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</front><body><![CDATA[  <B><FONT FACE="Arial"><FONT COLOR="#000000">Opini&oacute;n</FONT></FONT></B>     <BR>&nbsp;     <CENTER></CENTER>      <CENTER><B><FONT FACE="Arial"><FONT SIZE=+0>Complicaciones vasculares del paciente diab&eacute;tico</FONT></FONT></B></CENTER>      <CENTER></CENTER>      <CENTER><B><FONT FACE="Arial"><FONT SIZE=-1>Rodolfo Alvarado-Herrera<A NAME="1ab"></A></FONT></FONT><SUP><FONT FACE="Arial,Helvetica"><FONT SIZE=-2><A HREF="#1a">1</A></FONT></FONT></SUP></B></CENTER> &nbsp;     <BR>&nbsp;      <P><FONT FACE="Arial"><FONT SIZE=-1>El <I>pie diab&eacute;tico</I> es la complicaci&oacute;n m&aacute;s temida de los pacientes con el trastorno metab&oacute;lico de la glucosa, ya que se puede presentar en cualquier momento de la evoluci&oacute;n de la devastadora enfermedad, que casi invariablemente termina afectando todos los &oacute;rganos de la econom&iacute;a. Voy a limitar este comentario a los trastornos de las extremidades inferiores. Dejar&eacute; de lado, por lo tanto, las no menos importantes patolog&iacute;as presentes en la enfermedad: la lesi&oacute;n renal, la coronariopat&iacute;a y los trastornos oculares que afectan primordialmente la retina.</FONT></FONT>      <P><FONT FACE="Arial"><FONT SIZE=-1>Con gran frecuencia tendremos que abordar el problema de los pies del diab&eacute;tico cuando ya se han complicado con la simult&aacute;nea presencia de la poli-neuropat&iacute;a y la infecci&oacute;n. Ambas patolog&iacute;as pueden suceder aisladas o juntas, con isquemia o sin ella.</FONT></FONT>      <P><FONT FACE="Arial"><FONT SIZE=-1>Un factor determinante en la deformidad de la extremidad, considerado actualmente de gran trascendencia, es la atrofia intr&iacute;nseca de los delicados m&uacute;sculos del pie, consecuencia directa de la neuropat&iacute;a motora. La atrofia muscular crea puntos de presi&oacute;n principalmente en las cabezas de los metatarsianos y las &uacute;ltimas falanges. La neuropat&iacute;a sensitiva mantiene al paciente ignorante de la progresi&oacute;n de las lesiones compresivas y de las lesiones cortantes o perforantes de la piel, ocasionadas por innumerables objetos filosos o agudos que son, la mayor&iacute;a de las veces, la causa directa de la entrada subcut&aacute;nea de los g&eacute;rmenes que provocan las infecciones. Otras lesiones de piel, frecuentes y muy importantes, son las ocasionadas por las micosis plantares e interdigitales. El corte de u&ntilde;as y el "arreglo" de los pies hechos por el paciente o por los t&eacute;cnicos de los salones de belleza, siguen siendo una de las causas m&aacute;s frecuentes de la lesi&oacute;n d&eacute;rmica que inicia la infecci&oacute;n. La respuesta a la inflamaci&oacute;n de origen neurog&eacute;nico -en la que intervienen, entre otros, las neuro-quininas y que podr&iacute;amos llamar "luz de alarma" para el enfermo- est&aacute; casi abolida en los pies de los diab&eacute;ticos, lo que constituye un factor m&aacute;s en la producci&oacute;n de las lesiones.</FONT></FONT>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P><FONT FACE="Arial"><FONT SIZE=-1>Conocida de todos los que estamos involucrados en el tratamiento de los pies del diab&eacute;tico, es la <I>sui generis</I> distribuci&oacute;n de las lesiones vasculares oclusivas, que con mucho m&aacute;s frecuencia de lo que sucede en el enfermo arterioscler&oacute;tico puro, afecta las arterias en la regi&oacute;n de la pierna, m&aacute;s all&aacute; de la bifurcaci&oacute;n de la popl&iacute;tea, ya sea en la tibial anterior o en el tronco tibio-peroneo. La lesi&oacute;n obliterante se extiende principalmente a todo el tercio superior y medio del trayecto de las tres arterias: tibial anterior, tibial posterior y