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Diálogos Revista Electrónica de Historia

versão On-line ISSN 1409-469X

Diálogos rev. electr. hist vol.16 no.2 San Pedro Jul./Dez. 2015

 

M. C. Serra, J. F. Mejía y C. Sola (Eds.), 2014. 1945, entre la euforia y la esperanza: el México posrevolucionario y el exilio republicano español, México: Fondo de Cultura Económica

David Díaz Arias1*

Por múltiples motivos, la década de 1940 fue una época muy particular en la historia de América Latina. Así, se desarrollaron procesos de transformación política que se conjugaron con un creciente movimiento social, principalmente compuesto por trabajadores urbanos organizados en sindicatos y enlazados con ciertos políticos que construyeron un lenguaje de integración ciudadana que es ya conocido en la historiografía latinoamericana como “populismo clásico”. En ese momento, como bien lo apuntaron Leslie Bethel e Ian Roxborough (1992) en sus ensayos introductorios y de cierre de Latin America Between the Second World War and the Cold War, 1944–1948 (Cambridge: Cambridge University Press), se dieron alianzas inéditas entre partidos, motivadas por los procesos internos y alentadas por la lucha contra el nazismo y el fascismo. Siguiendo a Bethel y a Roxborough, tal contexto produjo una serie de leyes sociales y progresistas que permitieron la afirmación de cambios importantes que pretendían dar al traste con algunos de los procesos históricos que desarrolló el siglo XIX. Fue ese uno de los experimentos democráticos más intensos e interesantes que se desarrollaron en la América Latina del siglo XX y que, sin embargo, desembocó, a partir de 1945-1948, en una reacción que limitó la apertura democrática y en algunos países la echó hacia atrás, creando dictaduras e incluso echando abajo o limitando la legislación laboral emitida en la década.

En aquel proceso de movilización y choque, una lucha se había arrastrado desde la década de 1930 y se fortaleció durante el primer lustro de la de 1940. Se trataba de la organización de ligas simpatizantes de la república española. Muchos actores fundamentales de la política de América Latina de aquella década y un torrente de intelectuales participaron de esas ligas y clamaron por lo que se conoció como “el problema español”. Pero quizás en ninguna parte del continente tal activismo llevó a una conjunción tan fuerte con el exilio español, con la política local, con las transformaciones culturales y con los cambios geopolíticos e industriales como en el México de la década de 1940.

El libro 1945, entre la euforia y la esperanza: el México posrevolucionario y el exilio republicano español, editado por Mari Carmen Serra Puche, José Francisco Mejía Flores y Carlos Sola Ayape, constituye un valiosísimo acercamiento a varias de las luchas que abrió el exilio español en el México de la primera mitad de la década de 1940. Es un libro compuesto por 11 ensayos que constituyen un esfuerzo de análisis producido en la Cátedra del Exilio, una cátedra formada en 2006 por la UNED, la Universidad de Alcalá, la UNAM, la Universidad Carlos III y la Fundación Pablo Iglesias. En el libro participan investigadores consolidados y también investigadores recién doctorados, lo cual conjuga muy bien experiencias de investigación, temas innovadores y perspectivas diferentes.

En ese sentido, la contribución de este libro es múltiple: sirve, por un lado, para visualizar varias de las facetas y las luchas del exilio español republicano en México, permite apreciar niveles diferentes de análisis que van desde la experiencia individual hasta visiones macro sobre las relaciones internacionales y la geopolítica; por otro lado, conecta los procesos vividos por el mundo entre 1939 y 1945, con la vida en un México que veía consolidada la institucionalización de muchos de los procesos que venía atravesando desde la década de 1910. De modo que es un libro que mira a los españoles en México, pero que también estudia a México y su cultura política y pública en su relación específica con el exilio.

Partiendo de lo anterior, quisiera referirme a tres cosas fundamentales que aportan los trabajos de este libro. En primer lugar, este es un libro conmemorativo; por un lado, busca recordar el exilio de 1939; por otro lado, busca encadenarse con 1945. Pero es a este segundo al que le dedica no solo el título, sino el poder de convertirse en lo que los editores llaman un “año bisagra”; es decir, un momento que veía finalizar un tipo de política internacional y una conflictividad asociada con el fascismo (como fue la Segunda Guerra Mundial) y también veía comenzar una nueva etapa basada en el enfrentamiento y a veces la distención entre los dos grandes bloques que se consolidaron después de la guerra mundial y que provocaron la Guerra Fría.

Pero 1945 no es solo un año significativo por esa función ajustada a la geopolítica mundial. En cambio, los ensayos en este libro muestran el tremendo valor para el exilio español en México que tuvo aquella fecha. Fue, si se quiere, el año de la esperanza política para ese exilio, por efecto de la reunión de las Cortes y por la reconstitución de la institucionalidad republicana también en suelo mexicano. Como dice Pablo Jesús Carrión Sánchez en su ensayo, la convocatoria de las Cortes representaba la posibilidad de vincular el pasado y el futuro y relegar a Franco a “la categoría de doloroso paréntesis” (p. 86). Ese mismo año, en agosto, México vio izar la bandera de la República española en el exilio y el nombramiento de Diego Martínez Barrio como presidente interino. Y fue el año también en que Luis Quintanilla, representante de México en la Conferencia de San Francisco, lanzó un brillante discurso de apoyo a la España republicana en el que conectó a Franco con los perdedores de la Segunda Guerra Mundial y alentó a las naciones del mundo a no dejar que los republicanos españoles perdieran su lucha, habiendo sido ellos los primeros en luchar contra las fuerzas del fascismo. Como lo analiza muy bien en su trabajo Luis Hernando Noguera, esa conferencia en San Francisco constituyó el “gran triunfo” de la Junta de Liberación Española que desaparecería unas semanas después para ser sustituida por el gobierno republicano en el exilio.

