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</front><body><![CDATA[ <center><b><font face="Arial">Ap&eacute;ndice, apendicitis, apendicectom&iacute;a</font></b></center>        <center>&nbsp;</center>  <font face="Arial"><font size="-1"></font></font>       <div align="Justify">     <p><font face="Arial"><font size="-1">El ap&eacute;ndice vermiforme del ser  humano es un peque&ntilde;o elemento cuya inflamaci&oacute;n lo coloca en la lista de &oacute;rganos que los cirujanos tenemos que aprender a extirpar en nuestro ascenso hacia la especializaci&oacute;n. Al empezar el internado o la residencia uno sue&ntilde;a con diagnosticar y con o&iacute;r del residente mayor "&#8230;h&aacute;gase esta ap&eacute;ndice".</font></font>  </p> </div>     <div align="Justify">     <p><font face="Arial"><font size="-1">Pero tambi&eacute;n hemos o&iacute;do  que el ap&eacute;ndice vermiforme es un &oacute;rgano que se encuentra en involuci&oacute;n, lo que implicar&iacute;a que eventualmente las futuras  generaciones de seres humanos ya no lo tendr&iacute;an.</font></font>  </p> </div>     <div align="Justify">     <p><font face="Arial"><font size="-1">Sin embargo, en realidad las cosas no son tan claras. Los seres invertebrados no tienen ap&eacute;ndice, tampoco  muchos vertebrados como los peces, los reptiles y los p&aacute;jaros y uno podr&iacute;a pensar que ello se deba a que sus dietas son muy diferentes  a la nuestra. Si vemos en los mam&iacute;feros, que dicho sea de paso aparecieron  hace 200 millones de a&ntilde;os, los perros, los gatos, los caballos y los rumiantes tampoco la tienen, como si evolutivamente ya fuesen entonces seres mas avanzados que nosotros <sup><a href="#1">1</a> </sup>. Pero finalmente otros mam&iacute;feros dentro de sus propias especies, pueden tenerla o no, tales como los marsupiales o los roedores.</font></font>   </p> </div>     <div align="Justify">     <p><font face="Arial"><font size="-1">El concepto de la "involuci&oacute;n  del ap&eacute;ndice" es basado en propuestas evolucionistas del mismo Darwin,  quien lo consider&oacute; como un &oacute;rgano rudimentario o como un vestigio de &oacute;rgano, ya que seres herb&iacute;voros de otras especies poseen un ciego distal y un ap&eacute;ndice m&aacute;s desarrollado que el nuestro y cuya funci&oacute;n, el pens&oacute;, era similar <sup><a href="#2">2</a> </sup>. El ciego provee m&aacute;s espacio y bacterias para la digesti&oacute;n  de los vegetales.</font></font>  </p> </div>     ]]></body>
<body><![CDATA[<div align="Justify">     <p><font face="Arial"><font size="-1">Es dif&iacute;cil determinar si hubo  o no ap&eacute;ndice y que funci&oacute;n cumpl&iacute;a en nuestros antecesores  ya que en los restos disponibles no es posible encontrar sus rastros, por  haber sido todo digerido por la acci&oacute;n bacteriana y si la hubieran  tenido, en realidad, no se aclarar&iacute;a mucho porque mil o mas a&ntilde;os  son per&iacute;odos cortos en t&eacute;rminos paleontol&oacute;gicos.</font></font>   </p> </div>     <div align="Justify">     <p><font face="Arial"><font size="-1">Todo lo anterior, en realidad, cuestiona  la propuesta de la "involuci&oacute;n" y hoy, autores muy serios creen que el ap&eacute;ndice constituye m&aacute;s bien una porci&oacute;n altamente  especializada del tracto gastrointestinal, formando parte de los llamados  &oacute;rganos GALT (gut associated lymphoid tissue) <sup><a href="#1">1</a> ,<a href="#3">3</a> ,<a href="#4">4</a> </sup>. Los linfocitos empiezan a poblar el ap&eacute;ndice de la 10&ordf; a la 20&ordf; semana de vida fetal y luego durante las primeras semanas de vida se agrupan en fol&iacute;culos linfoides, hecho que coincide con la colonizaci&oacute;n del ciego por las bacterias <sup><a href="#1">1</a> </sup>. Los fol&iacute;culos contin&uacute;an aumentando en n&uacute;mero y de los 12 a los 20 a&ntilde;os se llega a un m&aacute;ximo de unos 200 y de all&iacute; en adelante su n&uacute;mero empieza a disminuir, habiendo unos 100 a los 30 a&ntilde;os para ir luego desapareciendo durante el curso de la vida <sup><a href="#4">4</a> </sup>.