peronea. Vale la pena hacer hincapi&eacute; en un hallazgo muy frecuente: encontrar la arteria pedia perfectamente permeable y capaz de recibir, sin ning&uacute;n problema, un puente con vena safena que le restituya, totalmente, la circulaci&oacute;n perdida al pie del diab&eacute;tico. Es importante tambi&eacute;n recordar lo que ha sido demostrado por el doctor Frank W. LoGerfo y otros insignes investigadores en este campo: que en m&aacute;s del noventa y cinco por ciento de los casos, el pie del diab&eacute;tico no sufre de microangiopat&iacute;a. Este importante descubrimiento nos garantiza una excelente revascularidad cuando realizamos un puente arterial con anastomosis en la arteria pedia.</FONT></FONT>      <P><FONT FACE="Arial"><FONT SIZE=-1>Actualmente no se concibe pasar por alto la exploraci&oacute;n quir&uacute;rgica de los pacientes con problemas isqu&eacute;micos, a&uacute;n en aquellos casos en que la arteriograf&iacute;a no fuere capaz de demostrar vasos finales permeables. La decisi&oacute;n de operar est&aacute; m&aacute;s bien condicionada a s&iacute; existe o no la posibilidad de conservarle al paciente su miembro inferior y su pie &uacute;tiles para su deambular. El camino que se siga estar&aacute; de acuerdo con el grado de necrosis que haya sufrido la extremidad y con la posible rehabilitaci&oacute;n del enfermo. Se tendr&aacute; como referencia su estado general preoperatorio valorado a trav&eacute;s de ex&aacute;menes de laboratorio y de gabinete.</FONT></FONT>      <P><FONT FACE="Arial"><FONT SIZE=-1>El control permanente de la salud de sus pies es una obligaci&oacute;n del paciente y de sus familiares. A su vez, no se concibe el cl&iacute;nico que atiende diab&eacute;ticos y que no hace una rutina estricta de revisi&oacute;n met&oacute;dica y acuciosa de las extremidades de sus consultantes. Por desgracia -ocurre con frecuencia- el paciente pasa d&iacute;as o semanas con declarada infecci&oacute;n y sin diagn&oacute;stico. El tratamiento del <I>pie diab&eacute;tico</I> es una disciplina m&uacute;ltiple y compleja, que involucra al cl&iacute;nico, al cirujano, a la enfermera, al paciente y a sus familiares.</FONT></FONT>      <P><FONT FACE="Arial"><FONT SIZE=-1>El diab&eacute;tico con una infecci&oacute;n en el pie es una emergencia que no puede esperar al cirujano que se encuentra de vacaciones. No se justifica siquiera que este paciente tenga que aguardar dos o tres d&iacute;as porque no hay campo en la sala quir&uacute;rgica para realizar el procedimiento que pueda salvarlo de una amputaci&oacute;n. Un adecuado drenaje de todos los puntos s&eacute;pticos, con resecci&oacute;n del tejido obviamente necr&oacute;tico, con amputaciones menores si son del caso, constituye la primera etapa del tratamiento que puede conservar viables las extremidades del enfermo. No existe absolutamente ninguna raz&oacute;n que pueda aducirse para "dejar para ma&ntilde;ana" el drenaje y el desbridar un absceso. Para su desgracia, es corriente que el enfermo, no acuse dolor alguno. Esto ocasionar&aacute; el equivocado proceder de algunos cirujanos que retrasan el drenaje de los pies afectados esperando, a veces, innecesarios ex&aacute;menes preoperatorios. La progresiva destrucci&oacute;n de los tejidos podales del paciente diab&eacute;tico se agrava cada minuto. Un paciente sin neuropat&iacute;a y que tuviera una lesi&oacute;n s&eacute;ptica del pie, por su dolor, no dejar&iacute;a al cirujano atrasar el procedimiento m&aacute;s de veinticuatro horas, como s&iacute; sucede frecuentemente con el diab&eacute;tico cuya sensibilidad est&aacute; muy disminuida, motivo por el que no valora en su real magnitud lo necesario de la pronta atenci&oacute;n.