Así, 1945 fue realmente un año fundador para la esperanza de los españoles republicanos en México. En tal sentido, este libro, que pretende conmemorar 75 años del exilio español, también abre la puerta para conmemorar, aquella esperanza republicana de 1945. De esa manera, 1939 y 1945, se engarzan con 2014 y 2015 gracias a esa vía que abre este trabajo.

En segundo lugar, quisiera subrayar ese juego de niveles analíticos que ofrece el libro. Se presentan en este texto tanto vidas y experiencias individuales como la de don Diego Martínez Barrio, como intentos institucionales como las Cortes, el mismo gobierno republicano en el exilio y sus azares económicos y también el juego de la geopolítica mundial. Esta posibilidad que tiene el lector de mirar desde distintas ventanas la problemática del exilio y sus instituciones es un gran logro de este texto.

Es destacable la posibilidad de ir de la mano de Leandro Álvarez Rey para escudriñar la vida y el difícil exilio de don Diego en México. Es muy atrayente cómo la biografía de don Diego representa, por mucho, la de la república en el exilio y cómo las esperanzas de aquel y también sus sudores y sufrimientos se ataron a la mismísima institucionalidad de la que fue presidente. La celebración de su memoria tanto en Sevilla como en México, estuvo atada sin ninguna duda con esa representación de una vida con una esperanza.

Tal esperanza dependió, empero, no solo de las divisiones del exilio y el enfrentamiento de sus grupos, sino, como lo prueba muy bien Aurelio Velázquez Hernández, de las finanzas del gobierno en el exilio. Es fundamental subrayar la conclusión de este autor de que “el agotamiento económico” constituye también una parte de la explicación del declive del gobierno en el exilio (p. 159).

Los ensayos de política exterior escritos por Agustín Sánchez Andrés, Fabián Herrera León, José Francisco Mejía Flores y por Lorenzo Delgado Gómez-Escalonilla, dan constancia del juego del poder del reconocimiento internacional y la lucha del exilio en ese parteaguas de 1945. Estos textos dejan en evidencia lo cambiante de las asociaciones internacionales una vez que los Estados Unidos ingresaron en la Segunda Guerra Mundial y una vez que dicho conflicto finalizó. Así, si la participación de los estadounidenses en la guerra volvió posible la denuncia internacional sobre el régimen franquista y, en esa vía, la posibilidad de la administración Ávila Camacho de acuerpar con más claridad la lucha del exilio como lo había hecho Cárdenas, el inicio de la Guerra Fría y la consolidación de Franco como un posible aliado anticomunista, echaron abajo las posibilidades de que los republicanos españoles recibiesen el reconocimiento de más repúblicas occidentales y menos el de los Estados Unidos.

En tercer lugar, se debe destacar el aporte de este libro en la inspección de una historia social y cultural del exilio, del antifranquismo y del antirrepublicanismo en México. Es importante subrayar el aporte de Patricio Herrera González en su inspección de las acciones del gran líder de los trabajadores latinoamericanos, Vicente Lombardo Toledano, en la organización de un frente obrero internacional que denunció al franquismo y acuerpó la república española en cuanta actividad participó entre 1939 y 1945. Como paréntesis, después de leer ese ensayo, me ha parecido fundamental tratar de revisar las fuentes mexicanas para mirar más de cerca la relación entre Lombardo Toledano y la organización del movimiento obrero sindical en Costa Rica entre 1943 y 1948. Es conocido el viaje de Lombardo Toledano a Costa Rica en octubre de 1943 para asistir a la fundación de la Confederación General de Trabajadores y también su amistad con el líder comunista costarricense Manuel Mora, pero ciertamente no se conoce la forma en que Lombardo Toledano se refirió a Costa Rica desde México o, si lo hizo, cómo vio los acontecimientos que se desencadenaron en este país entre 1946 y 1948.

Finalmente Carlos Sola Ayape, Austreberto Martínez Villegas y Mauricio César Ramírez Sánchez nos develan varias dimensiones de las acciones de los grupos mexicanos que enfrentaron el exilio español y se le opusieron y la forma en cómo la iconografía y las caricaturas retrataron la Guerra Civil española y el exilio. Estas dimensiones del análisis dejan ver la multiplicidad de frentes abiertos por el exilio español dentro de México y, en ese sentido, lo complicado y heterogéneo de aquel proceso.

Por lo dicho, este es un libro muy importante para acercarse en términos históricos y públicos a lo que 1939 y 1945 representan para España y para México. Es un gran esfuerzo el que se ha hecho por develar esa multiplicidad de experiencias y las varias formas del exilio republicano español. Creo que este texto, además, puede impulsar la imaginación y la inspiración de los colegas historiadores en América Latina en tanto que el exilio español, como la guerra civil española, fueron también un tema destacado de la década de 1940 en todos nuestros países. Además, como lo deja en claro este libro, las vinculaciones entre lo local, lo regional, lo mundial, lo político, lo geopolítico, lo social y lo cultural aparejadas a aquella década, es fundamental seguir examinándolas y profundizándolas.

1. Catedrático. Historia Política, Director del posgrado de Historia y Docente de la Escuela de Historia, Universidad de Costa Rica. Doctorado en Historia de Indiana University, correo electrónico: david.diaz@ucr.ac.cr

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