</font></font>  </p> </div>     <div align="Justify">     <p><font face="Arial"><font size="-1">El tejido linfoide apendicular esta  involucrado en la producci&oacute;n de anticuerpos de 2 tipos, los IgA que est&aacute;n en la superficie de la mucosa recubri&eacute;ndola como si fuera una capa protectora e IgM o IgG que son drenados a la sangre. Algunos creen que su funci&oacute;n es separar el yeyuno mucho m&aacute;s limpio y sus fluidos del ciego, &oacute;rgano lleno de bacterias y heces. En los a&ntilde;os 60 estudios retrospectivos de autopsia sugirieron una mayor incidencia de c&aacute;ncer de colon en apendicectomizados, pero esta relaci&oacute;n no pudo ser corroborado en estudios prospectivos realizados posteriormente <sup><a href="#3"> 3</a> </sup>. Hoy sabemos que la remoci&oacute;n del ap&eacute;ndice no trae consecuencias detectables y que es un &oacute;rgano dispensable.</font></font>  </p> </div>     <div align="Justify">     <p><font face="Arial"><font size="-1">En general se acepta que la obstrucci&oacute;n  del lumen apendicular es el factor desencadenante de la apendicitis aguda  y como ocurre m&aacute;s en la gente joven, se implica en su patogenia el mayor contenido de tejido linf&aacute;tico en ellos, aunque tambi&eacute;n  se asocia con la presencia de fecalitos y otros autores la relacionan con  una dieta baja en fibra vegetal como ocurre en ciertos grupos &eacute;tnicos  <sup><a href="#5">5</a> </sup>.</font></font>  </p> </div>     <div align="Justify">     <p><font face="Arial"><font size="-1">Durante la primera mitad de siglo XIX  fueron presentados en las diferentes sociedades quir&uacute;rgicas europeas  y reportados en las publicaciones pertinentes, casos floridos de apendicitis,  con o sin estudios necr&oacute;psicos. Fitz, pat&oacute;logo en Harvard, en 1886 estudi&oacute; extensamente esta entidad y trat&oacute; de convencer  a sus colegas de que el ap&eacute;ndice y no el ciego, era la causa de la mayor&iacute;a de las inflamaciones de la fosa iliaca derecha y dio las razones para ello, acu&ntilde;&oacute; el termino, describi&oacute; la cl&iacute;nica y defini&oacute; claramente el tratamiento de la apendicitis aguda <sup><a href="#4"> 4</a> ,<a href="#6">6</a> </sup>.</font></font>  </p> </div>     ]]></body>
<body><![CDATA[<div align="Justify">     <p><font face="Arial"><font size="-1">En el presente n&uacute;mero de Acta  M&eacute;dica, Rodr&iacute;guez Herrera presenta un estudio sobre 120 ni&ntilde;os  apendicectomizados por apendicitis aguda, en el Hospital de San Carlos durante 32 meses a partir de enero de 1999 <sup><a href="#7">7</a> </sup>. Solo 14 pacientes (11.6%), no ten&iacute;an apendicitis demostrable histopatol&oacute;gicamente (8F/6M). Este dato es enteramente aceptable y se encuentra respaldado por la bibliograf&iacute;a del mismo art&iacute;culo y por otros autores que recomiendan que la tasa de ap&eacute;ndices sanos resecados var&iacute;e del 10 al 15% <sup><a href="#4">4</a> </sup>. Si ese n&uacute;mero es muy bajo se presume que el cirujano espera estar ya muy seguro del diagn&oacute;stico antes de intervenir y con ello al dar tiempo, esta arriesgando la posibilidad de una perforaci&oacute;n y por otro lado si &eacute;l numero de "ap&eacute;ndices sanas" removidas es alto, se supone que el cirujano esta operando muy pronto en el curso de la presentaci&oacute;n del enfermo y posiblemente algunos no necesitaban ser intervenidos por tener otras causas de dolor abdominal.