</FONT></FONT>      <P><FONT FACE="Arial"><FONT SIZE=-1>El drenaje plantar o del dorso del pie por un absceso, tiene que hacerse antes de realizar la cirug&iacute;a para revascularizar el miembro. No debemos desbridar el tejido isqu&eacute;mico que no est&aacute; necr&oacute;tico y que no forma parte de la infecci&oacute;n. Drenado y desbridado el pie, la cirug&iacute;a puede esperar a que se haya controlado adecuadamente la infecci&oacute;n, lo que se logra en cinco o seis d&iacute;as durante los cuales se usar&aacute;n los antibi&oacute;ticos indicados. Despu&eacute;s de haber restablecido la circulaci&oacute;n al pie enfermo, se requiere una nueva valoraci&oacute;n para hacer, si es pertinente, un procedimiento m&aacute;s que desbride los tejidos no viables y permita una pronta cicatrizaci&oacute;n.</FONT></FONT>      <P><FONT FACE="Arial"><FONT SIZE=-1>El cl&iacute;nico, as&iacute; como el cirujano –repetimos- est&aacute;n en la obligaci&oacute;n de evaluar el estado circulatorio de los pies de todos los pacientes que se les presenten en consulta, pero ser&iacute;a imperdonable que no lo hicieran con el enfermo diab&eacute;tico. Por m&aacute;s caracter&iacute;stica que sea una &uacute;lcera neurop&aacute;tica, puede estar complicada con isquemia. Pulsos ausentes (tibial anterior o tibial posterior) deben iniciarnos en el camino de la cirug&iacute;a para revascular el pie. Corrientemente este es el momento para indicar la arteriograf&iacute;a.</FONT></FONT>      <P><FONT FACE="Arial"><FONT SIZE=-1>La visualizaci&oacute;n radiogr&aacute;fica de las arterias distales de la extremidad inferior, en un paciente con oclusi&oacute;n proximal de las arterias infrapopl&iacute;teas, no es una tarea f&aacute;cil. No nos hemos acostumbrado, en Costa Rica, al uso de la arteriograf&iacute;a digital de sustracci&oacute;n, unas veces por falta de equipo y otras por desconocimiento de sus beneficios. El estudio de rayos X debe complementarse con el ultras&oacute;nico, que casi invariablemente nos demostrar&aacute; la permeabilidad de estas arterias finales m&aacute;s all&aacute; de la oclusi&oacute;n, donde ser&aacute; f&aacute;cil hacer una anastomosis vascular. Casi puede decirse que la respuesta "doppler" positiva en la arteria pedia nos obliga a una exploraci&oacute;n quir&uacute;rgica, indistintamente del resultado del estudio angiogr&aacute;fico.</FONT></FONT>      <P><FONT FACE="Arial"><FONT SIZE=-1>Estamos entonces listos para iniciar la cirug&iacute;a vascular con anastomosis terminal en el pie, ya sea de la popl&iacute;tea a la arteria pedia (el mejor procedimiento cuando es factible), o de la femoral a la pedia, o de alguna de esas dos arterias proximales a la tibial posterior (excepcionalmente la anastomosis se har&aacute; a la arteria peronea). Si el procedimiento vascular no logra restituir un pulso "lleno" en la arteria distal donde se realice la anastomosis, el resultado ser&aacute; de muy dudoso beneficio para el paciente, aunque constatemos la permeabilidad del puente con vena safena. En nuestro medio no se ha popularizado el puente (By-pass) que deja la safena in situ, principalmente por que los valvulotomos no han sido suficientemente buenos como para ser empleados sin el angioscopio que se usa de rutina en los pa&iacute;ses del norte. La inversi&oacute;n de la vena es una buena alternativa; pero, a no dudarlo, para un puente desde la femoral a la pedia, nada mejor que dejar la safena in situ. Personalmente no he tenido la oportunidad de participar en Costa Rica de un procedimiento de puente f&eacute;moro-pedio in situ, pero he sido informado de varios casos en los cuales esa ha sido la t&eacute;cnica seguida, tanto en el Hospital Dr. Rafael A. Calder&oacute;n Guardia como en el Hospital San Juan de Dios. Esta t&eacute;cnica es una rutina (tres casos por semana) en los hospitales bostonianos Deaconess Medical Center y MGH, que reci&eacute;n tuve la suerte de visitar una vez m&aacute;s.