbum sin palabras parece suscitar reticencias en el personal docente por la carencia de texto y su falta de confianza en la utilidad de estas obras en la enseñanza de la lectoescritura o en la educación literaria, de tal manera que en los contextos educativos pueden ser libros poco accesibles para las personas lectoras en formación. En este sentido, se considera de interés indagar en las creencias y actitudes de los mediadores y mediadoras frente al álbum sin palabras y en sus concepciones sobre el discurso visual. Actualmente los estudios sobre el tema son muy escasos (Skubic y Podobnik, 2018); se requieren más trabajos que permitan comprender y profundizar en esta cuestión. Tal y como se deduce de varios estudios expuestos, debe tenerse en cuenta que el profesorado no solo constituye una pieza clave en la transferencia entre investigación y praxis, sino que, además, sus criterios de selección y sus estrategias de mediación condicionan el acceso a estas obras y cómo las acogen los lectores y lectoras infantiles.
Financiación
Este trabajo es un resultado del proyecto «Bibliotecas y comunidades de lectura como eje de desarrollo de espacios rurales inteligentes (Smart Villages). Análisis y evaluación de un modelo experimental». Ref. S61_20R. Dentro del programa de subvenciones para financiar la actividad investigadora de los grupos de investigación reconocidos por el Gobierno de Aragón (España) en la convocatoria 2020-2022.