</font></font>   </p> </div>     <div align="Justify">     <p><font face="Arial"><font size="-1">No hubo mortalidad en esta serie de  San Carlos y aunque las complicaciones no se mencionan, los resultados son muy buenos, puesto que en la literatura se cita una mortalidad de alrededor  del 2% en ni&ntilde;os y un poquito m&aacute;s en adultos <sup><a href="#6"> 6</a> </sup>. En un estudio ya lejano sobre peritonitis aguda de diversas causas en 76 adultos, 2 de 6 con apendicitis perforada fallecieron y a medida que aumenta la edad de los pacientes as&iacute; aumenta la mortalidad <sup><a href="#7"> 7</a> </sup>.</font></font>  </p> </div>     <div align="Justify">     <p><font face="Arial"><font size="-1">El autor llama la atenci&oacute;n sobre  el hecho de que un porcentaje considerable de pacientes de ese grupo, hab&iacute;an  sido tratados antes mediante una combinaci&oacute;n de medicamentos o maniobras  emp&iacute;ricas, que retrasaron la resoluci&oacute;n adecuada del problema,  con lo cual se aument&oacute; la morbilidad de la enfermedad.</font></font>   </p>     <p><font face="Arial"><font size="-1">&Eacute;l diagnostico de apendicitis  aguda siempre ha sido un dilema para los m&eacute;dicos sobre todo en los  extremos de la vida. Temprano durante mi propio entrenamiento fui confrontado  con 2 pacientes que me ense&ntilde;aron mucho,uno fue un ni&ntilde;o de 8 a&ntilde;os, con un cuadro de dolor en la fosa iliaca derecha y v&oacute;mitos  y una masa mal definida en esa &aacute;rea, que termin&oacute; siendo un hematoma del psoas en un paciente hemof&iacute;lico, y el otro un ni&ntilde;o post transplante renal recibiendo esteroides, con distensi&oacute;n abdominal y nauseas, sin leucocitosis ni fiebre y que ten&iacute;a una peritonitis aguda difusa secundaria a una apendicitis perforada y cuyo postoper atorio fue tormentoso.</font></font>  </p> </div>     <div align="Justify">     <p><font face="Arial"><font size="-1">A ra&iacute;z de ellos hice una b&uacute;squeda  bibliogr&aacute;fica de m&eacute;todos diagn&oacute;sticos y encontr&eacute;  varios ex&aacute;menes sobre todo en la literatura rusa que daban claramente  en el clavo. Estudiamos el que parec&iacute;a m&aacute;s veros&iacute;mil,  la "determinaci&oacute;n del &aacute;cido si&aacute;lico s&eacute;rico" en un grupo de pacientes con dolor abdominal agudo de diversas causas (quir&uacute;rgicas  o no) y tambi&eacute;n en un grupo control de estudiantes de medicina sanos,  pero para nuestra decepci&oacute;n este examen no demostr&oacute; tener ning&uacute;n valor diagn&oacute;stico o pron&oacute;stico en ninguno de los individuos <sup><a href="#9">9</a> </sup>. A la fecha ning&uacute;n examen de sangre tiene valor especifico en el diagn&oacute;stico de esta entidad.</font></font>  </p> </div>     <div align="Justify">     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Arial"><font size="-1">Desde el punto de vista imagenol&oacute;gico,  la radiograf&iacute;a simple de abdomen fue siempre parte del armamentario  diagn&oacute;stico y en la d&eacute;cada de los 70 se agreg&oacute; la tomograf&iacute;a, hoy la primera no se considera de valor y la segunda es impr&aacute;ctica por la falta de aparatos y por su costo. El ultrasonido abdominal y especialmente el realizado con compresi&oacute;n graduada se considera un m&eacute;todo diagnostico de alta sensibilidad y especificidad <sup><a href="#10">10</a> </sup>. Alvarado en 1986 propuso un &iacute;ndice (suma de 10 puntos) basado en s&iacute;ntomas y signos y en el diferencial del leucograma, pero este "score" luego se recomend&oacute; mas bien para definir cuales pacientes deb&iacute;an ser estudiados ultrasonogr&aacute;ficamente <sup><a href="#10"> 10</a> </sup> y la literatura hoy lo recomienda firmemente sobre todo en mujeres <sup><a href="#11">11</a> </sup>.</font></font>  </p>     <p><font face="Arial"><font size="-1">En nuestro medio, en que no hay abundancia  de equipos de ultrasonido ni de especialistas el diagn&oacute;stico de apendicitis esta basado en la cl&iacute;nica. El arte del interrogatorio y del examen f&iacute;sico as&iacute; como la observaci&oacute;n "armada" ejercitados concienzudamente dan buenos resultados <sup><a href="#11">11</a> </sup>.