</FONT></FONT>      <P><FONT FACE="Arial"><FONT SIZE=-1>Vale la pena mencionar que los procedimientos de angioplast&iacute;a proximal en la profunda -o en la popl&iacute;tea-, si no se acompa&ntilde;an de un puente vascular, no lograr&aacute;n salvar ning&uacute;n pie con isquemia cr&iacute;tica, sepsis o necrosis. Como procedimientos aislados han dejado de practicarse en todos los centros m&eacute;dicos que he visitado, y no existe ninguna indicaci&oacute;n actual para recurrir a ellos.</FONT></FONT>      <P><FONT FACE="Arial"><FONT SIZE=-1>En los &uacute;ltimos veinte a&ntilde;os estos procedimientos de puentes a las arterias del pie han logrado cambiar radicalmente las estad&iacute;sticas de salvamento de las extremidades, principalmente en el paciente diab&eacute;tico. Hace aproximadamente trece a&ntilde;os se realiz&oacute; el primer puente distal a la arteria pedia en el Hospital Dr. R. A. Calder&oacute;n Guardia. Actualmente en ese centro se han completado cerca de cien procedimientos. Sorprendentemente, en los otros hospitales, juntos todos, los casos no pasan de veinte. Esto demuestra la falta de comunicaci&oacute;n existente entre los cirujanos encargados de este tipo de cirug&iacute;a. Ha habido renuencia entre los angi&oacute;logos a la exploraci&oacute;n de las arterias podales, cuando la arteriograf&iacute;a no ha detectado vasos permeables capaces de recibir la anastomosis del puente con vena safena. Recientemente, en la visita ya mencionada al Beth Israel Deaconess Medical Center, en Boston, tuve la oportunidad de conversar con el doctor Frank W. LoGerfo, sobre la dificultad que en nuestro medio ten&iacute;amos para visualizar las arterias del pie en el paciente isqu&eacute;mico. La observaci&oacute;n fue: "visualizadas o no, siempre realizamos una exploraci&oacute;n que nos permita asegurar la posibilidad de revascularizar o que nos confirme la imposibilidad de hacerlo. Noventa por ciento de las veces el procedimiento es factible. En algunos casos prescindimos de la arteriograf&iacute;a".</FONT></FONT>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P><FONT FACE="Arial"><FONT SIZE=-1>Antes de entrar en el an&aacute;lisis de las amputaciones menores y mayores en los pies de los diab&eacute;ticos, es justo mencionar que el panorama ha cambiado radicalmente con la creaci&oacute;n de las cl&iacute;nicas del pie diab&eacute;tico, que funcionan en los tres principales hospitales de la capital. La atenci&oacute;n que reciben los pacientes con problemas de miembros inferiores, por parte de las enfermeras especializadas, ha sido el mejor avance que he podido detectar. "Mucho cari&ntilde;o, mucha dedicaci&oacute;n, mucha paciencia y constante desbridaci&oacute;n" es el lema que ha logrado reducir el n&uacute;mero de amputaciones en nuestro medio. Sufrimos en el entorno nacional por la falta del especialista en podiatr&iacute;a que solucione quir&uacute;rgicamente muchas de las causas iniciales de las &uacute;lceras del pie, quitando los puntos de presi&oacute;n, que por la neuropat&iacute;a y la atrofia muscular se van produciendo progresivamente en el paciente diab&eacute;tico. Con frecuencia un adecuado zapato ser&aacute; el que salve una extremidad.</FONT></FONT>      <P><FONT FACE="Arial"><FONT SIZE=-1>En nuestros hospitales la cirug&iacute;a de osteotom&iacute;as metat&aacute;rsicas para el paciente diab&eacute;tico se ve con escepticismo y preocupaci&oacute;n, por la creencia de que la sepsis postquir&uacute;rgica en el pie diab&eacute;tico es dif&iacute;cil de evitar. La realidad es muy otra. De nuevo, en Boston, pude comprobar que ese tipo de cirug&iacute;a se practica actualmente con excelentes resultados. Es cirug&iacute;a de rutina para los diab&eacute;ticos.</FONT></FONT>      <P><FONT FACE="Arial"><FONT SIZE=-1>Pasar&eacute; a resumir algunas indicaciones que servir&aacute;n como gu&iacute;a para iniciar un tratamiento de los pies con sepsis, isquemia o necrosis, otras de las obligatorias como el reposo absoluto, antibi&oacute;ticos, control de la glicemia, etc.</FONT></FONT>     <BR>&nbsp;      <P><B><FONT FACE="Arial"><FONT SIZE=-1>Amputaciones Menores</FONT></FONT></B>      <P><FONT FACE="Arial"><FONT SIZE=-1>Nunca estar&aacute; de m&aacute;s repetir que las amputaciones deben planearse cuidadosamente para dejar siempre suficiente tejido que haga factible la cicatrizaci&oacute;n y que conserve un pie funcional. Las amputaciones menores y el desbridamiento del pie s&eacute;ptico no son procedimientos que deban quedar, sin vigilancia, en las manos de residentes e internos carentes de la debida y comprobada excelencia para realizarlos. Las incisiones lineares de piel son a veces suficientes para desbridar y realizar una amputaci&oacute;n menor.</FONT></FONT>      <P><FONT FACE="Arial"><FONT SIZE=-1>En general, las amputaciones menores cerradas se har&aacute;n despu&eacute;s de corregir el d&eacute;ficit vascular del pie isqu&eacute;mico, o en los pacientes que, con adecuada circulaci&oacute;n, tienen importante p&eacute;rdida de tejido, como es frecuente en los que padecen las lesiones que acompa&ntilde;an a la &uacute;lcera neurop&aacute;tica. Insisto: la necesidad de que los procedimientos como osteotom&iacute;as, resecciones &oacute;seas menores y plast&iacute;as de las c&aacute;psulas articulares de los ortejos, se realicen con m&aacute;s frecuencia en nuestro medio, es indiscutible. El que no sea as&iacute;, a pesar de que el n&uacute;mero de diab&eacute;ticos aumenta preocupantemente a&ntilde;o con a&ntilde;o, solo puede interpretarse como que hemos perdido el ritmo del progreso en el tratamiento de esta tan temida patolog&iacute;a.</FONT></FONT>     <BR>&nbsp;     <BR>&nbsp;      <P><B><FONT FACE="Arial"><FONT SIZE=-1>Amputaci&oacute;n Transmetat&aacute;rsica</FONT></FONT></B>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P><FONT FACE="Arial"><FONT SIZE=-1>A pesar de los inconvenientes que para la estabilidad del pie puede significar una amputaci&oacute;n transmetat&aacute;rsica, este procedimiento es necesario en un gran n&uacute;mero de casos. Si logramos mejorar la fabricaci&oacute;n de adecuados zapatos para compensar la discapacidad funcional que la acompa&ntilde;a, no habr&aacute; raz&oacute;n para desecharla como una t&eacute;cnica salvadora que debe considerarse entre los procedimientos menores. Se toma la decisi&oacute;n de realizarla cuando hay importante p&eacute;rdida de tejido de m&aacute;s de dos ortejos. No se concibe amputar tres dedos y no hacer la transmetat&aacute;rsica. Lo primero dar&iacute;a como resultado un pie disfuncional.</FONT></FONT>      <P><FONT FACE="Arial"><FONT SIZE=-1>Me permito mencionar las pautas que se siguen en el Beth Israel Deaconess Medical Center para decidir realizar una amputaci&oacute;n mayor: infracond&iacute;lea (BKA: siglas para "Below Knee Amputaci&oacute;n") o supracond&iacute;lea, (AKA: por "Above Knee Amputation"). Se har&aacute; amputaci&oacute;n mayor cuando exista:</FONT></FONT>      <P><FONT FACE="Arial"><FONT SIZE=-1>• P&eacute;rdida excesiva de tejidos.</FONT></FONT>      <P><FONT FACE="Arial"><FONT SIZE=-1>• Importante isquemia que no pueda solucionarse con cirug&iacute;a vascular.</FONT></FONT>      <P><FONT FACE="Arial"><FONT SIZE=-1>• Incontrolable infecci&oacute;n.</FONT></FONT>      <P><FONT FACE="Arial"><FONT SIZE=-1>• Inhabilidad de reconstruir un pie funcional.</FONT></FONT>      <P><FONT FACE="Arial"><FONT SIZE=-1>• Falta de cicatrizaci&oacute;n, a pesar de que el puente vascular est&aacute; permeable.