</font></font>  </p> </div>     <div align="Justify">     <p><font face="Arial"><font size="-1">En cuanto al tratamiento, con la llegada  de la laparoscop&iacute;a ha ido habiendo en el mundo un giro hacia la apendicectom&iacute;a laparosc&oacute;pica. Pero aunque el paciente as&iacute; tratado, tiene menos dolor y una estancia intra-hospitalaria un poco m&aacute;s corta, el costo de la intervenci&oacute;n hoy es mayor y en pacientes con apendicitis perforadas la incidencia de abscesos intra-abdominales es 3 veces m&aacute;s alta que en pacientes con apendicectom&iacute;a abierta <sup><a href="#11">11</a> ,<a href="#12">12</a> </sup>. Sin embargo al irse familiarizando los cirujanos con las t&eacute;cnicas de laparoscop&iacute;a y al adquirir los hospitales en que trabajamos estos equipos, los abordajes cambiaran y la laparoscop&iacute;a ser&aacute; tambi&eacute;n utilizada como m&eacute;todo diagn&oacute;stico y terap&eacute;utico de acuerdo con el perfil del paciente.</font></font>  </p> </div>     <p><i><font face="Arial"><font size="-1">Dr. Carlos Salazar Vargas</font></font></i>      <br> <i><font face="Arial"><font size="-1">FACS/FCCP/FAHA</font></font></i>     <br> &nbsp;  </p>     <p><b><font face="Arial"><font size="-1">Bibliograf&iacute;a</font></font></b>   </p>     <div align="Justify">     <p><a name="1"></a> <font face="Arial"><font size="-1">1. Glover JW. The human vermiform appendix- A general surgeon&#8217;s reflections. Technical Journal (Creation Ex Nihilo) 1988; 3:31-38.</font></font>  </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a name="2"></a> <font face="Arial"><font size="-1">2. Menton DN. The human tail and other tales of evolution. Missouri Association for Creation Inc. 1997</font></font>   </p>     <p><a name="3"></a> <font face="Arial"><font size="-1">3. Schwartz SI. Appendix. En Schwartz , Shires y Spencer (Eds.) Principles of Surgery. New York McGraw-Hill. 1994 1307-1318.</font></font>  </p>     <p><a name="4"></a> <font face="Arial"><font size="-1">4. Sabiston D. Appendicitis. En Sabiston (Editor).Textbook of Surgery. Philadelphia. WB Saunders.1997 p&aacute;gs. 964-970.</font></font>  </p>     <p><a name="5"></a> <font face="Arial"><font size="-1">5. Black J. Acute appendicitis in Japanese soldiers in Burma: support for the "fibre" theory. Gut 2002; 51:297.</font></font>   </p>     <p><a name="6"></a> <font face="Arial"><font size="-1">6. Da Costa HC. Modern Surgery. Philadelphia. WB. Saunders 1918. P&aacute;gs. 1001-1017.</font></font>  </p>     <p><a name="7"></a> <font face="Arial"><font size="-1">7. Rodriguez G. An&aacute;lisis de apendicetom&iacute;as en menores de 13 a&ntilde;os. Acta Med Cost 2003</font></font>  </p>     <p><a name="8"></a> <font face="Arial"><font size="-1">8. Ger R., Salazar C., Stratford F. Prognostic factors in generalised peritonitis. J R Coll Surg (Edinb) 1976; 21:173-176.</font></font>   </p>     <p><a name="9"></a> <font face="Arial"><font size="-1">9. Salazar C., Weinberg G.,Rettura G., Weil P. La determinaci&oacute;n del &aacute;cido si&aacute;lico s&eacute;rico en el diagnostico de apendicitis aguda. Laboratorio (Granada) 1980; 70(417): 197-204.</font></font>  </p>     <p><a name="10"></a> <font face="Arial"><font size="-1">10. Douglas CD., Macpherson NE., Davidson PM., Gani JS. Randomised controlled trial of ultrasonography in diagnosis of acute appendicitis, incorporating the Alvarado score. BMJ 2000; 321:919-922.</font></font>   </p>     <p><a name="11"></a> <font face="Arial"><font size="-1">11. Benjamin IS., Patel AG. Managing acute appendicitis. BMJ 2002; 325: 505-506.</font></font>  </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a name="12"></a> <font face="Arial"><font size="-1">12. Kurtz RJ., Heiman TM. Comparison of open and laparoscopic treatment of acute appendicitis. Am J Surg 2001; 182:211-214.</font></font>  </p> </div>      ]]></body>
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