</FONT></FONT>      <P><FONT FACE="Arial"><FONT SIZE=-1>Para finalizar, debo insistir en la importancia que tiene la rodilla para el paciente que puede ser rehabilitado. Actualmente, a diferencia de anta&ntilde;o, se recomienda cirug&iacute;a vascular previa a la amputaci&oacute;n, con miras exclusivamente a salvar esa articulaci&oacute;n. Por desgracia no existe ning&uacute;n examen que pueda predecir c&oacute;mo cicatrizar&aacute; una amputaci&oacute;n por abajo o arriba de la rodilla.</FONT></FONT>      <P><FONT FACE="Arial"><FONT SIZE=-1>Existe un procedimiento que es necesario valorar con cuidado: la amputaci&oacute;n en guillotina para erradicar total y r&aacute;pidamente la sepsis de un pie en un debilitado enfermo, al que se le practicar&aacute;, unos pocos d&iacute;as m&aacute;s tarde, la definitiva amputaci&oacute;n que le corresponda.</FONT></FONT>      <P><FONT FACE="Arial"><FONT SIZE=-1>La amputaci&oacute;n en el muslo debe efectuarse exclusivamente en pacientes en muy mal estado general, y en los se considera imposible una rehabilitaci&oacute;n postoperatoria.</FONT></FONT>     ]]></body>
<body><![CDATA[<BR>&nbsp;      <P><B><FONT FACE="Arial"><FONT SIZE=-1>Lecturas recomendadas</FONT></FONT></B>      <!-- ref --><P><A NAME="1"></A><FONT FACE="Arial"><FONT SIZE=-1>1. Kozak GF. Management of Diabetic Foot Problems. 1984.</FONT></FONT>    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=005990&pid=S0001-6002200100020000800001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><A NAME="2"></A><FONT FACE="Arial"><FONT SIZE=-1>2. LoGerfo FW, Gibbons GW, Pomposelli FB, Campbell DR, Miller A, Freeman DV, Quist WC. Trends in the care of the diabetic foot. Expanded roll of arterial reconstruction. Arch Surg 1992; 127 (5): 617-20.</FONT></FONT>    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=005991&pid=S0001-6002200100020000800002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><A NAME="3"></A><FONT FACE="Arial"><FONT SIZE=-1>3. Wheat LJ, Allen SD, Henry M, Kernek CB, Siders JA, Kuebler T, et al. Diabetic foot infections. Bacteriologic analysis. Arch Intern.Med 1986; 146 (10): 1935-40.</FONT></FONT>    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=005992&pid=S0001-6002200100020000800003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><A NAME="4"></A><FONT FACE="Arial"><FONT SIZE=-1>4. Pfeifer MA, Schumer MP. Clinical trails of diabetic neuropathy: past, present, and future. Diabetes 1995; 44 (12): 1355-61.</FONT></FONT>    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=005993&pid=S0001-6002200100020000800004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><A NAME="5"></A><FONT FACE="Arial"><FONT SIZE=-1>5. Akbari CM, LoGerfo FW. Diabetes and peripheral vascular disease. J Vas Surg 1999; 30 (2): 373-84.</FONT></FONT>    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=005994&pid=S0001-6002200100020000800005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><A NAME="6"></A><FONT FACE="Arial"><FONT SIZE=-1>6.Pomposelli FB, Jepsen SJ, Gibbons GW, Campbell DR, Freeman DV, Gauchan BM, et al. A flexible approach to infrapopliteal vein grafts in patients with diabetes mellitus. Arch Surg 1991; 126 (6): 724-7.</FONT></FONT>    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=005995&pid=S0001-6002200100020000800006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><BR>&nbsp;     <BR>&nbsp;      ]]></body>
<body><![CDATA[<P><A NAME="1a"></A><FONT SIZE=-1><SUP><FONT FACE="Arial,Helvetica"><A HREF="#1ab">1</A></FONT></SUP><FONT FACE="Arial"><B> </B>Cirujano vascular</FONT></FONT>     <BR><FONT FACE="Arial"><FONT SIZE=-1>Catedr&aacute;tico Universidad de Costa Rica.</FONT></FONT>      ]]></body><back>
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